Piatsaw, el chamán ancestral del panteón sápara del Pastaza ecuatoriano

Para empezar. Piatsaw es la figura del chamán ancestral primordial en la tradición oral del pueblo sápara (o záparo) de la Amazonía ecuatoriana, un grupo actualmente reducido a unas 600 personas en Ecuador (provincia de Pastaza) y a unas 200 en Perú (departamento de Loreto). El primer supay o chamán que aprendió a viajar entre mundos con ayahuasca y con maikua (Brugmansia), Piatsaw es la referencia mítica que fundamenta la práctica onírica sápara contemporánea. La documentación etnográfica canónica es Anne-Gaël Bilhaut, Les fantômes de l’oubli: Notes ethnographiques sur les Sápara d’Amazonie équatorienne (Karthala, París, 2011) y El sueño de los záparas: Patrimonio onírico de un pueblo de la alta Amazonía (Abya Yala, Quito, 2011).

Origen culturalPueblo sápara (autónimo sapara, «gente del río», con las variantes históricas záparo y zapara en la literatura antropológica); aproximadamente 600 personas en Ecuador (cuencas del Conambo, del Pindoyacu y del Curaray, provincia de Pastaza) y unas 200 personas en Perú (departamento de Loreto); comunidades ecuatorianas principales de Llanchamacocha, Torimbo, Jandiayacu, Cuyacocha y Ashiwaka; lengua sápara (familia záparo) con solo cinco hablantes fluidos vivos en el año 2001
TipoChamán ancestral primordial; primer supay (chamán) que aprendió a viajar entre mundos con ayahuasca y con maikua (Brugmansia suaveolens y Brugmansia sanguinea); figura fundadora del linaje de chamanes sápara y referente mítico de la práctica onírica documentada por Anne-Gaël Bilhaut en Llanchamacocha, Torimbo y Jandiayacu entre 2000 y 2010
Función míticaInaugurar la práctica del viaje visionario con ayahuasca y con maikua; enseñar a los sápara a leer los sueños como fuente principal de conocimiento cultural, memoria histórica y decisión política; transmitir a los chamanes vivos el saber sobre plantas medicinales, sobre las almas de los animales del bosque y sobre los espíritus de los antepasados
AtestaciónAnne-Gaël Bilhaut, Les fantômes de l’oubli: Notes ethnographiques sur les Sápara d’Amazonie équatorienne (Karthala, París, 2011) y El sueño de los záparas: Patrimonio onírico de un pueblo de la alta Amazonía (Ediciones Abya Yala, Quito, 2011); Fernando Cabrera, Los záparos de Curaray, Ecuador (Abya Yala, Quito, 2005); Rafael Karsten, Studies in the Religion of the South-American Indians East of the Andes (Academia Scientiarum Fennica, Helsinki, 1964); Blanca Muratorio, The Life and Times of Grandfather Alonso: Culture and History in the Upper Amazon (Rutgers University Press, New Brunswick, 1991)
Vigencia hoyInvocado por los chamanes de la Nación Sápara del Ecuador (NASE) en los rituales de sanación con ayahuasca celebrados en Llanchamacocha y Torimbo; presente en la producción poética y política de Carlos Viteri Gualinga (líder sápara, expresidente del Fondo Indígena, poeta); parte del expediente presentado por Ecuador ante la UNESCO que en mayo de 2001 proclamó la lengua y la cultura sápara Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad

El pueblo sápara ocupa hoy un territorio reducido en el suroriente de la Amazonía ecuatoriana, entre los ríos Conambo, Pindoyacu y Curaray, en la provincia de Pastaza. Las comunidades principales son Llanchamacocha, Torimbo, Jandiayacu, Cuyacocha y Ashiwaka. En Perú quedan pequeños grupos dispersos en la cuenca del Tigre y del alto Napo. El total del pueblo sápara se estima hoy en unas 800 personas a ambos lados de la frontera. Es uno de los pueblos amazónicos más reducidos que conservan identidad diferenciada, autoridad tradicional propia (la Nación Sápara del Ecuador o NASE, reconocida por el Estado ecuatoriano en 2004) y un panteón oral parcialmente documentado. La figura de Piatsaw es central en ese panteón como chamán ancestral fundador del linaje visionario.

El marco contextual necesario para entender Piatsaw tiene tres capas. La primera es demográfica: el pueblo sápara, que a mediados del siglo XIX contaba con una población estimada de 200.000 personas según las estimaciones misioneras jesuitas y dominicas, sufrió durante el boom del caucho de 1880-1912 un colapso demográfico próximo al 99 %, documentado por Roger Casement en el Putumayo Report (Londres, 1913) y por los informes de la Casa Arana. La segunda es lingüística: la lengua sápara (familia záparo) fue proclamada por la UNESCO en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, la primera lengua ecuatoriana con esta distinción, cuando solo quedaban cinco hablantes fluidos vivos. La tercera es política: la NASE lidera desde el año 2004 la defensa jurídica del territorio ancestral contra las concesiones petroleras del bloque 79 y del bloque 83 del Ministerio de Recursos Naturales del Ecuador.

En ese marco reducido y frágil, la práctica onírica sápara sobrevive como el vehículo principal de continuidad cultural. Los sueños son la fuente reconocida de conocimiento sobre plantas medicinales, sobre la localización de la caza, sobre el estado de salud de los familiares ausentes y sobre las decisiones colectivas de la comunidad. El chamán actual —el supay— recibe en sueños las visitas de Piatsaw, del primer chamán ancestral, y de los espíritus de los animales del bosque. Anne-Gaël Bilhaut, antropóloga del CNRS francés y del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, dedicó una década a documentar esta práctica en las comunidades del Conambo y del Pindoyacu; sus dos libros de 2011 (Les fantômes de l’oubli en francés y El sueño de los záparas en castellano) son hoy la referencia académica canónica sobre Piatsaw y sobre el sistema onírico sápara.

El chamán ancestral del panteón Sápara del Pastaza ecuatoriano

Piatsaw es descrito en la tradición oral sápara como el primer chamán, el ancestro que aprendió a viajar entre mundos y a curar. En las versiones recogidas por Anne-Gaël Bilhaut en Llanchamacocha y en Torimbo entre 2000 y 2010, Piatsaw vivió en un tiempo primordial en el que las personas y los animales aún compartían lenguaje y forma; fue él quien tomó por primera vez la ayahuasca preparada con la liana Banisteriopsis caapi y con la chacruna (Psychotria viridis), y quien inauguró también el uso ritual de la maikua (Brugmansia suaveolens y Brugmansia sanguinea), una solanácea de flor colgante altamente psicoactiva conocida en la región andina como floripondio. La maikua es en la tradición sápara una planta más peligrosa y más antigua que la ayahuasca, reservada a los aprendices que buscan un contacto directo con Piatsaw.

La función mítica de Piatsaw es doble. Por un lado inaugura el linaje de los chamanes o supay; todos los chamanes sápara vivos afirman recibir su saber en sueños directamente de Piatsaw o de los espíritus por él enseñados. Por otro lado establece la centralidad del sueño como fuente de conocimiento: entre los sápara, según la sistematización de Bilhaut en El sueño de los záparas (Abya Yala, 2011), soñar no es una experiencia individual privada sino un vehículo público de información legítima. Los sueños se comparten al amanecer, se discuten colectivamente y se usan como base para decidir la caza del día, para diagnosticar enfermedades y para orientar las decisiones políticas de la comunidad. Piatsaw es el garante mítico de esa arquitectura epistemológica.

El sistema chamánico sápara comparte rasgos con las tradiciones vecinas de la Amazonía alta ecuatoriana. La figura del dueño del agua está representada por Sungui, boa acuática análoga a la Tsunki shuar y al espíritu de las aguas Yakumama de la Amazonía peruana. La dueña de la huerta corresponde a Nunghui entre los kichwa del Napo y a Nunkui entre los shuar del alto Upano. La madre del bosque como anaconda gigante aparece en Sachamama. Pero la figura del chamán ancestral como Piatsaw es específicamente sápara: no tiene correspondencia directa con Kumpara shuar (creador cosmogónico) ni con Arutam (fuerza sagrada difusa buscada en visión).

La documentación disponible sobre Piatsaw es fragmentaria antes del trabajo de Bilhaut. Rafael Karsten, en Studies in the Religion of the South-American Indians East of the Andes (Helsinki, 1964), recogió notas dispersas durante su breve visita a los záparos ecuatorianos en la década de 1930, cuando el pueblo estaba en el punto más bajo del colapso demográfico posterior al boom del caucho. Blanca Muratorio, en The Life and Times of Grandfather Alonso: Culture and History in the Upper Amazon (Rutgers University Press, 1991), documenta desde la etnografía histórica la absorción parcial de familias sápara por comunidades kichwa del Bobonaza durante el siglo XIX. Fernando Cabrera, en Los záparos de Curaray, Ecuador (Abya Yala, 2005), aporta un panorama de comunidad reciente. Pero el corpus sobre Piatsaw como figura autónoma es fundamentalmente obra de Bilhaut.

El paralelo etnográfico más cercano a Piatsaw fuera del ámbito sápara se encuentra en la Amazonía peruana y colombiana. La figura del chamán ancestral que aprendió a viajar entre mundos con plantas psicoactivas está presente en el ciclo del chamán Chullachaqui en la Amazonía baja del Perú, en la figura del Runa Puma (hombre jaguar) documentada por Frédérique Apffel-Marglin en el bajo Ucayali, y en la anaconda maestra que enseña el saber curativo en las tradiciones del río Uaupés. Los tsentsak de los shuar del alto Upano descritos por Michael J. Harner en The Jívaro (Nueva York, 1972) —dardos invisibles alojados en el cuerpo del chamán tras el ayuno visionario con natem— tienen un funcionamiento comparable al que Bilhaut describe entre los supay sápara en relación con Piatsaw. La familia záparo, sin embargo, mantiene una elaboración específica del linaje ancestral y de la primacía del sueño que no encuentra equivalente exacto entre los vecinos jívaro ni entre los kichwa amazónicos del Bobonaza y del Napo.

UNESCO 2001: la lengua Sápara como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

El 18 de mayo de 2001 la UNESCO proclamó en París la primera lista de Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. En ella figuraron diecinueve expresiones culturales del mundo, entre ellas la lengua y la cultura del pueblo sápara del Ecuador y el Perú. Fue la primera lengua ecuatoriana en recibir esta distinción y el primer patrimonio oral e inmaterial de este país reconocido por la UNESCO. El expediente había sido presentado por el gobierno del Ecuador con acompañamiento de la Organización de la Nacionalidad Zápara del Ecuador (ONZAE), antecesora de la actual NASE, y de las instituciones académicas Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Ecuador) y Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). La proclamación tuvo un efecto político inmediato de visibilidad internacional del pueblo sápara.

La situación de la lengua sápara en el momento de la proclamación era crítica. Solo cinco hablantes fluidos vivos fueron identificados por los equipos lingüísticos del expediente: cuatro ancianas de las comunidades de Llanchamacocha y Torimbo, y un anciano de Jandiayacu. La familia lingüística záparo, que en el siglo XIX incluía al menos siete lenguas —sápara, andoa, iquito, arabela, cahuarano, ómurano y aushiri—, había quedado reducida a tres lenguas vivas: la sápara del Ecuador, la iquito y la arabela del Perú. Todas en peligro crítico de desaparición según el atlas de lenguas en peligro de la propia UNESCO. Los programas de revitalización posteriores, coordinados desde el año 2003 por la NASE con apoyo del Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador (CODENPE), consiguieron ampliar el número de hablantes activos, aunque el idioma sigue considerándose severamente amenazado.

La figura clave en la política identitaria sápara contemporánea es Carlos Viteri Gualinga, poeta e intelectual sápara, hijo de una madre kichwa de Sarayaku y de un padre sápara de Llanchamacocha. Viteri Gualinga fue director del Fondo Indígena en la década de 2000, congresista suplente y funcionario del Ministerio Coordinador de Patrimonio del Ecuador. Su obra poética, publicada parcialmente en revistas académicas y en antologías amazónicas, invoca a Piatsaw como memoria ancestral de un pueblo reducido pero no extinto. En sus intervenciones públicas ha defendido el concepto sápara y kichwa amazónico de sumak kawsay (buen vivir) como categoría propia distinta al desarrollo occidental, categoría posteriormente incorporada al artículo 275 de la Constitución del Ecuador de 2008 tras el proceso constituyente de Montecristi.

La proclamación UNESCO de 2001 tuvo un efecto colateral sobre la documentación etnográfica de Piatsaw. Anne-Gaël Bilhaut, quien había iniciado el trabajo de campo en Llanchamacocha en el año 2000 en el marco de su tesis doctoral en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París bajo la dirección de Philippe Descola, obtuvo apoyo francés y ecuatoriano para continuar la investigación durante toda la década, publicando en 2011 los dos libros que constituyen hoy la referencia académica sobre el sistema onírico sápara. La UNESCO renovó el reconocimiento en 2008 al incorporar la lengua y cultura sápara a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad establecida por la Convención de 2003.

El boom del caucho 1880-1912 y la vigencia contemporánea Sápara

El colapso demográfico del pueblo sápara durante el boom del caucho amazónico es una de las catástrofes menos conocidas de la historia latinoamericana. Entre 1880 y 1912 la demanda mundial de caucho para la industria del automóvil disparó la explotación de las selvas del Putumayo, del Napo y del Pastaza. La Casa Arana, empresa peruana con sede en Iquitos y bandera comercial británica (Peruvian Amazon Company, registrada en Londres en 1907), operó campamentos de captura y de trabajo forzado que Roger Casement, cónsul británico en Río de Janeiro, documentó por encargo del Foreign Office en el Putumayo Report (Londres, 1913). El informe de Casement, que había firmado antes el conocido informe sobre el Congo belga (1904), calculó en cerca de 30.000 muertos la población indígena directamente asesinada por la Casa Arana entre 1900 y 1912. Los sápara fueron uno de los pueblos más afectados en la cuenca del Napo y del Curaray.

Las estimaciones demográficas para el pueblo sápara antes del boom oscilan según las fuentes. Los misioneros jesuitas de las Misiones de Maynas del siglo XVII y XVIII calculaban una población záparo del orden de 100.000 a 200.000 personas repartidas en múltiples subgrupos. Hacia 1930, cuando Rafael Karsten visitó la región, quedaban unas 2.000 personas identificadas como sápara. La reducción documentada supera el 98 %. Las madres sápara supervivientes, según la tradición oral recogida por Bilhaut, escondieron a sus hijos en la selva del Curaray y del Pindoyacu para salvarlos de las razzias de los caucheros; la memoria de este episodio sigue viva en Llanchamacocha y en Torimbo cuatro generaciones después. El pueblo sápara sobrevivió parcialmente refugiado bajo identidad kichwa del Bobonaza en muchas familias, fenómeno que Blanca Muratorio documenta con detalle en The Life and Times of Grandfather Alonso (Rutgers, 1991).

La vigencia contemporánea del pueblo sápara está ligada a la defensa jurídica del territorio ancestral. La NASE reivindica un territorio de aproximadamente 371.000 hectáreas en la cuenca del Conambo y del Pindoyacu, reconocido parcialmente por el Estado ecuatoriano en el proceso de titulación colectiva de tierras amazónicas de la década de 1990. Desde 2013 la NASE mantiene un contencioso jurídico contra el Ministerio de Recursos Naturales del Ecuador por la licitación de los bloques petroleros 79 y 83 sobre territorio ancestral sin consulta previa libre e informada, en aplicación del Convenio 169 de la OIT (ratificado por Ecuador en 1998) y del artículo 57 de la Constitución de 2008. El caso ha sido acompañado por Amazon Watch, por Amazon Frontlines y por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE) con sede en Puyo, sin haber llegado aún al mismo punto de resolución que la sentencia waorani de abril de 2019.

En ese contexto contemporáneo Piatsaw sobrevive como referencia ritual activa. Los chamanes de Llanchamacocha y de Torimbo continúan celebrando sesiones nocturnas con ayahuasca preparada tradicionalmente, y en algunos casos con maikua reservada a rituales de iniciación. La invocación de Piatsaw abre y cierra las sesiones. Anne-Gaël Bilhaut documenta también su presencia en las decisiones políticas de la NASE: los presidentes de la organización han buscado en varias ocasiones, según relatos recogidos por la antropóloga en Torimbo entre 2005 y 2010, la orientación de los chamanes mayores antes de firmar posiciones oficiales sobre el conflicto petrolero. Piatsaw funciona hoy como referente de memoria ancestral de la resistencia al colapso demográfico del boom del caucho y de la resistencia contemporánea contra la expansión extractiva del bloque 79-83.

El corpus documental disponible sobre Piatsaw se ha visto reforzado en la última década por los trabajos de la propia Nación Sápara del Ecuador. La NASE ha publicado en Puyo, con apoyo del CODENPE y del sistema de educación intercultural bilingüe del Ecuador, materiales pedagógicos en lengua sápara y en castellano que incorporan la figura de Piatsaw al canon escolar; entre ellos Naku Tsi Sinaku: Historia y memoria del pueblo Sápara (Puyo, 2013), coordinado por dirigentes sápara con acompañamiento académico de la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito. Anne-Gaël Bilhaut ha continuado su trabajo con publicaciones más recientes en el Journal de la Société des Américanistes y en el Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines, extendiendo la etnografía onírica sápara al análisis comparado con los pueblos vecinos andoa y kichwa amazónicos. Toda esta producción, sumada al material previo de Karsten, Muratorio y Cabrera, ha convertido a Piatsaw en una figura mejor documentada hoy que hace una década, aunque el corpus sigue siendo modesto en comparación con los grandes creadores amazónicos.

Más allá del mito

La figura de Piatsaw no puede leerse únicamente en clave etnográfica. Un pueblo reducido a 800 personas a ambos lados de la frontera Ecuador-Perú, que perdió el 98 % de su población durante el boom del caucho documentado por Roger Casement en 1913 y que en 2001 tenía solo cinco hablantes fluidos vivos de su lengua ancestral, conserva sin embargo un chamán primordial mítico, una práctica onírica pública, un sistema ritual con ayahuasca y maikua, y una organización política reconocida (la NASE). El corpus etnográfico canónico —Anne-Gaël Bilhaut, dos libros de 2011 publicados en París y en Quito— es reciente y aún parcial. Comparado con otras figuras chamánicas amazónicas mejor documentadas —el Kuwai baniwa del río Negro, Omawë yanomami, el Kanaima pemón, el creador Wanadi ye’kwana— Piatsaw es una figura menos estudiada, pero central para entender un pueblo cuya supervivencia física y cultural es en sí misma una anomalía histórica.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Piatsaw en la tradición sápara?

Piatsaw es la figura del chamán ancestral primordial en la tradición oral del pueblo sápara de la Amazonía ecuatoriana, un grupo actualmente reducido a unas 800 personas entre Ecuador y Perú. Fue el primer supay o chamán que aprendió a viajar entre mundos con ayahuasca y con maikua (Brugmansia). Según las versiones recogidas por Anne-Gaël Bilhaut en Llanchamacocha y Torimbo entre 2000 y 2010, Piatsaw inauguró el linaje de los chamanes sápara y estableció la centralidad del sueño como vehículo público de conocimiento cultural, memoria histórica y decisión política. Es hoy invocado en los rituales de sanación de la Nación Sápara del Ecuador.

¿Qué reconoció la UNESCO en 2001 sobre el pueblo Sápara?

El 18 de mayo de 2001 la UNESCO proclamó en París la lengua y la cultura del pueblo sápara del Ecuador y el Perú como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, dentro de la primera lista de diecinueve expresiones culturales del mundo. Fue la primera lengua ecuatoriana y el primer patrimonio oral e inmaterial de este país reconocido por la UNESCO. En el momento de la proclamación solo quedaban cinco hablantes fluidos vivos de la lengua sápara. La UNESCO renovó el reconocimiento en 2008 al incorporar la lengua sápara a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial establecida por la Convención de 2003.

¿Qué es la maikua y cómo se distingue de la ayahuasca?

La maikua es en la tradición sápara y en la kichwa amazónica el nombre local de las solanáceas del género Brugmansia, en particular Brugmansia suaveolens y Brugmansia sanguinea, conocidas también como floripondio en los Andes. Es una planta altamente psicoactiva y peligrosa reservada en la tradición sápara a los aprendices que buscan un contacto directo con Piatsaw. La ayahuasca, en cambio, es una preparación de la liana Banisteriopsis caapi con la chacruna (Psychotria viridis) usada en sesiones colectivas de sanación y de decisión política. Ambas son parte del repertorio ritual sápara, pero con funciones y grados de riesgo distintos según Anne-Gaël Bilhaut en Les fantômes de l’oubli (Karthala, 2011).

¿Qué fue el boom del caucho 1880-1912 y cómo afectó a los Sápara?

Fue el auge de la extracción del caucho amazónico impulsado por la industria mundial del automóvil, con la Casa Arana como principal operador de campamentos de trabajo forzado en el Putumayo, el Napo y el Pastaza. Roger Casement, cónsul británico, documentó los abusos en el Putumayo Report (Londres, 1913) y calculó en unos 30.000 muertos la población indígena directamente asesinada entre 1900 y 1912. El pueblo sápara pasó de una población estimada de 100.000 a 200.000 personas antes del boom a unas 2.000 hacia 1930, según Rafael Karsten. Muchas familias sápara supervivientes se refugiaron bajo identidad kichwa del Bobonaza, fenómeno documentado por Blanca Muratorio en 1991.

¿Sigue vigente hoy Piatsaw entre los Sápara contemporáneos?

Sí. Los chamanes de Llanchamacocha y de Torimbo continúan celebrando sesiones nocturnas con ayahuasca y en algunos casos con maikua reservada a rituales de iniciación. La invocación de Piatsaw abre y cierra las sesiones. Anne-Gaël Bilhaut documenta también su presencia en las decisiones políticas de la Nación Sápara del Ecuador (NASE): los presidentes de la organización han buscado en varias ocasiones la orientación de los chamanes mayores antes de firmar posiciones oficiales sobre el conflicto petrolero de los bloques 79 y 83 en la cuenca del Conambo y del Pindoyacu. Piatsaw funciona hoy como referente ritual y político de memoria ancestral de resistencia frente al colapso demográfico del boom del caucho y frente a la expansión extractiva contemporánea.

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