Lo esencial. Nanaic es la luna femenina del panteón del pueblo qom (autónimo, «gente»; exónimo toba, del guaraní tovā), cazadores-recolectores del Gran Chaco argentino y paraguayo agrupados en la familia lingüística guaycurú. Su nombre aparece con las variantes dialectales Nanaic, Nawe y Naneq, según la escuela de transcripción del qom l’aqtaqa. Figura femenina asociada al ciclo lunar, al ciclo menstrual de las mujeres, a las plantas medicinales y a la farmacopea del pi’oxonaq (chamán toba), Nanaic forma pareja con el sol Nala (registrado también como Nala’lek) en el ciclo cosmogónico de persecución solar-lunar que Alfred Métraux documentó en Los toba orientales (Anales del Instituto de Etnografía Americana, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1937), motivo panamericano compartido con panteones andinos, amazónicos y guaraníes. La etnóloga Anatilde Idoyaga Molina en Modos de clasificación en la cultura pilagá (Centro Argentino de Etnología Americana, Buenos Aires, 1997) documentó el ciclo lunar entre los pilagá, pueblo hermano del qom dentro de la familia guaycurú, con paralelos directos aplicables al material toba. Los primeros ciclos menstruales de las mujeres qom se remiten a la enseñanza de Nanaic, y los ritos de iniciación femenina reproducen episodios del corpus lunar. El pi’oxonaq recoge ciertas hierbas del monte chaqueño en luna llena o en luna nueva porque Nanaic las hace más eficaces en esos momentos, práctica etnobotánica que perdura en las comunidades qom del Chaco y de Formosa. La figura mantiene vigencia contemporánea en la etnomedicina qom y en los motivos lunares del arte textil femenino.
| Origen cultural | Pueblo qom (autónimo, «gente»; autoglotónimo qom l’aqtaqa, «hablantes qom»); exónimo toba del guaraní tovā, «frente», por la deformación deliberada del cráneo con que los guaraníes identificaban a sus vecinos chaqueños; lengua qom l’aqtaqa de la familia guaycurú, que reúne también al mocoví, al pilagá y al extinto abipón; aproximadamente 130.000 personas en las provincias argentinas de Chaco, Formosa, Salta, Santa Fe y Buenos Aires, con comunidades en el oriente paraguayo; economía tradicional de caza-recolección del Gran Chaco (madera de quebracho, vainas de algarrobo, resina de palo santo, frutos del mistol y del chañar) transformada por la colonización agrícola tras la Campaña del Chaco de 1884 y por la incorporación forzada a los ingenios azucareros de Salta, a los obrajes taninero-madereros y a las cosechas algodoneras del siglo XX |
|---|---|
| Tipo | Luna femenina del panteón qom; figura celeste registrada con las variantes Nanaic, Nawe y Naneq según la escuela de transcripción del qom l’aqtaqa; hermana o esposa del sol Nala (también Nala’lek) en el ciclo cosmogónico de persecución solar-lunar, motivo panamericano compartido con panteones andinos (Mama Quilla y Inti), amazónicos y guaraníes; patrona del ciclo menstrual femenino, de los ritos de iniciación de las mujeres, del calendario ritual del monte y de la farmacopea del pi’oxonaq (chamán toba); asociada a la etnobotánica qom por el vínculo entre las fases lunares y la eficacia terapéutica de ciertas hierbas medicinales |
| Función mítica | Enseña a las mujeres qom el primer ciclo menstrual, marca el calendario ritual femenino y funda la asociación entre la menstruación, la luna y la fertilidad del monte; determina el momento de recolección de las plantas medicinales usadas por el pi’oxonaq, con hierbas específicas que se recogen en luna llena o en luna nueva porque Nanaic las hace más eficaces en esos momentos; forma con el sol Nala el ciclo cosmogónico de persecución solar-lunar que explica el orden del día y la noche; aparece en los motivos textiles femeninos qom como marca de la vinculación entre las tejedoras, el ciclo lunar y la fertilidad |
| Atestación | Alfred Métraux, Los toba orientales (Anales del Instituto de Etnografía Americana, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1937), primer registro sistemático del ciclo lunar qom; Alfred Métraux, «Ethnography of the Chaco» en Handbook of South American Indians vol. I (Bureau of American Ethnology Bulletin 143, Smithsonian Institution, Washington, 1946); Anatilde Idoyaga Molina, Modos de clasificación en la cultura pilagá (Centro Argentino de Etnología Americana, Buenos Aires, 1997), obra sobre el panteón pilagá con paralelos qom directos y estudio detallado del ciclo lunar chaqueño; Edgardo Jorge Cordeu (trabajos publicados en la revista Runa del Centro Argentino de Etnología Americana entre 1969 y 1985); Elmer S. Miller, Los tobas argentinos: armonía y disonancia en una sociedad (Siglo XXI, Buenos Aires, 1979); Pablo Wright, Ser-en-el-sueño: crónicas de historia y vida toba (Biblos, Buenos Aires, 2008) |
| Vigencia hoy | Figura viva en la etnomedicina qom contemporánea; presente en la práctica de las pi’oxonaq mujeres y de las curanderas que continúan recogiendo hierbas medicinales del monte chaqueño según el calendario lunar (Prosopis alba, Ziziphus mistol, Bulnesia sarmientoi, Aspidosperma quebracho-blanco, entre otras); presente en los motivos lunares del arte textil femenino qom comercializado como artesanía en Resistencia, Rosario y Buenos Aires; incorporada al material curricular de las escuelas bilingües qom l’aqtaqa-castellano del Chaco y de Formosa gestionadas por la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación de la Nación; presente en los relatos de vida recogidos por Pablo Wright en Ser-en-el-sueño (Biblos, Buenos Aires, 2008) y en la producción contemporánea de escritoras qom como la poeta Lecko Zamora y las narradoras del taller literario de Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) |
El Gran Chaco es una llanura de bosque seco que se extiende desde el sur boliviano hasta el norte argentino, entre los ríos Paraguay y Pilcomayo, poblada durante milenios por cazadores-recolectores agrupados en varias familias lingüísticas: guaycurú (que reúne al pueblo toba/qom, al mocoví, al pilagá y al extinto abipón), mataco-mataguaya (wichís, chorotes, nivaclé), zamuca (ayoreo, chamacoco) y tupí-guaraní (chané, chiriguano). En este marco cultural chaqueño se inscribe el panteón qom registrado por Alfred Métraux en Los toba orientales (Anales del Instituto de Etnografía Americana, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1937), donde la luna femenina Nanaic ocupa un lugar central: patrona del ciclo menstrual femenino, del calendario ritual del monte y de la farmacopea del pi’oxonaq.
El corpus qom registra a Nanaic con variantes dialectales que reflejan las diferencias internas del qom l’aqtaqa: Nanaic es la forma más frecuente en la etnografía argentina moderna, Nawe aparece en algunas comunidades del este del Chaco documentadas por Métraux, y Naneq es una variante dialectal recogida en registros posteriores. En todos los casos se trata de la misma figura celeste, hermana o esposa del sol Nala (también Nala’lek). El ciclo mítico de la persecución solar-lunar —motivo panamericano que aparece con detalles paralelos en las tradiciones andinas de Inti y Mama Quilla, en la mitología amazónica del Bufeo Colorado y en las narraciones guaraníes de la luna—, presenta particularidades chaqueñas que Métraux (1937) y Cordeu documentaron a lo largo del siglo XX.
La sistematización etnográfica del corpus lunar chaqueño incluye tres obras centrales. Alfred Métraux fijó el primer registro en Los toba orientales (1937) y lo insertó en la síntesis panamericana de «Ethnography of the Chaco» (Handbook of South American Indians, Smithsonian Institution, Washington, 1946). Anatilde Idoyaga Molina, en Modos de clasificación en la cultura pilagá (Centro Argentino de Etnología Americana, Buenos Aires, 1997), estudió la figura equivalente en el panteón pilagá con detalle etnobotánico y ritual, y sus resultados son directamente aplicables al material qom dada la proximidad cultural entre ambos pueblos guaycurú. Edgardo Jorge Cordeu, en los trabajos publicados en la revista Runa del CAEA entre 1969 y 1985, comparó el ciclo lunar chaqueño con las tradiciones vecinas y precisó el vocabulario ritual del qom l’aqtaqa. Pablo Wright, en Ser-en-el-sueño (Biblos, Buenos Aires, 2008), recogió testimonios contemporáneos de mujeres qom sobre la vigencia de Nanaic en la práctica ritual del siglo XXI.
La luna femenina y el ciclo menstrual
Índice
El corpus registrado por Métraux (1937) atribuye a Nanaic la enseñanza del primer ciclo menstrual a las mujeres qom. En la versión más difundida del relato, Nanaic bajó del cielo en la época primordial y mostró a las mujeres humanas cómo reconocer la sangre menstrual, cómo comportarse durante los días de sangrado y cómo relacionar ese ciclo corporal con las fases lunares. La regularidad del ciclo menstrual —aproximadamente veintiocho días, coincidente con el mes lunar sinódico— se explica en el corpus como consecuencia directa de la enseñanza de Nanaic: la luna dicta el ritmo del cuerpo femenino porque una diosa lunar fundó esa correspondencia en el origen.
Los ritos de iniciación femenina qom reproducen episodios del ciclo Nanaic. Cuando una niña experimenta la menarquia, la comunidad marca el momento con prácticas específicas: reclusión temporal en una vivienda separada, prohibiciones alimentarias, corte ritual del cabello, aprendizaje de cantos y de conocimientos sobre las plantas del monte transmitidos por mujeres mayores. Anatilde Idoyaga Molina en Modos de clasificación en la cultura pilagá (CAEA, Buenos Aires, 1997) documentó el rito equivalente entre los pilagá, con paralelos qom directos: la niña iniciada aprende que su nuevo estatuto la sitúa bajo la protección de Nanaic y le obliga a respetar el calendario ritual que la luna impone al cuerpo femenino.
El corpus también establece prohibiciones cotidianas ligadas al ciclo menstrual. Durante los días de sangrado, la mujer qom evitaba tradicionalmente ciertas actividades: no debía tocar las armas de caza del marido para no anular su eficacia, no debía cruzar ciertos caminos del monte donde los nqui (dueños de animales) podían molestarse, no debía preparar determinados alimentos rituales. Estas prohibiciones, hoy en desuso en muchas comunidades urbanas pero conservadas en las comunidades rurales del Chaco impenetrable, remiten al respeto por el orden que Nanaic instituyó en el origen. La sangre menstrual se concebía como sustancia de fuerza ambivalente: fecunda para el ciclo humano, peligrosa para las actividades que exigen la mediación con otros espíritus.
Pablo Wright, en Ser-en-el-sueño: crónicas de historia y vida toba (Biblos, Buenos Aires, 2008), recogió testimonios contemporáneos de mujeres qom del Chaco que confirman la vigencia parcial del complejo ritual. Muchas mujeres jóvenes, escolarizadas en el sistema bilingüe y familiarizadas con la biomedicina, mantienen sin embargo una relación afectiva y simbólica con la figura de Nanaic: la mencionan al hablar del ciclo menstrual, incorporan sus motivos al arte textil, y transmiten a sus hijas las prescripciones básicas heredadas de sus abuelas. La transformación religiosa que trajo el pentecostalismo desde los años 1940 modificó el discurso público sobre las figuras del panteón qom, pero Nanaic ha conservado un espacio femenino relativamente autónomo.
El ciclo Nanaic y las plantas medicinales del pi’oxonaq
El pi’oxonaq (chamán toba) mantiene con Nanaic una relación práctica que se expresa en el calendario de recolección de plantas medicinales. El monte chaqueño ofrece una farmacopea abundante que los qom han aprovechado durante milenios: la corteza del quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco) para tratar dolencias respiratorias, la resina del palo santo (Bulnesia sarmientoi) para afecciones cutáneas y como incienso ritual, las vainas del algarrobo blanco (Prosopis alba) para preparados alimentarios y medicinales, los frutos del mistol (Ziziphus mistol) para diarreas y afecciones digestivas, las hojas del chañar (Geoffroea decorticans) para dolencias respiratorias, entre docenas de otras especies documentadas por la etnobotánica chaqueña.
Ciertas hierbas de esta farmacopea se recogen en momentos precisos del calendario lunar porque Nanaic las hace más eficaces en esas fases. La luna llena es momento privilegiado para plantas asociadas a la fuerza expansiva —hierbas que se emplean para estimular la circulación, para dar fuerza al enfermo debilitado, para acompañar rituales de curación colectiva—. La luna nueva, en cambio, marca el momento de recogida de plantas asociadas al retraimiento —hierbas para calmar fiebres, para tratar afecciones de la piel, para acompañar los ritos de aislamiento durante la iniciación femenina—. El calendario etnobotánico qom, documentado por los estudios de Cordeu publicados en la revista Runa del CAEA entre 1969 y 1985 y por trabajos posteriores de etnobotánica chaqueña, sigue vigente en la práctica de las curanderas qom contemporáneas.
La transmisión del conocimiento etnobotánico está fuertemente feminizada. Los pi’oxonaq varones dominan ciertos aspectos del trato con los nqui y con los espíritus del monte, pero el conocimiento detallado de las plantas medicinales y del calendario lunar de recolección pasa preferentemente por líneas femeninas: de abuela a nieta, de madre a hija, de curandera experimentada a aprendiz. Esta transmisión femenina refuerza el vínculo con Nanaic: es la luna la que ordena el calendario, y son las mujeres las que interpretan las señales lunares en el terreno. Anatilde Idoyaga Molina (1997) documentó entre los pilagá el mismo patrón, con detalles sobre los cantos rituales que las mujeres entonan al recoger determinadas hierbas.
El sistema etnobotánico qom vinculado a Nanaic convive hoy con la biomedicina en las comunidades del Chaco y de Formosa. Los centros de salud rurales, los hospitales de Resistencia y de Formosa capital, y los equipos de salud intercultural de la Dirección Nacional de Salud Familiar y Comunitaria del Ministerio de Salud de la Nación reconocen desde los años 2000 el valor de la etnomedicina indígena, y algunos equipos han incorporado curanderas qom como agentes de salud comunitaria. En este marco institucional, la figura de Nanaic sobrevive no como referencia religiosa explícita sino como marco temporal que ordena las prácticas de recolección heredadas. La luna sigue marcando el calendario, aunque el discurso público sobre la diosa haya perdido protagonismo.
Comparaciones con las lunas americanas: Kashi, Mama Quilla, Küyen mapuche
La figura de Nanaic pertenece a la familia panamericana de deidades lunares femeninas asociadas al ciclo menstrual y a la fertilidad. En el panteón wayúu de La Guajira colombo-venezolana, Kashi —hermano lunar del sol Kai según el corpus registrado por Michel Perrin en El camino de los indios muertos (Monte Ávila Editores, Caracas, 1980)— cumple funciones paralelas en algunos aspectos y contrastantes en otros: la variante wayúu conserva el ciclo cosmogónico de persecución sol-luna pero con un reparto de género distinto, dado que el sistema wayúu masculiniza la luna. La comparación entre Nanaic femenina y Kashi masculina muestra que el motivo lunar del ciclo menstrual admite variantes de género según la tradición particular.
La luna incaica Mama Quilla ofrece un paralelo estructural más próximo al Nanaic qom. En el panteón inca registrado por Juan de Betanzos (Suma y narración de los Incas, 1551) y por Cristóbal de Molina (Relación de las fábulas y ritos de los Incas, 1573), Mama Quilla es la hermana y esposa del sol creador (encarnado en Inti), patrona del calendario lunar, del ciclo menstrual y de la fertilidad femenina. La estructura del panteón —pareja fraterna sol-luna, con la luna asociada al ciclo femenino— reproduce el patrón qom aunque en un contexto imperial andino radicalmente distinto del chaqueño. Ambas tradiciones desarrollaron respuestas independientes a un problema mitológico común: dar cuenta del ciclo menstrual como fenómeno cósmico.
La luna mapuche Küyen, en el panteón del pueblo mapuche del sur de Chile y de Argentina, mantiene igualmente una asociación femenina explícita. En el machitún (ceremonia de curación mapuche) presidida por la machi (chamán mapuche, frecuentemente mujer), la luna interviene en el calendario ritual: ciertas curaciones se practican en momentos precisos del ciclo lunar, y la machi recoge las hierbas medicinales según prescripciones equivalentes a las del pi’oxonaq qom. La comparación regional muestra que el complejo lunar-femenino-medicinal es un patrón sudamericano recurrente, más que una singularidad chaqueña.
La proximidad de Nanaic con las figuras vecinas del propio Gran Chaco merece atención específica. Los Nowet mocovíes, los dueños de animales del panteón mocoví, coexisten en la región con los nqui qom y participan del mismo sistema de calendario ritual del monte. En el panteón ayoreo, otras figuras lunares y estelares completan el mapa mitológico chaqueño con particularidades zamucas distintas de las guaycurú. El patrón compartido —luna femenina asociada al ciclo menstrual y a la farmacopea medicinal— es reconocible en varias tradiciones chaqueñas, con variantes narrativas y rituales que reflejan la diversidad interna de la región.
Una mirada final
Nanaic sigue viva en la práctica ritual y etnomedicinal del pueblo qom del siglo XXI. Las curanderas del Chaco y de Formosa mantienen el calendario lunar de recolección de hierbas que Métraux (1937) documentó hace casi noventa años, las tejedoras qom incorporan motivos lunares al arte textil que se comercializa en Resistencia, Rosario y Buenos Aires como artesanía identitaria, y las escuelas bilingües qom l’aqtaqa-castellano incluyen a la luna femenina en el material curricular de Educación Intercultural Bilingüe producido por la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación de la Nación. La reelaboración religiosa que trajo el pentecostalismo desde los años 1940 alteró el discurso público sobre otras figuras del panteón qom, pero Nanaic ha conservado un espacio femenino relativamente autónomo.
La comparación con las lunas americanas —Kashi wayúu, Mama Quilla incaica, Küyen mapuche— inscribe a Nanaic en un patrón continental amplio de deidades lunares femeninas asociadas al ciclo menstrual y a la farmacopea medicinal, con variantes locales que reflejan la especificidad de cada tradición. En el propio Gran Chaco, los Nowet mocovíes y el creador supremo Kotaã del panteón qom completan un panteón donde cada figura administra un ámbito ritual específico. Recuperar el registro etnográfico preciso de Métraux, Cordeu, Miller, Idoyaga Molina y Wright restituye a Nanaic el lugar que ocupa en la tradición qom viva del siglo XXI.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Nanaic en el panteón del pueblo qom?
Nanaic es la luna femenina del panteón del pueblo qom (autónimo, «gente»; exónimo toba, del guaraní tovā), cazadores-recolectores del Gran Chaco argentino y paraguayo agrupados en la familia lingüística guaycurú. Su nombre aparece registrado con las variantes dialectales Nanaic, Nawe y Naneq. Figura femenina asociada al ciclo lunar, al ciclo menstrual de las mujeres, a las plantas medicinales y a la farmacopea del pi’oxonaq (chamán toba), Nanaic forma pareja con el sol Nala (también Nala’lek) en el ciclo cosmogónico de persecución solar-lunar que Alfred Métraux documentó en Los toba orientales (Anales del Instituto de Etnografía Americana, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1937).
¿Qué relación tiene Nanaic con el ciclo menstrual de las mujeres qom?
El corpus registrado por Alfred Métraux (1937) atribuye a Nanaic la enseñanza del primer ciclo menstrual a las mujeres qom en la época primordial. La regularidad del ciclo menstrual, coincidente con el mes lunar sinódico de aproximadamente veintiocho días, se explica como consecuencia directa de esa enseñanza. Los ritos de iniciación femenina qom reproducen episodios del ciclo Nanaic: cuando una niña experimenta la menarquia, la comunidad marca el momento con reclusión temporal, prohibiciones alimentarias, corte ritual del cabello y aprendizaje de cantos y conocimientos botánicos. Anatilde Idoyaga Molina en Modos de clasificación en la cultura pilagá (CAEA, Buenos Aires, 1997) documentó el rito equivalente entre los pilagá.
¿Cómo determina Nanaic el calendario de recolección de plantas medicinales?
El pi’oxonaq (chamán toba) y las curanderas qom recogen ciertas hierbas del monte chaqueño en momentos precisos del calendario lunar porque Nanaic las hace más eficaces en esas fases. La luna llena es momento privilegiado para plantas asociadas a la fuerza expansiva (estimulantes, tonificantes, para rituales de curación colectiva); la luna nueva marca el momento de recogida de plantas asociadas al retraimiento (calmantes, para fiebres, para afecciones cutáneas). La farmacopea qom incluye quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco), palo santo (Bulnesia sarmientoi), algarrobo blanco (Prosopis alba), mistol (Ziziphus mistol) y chañar (Geoffroea decorticans), entre docenas de especies documentadas por la etnobotánica chaqueña.
¿Cómo se compara Nanaic con otras lunas americanas?
Nanaic pertenece a la familia panamericana de deidades lunares femeninas asociadas al ciclo menstrual y a la fertilidad. Mama Quilla, luna incaica registrada por Juan de Betanzos (Suma y narración de los Incas, 1551) y por Cristóbal de Molina (Relación de las fábulas y ritos de los Incas, 1573), ofrece un paralelo estructural directo: hermana y esposa de Inti, patrona del calendario lunar y del ciclo menstrual. La luna mapuche Küyen mantiene una asociación femenina similar en el machitún presidido por la machi. Kashi wayúu, en cambio, es una figura lunar masculina, hermano del sol Kai, que muestra que el motivo lunar admite variantes de género según la tradición particular.
¿Sigue vigente Nanaic en la etnomedicina qom del siglo XXI?
Sí. Las curanderas qom del Chaco y de Formosa mantienen el calendario lunar de recolección de hierbas medicinales que Alfred Métraux documentó en Los toba orientales (1937). Pablo Wright, en Ser-en-el-sueño: crónicas de historia y vida toba (Biblos, Buenos Aires, 2008), recogió testimonios contemporáneos que confirman la continuidad de la práctica. Los centros de salud rurales y los equipos de salud intercultural de la Dirección Nacional de Salud Familiar y Comunitaria del Ministerio de Salud de la Nación reconocen desde los años 2000 el valor de la etnomedicina indígena e incorporan curanderas qom como agentes de salud comunitaria. Las tejedoras qom conservan motivos lunares en el arte textil comercializado en Resistencia, Rosario y Buenos Aires.





