En síntesis. La Muiraquitã (grafía portuguesa contemporánea; Muyrakytã en la grafía nheengatu fijada por João Barbosa Rodrigues en su Poranduba Amazonense ou Kochiyma-uára Porandub, Typografia do Jornal do Comércio, Río de Janeiro, 1890) es un amuleto de piedra verde (nefrita o jadeíta amazónica local, no jade oriental estricto), pequeño en tamaño (entre 2 y 8 centímetros habitualmente) y con formas talladas de rana, tortuga, pez, mono, insecto o figura humana esquemática, perforado para poderse colgar como colgante o pendiente. Según el corpus mítico registrado por Barbosa Rodrigues (1890) y por Luís da Câmara Cascudo en su Geografia dos Mitos Brasileiros (José Olympio, Río de Janeiro, 1947), la Muiraquitã procedía de las mujeres guerreras Icamiabas del río Nhamundá, afluente del bajo Amazonas — las mismas mujeres que, según los cronistas del siglo XVI, dieron nombre al gran río tras el encuentro con la expedición de Orellana en 1541-1542 relatada por el fraile dominico Gaspar de Carvajal en su Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas (redactada hacia 1542; primera edición documentada por José Toribio Medina en Sevilla en 1894; edición moderna del Fondo de Cultura Económica de México en 1955). El propio Barbosa Rodrigues dedicó a la pieza una monografía completa, Muyrakytã e os ídolos symbólicos: estudo da origem asiática da civilização do Amazonas nos tempos préhistóricos (Imprensa Nacional, Río de Janeiro, 1899), en la que sostuvo — hoy con evidencia arqueológica muy contestada — la hipótesis de un origen asiático de la técnica de tallado. La Muiraquitã sigue siendo objeto identitario del estado de Pará y del bajo Amazonas, con ejemplares arqueológicos conservados en el Museu Paraense Emílio Goeldi de Belém, en el Museu do Marajó y —hasta el incendio de septiembre de 2018— en la colección etnográfica del Museu Nacional de la Universidade Federal do Rio de Janeiro en la Quinta da Boa Vista.
| Origen cultural | Bajo Amazonas brasileño, específicamente la cuenca del río Nhamundá y del río Trombetas, en la frontera actual entre los estados de Pará y Amazonas, área ocupada históricamente por los pueblos tupí-parlantes del bajo Amazonas (tapajó, konduri, marajoara) documentados por la arqueología amazónica desde el primer milenio antes de la era común, con ocupación intensiva en el llamado horizonte Marajoara (siglos V a XIV de la era común) atestiguada por los trabajos de Anna C. Roosevelt en Moundbuilders of the Amazon: Geophysical Archaeology on Marajo Island, Brazil (Academic Press, San Diego, 1991); área que integró en el siglo XVI y XVII las rutas fluviales de la primera exploración europea del Amazonas (expedición de Francisco de Orellana desde Quito en 1541-1542 documentada por Gaspar de Carvajal, expedición de Pedro Teixeira desde Belém do Pará en 1637-1639 documentada por Cristóbal de Acuña en su Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas, Madrid, 1641); jesuitas portugueses activos en las misiones del Amazonas entre los siglos XVII y XVIII bajo la dirección de António Vieira; sustrato cultural tupí–caboclo del bajo Amazonas contemporáneo, con la lengua nheengatu (língua geral amazónica derivada del tupí) todavía hablada en el alto Río Negro (municipios de São Gabriel da Cachoeira, Santa Isabel do Río Negro y Barcelos en el estado de Amazonas), donde en 2002 recibió co-oficialidad municipal junto al portugués, al tucano y al baniwa; ciudad de referencia contemporánea del corpus de la Muiraquitã: Belém do Pará (fundada en 1616), con el Museu Paraense Emílio Goeldi como sede principal de las colecciones arqueológicas del bajo Amazonas y de la investigación etnográfica regional |
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| Tipo | Amuleto tallado en piedra verde (nefrita amazónica, jadeíta local o serpentina, no jade oriental estricto), de dimensiones habituales entre 2 y 8 centímetros de largo, con perforación transversal para llevarse colgado al cuello, en la oreja o cosido a la ropa ritual; iconografía tallada más frecuente: rana (motivo dominante, con función simbólica de fertilidad y de conexión con el agua), tortuga (longevidad, sabiduría), pez, mono, insecto (mariposa, escarabajo), figura humana esquemática ocasional; talla en bajo relieve con detalles finos de ojos, boca, extremidades; superficie pulida por abrasión con arena y agua; perforación biconal realizada con perforadores de piedra o de bambú y arena abrasiva; procedencia arqueológica principal: región del bajo Amazonas, con concentración documentada en el bajo río Trombetas, en el río Nhamundá y en la Isla de Marajó, aunque se han recuperado ejemplares en toda la Amazonía y en el Caribe (Guyana, Surinam, Antillas menores); el motivo del amuleto de piedra verde con función protectora tiene paralelos en las Antillas (piedras verdes taínas registradas por Cornelius Nicholas Dubelaar y por otros arqueólogos caribeños), en Mesoamérica (jade olmeca, maya y azteca con función votiva y funeraria) y en el noroeste sudamericano (piedras verdes muisca y quimbaya) — pero la iconografía específica de rana, la forma de amuleto perforado individual y la asociación mítica con mujeres guerreras del río Nhamundá son características del bajo Amazonas y singularizan a la Muiraquitã en el conjunto americano de amuletos de piedra verde |
| Función mítica | Amuleto de las mujeres guerreras Icamiabas del río Nhamundá según el mito compilado por Barbosa Rodrigues (1890): las Icamiabas (autónimo tupí traducido habitualmente como «mujeres sin esposo») vivían en aldeas femeninas independientes en la cuenca del Nhamundá y del Trombetas; una vez al año, en la luna llena del mes correspondiente al inicio de la temporada de crecida del río, recibían a los hombres tapajó (o de otras tribus vecinas según variantes) para procrear; al final del encuentro las Icamiabas se sumergían en el lago Yaci-Uaruá (traducido como «Lago da Lua», el lago del reflejo de la luna, identificado tentativamente con lagos actuales de la cuenca del Nhamundá) para pedir a la luna Jaci —divinidad femenina lunar tupí— que las hiciera concebir hijas mujeres; al emerger del fondo del lago, cada mujer sacaba en la mano una figurita verde ya tallada (la Muiraquitã), regalo de Jaci, que entregaba al compañero tapajó como recuerdo del encuentro y como prenda de la fertilidad concedida; los hombres tapajó guardaban los amuletos como reliquias, los transmitían de padre a hijo, los enterraban con los difuntos y los usaban como moneda de intercambio ceremonial de alto valor con otras tribus; las hijas mujeres nacidas de estos encuentros permanecían con las Icamiabas y continuaban la comunidad femenina; los hijos varones eran devueltos al padre tapajó; función simbólica del amuleto: fertilidad femenina, protección contra enfermedades (fiebres, mordeduras de serpiente, mal de ojo), conexión con el mundo femenino primordial y con la luna Jaci, prosperidad económica del portador |
| Atestación | João Barbosa Rodrigues, Poranduba Amazonense ou Kochiyma-uára Porandub (Typografia do Jornal do Comércio, Río de Janeiro, 1890), obra central del corpus etnográfico amazónico, recopilada por el botánico y etnógrafo brasileño Barbosa Rodrigues (Macaé, Río de Janeiro, 1842 – Río de Janeiro, 1909) —director del Museu Botânico do Amazonas en Manaos entre 1883 y 1890 y director del Jardín Botánico de Río de Janeiro entre 1890 y 1909— a partir de sus expediciones al bajo y medio Amazonas entre los años 1872 y 1875; João Barbosa Rodrigues, Muyrakytã e os ídolos symbólicos: estudo da origem asiática da civilização do Amazonas nos tempos préhistóricos (Imprensa Nacional, Río de Janeiro, 1899), monografía específica en dos volúmenes con más de 400 páginas y láminas, en la que Barbosa Rodrigues catalogó ejemplares arqueológicos, propuso tipologías iconográficas y sostuvo la controvertida hipótesis del origen asiático (hoy descartada por la arqueología amazónica que confirma origen local); Luís da Câmara Cascudo (Natal, Río Grande do Norte, 1898 – Natal, 1986), Geografia dos Mitos Brasileiros (Editorial José Olympio, Río de Janeiro, primera edición 1947; reediciones en Global Editora de São Paulo desde 2002) y Dicionário do Folclore Brasileiro (Instituto Nacional do Livro, Ministério da Educação e Cultura, Río de Janeiro, primera edición 1954; sucesivas reediciones en Global Editora), obras de referencia general del folclore brasileño con entradas específicas para Muiraquitã, Icamiabas, Jaci y el ciclo del bajo Amazonas; Gaspar de Carvajal, Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas (manuscrito redactado hacia 1542 tras la expedición de Francisco de Orellana desde Quito hasta la desembocadura del Amazonas; primera edición documentada por José Toribio Medina, Sevilla, 1894; edición moderna del Fondo de Cultura Económica, México, 1955), fuente colonial primaria del encuentro con las mujeres guerreras del Nhamundá que dio nombre al gran río; Cristóbal de Acuña, Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas (Madrid, 1641), relación del viaje de Pedro Teixeira; Henri Coudreau, Voyage au Trombetas: 7 aoùt 1899-25 novembre 1899 (Librairie Hachette, París, 1900), diario etnográfico de la expedición del explorador francés Henri Coudreau (1859-1899) al río Trombetas por encargo del gobierno del estado de Pará; Curt Nimuendajú, Mapa etno-histórico do Brasil e regiões adjacentes (edición póstuma del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, Río de Janeiro, 1981); Sílvio Meira, A muiraquitã e outros temas amazônicos (Conselho Federal de Cultura, Brasilia, 1972); Anna C. Roosevelt, Moundbuilders of the Amazon: Geophysical Archaeology on Marajo Island, Brazil (Academic Press, San Diego, 1991), obra arqueológica de la Universidad de Illinois en Chicago que demostró la existencia de sociedades amazónicas complejas con montículos ceremoniales y organización matrifocal en la Isla de Marajó entre los siglos V y XIV de la era común; Alceu Maynard Araújo, Folclore Nacional (Editora Melhoramentos, São Paulo, 1964) |
| Vigencia hoy | La Muiraquitã es objeto identitario vivo del estado de Pará y del bajo Amazonas brasileño; ejemplares arqueológicos originales conservados en el Museu Paraense Emílio Goeldi de Belém (fundado en 1866, con colección permanente de arqueología amazónica que incluye Muiraquitãs procedentes del bajo Trombetas y del Nhamundá), en el Museu do Marajó de Cachoeira do Arari (con piezas del horizonte Marajoara), y —hasta el incendio del 2 de septiembre de 2018 que destruyó la mayor parte de las colecciones— en el Museu Nacional de la Universidade Federal do Rio de Janeiro en la Quinta da Boa Vista; el término «muiraquitã» se usa como marca cultural del estado de Pará y aparece en el nombre de establecimientos comerciales, editoriales (Editora Muiraquitã en Belém), premios literarios (Prêmio Muiraquitã de Literatura Amazônica), líneas de artesanía y colecciones de joyería regional; réplicas en piedra semipreciosa (esmeralda tallada, aventurina, cuarzo verde) o en cerámica se venden en los mercados de artesanía de Belém (Mercado Ver-o-Peso, Estação das Docas), Manaos (Centro Cultural dos Povos da Amazônia) y Santarém como recuerdo turístico; recuperaciones de ejemplares arqueológicos siguen apareciendo esporádicamente en excavaciones controladas de la cuenca del Trombetas y del Nhamundá bajo la supervisión del Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (Iphan); la novela Macunaíma, o herói sem nenhum caráter (Oficinas Gráficas de Eugenio Cupolo, São Paulo, 1928) del modernista brasileño Mário de Andrade (São Paulo, 1893 – São Paulo, 1945) recogió la Muiraquitã como objeto central de la trama —Macunaíma pierde su Muiraquitã en el Amazonas y viaja a São Paulo para recuperarla—, fijando la figura en el canon literario brasileño del siglo XX; la Muiraquitã aparece asimismo en poemas de Bruno de Menezes (Belém, 1893-1963) y en el corpus regional del movimiento Tapajônica de literatura paraense |
La historia documental de la Muiraquitã como objeto arqueológico y como referencia mítica del bajo Amazonas empieza en las crónicas coloniales del siglo XVI y culmina en la etnografía brasileña del siglo XIX. El primer testimonio europeo sobre las mujeres guerreras que darían nombre al río Amazonas procede del relato del fraile dominico Gaspar de Carvajal, capellán de la expedición de Francisco de Orellana que descendió el gran río desde los tributarios andinos ecuatoriales hasta la desembocadura atlántica entre febrero de 1541 y agosto de 1542. La Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas (manuscrito de 1542, primera edición documentada por José Toribio Medina en Sevilla en 1894, edición moderna del Fondo de Cultura Económica de México en 1955) describe el encuentro con guerreras que combatían a los expedicionarios en el bajo Amazonas, y de esa asociación con las Amazonas del imaginario greco-romano procede el topónimo actual del río. Ninguna crónica del XVI menciona todavía el amuleto verde con su nombre tupí; la conexión entre las Icamiabas y la Muiraquitã se establece en el corpus etnográfico brasileño del siglo XIX.
La fijación etnográfica del ciclo mítico completo se debe a João Barbosa Rodrigues (Macaé, 1842 – Río de Janeiro, 1909), botánico y etnógrafo brasileño, director del Museu Botânico do Amazonas en Manaos entre 1883 y 1890 y director del Jardín Botánico de Río de Janeiro entre 1890 y 1909. Barbosa Rodrigues realizó expediciones al bajo y medio Amazonas entre 1872 y 1875, durante las cuales recogió directamente de indígenas y de caboclos el corpus oral del ciclo Icamiabas-Muiraquitã. Publicó los materiales en Poranduba Amazonense ou Kochiyma-uára Porandub (Typografia do Jornal do Comércio, Río de Janeiro, 1890), obra que sigue siendo la fuente primaria más completa del folclore amazónico brasileño. Nueve años después, en 1899, publicó la monografía específica Muyrakytã e os ídolos symbólicos: estudo da origem asiática da civilização do Amazonas nos tempos préhistóricos (Imprensa Nacional, Río de Janeiro), en la que catalogó ejemplares arqueológicos, propuso tipologías iconográficas y sostuvo la controvertida hipótesis de un origen asiático de la técnica de tallado en piedra verde.
El corpus fue sistematizado como referencia panbrasileña por Luís da Câmara Cascudo (Natal, 1898 – Natal, 1986), folclorista brasileño autor de la Geografia dos Mitos Brasileiros (José Olympio, Río de Janeiro, 1947) y del Dicionário do Folclore Brasileiro (Instituto Nacional do Livro, Río de Janeiro, 1954). Cascudo integró la Muiraquitã en el conjunto del folclore amazónico junto con las otras figuras del bajo Amazonas —Iara, Curupira, Boto Rosa, Mapinguari—, con lo que consolidó la figura en el canon nacional del folclore brasileño. Fuentes complementarias son la crónica de Cristóbal de Acuña (Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas, Madrid, 1641), el diario de la expedición al Trombetas de Henri Coudreau (Voyage au Trombetas, Hachette, París, 1900), y la arqueología moderna sistematizada por Anna C. Roosevelt en Moundbuilders of the Amazon (Academic Press, San Diego, 1991).
El amuleto verde de las Icamiabas del río Nhamundá
Índice
El ciclo mítico central de la Muiraquitã registrado por Barbosa Rodrigues (1890) tiene como escenario el bajo río Nhamundá, afluente del Amazonas por su margen izquierda en la frontera actual entre los estados de Pará y Amazonas. En este territorio vivían, según el corpus tupí, las Icamiabas —autónimo traducido habitualmente como «mujeres sin esposo», del tupí icamiaba—, sociedad femenina independiente organizada en aldeas propias, sin presencia masculina permanente, con gobierno propio y con guerreras aguerridas que combatían con arco y flecha. El paralelo con las Amazonas griegas del imaginario clásico —descrito ya por Herodoto y por otros autores antiguos— fue evidente para los cronistas europeos del siglo XVI y explica el topónimo que se impuso al gran río tras el descenso de la expedición de Orellana en 1541-1542.
Una vez al año, en la luna llena del mes correspondiente al inicio de la temporada de crecida del río (probablemente el equivalente amazónico del actual mes de diciembre o enero, cuando las lluvias llenan los lagos de várzea y los igarapés conectan los cursos habitualmente aislados), las Icamiabas recibían a los hombres tapajó —pueblo tupí-parlante de la región del Tapajós, aunque otras variantes del corpus registran otras tribus vecinas— para procrear. El encuentro tenía carácter ceremonial y limitado en el tiempo: los hombres llegaban por vía fluvial en canoas, permanecían con las Icamiabas durante unos días y regresaban a sus aldeas de origen. Al final del encuentro las Icamiabas se sumergían en el lago Yaci-Uaruá —traducido del tupí como «Lago da Lua», el lago del reflejo lunar, identificado tentativamente con lagos actuales de la cuenca del Nhamundá— para pedir a la luna Jaci, divinidad femenina lunar del panteón tupí, que las hiciera concebir hijas mujeres, para asegurar así la continuidad de la comunidad femenina.
Al emerger del fondo del lago, cada mujer sacaba en la mano una figurita verde ya tallada —la Muiraquitã— que la luna Jaci les concedía como regalo del encuentro. La figurita era pequeña (entre 2 y 8 centímetros de largo habitualmente), tallada en piedra verde dura y pulida, con forma de rana (el motivo más frecuente, con función simbólica de fertilidad y de conexión con el agua), tortuga, pez, mono, insecto o figura humana esquemática, y con perforación transversal para poderse llevar colgada al cuello o cosida a la ropa ritual. Las Icamiabas entregaban la Muiraquitã al compañero tapajó del encuentro como recuerdo y como prenda de la fertilidad concedida. Los hombres tapajó guardaban los amuletos como reliquias familiares, los transmitían de padre a hijo, los enterraban con los difuntos y los usaban como moneda de intercambio ceremonial de alto valor con otras tribus.
Las hijas mujeres nacidas de estos encuentros permanecían con las Icamiabas y continuaban así la comunidad femenina; los hijos varones eran devueltos al padre tapajó para incorporarse a las aldeas masculinas de origen. La función simbólica del amuleto, según el corpus registrado por Barbosa Rodrigues (1890), tenía varios planos superpuestos: fertilidad femenina (motivo dominante, reflejado en la iconografía de la rana como animal asociado a la fecundidad y al agua), protección contra enfermedades comunes de la Amazonía (fiebres, mordeduras de serpiente, mal de ojo), conexión con el mundo femenino primordial y con la luna Jaci como divinidad tutelar del ciclo, y prosperidad económica del portador. El estatuto del amuleto en las aldeas tapajó era comparable al de las reliquias familiares en las sociedades europeas: objeto sagrado, heredable, valioso, ligado a la memoria genealógica de la familia y a los vínculos rituales con el mundo femenino del Nhamundá.
Del registro de Barbosa Rodrigues (1890) a la arqueología moderna
La monografía de Barbosa Rodrigues de 1899, Muyrakytã e os ídolos symbólicos: estudo da origem asiática da civilização do Amazonas nos tempos préhistóricos (Imprensa Nacional, Río de Janeiro), es una obra en dos volúmenes con más de 400 páginas y láminas ilustradas, en la que el etnógrafo brasileño catalogó ejemplares arqueológicos de Muiraquitãs procedentes del bajo Amazonas, propuso una tipología iconográfica basada en las formas talladas (batracios, quelonios, ictiológicos, mamíferos, entomológicos, antropomórficos) y sostuvo una hipótesis interpretativa muy audaz: que la técnica de tallado en piedra verde dura habría llegado a la Amazonía desde Asia por vía transpacífica en tiempos prehistóricos, y que las Icamiabas serían el residuo mítico de una civilización asiático-amazónica desaparecida. Esta hipótesis de un origen asiático estaba en línea con las teorías difusionistas del siglo XIX y con los intentos por explicar las semejanzas entre las técnicas de tallado del jade chino y de la nefrita mesoamericana y sudamericana.
La arqueología amazónica del siglo XX ha descartado la hipótesis del origen asiático. Los análisis mineralógicos de las Muiraquitãs conservadas en el Museu Paraense Emílio Goeldi de Belém y en otras colecciones han determinado que las piedras verdes utilizadas son nefrita amazónica local, jadeíta procedente de fuentes locales aún no plenamente identificadas, o serpentina de yacimientos regionales, y no jade oriental estricto (jadeíta pura procedente de Birmania o Guatemala). Los análisis estilísticos y la datación por contexto arqueológico sitúan la producción principal de Muiraquitãs en el horizonte Marajoara del bajo Amazonas, entre los siglos V y XIV de la era común, período documentado por los trabajos de Anna C. Roosevelt en la Isla de Marajó publicados en Moundbuilders of the Amazon: Geophysical Archaeology on Marajo Island, Brazil (Academic Press, San Diego, 1991), obra de la arqueóloga norteamericana de la Universidad de Illinois en Chicago que demostró la existencia en la Amazonía precolombina de sociedades complejas con montículos ceremoniales, organización matrifocal y producción cerámica y lítica sofisticada.
La cuestión historiográfica del sustrato real del mito de las Icamiabas es más matizada. La existencia de sociedades matriarcales guerreras estrictas en la Amazonía prehispánica no cuenta con consenso etnohistórico definitivo, y hay debate abierto entre los especialistas. A favor de una base histórica real están: el testimonio directo de Gaspar de Carvajal en 1542, corroborado por Cristóbal de Acuña casi un siglo después en 1641; la coincidencia de topónimos locales del Nhamundá que integran el radical icamiaba; la evidencia arqueológica de sociedades matrifocales complejas en el bajo Amazonas registrada por Anna Roosevelt (1991); la persistencia del mito en la tradición oral tupí–caboclo del bajo Amazonas hasta el siglo XX documentada por Barbosa Rodrigues (1890) y por Cascudo (1947). En contra están: la ausencia de evidencia arqueológica específica de una sociedad estrictamente femenina; la posibilidad de que el testimonio de Carvajal amplificase mediante analogía con las Amazonas griegas un fenómeno de mujeres guerreras integradas en sociedades mixtas; la falta de descendientes históricos directos de las Icamiabas identificables en el mapa etnográfico contemporáneo.
El equilibrio interpretativo actual, siguiendo a Sílvio Meira (A muiraquitã e outros temas amazônicos, Conselho Federal de Cultura, Brasilia, 1972) y a la arqueología marajoara reciente, propone que el mito de las Icamiabas y de la Muiraquitã probablemente cristaliza el recuerdo transformado de sociedades amazónicas prehispánicas con roles femeninos prominentes (agricultura, cerámica, organización social), producción de amuletos de piedra verde con función votiva y funeraria, y rutas de intercambio ceremonial a larga distancia por los grandes ríos de la cuenca. La reducción posterior del mito a una simple sociedad femenina segregada probablemente corresponde a la mediación literaria greco-europea del siglo XVI, que asimiló la realidad amazónica al modelo clásico de las Amazonas. La expedición del francés Henri Coudreau al río Trombetas en 1899, publicada como Voyage au Trombetas (Librairie Hachette, París, 1900), buscó específicamente restos arqueológicos y etnográficos del ciclo Icamiabas-Muiraquitã en la zona indicada por el mito, y confirmó tanto la presencia de piezas arqueológicas de piedra verde en la cuenca como la ausencia de descendientes vivos identificables de las Icamiabas.
La muiraquitã en el patrimonio amazónico contemporáneo
La Muiraquitã es hoy objeto identitario vivo del estado de Pará y del bajo Amazonas brasileño. La conservación de ejemplares arqueológicos originales se reparte entre varias instituciones: el Museu Paraense Emílio Goeldi de Belém (fundado en 1866 por el naturalista suizo Emílio Goeldi, con colección permanente de arqueología amazónica que incluye Muiraquitãs procedentes del bajo Trombetas y del Nhamundá recuperadas en excavaciones de los siglos XIX y XX); el Museu do Marajó de Cachoeira do Arari en la Isla de Marajó (con piezas del horizonte Marajoara datadas entre los siglos V y XIV); el Museu Amazônico de la Universidade Federal do Amazonas en Manaos; y —hasta el incendio catastrófico del 2 de septiembre de 2018— el Museu Nacional de la Universidade Federal do Rio de Janeiro en la Quinta da Boa Vista, que albergaba una colección etnográfica y arqueológica amazónica de referencia mundial en gran parte destruida por el fuego.
El término «muiraquitã» se usa como marca cultural del estado de Pará y del imaginario amazónico brasileño en múltiples registros. Aparece en el nombre de establecimientos comerciales de Belém y de Manaos, en editoriales regionales (Editora Muiraquitã en Belém do Pará, con catálogo especializado en literatura y ensayo amazónico), en premios literarios (Prêmio Muiraquitã de Literatura Amazônica), en líneas de artesanía (colecciones de bisutería y de joyería regional con réplicas de Muiraquitãs en piedra semipreciosa —esmeralda tallada, aventurina, cuarzo verde—, en cerámica esmaltada o en resinas coloreadas), y en marcas turísticas de la Amazonía. Réplicas se venden como recuerdo en los mercados de artesanía de Belém (Mercado Ver-o-Peso frente al puerto, Estação das Docas en el paseo marítimo), de Manaos (Centro Cultural dos Povos da Amazônia, Feira da Manaus Moderna) y de Santarém, con precios que van desde reales para las réplicas más simples hasta cientos de reales para piezas trabajadas por artesanos reconocidos.
La proyección literaria más importante de la Muiraquitã en el canon brasileño del siglo XX está en la novela Macunaíma, o herói sem nenhum caráter (Oficinas Gráficas de Eugenio Cupolo, São Paulo, 1928) del modernista brasileño Mário de Andrade (São Paulo, 1893 – São Paulo, 1945). El protagonista Macunaíma —figura sincrética que integra elementos del héroe caribeño Makunaíma de la mitología pemón registrado por Theodor Koch-Grünberg y del folclore amazónico compilado por Barbosa Rodrigues— pierde su Muiraquitã (regalo de la icamiaba Ci, Mãe do Mato, con quien tuvo un hijo muerto) tragada por una tortuga en el Amazonas, y realiza un largo viaje desde el norte selvático hasta la ciudad industrial de São Paulo para recuperarla del gigante caraíba Venceslau Pietro Pietra. La novela fijó la Muiraquitã en el imaginario nacional brasileño como emblema del origen amazónico y de la identidad mestiza del país. Bruno de Menezes (Belém, 1893-1963) y otros poetas del movimiento Tapajônica de literatura paraense han continuado esta línea de valorización regional en el siglo XX.
El régimen legal de protección de las Muiraquitãs arqueológicas está regulado en Brasil por la Lei nº 3.924, de 26 de julho de 1961, sobre monumentos arqueológicos y prehistóricos, y por la actuación del Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (Iphan), agencia federal responsable de la supervisión de excavaciones arqueológicas, del control del tráfico de piezas y del régimen legal de las colecciones públicas y privadas. Los ejemplares originales son bienes de la Unión no comerciables y su exportación está prohibida sin autorización específica. Las réplicas comerciales son legales y forman parte del circuito turístico regional. Recuperaciones esporádicas de ejemplares originales siguen apareciendo en excavaciones controladas de la cuenca del Trombetas y del Nhamundá bajo la supervisión de Iphan y de las universidades regionales (Universidade Federal do Pará, Universidade Federal do Amazonas). El valor identitario contemporáneo del amuleto verde se mantiene sin conflicto con el marco legal ni con la valoración académica, en una convivencia relativamente equilibrada entre patrimonio arqueológico, símbolo regional y objeto turístico de mercado.
Lo que permanece
El corpus registrado por Barbosa Rodrigues (1890, 1899), por Cascudo (1947, 1954) y por la arqueología amazónica moderna sistematizada por Anna Roosevelt (1991) muestra a la Muiraquitã como amuleto de piedra verde procedente de la Amazonía prehispánica del bajo río, con producción principal en el horizonte Marajoara entre los siglos V y XIV de la era común, con función votiva y funeraria en las sociedades tupí-parlantes del bajo Amazonas, y con un corpus mítico específico que lo vincula a las mujeres guerreras Icamiabas del río Nhamundá, a la luna Jaci y al lago Yaci-Uaruá. La hipótesis difusionista de un origen asiático propuesta por Barbosa Rodrigues en 1899 ha sido descartada por la mineralogía y por la arqueología del siglo XX, que confirman origen local con piedras verdes amazónicas (nefrita, jadeíta local, serpentina) y con talleres regionales. El debate historiográfico sobre la realidad de las Icamiabas como sociedad femenina segregada sigue abierto, con posiciones matizadas que combinan el testimonio directo de Gaspar de Carvajal en 1542, la evidencia arqueológica de sociedades matrifocales marajoara y la mediación literaria greco-europea del siglo XVI que amplificó el fenómeno mediante analogía clásica.
La agenda pendiente sobre la Muiraquitã incluye la profundización de los análisis mineralógicos de las piezas conservadas para identificar con mayor precisión los yacimientos de origen de las piedras verdes amazónicas, la sistematización de las colecciones dispersas en museos regionales y privados, la producción de materiales educativos para las escuelas del bajo Amazonas y la restauración —en la medida de lo posible— de la memoria patrimonial de las piezas perdidas en el incendio del Museu Nacional en 2018. Otras figuras del sprint amazónico —la Boiúna, la Cuca, el Corpo Seco, la Comadre Fulôzinha, el Papa-Figo, el Uirapuru y la propia Naiá—, junto con el corpus previo del bajo Amazonas ya publicado —Iara, Curupira, Boto Rosa, Yacumama, Sachamama, Mapinguari—, completan el mapa vigente del ciclo amazónico brasileño en el corpus. La Muiraquitã es, entre todas esas figuras, la única atestiguada al mismo tiempo por la crónica colonial del siglo XVI (Carvajal), por la etnografía brasileña del XIX (Barbosa Rodrigues), por la arqueología del XX (Roosevelt) y por la literatura modernista (Mário de Andrade en Macunaíma, 1928) — una densidad documental excepcional en el conjunto del folclore amazónico.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una Muiraquitã?
La Muiraquitã (grafía portuguesa contemporánea; Muyrakytã en la grafía nheengatu fijada por João Barbosa Rodrigues en su Poranduba Amazonense de 1890) es un amuleto de piedra verde procedente de la Amazonía prehispánica del bajo río, con dimensiones habituales entre 2 y 8 centímetros de largo, tallado en nefrita amazónica, jadeíta local o serpentina (no jade oriental estricto), con perforación transversal para llevarse colgado al cuello o cosido a la ropa ritual. La iconografía tallada más frecuente incluye rana (motivo dominante), tortuga, pez, mono, insecto y figura humana esquemática. La producción principal se sitúa en el horizonte Marajoara del bajo Amazonas entre los siglos V y XIV de la era común según los trabajos arqueológicos de Anna C. Roosevelt publicados en Moundbuilders of the Amazon (Academic Press, 1991). Ejemplares conservados en el Museu Paraense Emílio Goeldi de Belém, en el Museu do Marajó y —hasta el incendio de 2018— en el Museu Nacional de Río de Janeiro.
¿Quiénes eran las Icamiabas del río Nhamundá?
Las Icamiabas (autónimo tupí traducido habitualmente como «mujeres sin esposo») eran, según el corpus mítico compilado por João Barbosa Rodrigues en 1890 y sistematizado por Luís da Câmara Cascudo en 1947, una sociedad femenina independiente organizada en aldeas propias en la cuenca del río Nhamundá, afluente del bajo Amazonas en la frontera actual entre Pará y Amazonas. Una vez al año recibían a los hombres tapajó para procrear; al final del encuentro se sumergían en el lago Yaci-Uaruá (Lago da Lua) para pedir a la luna Jaci hijas mujeres, y al emerger sacaban del fondo una Muiraquitã que entregaban al compañero tapajó. Las Icamiabas fueron el sustrato del topónimo Amazonas: el fraile Gaspar de Carvajal, capellán de la expedición de Francisco de Orellana en 1541-1542, describió en su Relación (manuscrito de 1542, edición Medina 1894) el encuentro con mujeres guerreras que combatían a los expedicionarios, y de la asociación con las Amazonas del imaginario greco-romano procede el nombre actual del gran río.
¿Cuál es la relación de la Muiraquitã con la luna Jaci?
Jaci es la luna divinizada del panteón tupí, divinidad femenina lunar del bajo Amazonas. Según el corpus mítico registrado por Barbosa Rodrigues (1890), la Muiraquitã es regalo de Jaci a las Icamiabas: cuando estas se sumergen en el lago Yaci-Uaruá (Lago da Lua) al final del encuentro anual con los hombres tapajó, para pedir a la luna hijas mujeres, cada mujer emerge del fondo del lago con una figurita verde ya tallada en la mano, prenda de la fertilidad femenina concedida por la luna. La iconografía dominante de la rana en las Muiraquitãs refuerza esta conexión: la rana es animal asociado al agua y a la fecundidad en el corpus amazónico, y la luna es la divinidad femenina que regula el ciclo de las aguas amazónicas (crecida anual del río, mareas del estuario, ciclos menstruales). El paralelo con otras figuras lunares femeninas americanas —Mama Quilla del panteón inca, Kashi wayúu, Hina rapa nui— sitúa a Jaci en el conjunto panamericano de divinidades lunares regidoras de la fertilidad femenina.
¿Es cierta la hipótesis de Barbosa Rodrigues sobre el origen asiático de la Muiraquitã?
No. La hipótesis del origen asiático de la Muiraquitã propuesta por João Barbosa Rodrigues en su monografía de 1899 (Muyrakytã e os ídolos symbólicos: estudo da origem asiática da civilização do Amazonas nos tempos préhistóricos, Imprensa Nacional, Río de Janeiro) ha sido descartada por la arqueología amazónica del siglo XX. Los análisis mineralógicos de las piezas conservadas confirman que las piedras verdes utilizadas son nefrita amazónica local, jadeíta procedente de yacimientos regionales o serpentina de fuentes locales, y no jade oriental estricto (jadeíta pura procedente de Birmania o Guatemala). Los análisis estilísticos y la datación por contexto arqueológico sitúan la producción principal en el horizonte Marajoara del bajo Amazonas entre los siglos V y XIV de la era común, período documentado por los trabajos de Anna C. Roosevelt en Moundbuilders of the Amazon (Academic Press, 1991) sobre las sociedades complejas de la Isla de Marajó. La hipótesis difusionista de Barbosa Rodrigues estaba en línea con las teorías del siglo XIX que buscaban explicar las semejanzas técnicas entre el jade chino y las piedras verdes americanas por migración transpacífica, teorías hoy abandonadas por la arqueología profesional.
¿Dónde se conservan hoy las Muiraquitãs arqueológicas?
Los ejemplares arqueológicos originales de Muiraquitã se conservan principalmente en el Museu Paraense Emílio Goeldi de Belém (fundado en 1866, con colección permanente de arqueología amazónica que incluye piezas del bajo Trombetas y del Nhamundá), en el Museu do Marajó de Cachoeira do Arari en la Isla de Marajó (con ejemplares del horizonte Marajoara), en el Museu Amazônico de la Universidade Federal do Amazonas en Manaos, y en colecciones europeas y norteamericanas de museos etnográficos que adquirieron piezas entre los siglos XIX y XX. El Museu Nacional de la Universidade Federal do Rio de Janeiro en la Quinta da Boa Vista albergaba hasta el incendio catastrófico del 2 de septiembre de 2018 una de las colecciones de referencia mundial, en gran parte destruida por el fuego. El régimen legal brasileño de protección está regulado por la Lei nº 3.924 de 1961 y por el Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (Iphan). Los ejemplares originales son bienes de la Unión no comerciables. Las réplicas comerciales en piedra semipreciosa, cerámica o resina se venden legalmente en los mercados de artesanía de Belém (Ver-o-Peso, Estação das Docas), Manaos y Santarém como recuerdo turístico regional.
