En breve. Bochica es el héroe civilizador de la mitología muisca del altiplano cundiboyacense (actual Cundinamarca y Boyacá, Colombia). Los cronistas coloniales de los siglos XVII y XVIII lo describen como un anciano de larga barba blanca que llegó por el este, enseñó a los muiscas a tejer, arar y moldear cerámica, dictó leyes de convivencia y desaguó la sabana de Bogotá golpeando con su bastón la roca del Tequendama. Aparece atestiguado en Fray Pedro Simón (1626), Juan Rodríguez Freyle (~1638) y Lucas Fernández de Piedrahíta (1688).
| Origen cultural | Muisca del altiplano cundiboyacense (actual Cundinamarca y Boyacá, Colombia); registros orales del periodo precolombino tardío (siglos X-XVI) recogidos por cronistas coloniales españoles entre 1620 y 1690 |
|---|---|
| Tipo | Héroe civilizador y legislador; figura humana anciana, no deidad primordial; asociado con el sol pero distinto de las figuras solares principales del panteón muisca |
| Función mítica | Introducir las técnicas de subsistencia (tejido, agricultura, cerámica), fundar el sistema moral y jurídico y desaguar la sabana de Bogotá tras el diluvio provocado por Chibchacum |
| Atestación | Fray Pedro Simón, Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, cuarta noticia, capítulo 3 (Cuenca, 1626); Juan Rodríguez Freyle, El Carnero, capítulo 4 (manuscrito, hacia 1638; publicado en 1859); Lucas Fernández de Piedrahíta, Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, capítulo 3 (Amberes, 1688) |
| Vigencia hoy | Contenido incluido en el curriculum escolar colombiano de ciencias sociales de primaria y bachillerato; sala Muisca del Museo del Oro Banco de la República en Bogotá; referente identitario del proceso de resurgencia muisca activo desde los años noventa en Cota, Chía, Suba, Bosa y Sesquilé |
Bochica es el héroe civilizador de la mitología muisca. Su figura ocupa un lugar estructural comparable al de Viracocha en el mundo andino peruano o al de Quetzalcóatl en la tradición mexica: un forastero venerable llega desde una tierra lejana, enseña a los humanos las técnicas y las leyes que los convierten en pueblo sedentario, y termina por retirarse. Los cronistas coloniales que recogieron el ciclo entre 1620 y 1690 lo describen como un anciano de larga barba blanca, vestido con manto largo, aparecido por el oriente.
La primera fuente escrita sistemática sobre Bochica es Fray Pedro Simón, franciscano español que llegó al Nuevo Reino de Granada en 1604 y publicó sus Noticias historiales en Cuenca en 1626. En la cuarta noticia, capítulo 3, Simón describe la llegada del personaje al pueblo de Pasca y su viaje posterior hasta Sugamuxi (hoy Sogamoso, Boyacá). Rodríguez Freyle, criollo santafereño nacido en 1566, retoma el relato en el capítulo 4 de El Carnero (manuscrito de hacia 1638), con variantes menores. Fernández de Piedrahíta, obispo de Santa Marta, sintetiza ambas fuentes en el capítulo 3 de su Historia general editada en Amberes en 1688.
Los antropólogos contemporáneos han insistido en un matiz importante: Bochica no es una deidad primordial sino un personaje humano legendario. La cultura muisca tenía figuras cósmicas separadas —Chiminigagua como origen luminoso del mundo, Sué como el sol, Chía como la luna y la diosa madre Bachué— y Bochica ocupa un nivel distinto en la jerarquía mitológica. Sylvia Broadbent (1968) señaló que se trata de una figura del tiempo del alba de la humanidad muisca, no del tiempo cósmico anterior. Confundir ambos niveles es un error que ya arrastraban los propios cronistas coloniales.
Fuentes coloniales: Fray Pedro Simón, Rodríguez Freyle y Piedrahíta
Índice
Fray Pedro Simón dedica la cuarta noticia de sus Noticias historiales a los indios del Nuevo Reino de Granada y allí recoge las primeras versiones escritas sistemáticas del ciclo de Bochica. El franciscano recopiló testimonios de indios ancianos que hacia 1610-1620 todavía conservaban la memoria oral tradicional. Simón describe a Bochica como un hombre «de larga barba blanca, envuelto en unas mantas hasta los pies, y con los cabellos cogidos con una cinta», y detalla su llegada por el oriente al pueblo de Pasca antes del recorrido por el altiplano.
Juan Rodríguez Freyle, cronista criollo nacido en Santafé de Bogotá en 1566, recoge el relato en El Carnero, título abreviado con el que se conoce su Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. El manuscrito, terminado hacia 1638, permaneció inédito hasta 1859. Rodríguez Freyle escribe con un tono más literario que Simón e incorpora anécdotas locales de los caciques de Guatavita y Bogotá que él mismo había conocido a través de amigos indígenas. Su versión del ciclo en el capítulo 4 añade elementos legislativos que Simón no había recogido, entre ellos la fundación de un código de leyes por parte del héroe civilizador antes de desaparecer en el occidente.
Lucas Fernández de Piedrahíta, obispo de Santa Marta y descendiente por vía materna de la casa real inca, publica en Amberes en 1688 la Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, una síntesis de las fuentes anteriores. Su capítulo 3, dedicado a la religión muisca, retoma los relatos de Simón y Rodríguez Freyle y les añade referencias documentales adicionales reunidas durante su etapa como oidor de la Audiencia de Santafé. Piedrahíta introduce por primera vez de manera explícita la hipótesis de que Bochica sería el apóstol Santo Tomás, tópico misional que François Correa (2005) ha analizado como imposición evangelizadora sin base en las fuentes indígenas originales. Las tres fuentes coinciden en los elementos esenciales del retrato: llegada por el este, aspecto de anciano venerable, viaje enseñando técnicas y leyes, episodio del Tequendama y desaparición en Sugamuxi. Sylvia Broadbent en Los chibchas: organización socio-política (1964) y Carl Henrik Langebaek en Mercados, poblamiento e integración étnica entre los muiscas, siglo XVI (1987) recomiendan la lectura conjunta de las tres para reconstruir el núcleo del relato prehispánico.
El mito del Salto del Tequendama
El episodio más conocido del ciclo de Bochica es el desagüe de la sabana de Bogotá tras el diluvio provocado por Chibchacum. Según las fuentes coloniales, en tiempos remotos la sabana estaba habitada por los muiscas cuando Chibchacum, deidad de los terremotos y protector de los caciques y comerciantes, se enojó con los humanos por sus faltas y ordenó a los ríos Sopó y Tibitó desbordarse hasta cubrir la meseta. La sabana quedó inundada durante un tiempo prolongado y los muiscas se refugiaron en los cerros circundantes viendo cómo el agua no encontraba salida hacia las tierras bajas del río Magdalena.
Bochica escuchó las plegarias de los muiscas y descendió a la sabana. Se apareció sobre un arcoíris en el borde del altiplano y golpeó con su bastón dorado la muralla rocosa que cerraba el desagüe natural. La roca se abrió y el agua encajonada escapó en una cascada vertical de más de ciento treinta metros, hoy conocida como el Salto del Tequendama en el municipio de Soacha. Fray Pedro Simón describe el episodio: el bastón produjo «un rayo que abrió las peñas por donde hoy salen las aguas». La sabana quedó drenada y los muiscas pudieron regresar a sus tierras.
La interpretación geológica moderna del relato ha sido explorada por varios autores. El ingeniero Miguel Triana en La civilización chibcha (1922) propuso que la tradición popular recogía un evento real: la sabana de Bogotá es un antiguo fondo lacustre pleistocénico que se desaguó hacia el sur a través del cañón del Tequendama durante el Holoceno temprano. Los estudios paleoclimáticos de Thomas van der Hammen (1974) y de Camilo Montes (2005) confirman que la meseta estuvo ocupada por el lago Humboldt entre 40.000 y 30.000 años atrás. El relato de Bochica y Chibchacum sería la memoria mítica muisca de este proceso natural traducida a lenguaje sacralizado.
Como castigo por su acción destructiva, Bochica condenó a Chibchacum a sostener la tierra sobre sus hombros. Cuando el dios cambia de hombro por el peso, la tierra tiembla: esta es la etiología muisca de los sismos frecuentes en el altiplano cundiboyacense. La geografía sagrada del Tequendama sigue funcionando como lugar de peregrinaje cultural para los grupos de resurgencia muisca contemporánea de Cota, Chía y Bosa.
Bochica, Nemqueteba, Chimizapagua: las variantes del nombre
Un rasgo peculiar del ciclo de Bochica es la multiplicidad de nombres con que aparece según la región muisca. Fray Pedro Simón ya recogió la observación en 1626: el héroe civilizador era llamado Bochica en la zona de Bogotá, Nemqueteba en el altiplano oriental, Chimizapagua en Sugamuxi (Sogamoso, capital espiritual muisca) y Sadigua entre los caciques del norte de Boyacá. Rodríguez Freyle añade la variante Idacansás registrada en Tunja. Piedrahíta compila la lista en 1688 y observa que se trata del mismo personaje bajo denominaciones regionales distintas.
La lingüística muisca contemporánea, revitalizada desde 2001 por el cabildo indígena de Cota y el grupo Muysccubun de la Universidad Nacional de Colombia, ha ofrecido etimologías para varios de estos nombres. Nemqueteba se traduce como «el maestro que llegó» (de nem-, raíz asociada a la enseñanza, y queteba, participio de acción). Chimizapagua significa «el mensajero del sol» (de chie, luz, y zapagua, enviado), lo cual coincide con la ubicación de Sugamuxi como principal centro solar muisca. Bochica es el nombre menos transparente etimológicamente y podría derivar de una raíz más antigua no reconstruible con las fuentes disponibles.
François Correa Rubio, antropólogo colombiano de la Universidad Nacional, publicó en 2004 y 2005 dos textos fundamentales sobre el problema: El sol del poder: simbología y política entre los muiscas del norte de los Andes (Universidad Nacional, 2004) y «El imaginario español y la imagen chibcha» (Boletín del Museo del Oro, 2005). Correa desmonta la lectura evangelizadora que había identificado a Bochica con el apóstol Santo Tomás —tópico misional recurrente que también se aplicó a Viracocha y a Quetzalcóatl— y defiende la autonomía de la figura muisca. Según su análisis, la multiplicidad de nombres refleja la organización política descentralizada de los cacicazgos muiscas, donde cada gran centro tenía su propio pilar simbólico del mismo relato compartido.
Más allá del mito
Bochica ha pasado del texto colonial al imaginario colombiano contemporáneo. Aparece en el curriculum escolar de ciencias sociales de primaria y bachillerato desde los años sesenta; en la sala Muisca del Museo del Oro Banco de la República en Bogotá; en el mural de Luis Alberto Acuña Los mitos de la Sabana (1937) instalado en el Capitolio Nacional; y en la iconografía identitaria del proceso de resurgencia muisca activo desde los años noventa en Cota, Chía, Suba, Bosa y Sesquilé, donde las comunidades han reconstituido cabildos indígenas reconocidos por el Ministerio del Interior a partir del artículo 63 de la Constitución de 1991.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Bochica en la mitología muisca?
El héroe civilizador del pueblo muisca del altiplano cundiboyacense (actual Cundinamarca y Boyacá, Colombia). Los cronistas coloniales de los siglos XVII y XVIII lo describen como un anciano de larga barba blanca que llegó por el este, recorrió el altiplano enseñando a los muiscas a tejer, arar y moldear cerámica, dictó leyes de convivencia y desaguó la sabana de Bogotá inundada por Chibchacum. Se trata de una figura humana legendaria, no de una deidad cósmica primordial: Bochica ocupa un nivel distinto que Chiminigagua, Sué o Chía en la jerarquía mitológica muisca.
¿En qué fuentes coloniales aparece?
En tres fuentes principales de los siglos XVII y XVIII: Fray Pedro Simón, Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, cuarta noticia, capítulo 3 (Cuenca, 1626); Juan Rodríguez Freyle, El Carnero, capítulo 4 (manuscrito de hacia 1638, publicado en 1859); Lucas Fernández de Piedrahíta, Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, capítulo 3 (Amberes, 1688). Las tres coinciden en los elementos esenciales del ciclo con variantes menores de énfasis y detalle.
¿Qué relación tiene con el Salto del Tequendama?
Según el ciclo mítico recogido por Fray Pedro Simón, la sabana de Bogotá quedó inundada tras el diluvio provocado por Chibchacum. Bochica descendió sobre un arcoíris al borde del altiplano y golpeó con su bastón la muralla rocosa que cerraba el desagüe natural. La roca se abrió y el agua escapó en una cascada vertical de más de ciento treinta metros, hoy el Salto del Tequendama en el municipio de Soacha. La geología moderna confirma que la sabana fue un fondo lacustre pleistocénico ocupado por el lago Humboldt entre 40.000 y 30.000 años atrás, desaguado hacia el sur durante el Holoceno temprano.
¿Por qué tiene varios nombres?
El mismo héroe civilizador aparece con nombres distintos según la región muisca: Bochica en la zona de Bogotá, Nemqueteba en el altiplano oriental, Chimizapagua en Sugamuxi (Sogamoso, principal centro solar), Sadigua entre los caciques del norte de Boyacá e Idacansás en Tunja. François Correa (2004, 2005) interpreta la multiplicidad como reflejo de la organización política descentralizada de los cacicazgos muiscas, donde cada gran centro tenía su propia denominación regional del mismo relato compartido. La lingüística muysccubun contemporánea ha traducido Nemqueteba como «el maestro que llegó» y Chimizapagua como «el mensajero del sol».
¿Fue Bochica el apóstol Santo Tomás?
No. La identificación de Bochica con el apóstol Santo Tomás es una interpretación evangelizadora introducida por Lucas Fernández de Piedrahíta en 1688 y desarrollada por otros misioneros. François Correa Rubio (2005) ha analizado este tópico como imposición misional que también se aplicó a Viracocha en el mundo andino peruano y a Quetzalcóatl en la tradición mexica, sin base en las fuentes indígenas originales. Bochica es una figura autónoma del panteón muisca, anterior a cualquier contacto con el cristianismo colonial.





