Lo esencial. Cavillaca (también Kawillaka o Kaviyaca, según la grafía adoptada por cada edición) es la principal huaca femenina del Manuscrito de Huarochirí, texto quechua redactado hacia 1608 por informantes indígenas bajo dirección del extirpador Francisco de Ávila. Protagonista central del ciclo de Cuniraya Wiracocha, su relato explica el embarazo por la lúcuma, la persecución del creador disfrazado de pobre-mendigo y el origen mítico de las dos islas rocosas frente al santuario de Pachacamac, en la costa central peruana, que la tradición identifica con Cavillaca y su hijo transformados en piedra tras el arrojo al mar.
| Origen cultural | Pueblos yauyos y chechas de la sierra central del Perú (provincia de Huarochirí, actual región Lima), fines del siglo XVI y anterior; corpus mítico registrado en runasimi hacia 1608 |
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| Tipo | Huaca femenina joven y bella; ancestra mítica embarazada por medio de una lúcuma (Pouteria lucuma); protagonista femenina del ciclo del creador Cuniraya Wiracocha |
| Función mítica | Explicar el origen sagrado de las dos islas rocosas frente a Pachacamac (islas homónimas en la costa de Lurín); ilustrar el motivo del creador humillado que se hace pasar por pobre-mendigo; sostener el ciclo mítico mayor del Huarochirí junto a sus hermanas Chaupi Ñamca, Yansa y Anchi Puma |
| Atestación | Manuscrito de Huarochirí, capítulos 2 y 3 (c. 1608), recopilado bajo dirección de Francisco de Ávila y hoy conservado en la Biblioteca Nacional de España; edición canónica en runasimi-francés-castellano de Gerald Taylor (IFEA/IEP, Lima, 1987; segunda edición 2008); edición inglesa de Frank Salomon y George Urioste, The Huarochirí Manuscript (University of Texas Press, Austin, 1991) |
| Vigencia hoy | Referencia central en los estudios de mitología andina contemporánea; tradición oral costera vinculada a las Islas de Pachacamac frente a Lurín; presencia en el feminismo indígena andino y en los estudios de género sobre religiosidad prehispánica; enseñanza universitaria del Manuscrito de Huarochirí como texto canónico en programas de literatura peruana y estudios andinos |
El relato empieza con una escena precisa. Cavillaca era una huaca femenina joven, tan bella que ninguna otra podía compararse con ella. Tejía sentada bajo un árbol de lucuma (Pouteria lucuma, árbol frutal andino de fruta amarilla y pulpa dulce). Cuniraya Wiracocha —figura divina del mismo ciclo, creador que caminaba por el mundo disfrazado de pobre-mendigo harapiento— la vio y se enamoró. Sabiendo que Cavillaca no aceptaría relaciones con un mendigo, ideó un truco. Se transformó en pájaro, comió una lúcuma madura del árbol, depositó su semen en la fruta y la dejó caer al pie de la tejedora. Cavillaca comió la lúcuma y quedó embarazada sin conocer al padre.
Pasó un año. Cuando el niño empezó a gatear, Cavillaca convocó a todas las huacas del Huarochirí para saber cuál de ellas era el padre. Los grandes dioses acudieron al llamado engalanados con sus mejores atavíos. Solo el pobre-mendigo —Cuniraya disfrazado— llegó con harapos y se sentó apartado del resto. Cavillaca preguntó una a una a las huacas presentes; ninguna respondió afirmativamente. Entonces le pidió al niño que fuera él mismo a reconocer a su padre. El bebé gateó por la ronda de dioses y no se detuvo hasta llegar al mendigo apartado, y se subió sobre sus rodillas con evidente alegría. Cavillaca miró al harapiento, se cubrió el rostro de vergüenza y huyó de allí llevándose al niño en brazos.
Cuniraya, al ver que Cavillaca huía sin darle tiempo a revelar su forma verdadera, se transformó al fin en su aspecto divino radiante y la persiguió gritando su nombre. La huaca corrió hacia el mar sin volverse a mirar. Al llegar a la costa frente al santuario de Pachacamac, se arrojó a las aguas junto con el niño y ambos se transformaron en las dos rocas que hoy sobresalen del mar como islas homónimas frente a Lurín. Cuniraya llegó tarde a la orilla, encontró la playa vacía y prosiguió su camino por la costa, transformándose en varias figuras, sin recuperar jamás a Cavillaca. El ciclo continúa después con otras huacas —Chaupi Ñamca entre ellas— pero la escena central del embarazo por la lúcuma queda como núcleo del corpus mítico de la sierra central peruana.
La huaca del embarazo por la lúcuma
Índice
El motivo del embarazo por la ingestión de una fruta pertenece a un repertorio mítico americano amplio. El paralelo más comentado por la crítica es la escena del Popol Vuh maya en la que Ixquic, hija de un señor del inframundo, queda embarazada de los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué al recibir la saliva de la calavera del héroe decapitado Hun Hunahpú, colgada en la horqueta de un árbol. El paralelismo formal entre ambas escenas —fruto de árbol como vehículo de sustancia seminal masculina, mujer joven embarazada sin conocer al padre, hijos que después revelan destinos míticos mayores— ha sido subrayado por Frank Salomon en su prólogo a la edición inglesa del Manuscrito de Huarochirí de 1991.
La lúcuma no es árbol menor en el imaginario andino. Pouteria lucuma es especie originaria de los valles de la costa central peruana, cultivada desde tiempos preincaicos como fruto ceremonial y alimenticio; sus frutos aparecen representados en la cerámica moche y en la textilería nazca, y su presencia en el corpus mítico de Cavillaca no es casualidad. Que el creador escoja la lúcuma como vehículo de su fecundación no aleatoria refuerza el arraigo local del mito: es un árbol reconocible por los oyentes de la sierra central que compartían valle con las poblaciones costeras, no un elemento importado de otras tradiciones. La escena bajo el árbol establece de entrada la textura material concreta del relato.
El desenlace de la escena de reconocimiento —el bebé que gatea hacia el padre disfrazado— pertenece a otro motivo folclórico documentado en múltiples tradiciones: la revelación del padre verdadero por medio del reconocimiento infantil espontáneo. En el caso de Cavillaca, el motivo se acompaña de un giro específico: la mujer, al descubrir que el padre es un mendigo harapiento, no acepta la revelación con humildad sino que huye avergonzada. La emoción dominante es el pudor social, no la aceptación religiosa del designio divino. El texto del Huarochirí describe la fuga con precisión etnográfica —Cavillaca se cubre el rostro con la manta, agarra al niño y corre sin volverse— y ese detalle concreto ha sido leído por comentaristas contemporáneos como un rasgo de realismo psicológico infrecuente en los corpus míticos coloniales americanos.
La transformación final en piedras marinas frente al santuario de Pachacamac cumple la función etiológica de explicar un accidente geográfico visible: las dos islas rocosas que sobresalen del mar frente a la costa de Lurín, hoy reserva natural conocida como Islas de Pachacamac, reciben su origen sagrado en la fuga de Cavillaca y su hijo. La proximidad a uno de los santuarios más importantes del mundo andino prehispánico —el complejo monumental de Pachacamac visitado por Francisco Pizarro en 1533— refuerza la carga simbólica del episodio. El ciclo entero del Huarochirí se pobló así de topografía sagrada: cada roca, cada laguna, cada pico visible del paisaje serrano y costero recibía nombre propio y biografía mítica en el mismo texto que registró la historia de Cavillaca.
La escena entera —tejedora bajo el árbol, pájaro que come la fruta, embarazo, reconocimiento infantil, huida al mar, transformación pétrea— tiene una estructura de cinco tiempos que la etnología comparada ha analizado como esquema narrativo recurrente en los corpus americanos. Rostworowski subrayó en Estructuras andinas del poder (IEP, 1983) que muchos ciclos míticos costeros peruanos incluían el arrojo al mar como culminación de tramas femeninas de fuga; Salomon y Urioste añadieron en 1991 que la especificidad del episodio de Cavillaca reside en la humillación previa del creador y en el pudor social que motiva la fuga, dos elementos que dan al relato su textura psicológica particular. Es un mito con arquitectura narrativa muy trabajada por generaciones de contadores serranos antes de fijarse por escrito hacia 1608.
El motivo del creador humillado y el ciclo de Cuniraya Wiracocha
El disfraz de pobre-mendigo que adopta Cuniraya Wiracocha antes de fecundar a Cavillaca pertenece a un motivo panamericano que Frank Salomon ha comparado con la figura del ángel disfrazado de las tradiciones cristianas medievales y con los trickster-creadores del noroeste norteamericano —Coyote, Cuervo— que aparecen bajo formas degradadas antes de revelar su naturaleza divina. En el caso del Huarochirí, la humillación del creador tiene función narrativa específica: pone a prueba a los demás dioses del panteón, que se burlan del harapiento sin sospechar quién es. Cuando Cuniraya revela finalmente su forma radiante, la burla anterior queda como signo del error espiritual de los que juzgan por las apariencias.
El ciclo mayor de Cuniraya Wiracocha en el Manuscrito de Huarochirí no se detiene con la persecución fallida a Cavillaca. Después del arrojo al mar, Cuniraya sigue caminando por la costa, encontrándose con otras huacas a las que castiga o recompensa según cómo respondan a sus preguntas sobre el paso de Cavillaca. Estos episodios se enlazan con el ciclo de Chaupi Ñamca —hermana de Cavillaca según algunas versiones, otra huaca femenina importante del Huarochirí— y con el ciclo mayor de Pariacaca, dios del rayo serrano y patrón de las lluvias, cuya biografía ocupa la parte central del manuscrito. El texto está organizado como un tapiz de biografías divinas interconectadas, en el que cada huaca se enlaza con otras por el hilo de los mitos compartidos.
La identidad de Cuniraya con Wiracocha —el gran creador andino documentado por Cieza de León (1553), Molina (1573) y Sarmiento de Gamboa (1572) en el corpus cuzqueño— es una de las claves interpretativas del ciclo. En la sierra central de Huarochirí, el creador panandino recibe el nombre de Cuniraya y actúa con rasgos específicos —el disfraz de mendigo, la persecución de Cavillaca, la burla de las otras huacas— que no aparecen en las descripciones cuzqueñas de Wiracocha. Esa variación local ha sido interpretada por Rostworowski, Salomon y Taylor como signo de que el corpus mítico serrano preserva versiones autónomas de figuras panandinas mayores, elaboradas por comunidades particulares con lógica propia. El Wiracocha del Cusco y el Cuniraya del Huarochirí no son personajes idénticos aunque compartan raíz teónima.
El resultado de la persecución —Cavillaca convertida en piedra frente a Pachacamac— tiene también lectura política. El santuario de Pachacamac, en la costa central, era uno de los grandes centros religiosos prehispánicos, con oráculo célebre visitado por peregrinos de todo el mundo andino, incluidos los mismos incas. Que Cavillaca escoja precisamente ese punto para su transformación pétrea sitúa el episodio en la geografía sagrada de mayor prestigio del área. El ciclo del Huarochirí une así la sierra central serrana (Cuniraya como creador local) con la costa central marítima (Pachacamac como santuario oracular), y establece un puente mítico entre dos regiones que las poblaciones yauyos y chechas conocían por comercio, peregrinación y movilidad estacional.
De Ávila (~1608) a Salomon (1991): la edición moderna del Manuscrito de Huarochirí
El Manuscrito de Huarochirí es la única fuente etnográfica extensa en lengua quechua sobre la mitología de un pueblo andino específico compuesta en la primera generación posterior a la conquista. Su existencia se debe a Francisco de Ávila (1573-1647), cura de San Damián de Checa y principal impulsor de la primera gran campaña de «extirpación de idolatrías» en el arzobispado de Lima entre 1608 y 1611. Ávila mandó recopilar información sistemática sobre las creencias religiosas locales, obtenida mediante interrogatorios y encargos de escritura a informantes indígenas bilingües, con el propósito paradójico de destruir las huacas físicas y sancionar a los sacerdotes andinos que las servían.
El texto que se conserva hoy en la Biblioteca Nacional de España fue redactado en runasimi por informantes indígenas de la propia jurisdicción de Ávila, probablemente ladinos bilingües formados en escuelas parroquiales, y quedó archivado entre los papeles del cura extirpador. Su título original se ha perdido; los editores modernos lo llaman simplemente Manuscrito de Huarochirí por el nombre de la provincia en la que fue compuesto. La ironía histórica es evidente: el mismo hombre que destruyó las huacas físicas de la zona preservó, quizá sin proponérselo del todo, la memoria escrita de lo que aquellas huacas significaban en el orden mítico local. Cavillaca y su historia han llegado a los lectores contemporáneos gracias a esa cadena improbable de transmisión.
La primera edición crítica moderna del texto la publicó el escritor peruano José María Arguedas en 1966 con el título Dioses y hombres de Huarochirí (Museo Nacional de Historia / Instituto de Estudios Peruanos), en edición bilingüe quechua-castellano con prólogo del historiador Luis Millones. La traducción de Arguedas —él mismo hablante nativo de quechua desde la infancia en Andahuaylas— es literaria y hermosa, y volvió el texto accesible a los lectores hispanohablantes por primera vez en cuatrocientos años. La edición trilingüe (quechua-francés-castellano) del lingüista francés Gerald Taylor, publicada por el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) en 1987 y reeditada por el IFEA con el Instituto de Estudios Peruanos en 2008, sigue siendo el estándar filológico contemporáneo.
En el mundo anglófono, la referencia canónica es The Huarochirí Manuscript: A Testament of Ancient and Colonial Andean Religion, edición y traducción de Frank Salomon y George Urioste publicada por University of Texas Press en Austin en 1991. Salomon —antropólogo estadounidense formado en Cornell y en Wisconsin— acompañó su traducción con un extenso estudio introductorio que ha marcado la interpretación del texto durante las últimas décadas. Su lectura de Cavillaca como una de las huacas femeninas mayores del corpus, junto con Chuquisuso, Chaupi Ñamca y Yansa, ha influido en la etnohistoria andina posterior. Las ediciones de Arguedas 1966, Taylor 1987/2008 y Salomon-Urioste 1991 constituyen hoy el corpus editorial básico para acceder al texto y a la figura de Cavillaca.
La recepción académica del episodio de Cavillaca ha tenido tres oleadas identificables. La primera, entre los años 1960 y 1980, se centró en la reconstrucción filológica del texto y en la contextualización histórica de Ávila; Arguedas, Duviols y Rostworowski dominaron esta fase. La segunda, entre 1980 y 2000, incorporó las lecturas antropológicas de estructura mítica —Salomon, Taylor, Karen Spalding, Alan Kolata— y comparó a Cavillaca con figuras femeninas equivalentes en otros corpus americanos, incluyendo Ixquic del Popol Vuh maya. La tercera, desde 2000 hasta hoy, se ha ocupado sobre todo de leer el episodio desde perspectivas de género —el pudor de Cavillaca, la agencia femenina en el corpus, la crítica de la mirada masculina divina— con aportes de investigadoras peruanas como Alejandra Cabrera Ortiz y de la escuela de estudios andinos del Cusco.
La traducción de Arguedas de 1966 tuvo además impacto literario más allá del ámbito estrictamente académico. Escritores del boom hispanoamericano —Mario Vargas Llosa, José María Arguedas mismo en sus novelas posteriores, Manuel Scorza en la Balada de Agapito Robles— incorporaron material del Manuscrito de Huarochirí como fuente indirecta de imaginería andina en su ficción. La figura de la mujer huida al mar, transformada en piedra al pie del santuario, aparece con variaciones en la prosa peruana del último medio siglo. Cavillaca, sin ser nombrada explícitamente en la mayoría de esas apariciones, actúa como sombra literaria reconocible por los lectores familiarizados con el corpus, y demuestra hasta qué punto el Manuscrito de Huarochirí se ha vuelto parte del imaginario nacional peruano contemporáneo, más allá de su valor como documento etnohistórico colonial.
Lo que permanece
Cavillaca sigue frente al mar. Las dos rocas frente a Lurín que llevan hoy el nombre administrativo de Islas de Pachacamac son las mismas que las poblaciones costeras del siglo XVI identificaban con la huaca huida y con el hijo que llevaba en brazos. La reserva natural que protege el sitio conserva ese arraigo mítico junto a su valor ecológico. El Manuscrito de Huarochirí ha sido leído durante los últimos sesenta años por generaciones sucesivas de estudiantes peruanos y extranjeros, y las ediciones de Arguedas, Taylor y Salomon garantizan que la historia siga circulando. Otros elementos del panteón andino —Cuniraya Wiracocha, Wiracocha, Pachacamac, Pariacaca, Chuquisuso, Huallallo Carhuincho— acompañan a Cavillaca en el corpus mítico serrano y costero. Y las leyendas de este mismo sprint —Chuquilla, Kon, Vichama, Tunupa, Urcuchillay, Ausangate— completan el mapa religioso en el que la huaca femenina del embarazo por la lúcuma tiene su lugar.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Cavillaca?
Cavillaca (también Kawillaka o Kaviyaca) es la principal huaca femenina del Manuscrito de Huarochirí, texto quechua redactado hacia 1608 por informantes indígenas bajo dirección de Francisco de Ávila en la actual región peruana de Lima. Es la protagonista femenina del ciclo del creador Cuniraya Wiracocha, y su historia ocupa los capítulos 2 y 3 del manuscrito según la organización canónica establecida por las ediciones críticas modernas de Arguedas (1966), Taylor (1987) y Salomon-Urioste (1991).
¿Cuál es la historia del embarazo por la lúcuma?
Cavillaca tejía sentada bajo un árbol de lucuma. Cuniraya Wiracocha, disfrazado de pobre-mendigo, se transformó en pájaro, depositó su semen en una lúcuma madura y la dejó caer al suelo. Cavillaca comió la fruta y quedó embarazada sin conocer al padre. Un año después, convocó a las huacas del Huarochirí; el bebé gateó hasta el mendigo apartado, revelando al padre. Cavillaca, avergonzada, huyó hacia el mar con el niño y se arrojó a las aguas frente a Pachacamac.
¿Por qué se transforma en las islas frente a Pachacamac?
La transformación pétrea cumple función etiológica: explica el origen sagrado de las dos rocas que sobresalen del mar frente a la costa de Lurín, hoy conocidas como Islas de Pachacamac, reserva natural cercana al gran santuario oracular prehispánico. La tradición identifica una de las rocas con Cavillaca y la otra con su hijo. La proximidad al santuario de Pachacamac —uno de los centros religiosos mayores del mundo andino prehispánico— refuerza la carga simbólica del episodio y enlaza la sierra central con la geografía sagrada costera.
¿Qué relación tiene con Cuniraya Wiracocha?
Cuniraya Wiracocha es el creador panandino que aparece en la sierra central del Huarochirí bajo el disfraz de pobre-mendigo. Su ciclo mítico incluye la fecundación de Cavillaca por medio de la lúcuma, la burla de las huacas que no lo reconocen y la persecución fallida tras la huida de Cavillaca al mar. La identidad de Cuniraya con Wiracocha —el gran creador cuzqueño documentado por Cieza de León y Molina— se establece por el segundo elemento del nombre; la variación local hace del Cuniraya del Huarochirí una versión propia del creador panandino.
¿Qué ediciones modernas del Manuscrito de Huarochirí existen?
Tres son las referencias editoriales básicas. José María Arguedas publicó en 1966 Dioses y hombres de Huarochirí (Museo Nacional de Historia / Instituto de Estudios Peruanos), primera edición crítica bilingüe quechua-castellano moderna. Gerald Taylor editó en 1987 la edición trilingüe canónica Ritos y tradiciones de Huarochirí (IFEA, Lima; reeditada IFEA/IEP 2008). Frank Salomon y George Urioste publicaron en 1991 la edición inglesa The Huarochirí Manuscript (University of Texas Press, Austin), con extenso estudio introductorio de Salomon que ha marcado la interpretación contemporánea del texto.


