Iureke, el héroe cultural ye’kwana hijo de Wanadi

En síntesis. Iureke es héroe cultural del pueblo ye’kwana, autónimo So’to («la gente»), karib del Alto Orinoco y el Ventuari en Venezuela. Su figura se conserva en el corpus oral Watunna, compilado por el etnólogo francés Marc de Civrieux en Watunna: mitología makiritare (Monte Ávila Editores, Caracas, 1970), obra que sigue siendo la referencia central para el ciclo mítico ye’kwana. Iureke aparece siempre en pareja con su hermano Shikiémona: juntos rescatan el sol robado por el brujo primordial Kaajushawa, vencen a los monstruos devoradores del tiempo antiguo, enseñan los cantos ademi e instauran la caza, la pesca y los cultivos. La pareja pertenece al tipo americano de héroes gemelos documentado desde los Hunahpú-Ixbalanqué del Popol Vuh maya hasta los ciclos amazónicos karib y arawak. El corpus Watunna sigue recitándose por los huhai (sabios ceremoniales) durante las noches de canto en el interior del atta, la casa colectiva circular ye’kwana.

Origen culturalPueblo ye’kwana, autónimo So’to («la gente verdadera»); en la literatura colonial y republicana venezolana designados también como makiritare; familia lingüística karib septentrional; ~10.000 personas asentadas en las cuencas del Alto Orinoco, el Ventuari, el Cunucunuma, el Iguapo y el Merevari, entre los estados venezolanos Amazonas y Bolívar; una minoría cruzó al lado brasileño de la sierra Parima (estado de Roraima) a lo largo del siglo XX y mantiene comunidades transfronterizas hasta hoy
TipoHéroe cultural del ciclo mítico Watunna; miembro de la pareja de mellizos culturales con su hermano Shikiémona; hijo del creador solar Wanadi en su tercer avatar (Attawanadi); ejemplar americano del tipo panandino y panamazónico de gemelos culturales documentado desde los Hunahpú-Ixbalanqué del Popol Vuh maya hasta los pares equivalentes de las tradiciones karib y arawak orinoquenses
Función míticaRecuperador del sol robado por el brujo primordial Kaajushawa, encarnación del principio maligno odosha genérico de la tradición ye’kwana; vencedor de los monstruos devoradores del tiempo antiguo; instaurador de los cantos ceremoniales ademi; ordenador de la caza, la pesca y los cultivos; codificador del sistema de saberes que rige la etiqueta social y ritual del atta ye’kwana
AtestaciónMarc de Civrieux, Watunna: mitología makiritare (Monte Ávila Editores, Caracas, 1970); David M. Guss (ed. y trad.), Watunna: An Orinoco Creation Cycle (North Point Press, San Francisco, 1980); David M. Guss, To Weave and Sing: Art, Symbol, and Narrative in the South American Rain Forest (University of California Press, Berkeley, 1989); Daniel de Barandiarán, obra sobre el sistema mítico ye’kuana-makiritare (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1979); Nelly Arvelo-Jiménez, Political Relations in a Tribal Society: A Study of the Ye’cuana Indians of Venezuela (Cornell University, Ithaca, 1971)
Vigencia hoyRecitación del ciclo Watunna por los huhai durante las noches de canto ceremonial dentro del atta; codificación iconográfica de las hazañas de Iureke en los diseños wädehämmö de la cestería ye’kwana estudiada por David Guss (1989); presencia del corpus en los programas de educación intercultural bilingüe de las escuelas ye’kwana del Amazonas venezolano y en la Escola Estadual Indígena Yekuana Kadeweña del estado de Roraima (Brasil); ediciones divulgativas publicadas por Fundación La Salle y por el Centro Amazónico de Investigación de Enfermedades Tropicales (CAICET)

El ciclo de Iureke y Shikiémona llegó al registro escrito por vía de Marc de Civrieux, ingeniero geólogo francés instalado en Venezuela desde los años cincuenta y convertido en etnólogo del Orinoco tras dos décadas de trabajo con guías So’to. En 1970, la editorial caraqueña Monte Ávila publicó Watunna: mitología makiritare, primera compilación sistemática del corpus mítico ye’kwana. La obra reunía los relatos recogidos junto a los cantores del Alto Ventuari y del Cunucunuma entre 1950 y 1968, con transcripción bilingüe y notas etnográficas sobre la organización ritual del atta, la casa colectiva circular de techo cónico de palma que aloja a las familias emparentadas de cada comunidad.

La difusión internacional del ciclo llegó una década más tarde. En 1980, David M. Guss, antropólogo estadounidense discípulo de James Fernandez, publicó en San Francisco la traducción anotada Watunna: An Orinoco Creation Cycle (North Point Press), que puso el corpus a disposición de la etnología comparada de tierras bajas suramericanas. Guss, que había convivido con comunidades ye’kwana del Ventuari entre 1976 y 1980, amplió su investigación en To Weave and Sing (University of California Press, Berkeley, 1989), estudio sobre la codificación de las hazañas de Iureke en los diseños wädehämmö de la cestería ye’kwana y en los cantos ceremoniales ademi.

El marco etnográfico se completa con dos monografías venezolanas. Nelly Arvelo-Jiménez, en Political Relations in a Tribal Society (Cornell University, Ithaca, 1971), documentó la organización política ye’kwana del Alto Ventuari a partir de trabajo de campo prolongado en la comunidad de Kanadakuni. Daniel de Barandiarán publicó en 1979, por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, el estudio panorámico sobre el sistema mítico ye’kuana-makiritare que sigue siendo referencia obligada para el marco simbólico donde Iureke ocupa el lugar del héroe cultural por excelencia. La transmisión del ciclo continúa hoy en los programas de educación intercultural bilingüe y en las noches de canto de los huhai comunitarios.

Iureke y Shikiémona en el ciclo del Watunna

El corpus Watunna se organiza como una sucesión de episodios encadenados que van desde la creación primordial hasta la instauración del orden social del atta. La figura del creador solar Wanadi preside el ciclo, y sus tres avatares sucesivos (Wanadi Seruhe Ianadi, Nadeiumadi y Attawanadi) organizan la sucesión de eras míticas. Iureke nace en la tercera era, hijo de Attawanadi con una mujer terrenal, y aparece siempre en pareja con su hermano Shikiémona. Marc de Civrieux (1970) sitúa a los mellizos como los verdaderos protagonistas de las hazañas civilizadoras que preparan la vida ye’kwana tal como se conoce hoy.

La pareja de mellizos culturales pertenece al patrón americano de gemelos héroes documentado en tradiciones muy distantes entre sí. Los Hunahpú e Ixbalanqué del Popol Vuh maya k’iche’, los mellizos guaraní y los pares equivalentes de las tradiciones karib y arawak orinoquenses comparten estructura narrativa: uno impulsivo y otro reflexivo, uno cazador y otro estratega. En el ciclo Watunna, Iureke encarna el impulso y la acción, mientras Shikiémona asume el cálculo y la palabra ceremonial. El equilibrio entre los dos hace posibles las victorias sobre los enemigos primordiales.

Los relatos que integran el ciclo, recogidos por De Civrieux entre 1950 y 1968, se dividen en cuatro grandes bloques narrativos. El primero cuenta la infancia de los mellizos y sus primeras hazañas contra los seres malignos que amenazan a la humanidad; el segundo, la recuperación del sol robado por Kaajushawa; el tercero, la instauración de los cantos ademi, las reglas de caza y las técnicas de cultivo; el cuarto, la subida de los héroes al plano celeste tras completar su obra terrestre. David Guss (1980) mantuvo esta segmentación en su edición inglesa, con anotaciones adicionales sobre la variación regional del corpus entre comunidades del Ventuari y del Cunucunuma.

La recuperación del sol y la lucha con los monstruos primordiales

El episodio del sol robado ocupa el lugar central del ciclo. En el tiempo antiguo, el brujo primordial Kaajushawa —encarnación por antonomasia del odosha, principio de la enfermedad y la muerte en la tradición ye’kwana— logró apoderarse del sol y ocultarlo en el fondo de una laguna del inframundo. La tierra quedó sumida en la oscuridad, los cultivos no crecieron y los ye’kwana murieron de hambre. Iureke y Shikiémona emprendieron entonces el viaje al inframundo, siguiendo el consejo de su padre Attawanadi, para rescatar el astro. De Civrieux (1970) presenta el relato en catorce cantos consecutivos, con fórmulas de invocación y descripciones detalladas del combate.

El viaje al inframundo obligó a los mellizos a cruzar obstáculos escalonados: la selva de las plantas devoradoras, el río de las aguas hirvientes, la ciénaga de las serpientes gigantes y, finalmente, la laguna donde Kaajushawa guardaba el sol. Cada obstáculo exigió una estratagema distinta y puso a prueba la complementariedad de la pareja. En la variante recogida por David Guss (1980) entre los ye’kwana del Ventuari, Shikiémona aplicó las palabras ceremoniales que abrieron el camino, mientras Iureke ejecutó los golpes decisivos contra los guardianes monstruosos. Al recuperar el sol y devolverlo al firmamento, los héroes restablecieron el ciclo del día y la posibilidad de la agricultura.

La lucha con los monstruos primordiales ocupa otro conjunto de episodios. Los mellizos derrotaron sucesivamente al jaguar devorador, al águila arpía gigante que raptaba niños, a la serpiente kumaria que habitaba los raudales y al monstruo antropófago Kuchi, cuya cabeza cortada dio origen a las estrellas fijas. Marc de Civrieux (1970) documentó estas hazañas en variantes recogidas de tres cantores distintos, con coincidencia sustancial en la secuencia narrativa y en los rasgos iconográficos de los antagonistas. El paralelismo con los ciclos amazónicos de otras tradiciones karib —el Amalivaca tamanaco, los ciclos wayana y galibi— sitúa las hazañas de Iureke dentro de un fondo mítico compartido por toda la Guayana orinoquense.

Iureke en la cestería y el canto ademi contemporáneo

David M. Guss dedicó a la vigencia del ciclo Watunna su monografía To Weave and Sing (University of California Press, Berkeley, 1989), estudio de referencia sobre la codificación iconográfica de las hazañas de Iureke en la cestería ye’kwana. Los diseños llamados wädehämmö —tejidos en cestas cilíndricas, bandejas planas y sopladores rituales de caña— reproducen los motivos de los combates primordiales: el jaguar devorador aparece en la banda central de las cestas grandes, la serpiente kumaria en los bordes de las bandejas, y los mellizos mismos en los sopladores ceremoniales usados en las fiestas de iniciación de los adolescentes.

Guss demostró que la cestería ye’kwana funciona como texto visual: cada diseño remite a un episodio del Watunna, y los tejedores expertos —predominantemente hombres, con una división del trabajo compleja según el tipo de fibra y de pieza— saben recitar el pasaje mítico asociado a cada motivo mientras trabajan. La transmisión del ciclo pasa así por dos canales paralelos: la palabra hablada del huhai en las noches ceremoniales y la mano del tejedor durante el día. Ambos canales sostienen la memoria del corpus generación tras generación en comunidades del Ventuari y del Cunucunuma.

El canto ceremonial ademi constituye el escenario ritual donde el ciclo se recita entero. Los huhai —sabios formados durante décadas por sus maestros ancianos— entonan los cantos en las noches largas del atta, casa colectiva circular de techo cónico de palma que aloja a las familias emparentadas de la comunidad. Nelly Arvelo-Jiménez (1971) describió la centralidad del atta como espacio político y ceremonial: allí se decide colectivamente, allí se resuelven los conflictos y allí se transmite el corpus. La comunidad ye’kwana contemporánea, tanto en Amazonas venezolano como en Roraima brasileño, mantiene esta arquitectura ritual y esta práctica cantada del Watunna.

La proyección internacional del ciclo se apoya hoy en varios vehículos. Fundación La Salle y el Centro Amazónico de Investigación de Enfermedades Tropicales (CAICET) han publicado ediciones divulgativas del corpus en español; los programas de educación intercultural bilingüe de las escuelas ye’kwana usan pasajes del Watunna como material didáctico; la Escola Estadual Indígena Yekuana Kadeweña en Auaris (Roraima, Brasil) mantiene un plan curricular basado en el ciclo mítico. El paralelo con las tradiciones vecinas —el ciclo Kuwai de los baniwa arawak, los ciclos yanomami documentados por Bruce Albert y Alcida Ramos— completa el mapa etnográfico del noroeste amazónico venezolano.

Lo que permanece

Iureke ocupa en el sistema mítico ye’kwana el lugar del héroe cultural que hace posible la vida humana. El ciclo Watunna compilado por Marc de Civrieux (1970) y traducido al inglés por David Guss (1980) sigue transmitiéndose entre los pueblos ye’kwana del Alto Orinoco venezolano y del estado brasileño de Roraima. Los huhai lo recitan en las noches de canto ceremonial dentro del atta, los tejedores lo codifican en los diseños wädehämmö de la cestería, y las escuelas indígenas lo enseñan como parte de los programas de educación intercultural bilingüe.

Recuperar el registro etnográfico preciso significa restituir a Iureke el lugar que ocupa dentro del corpus Watunna: héroe mellizo con Shikiémona, hijo de Attawanadi, recuperador del sol robado por Kaajushawa, vencedor de los monstruos primordiales, instaurador de los ritos ademi. La continuidad del ciclo en las comunidades So’to contemporáneas confirma la vigencia de una tradición mítica documentada durante seis décadas por la etnología venezolana e internacional.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Iureke en la mitología ye’kwana?

Iureke es héroe cultural del pueblo ye’kwana (autónimo So’to), karib del Alto Orinoco y del Ventuari. Aparece como hijo de Attawanadi (tercer avatar del creador solar Wanadi) y hermano gemelo de Shikiémona. La pareja de mellizos protagoniza el ciclo mítico Watunna, compilado por Marc de Civrieux en Watunna: mitología makiritare (Monte Ávila Editores, Caracas, 1970). Iureke encarna el impulso y la acción, mientras Shikiémona representa la palabra ceremonial y el cálculo estratégico. Juntos recuperan el sol robado por Kaajushawa, vencen a los monstruos primordiales e instauran los ritos que sostienen la vida ye’kwana contemporánea.

¿Qué es el corpus Watunna y quién lo compiló?

El Watunna es el corpus oral que reúne el sistema mítico ye’kwana. Fue compilado por el etnólogo francés Marc de Civrieux entre 1950 y 1968 durante trabajo de campo en las cuencas del Alto Ventuari y del Cunucunuma, y publicado en Caracas por Monte Ávila Editores en 1970 con el título Watunna: mitología makiritare. David M. Guss lo tradujo al inglés en 1980 (North Point Press, San Francisco) bajo el título Watunna: An Orinoco Creation Cycle. Cubre la creación primordial, los avatares de Wanadi, el ciclo de los mellizos Iureke y Shikiémona, y la instauración de los ritos que ordenan la vida colectiva en el atta.

¿Cómo rescató Iureke el sol robado por Kaajushawa?

Según el ciclo recogido por De Civrieux (1970), el brujo primordial Kaajushawa se apoderó del sol y lo ocultó en una laguna del inframundo, sumiendo la tierra en oscuridad. Iureke y Shikiémona emprendieron el viaje al inframundo siguiendo el consejo de Attawanadi. Cruzaron la selva de las plantas devoradoras, el río de aguas hirvientes y la ciénaga de las serpientes gigantes antes de alcanzar la laguna. Shikiémona aplicó las palabras ceremoniales que abrieron el camino y Iureke ejecutó los golpes contra los guardianes monstruosos. Recuperado el sol y devuelto al firmamento, el ciclo del día quedó restablecido para el pueblo So’to.

¿Qué relación tiene Iureke con la cestería wädehämmö?

David M. Guss demostró en To Weave and Sing (University of California Press, Berkeley, 1989) que los diseños wädehämmö de la cestería ye’kwana funcionan como texto visual del ciclo Watunna. Cada motivo remite a un episodio mítico: el jaguar devorador aparece en la banda central de las cestas grandes, la serpiente kumaria en los bordes de las bandejas, y los mellizos Iureke y Shikiémona en los sopladores ceremoniales de las fiestas de iniciación. Los tejedores expertos saben recitar el pasaje asociado a cada diseño mientras trabajan, con lo cual la mano del artesano sostiene la memoria del corpus junto con la voz del huhai.

¿Sigue vigente el ciclo Watunna hoy?

Sí, en varios frentes complementarios. Los huhai (sabios ceremoniales) recitan el ciclo en las noches largas del atta, casa colectiva circular ye’kwana, tanto en Amazonas venezolano como en las comunidades transfronterizas del estado brasileño de Roraima. Los tejedores mantienen la codificación de las hazañas de Iureke en los diseños wädehämmö. Los programas de educación intercultural bilingüe de las escuelas ye’kwana usan pasajes del Watunna como material didáctico, y la Escola Estadual Indígena Yekuana Kadeweña en Auaris (Roraima) organiza su currículo alrededor del ciclo. Fundación La Salle y CAICET han publicado ediciones divulgativas del corpus en español.

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