Bachué, la madre muisca de la laguna de Iguaque

Lo esencial. Bachué es la diosa madre del pueblo muisca. Salió con un niño de tres años en brazos de la laguna sagrada de Iguaque (Boyacá, Colombia) y, cuando el niño creció, se casó con él: de esa unión sagrada nació la humanidad muisca. Tras enseñar las técnicas domésticas y las leyes de convivencia, ambos regresaron a la laguna y se transformaron en dos serpientes que se sumergieron en el agua. Los cronistas Fray Pedro Simón (1626) y Fernández de Piedrahíta (1688) recogieron el relato. En lengua muysccubun también se la llama Furachogua, «mujer buena».

Origen culturalMuisca del altiplano cundiboyacense (actual Boyacá, Colombia); tradición oral prehispánica recogida por cronistas coloniales entre 1620 y 1690; sitio ceremonial de Iguaque documentado arqueológicamente desde el periodo Herrera (200 a.C.-800 d.C.)
TipoDiosa madre y matriz primordial del pueblo muisca; figura femenina autónoma del panteón muisca; asociada con el agua, la fertilidad y la serpiente
Función míticaEngendrar al pueblo muisca a partir de su unión con el niño que sacó del agua; enseñar las técnicas domésticas y las leyes de convivencia; retornar a la laguna cerrando el ciclo mítico bajo forma de serpiente
AtestaciónFray Pedro Simón, Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, cuarta noticia, capítulo 2 (Cuenca, 1626); Lucas Fernández de Piedrahíta, Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, capítulo 3 (Amberes, 1688); referencias fragmentarias en Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias (1535-1557)
Vigencia hoySantuario de Fauna y Flora de Iguaque como espacio de peregrinaje ritual de los cabildos muiscas de Cota, Chía, Suba y Sesquilé desde los años noventa; estatua monumental de Bachué del escultor boyacense Rómulo Rozo (1925); referente identitario del ecofeminismo colombiano contemporáneo

En el altiplano cundiboyacense, junto a la laguna sagrada de Iguaque, comienza el ciclo mítico de origen del pueblo muisca. Los cronistas coloniales del siglo XVII recogieron el relato tal como se lo transmitieron los indios ancianos que aún conservaban la memoria oral prehispánica: en un tiempo remoto, cuando la humanidad no existía, de las aguas verdes del lago emergió una mujer joven llevando en brazos a un niño de tres años. La mujer se llamaba Bachué y el niño no tenía nombre. Ambos se instalaron en las orillas y esperaron a que el niño creciera.

Bachué es la diosa madre del pueblo muisca. Su nombre alternativo en lengua muysccubun es Furachogua, «mujer buena» (de fura, mujer, y chogua, buena). La laguna de Iguaque se encuentra a unos setenta kilómetros al norte de Tunja, en el municipio de Villa de Leyva (Boyacá), a 3.700 metros sobre el nivel del mar. El lago está protegido como Santuario de Fauna y Flora de Iguaque desde 1977 y sigue siendo lugar de peregrinaje ritual de los cabildos muiscas contemporáneos.

El relato de Bachué se transmite en dos fuentes coloniales principales. Fray Pedro Simón lo recoge en la cuarta noticia, capítulo 2 de sus Noticias historiales publicadas en Cuenca en 1626. Lucas Fernández de Piedrahíta lo sintetiza en el capítulo 3 de su Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, editada en Amberes en 1688. Hay referencias más tempranas y fragmentarias en la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo (1535-1557), aunque el material chibcha de Oviedo es escaso porque el cronista sevillano no llegó a visitar el Nuevo Reino de Granada. Bachué convive en el panteón muisca con el héroe civilizador Bochica y con la diosa lunar Chía, formando la triada femenina-masculina fundamental del ciclo mítico prehispánico.

La laguna de Iguaque y el origen del pueblo muisca

La laguna de Iguaque ocupa el centro geográfico y simbólico del relato. Se trata de un cuerpo de agua glaciar situado en el páramo homónimo del macizo de Iguaque, a 3.700 metros de altitud y a unas dos horas de camino a pie desde el poblado de Villa de Leyva. El páramo pertenece al Santuario de Fauna y Flora de Iguaque, un área protegida de 6.750 hectáreas creada en 1977 y administrada por Parques Nacionales Naturales de Colombia. La laguna es de origen glaciar cuaternario y forma parte de un complejo lagunar del páramo que incluye las lagunas de Cazadero, Ojo Grande y La Colorada, todas vinculadas a la memoria ceremonial muisca.

La documentación arqueológica del sitio confirma su condición de lugar ceremonial prolongado. Las excavaciones dirigidas por Ana María Boada en las orillas orientales de la laguna en los años ochenta identificaron ofrendas votivas correspondientes al periodo Herrera (200 a.C.-800 d.C.) y a la fase muisca temprana (800-1200 d.C.). Ana María Falchetti y Clemencia Plazas, del Museo del Oro Banco de la República, documentaron en varias publicaciones entre 1979 y 2002 la práctica sostenida de depositar figuras votivas de oro tumbaga (aleación de oro, plata y cobre) en las aguas del lago como ofrendas rituales. La secuencia de ofrendas documentadas se extiende desde el siglo IV a.C. hasta el momento de la conquista española en 1537.

El vínculo entre la laguna y el relato de Bachué queda establecido con claridad en las fuentes coloniales. Fray Pedro Simón describe cómo Bachué «salió de una laguna que está a la sierra de Iguaque, encima del pueblo de Chíquiza», con las palabras exactas del testimonio indígena recogido hacia 1615. Piedrahíta añade que los muiscas peregrinaban regularmente al lago para ofrendar oro a la memoria de la diosa madre, práctica que las autoridades coloniales intentaron prohibir sin éxito hasta bien entrado el siglo XVIII. Los cabildos muiscas contemporáneos de Cota, Chía, Suba y Sesquilé han retomado desde los años noventa las peregrinaciones al santuario como parte del proceso de recuperación identitaria activo tras el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas colombianos en 1991.

El niño de tres años y la salida del agua

El episodio central del ciclo mítico ocupa el núcleo del relato colonial: la salida de Bachué con el niño y la posterior fundación del pueblo muisca. Fray Pedro Simón describe la escena en términos precisos. La mujer salió del agua «hermosa y joven», vestida con una manta corta, y llevaba en brazos a un niño «de edad de tres años, muy hermoso». Bachué construyó una choza en la orilla oriental de la laguna, alimentó al niño con frutos silvestres y esperó pacientemente a que creciera. Cuando el niño alcanzó la edad adulta, Bachué se casó con él, y de esa unión sagrada nacieron los primeros muiscas.

El detalle de la unión de la madre con el hijo criado ha sido objeto de análisis antropológico. François Correa Rubio en El sol del poder (Universidad Nacional, 2004) señala que el motivo no debe leerse en clave psicológica moderna sino como esquema mítico del incesto cosmogónico —tópico presente en muchas mitologías amerindias— que expresa la autosuficiencia primordial de la deidad matriz. Sylvia Broadbent en Los chibchas (1964) lo compara con el ciclo inca del origen de Manco Cápac y Mama Ocllo saliendo del lago Titicaca. Carl Henrik Langebaek (1987) subraya que en las sociedades cacicales muiscas la sucesión política se organizaba por línea materna, lo cual daba especial peso simbólico a las figuras femeninas fundadoras.

Los descendientes de Bachué y su hijo-consorte se multiplicaron rápidamente. Fray Pedro Simón recoge la creencia de que cada parto de la diosa madre daba cuatro o seis hijos a la vez. Los descendientes se dispersaron desde Iguaque hacia el sur (sabana de Bogotá) y hacia el norte (Sogamoso y Duitama), poblando todo el territorio muisca prehispánico. En el momento de la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537, los muiscas sumaban, según las estimaciones de Langebaek (1987) y José Rozo (1997), entre 600.000 y un millón de habitantes distribuidos entre el zipazgo de Bogotá y el zacazgo de Tunja.

Retorno al agua: cierre del ciclo mítico

El ciclo de Bachué cierra con el episodio del retorno. Después de muchos años en los que la diosa madre y su hijo-consorte enseñaron a sus descendientes las técnicas domésticas, la agricultura, la organización familiar y las leyes de convivencia, ambos anunciaron a los muiscas que había llegado el momento de partir. Regresaron a la laguna de Iguaque, entraron caminando en el agua y en ese instante se transformaron en dos grandes serpientes que se sumergieron en las profundidades del lago. Fray Pedro Simón describe la escena con palabras del testimonio indígena: «convirtiéndose ella y el marido en dos grandes serpientes se metieron por las aguas hasta el centro de la laguna, donde de repente desaparecieron».

La figura ofidia de la deidad matriz enlaza con un motivo iconográfico documentado en las culturas del área intermedia (Colombia, Ecuador y noroeste amazónico): la serpiente como forma primordial del agua y de la fertilidad. Ana María Falchetti ha documentado la representación de serpientes en los tunjos (figurillas votivas) de oro tumbaga depositados en las lagunas sagradas. La iconografía aparece también en la cerámica ceremonial muisca del periodo tardío (1200-1537 d.C.) y en los textiles funerarios excavados por Eliécer Silva Celis en Sogamoso durante los años sesenta, hoy conservados en el Museo Arqueológico de Sogamoso.

François Correa Rubio (2005) ha discutido la lectura sincretista que asimiló a Bachué con la Virgen María durante la evangelización colonial. Piedrahíta ya sugería el paralelo en 1688 y varios misioneros del siglo XVIII lo desarrollaron para facilitar la conversión de los muiscas. Correa desmonta la asimilación por dos razones: Bachué es figura autónoma del panteón muisca con función y atributos propios (fertilidad, agua, serpiente), y el material colonial evangelizador suplantaba deidades locales con figuras cristianas en lugar de recogerlas fielmente.

Una mirada final

Bachué mantiene presencia continua en el imaginario colombiano contemporáneo. La estatua monumental que el escultor boyacense Rómulo Rozo realizó en 1925 para representar a la diosa madre —una figura femenina hierática de rasgos indígenas que sostiene en brazos una jarra de agua— se instaló primero en el Parque de la Independencia de Bogotá y en 2018 fue trasladada a la sede de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de la capital, tras un debate público sobre su ubicación. El movimiento ecofeminista colombiano ha adoptado a Bachué como símbolo desde los años noventa, y los cabildos muiscas de Cota, Chía y Suba mantienen peregrinaciones anuales al Santuario de Iguaque coincidentes con el solsticio de junio.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Bachué en la mitología muisca?

La diosa madre del pueblo muisca del altiplano cundiboyacense (Boyacá, Colombia). Según el ciclo mítico recogido por Fray Pedro Simón en 1626, salió de la laguna sagrada de Iguaque con un niño de tres años en brazos. Cuando el niño creció, ambos se casaron y de esa unión nació todo el pueblo muisca. Tras enseñar las técnicas domésticas y las leyes de convivencia, regresaron al agua y se transformaron en dos serpientes que se sumergieron en las profundidades del lago. También se la conoce como Furachogua, «mujer buena» en lengua muysccubun.

¿Dónde está la laguna de Iguaque?

En el páramo de Iguaque, departamento de Boyacá (Colombia), a unos setenta kilómetros al norte de Tunja y a unas dos horas de camino a pie desde el poblado de Villa de Leyva. Es un lago glaciar cuaternario situado a 3.700 metros sobre el nivel del mar, protegido desde 1977 como Santuario de Fauna y Flora de Iguaque por el Sistema Nacional de Parques Naturales de Colombia. El área protegida suma 6.750 hectáreas y comprende un complejo lagunar del páramo con varias lagunas satélite (Cazadero, Ojo Grande, La Colorada).

¿Qué evidencia arqueológica hay del sitio?

Las excavaciones dirigidas por Ana María Boada en las orillas orientales de la laguna en los años ochenta identificaron ofrendas votivas del periodo Herrera (200 a.C.-800 d.C.) y de la fase muisca temprana (800-1200 d.C.). Ana María Falchetti y Clemencia Plazas del Museo del Oro Banco de la República documentaron entre 1979 y 2002 la práctica sostenida de depositar figuras votivas de oro tumbaga (aleación de oro, plata y cobre) en las aguas del lago como ofrendas rituales. La secuencia de ofrendas se extiende desde el siglo IV a.C. hasta la conquista española en 1537.

¿Fue Bachué asimilada a la Virgen María?

Piedrahíta sugirió el paralelo en 1688 y varios misioneros del siglo XVIII lo desarrollaron para facilitar la evangelización de los muiscas del altiplano. François Correa Rubio (2005) desmonta la asimilación por dos razones: Bachué es una figura autónoma del panteón muisca con función y atributos propios (fertilidad, agua, serpiente), y el material colonial evangelizador tiende a suplantar deidades locales con figuras cristianas en lugar de recogerlas fielmente. Bachué debe leerse en sus propios términos y no como preludio catequético de figuras marianas del cristianismo colonial.

¿Cuál es su vigencia contemporánea?

La estatua monumental que el escultor boyacense Rómulo Rozo realizó en 1925 representando a la diosa madre se instaló primero en el Parque de la Independencia de Bogotá y en 2018 fue trasladada a la sede de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado. El movimiento ecofeminista colombiano la ha adoptado como símbolo desde los años noventa. Los cabildos muiscas de Cota, Chía y Suba mantienen peregrinaciones anuales al Santuario de Iguaque coincidentes con el solsticio de junio, en el marco del proceso de resurgencia muisca reconocido tras el artículo 63 de la Constitución de 1991.

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