En breve. Muluc es el Bacab del Este del panteón maya yucateco, uno de los cuatro hermanos-cargadores que sostienen la plataforma del cielo desde las esquinas del mundo según la sistematización que registró Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán hacia 1566. Le corresponden el color rojo, la orientación oriental por donde nace el sol, el signo calendárico del agua y el año-portador Muluc del calendario haab de 365 días. Su presencia opera en dos planos convergentes que la etnografía contemporánea documenta con detalle: la iconografía del Códice Dresden del siglo XIII y la ceremonia viva del cha’chaac que sacerdotes h-men siguen ejecutando cada mayo-junio en las milpas de Yucatán, Campeche y Quintana Roo antes de la siembra del maíz.
| Origen cultural | Pueblos maya yucateco de las tierras bajas del norte (Yucatán, Campeche, Quintana Roo) durante el Posclásico (900-1541); sistematización canónica en la Relación de las cosas de Yucatán de Diego de Landa (~1566) y en los códices Dresden, Madrid y París |
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| Tipo | Deidad-cargador (Bacab) del cuadrante oriental del cielo maya; regente del año-portador Muluc del calendario haab de 365 días; regidor del agua, la lluvia y las abejas Melipona; una de las cuatro advocaciones cardinales de la deidad Pauahtún según la nomenclatura de Thompson (1970) |
| Función mítica | Sostener la esquina oriental del cielo cuadrado maya; presidir los rituales del año nuevo Muluc y el ciclo uayeb de cinco días finales; recibir las rogativas de lluvia del cha’chaac; proteger las colmenas de abejas Melipona; regir uno de los cuatro cuadrantes del universo junto con Kan (Sur), Cauac (Oeste) y Zac Cimi (Norte) |
| Atestación | Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán (~1566, ed. Miguel Rivera Dorado, Historia 16, 1985); Códice Dresden (~1200-1300, Sächsische Landesbibliothek); Códice Madrid (~1400, Museo de América); Ralph L. Roys, The Book of Chilam Balam of Chumayel (Carnegie 1933); Karl Taube, The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks 1992); J. Eric S. Thompson, Maya History and Religion (Oklahoma 1970); Redfield y Villa Rojas, Chan Kom: A Maya Village (Carnegie 1934) |
| Vigencia hoy | La ceremonia cha’chaac de rogativa de lluvia sigue invocando al Bacab del Este junto con los otros tres cardinales cada temporada de siembra en más de trescientas comunidades milperas yucatecas; el h-men (sacerdote-curandero) mantiene el calendario tradicional en paralelo al gregoriano; el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Autónoma de Yucatán documentan el rito como patrimonio cultural inmaterial vivo |
El nombre Muluc designa simultáneamente tres realidades interrelacionadas en el sistema simbólico maya yucateco. En primer lugar, es uno de los veinte signos del tzolkin —el calendario ritual de doscientos sesenta días— y su glifo representa una gota de agua o el signo cha’am que las lingüistas mayas Alfonso Villa Rojas y Silvia Rendón traducen como «agua acumulada» o «recipiente lleno». En segundo lugar, es uno de los cuatro años-portadores (ah cuch haab, «cargador del año») del calendario haab de trescientos sesenta y cinco días en la cuenta yucateca clásica que registra Diego de Landa en 1566: los años se nombran por el signo del tzolkin con que coinciden el primer día, alternando cíclicamente Kan, Muluc, Ix y Cauac. Y en tercer lugar es la advocación del Bacab cardinal que sostiene el cielo desde el Este y recibe el color rojo, el color del amanecer y de la sangre nueva del ciclo agrícola.
La descripción canónica del sistema cuatripartito la registra Landa en el capítulo XXXIV de su Relación, escrita tras el infame Auto de fe de Maní de 1562 en el que él mismo había ordenado quemar veintisiete códices mayas. En un intento tardío de reconstruir por escrito el sistema religioso que había contribuido a destruir, el franciscano explica que «los indios creen que los Bacabes son cuatro hermanos, a los cuales, cuando Dios crió el mundo, puso en las cuatro partes de él, sustentando el cielo por que no se cayese». La tabla de años-portadores yucatecos que Landa incluye asocia inequívocamente el año Muluc con el rumbo oriental, con el color rojo y con el Chac Xib Chac —la advocación oriental del dios de la lluvia—, confirmando la coherencia del sistema entre calendario, dirección, color y deidad-cargador.
La iconografía específica del Bacab Muluc ha sido sistematizada por Karl Taube en su monografía The Major Gods of Ancient Yucatan (Dumbarton Oaks, 1992), obra de referencia obligatoria del campo. Taube retomó y refinó la nomenclatura provisional creada por Paul Schellhas en Representation of Deities of the Maya Manuscripts (Peabody Museum, 1897/1904), donde el Bacab genérico había sido etiquetado como «Dios N». La figura aparece representada como un anciano de barba puntiaguda con caparazón de tortuga o concha de caracol strombus por casco, cargando la bóveda celeste con los brazos elevados en gesto de esfuerzo perpetuo. Cuando el códice o el vaso ritual necesita especificar cuál de los cuatro Bacabes representa, se añaden marcadores cromáticos y calendáricos: pigmento rojo, glifo del día Muluc, o glifo direccional Este (Lakin).
El cargador del cielo del Este y el año-portador Muluc
Índice
El sistema cardinal maya yucateco concebía la Tierra como una plataforma rectangular sostenida en sus cuatro esquinas por los Bacabes, y en cada esquina el hermano correspondiente estaba asociado con un color específico según una lógica cromática que la etnografía moderna ha reconstruido a partir de los códices y los rituales vivos: rojo para el Este (Muluc), amarillo para el Sur (Kan), negro para el Oeste (Cauac) y blanco para el Norte (Zac Cimi). La lógica del sistema cromático no es arbitraria: el rojo del Este corresponde al color del amanecer, el amarillo del Sur al del sol cenital sobre las milpas maduras, el negro del Oeste al del ocaso y las nubes de tormenta, y el blanco del Norte al de los vientos fríos de invierno que traen los «nortes» yucatecos con su cielo pálido y su sol tibio. Muluc, por tanto, es la advocación del amanecer, del comienzo del ciclo diurno, del este por donde llega la lluvia fértil.
El calendario haab de trescientos sesenta y cinco días se organizaba en dieciocho meses de veinte días más un mes intercalar de cinco días llamado uayeb, considerado el período más peligroso del año porque el orden cósmico habitual quedaba suspendido. Diego de Landa describe en detalle los rituales que se realizaban en los cinco días uayeb previos al año nuevo Muluc, agrupados bajo el nombre técnico de «Chac-u-uayeyab»: los ah k’inob preparaban una efigie de barro del Bacab oriental, la llevaban en procesión desde el montón de piedras del Este de la ciudad hasta el patio de la casa del halach uinic, y allí se le ofrecían aves decapitadas, corazones de animales pintados con almagre rojo y bebida ceremonial de balché. La finalidad del rito era asegurar que el año Muluc entrante fuera favorable a las lluvias y a la siembra del maíz.
La secuencia de los cuatro años-portadores no era simétrica en cuanto a expectativa ritual. Los años Muluc y Kan se consideraban tradicionalmente favorables porque el Bacab correspondiente regía las aguas (Muluc) o las semillas del maíz (Kan), dos elementos indispensables para el éxito agrícola. Los años Ix y Cauac, en cambio, se percibían como potencialmente adversos por su asociación con el jaguar nocturno (Ix) o con las tormentas destructivas del final del ciclo (Cauac). Los libros del Chilam Balam —especialmente el de Chumayel editado por Ralph L. Roys en 1933 y el de Tizimín editado por Munro Edmonson en 1982— conservan pronósticos anuales asociados a cada año-portador que reflejan esta lógica: los años Muluc predicen abundancia de lluvia y buenas cosechas, mientras que los años Cauac anuncian sequía o tempestades. La proyección profética prolonga hasta el período colonial una tradición ritual que Landa había documentado como estrictamente prehispánica.
La estructura arquitectónica de las ciudades maya yucateco del Posclásico reproducía el mismo esquema cuadripartito en el paisaje urbano. En Chichén Itzá, Uxmal y en Mayapán —capital política del Posclásico tardío hasta su caída hacia 1441— los sitios ceremoniales se organizaban con orientaciones deliberadas hacia los rumbos cardinales, y los templos principales se distribuían de manera que evocara la geometría cósmica de los Bacabes. El Castillo de Chichén Itzá (siglos X-XI d.C.), pirámide dedicada a Kukulkán con sus noventa y un escalones por lado más la plataforma superior sumando trescientos sesenta y cinco unidades calendáricas, se orienta astronómicamente hacia el amanecer del equinoccio de manera que la escalinata norte proyecta la sombra serpentina característica que sube desde el Este cada 21 de marzo y baja hacia el Oeste cada 22 de septiembre. La ciudad entera funciona como diagrama vivo del sistema cuadripartito que Muluc y sus tres hermanos custodian.
La abeja Melipona —insecto sagrado del sistema apícola prehispánico maya yucateco— tiene un vínculo específico con el Bacab Muluc que amplía el alcance funcional del hermano oriental más allá del calendario y de la lluvia. Landa describe en el capítulo XLII de la Relación cómo los apicultores yucatecos consideraban a los cuatro Bacabes patronos colectivos de las colmenas, y cómo cada colmena recibía un tratamiento ceremonial específico según la orientación cardinal de su ubicación en el patio doméstico. Las colmenas orientadas al Este —donde el sol naciente calienta primero las colonias de Xunan Kab (nombre yucateco de la Melipona beecheii)— quedaban bajo la protección específica de Muluc, y recibían ofrendas rituales durante las ceremonias del año nuevo relacionadas con la miel. La deidad Ah Muzencab, dios patrón específico de las abejas, se representa iconográficamente descendiendo del cielo en escenas de las páginas 103-112 del Códice Madrid junto con los cuatro Bacabes, confirmando la asociación estructural entre el sistema apícola tradicional y el sistema cuatripartito de deidades cardinales.
Muluc en el Códice Dresden y los almanaques del año-portador
El Códice Dresden, actualmente conservado en la Sächsische Landesbibliothek de Dresde y fechado por la epigrafía moderna hacia 1200-1300 d.C. en su versión conservada (probablemente copia posclásica de un original clásico), es la fuente iconográfica más rica para reconstruir la figura ritual del Bacab Muluc. Las páginas 25-28 del códice contienen las célebres tablas de los años-portadores, sección que Ernst Förstemann identificó en la década de 1880 como la representación sistemática del ciclo del haab. Cada uno de los cuatro Bacabes aparece representado en una viñeta específica con sus atributos cromáticos, calendáricos y direccionales, y las oraciones glíficas que acompañan cada imagen prescriben el ritual apropiado para cada uno de los cuatro tipos de año.
La página 27 del Códice Dresden, específicamente asociada al año Muluc, muestra al Bacab oriental como figura antropomorfa masculina con caparazón de tortuga por casco, brazos alzados sosteniendo una banda celestial estilizada, y sirviendo como marco visual las columnas de glifos que enumeran las ofrendas rituales prescritas para asegurar un año favorable: pavo silvestre (ku’tsu), iguana, incienso de copal, tortas de maíz de nueve capas y bebida de balché fermentada de la corteza de Lonchocarpus violaceus. La escena incluye también el glifo del dios Chac —regidor específico de la lluvia—, confirmando la asociación estructural entre el Bacab Muluc y la advocación oriental Chak Xib Chac del panteón hídrico. La composición de la página funciona como manual ritual codificado: quien la lee sabe qué ofrenda hacer, en qué orden y a qué deidad.
El Códice Madrid, más tardío (aproximadamente 1400) y hoy conservado en el Museo de América de Madrid tras su misteriosa aparición en dos fragmentos separados en el siglo XIX, incluye también secciones dedicadas al ciclo cuatripartito de los Bacabes. Las páginas 34-37 del códice madrileño contienen almanaques rituales agrícolas que asocian cada actividad de la milpa (roza, quema, siembra, deshierbe, cosecha) con el año-portador correspondiente y con la deidad direccional apropiada. Karl Taube ha demostrado que esta sección funciona como calendario práctico dirigido a los campesinos maya yucateco del Posclásico tardío, y que la mención específica del Bacab Muluc en las páginas dedicadas al inicio del ciclo de lluvias (mayo-junio) confirma la vigencia agrícola del sistema ritual en la vida cotidiana campesina, no solo en el ámbito palatino de las cortes reales.
El desciframiento moderno de la escritura maya iniciado por Yuri Knórosov en Moscú en 1952 con su trabajo pionero sobre el silabario, y completado durante las décadas siguientes por Linda Schele, David Stuart, Nikolai Grube y Simon Martin, ha permitido leer con precisión creciente los textos glíficos del Códice Dresden. Las secciones dedicadas a los Bacabes incluyen menciones fonéticas del nombre propio de cada uno de los cuatro hermanos, y la lectura moderna confirma que Muluc funciona simultáneamente como nombre del año, del signo calendárico y del Bacab cardinal. La coherencia del sistema entre calendario, iconografía, texto glífico y ritual descrito por Landa demuestra la solidez institucional del conocimiento sacerdotal maya yucateco del Posclásico y su transmisión estable a lo largo de siglos.
El sistema colonial de Pauahtún propuesto por J. Eric S. Thompson en Maya History and Religion (Oklahoma 1970) merece mención específica por su relevancia para la comprensión moderna del Bacab Muluc. Thompson argumentó que los Bacabes y los Pauahtunes —cuatro deidades ancianas asociadas también con las cuatro esquinas cósmicas— eran manifestaciones paralelas o superpuestas de un mismo complejo iconográfico, con matices funcionales que la etnografía moderna ha ido refinando. Karl Taube y Simon Martin han refinado la tesis de Thompson demostrando que Pauahtún es una advocación funcional específica del Bacab genérico, con especialización en el sostenimiento del cielo durante las tempestades y con presencia iconográfica particular en la cerámica polícroma del Clásico Tardío. La complejidad de la relación entre Bacab y Pauahtún refleja la sofisticación del sistema simbólico maya yucateco, en el que las categorías divinas admiten superposiciones funcionales sin perder su identidad cardinal específica.
La vigencia contemporánea: el cha’chaac y las milpas yucatecas
La ceremonia cha’chaac de rogativa de lluvias es la práctica ritual contemporánea en la que el Bacab Muluc mantiene su presencia funcional más clara en la vida maya yucateco actual. El antropólogo Robert Redfield y el mexicano Alfonso Villa Rojas documentaron por primera vez la ceremonia con detalle etnográfico en su monografía Chan Kom: A Maya Village publicada por la Carnegie Institution de Washington en 1934, obra pionera de la antropología social latinoamericana. El rito se realiza cada temporada seca —típicamente durante mayo y las primeras semanas de junio— antes del inicio de las lluvias monzónicas que permiten la siembra del maíz, y funciona simultáneamente como súplica y como confirmación anual del pacto ritual entre la comunidad milpera y las deidades pluviales del panteón tradicional.
La estructura del rito reproduce con fidelidad el esquema cuadripartito prehispánico. El h-men (sacerdote-curandero) construye en el terreno de la milpa una mesa de altar cuadrada orientada hacia los cuatro rumbos cardinales, sobre la que dispone los sacab (jícaras de calabaza) que contienen la bebida ritual de maíz, y los waaj (tortas de maíz de trece capas) preparadas específicamente para cada uno de los cuatro Chac direccionales. En las cuatro esquinas de la mesa se colocan cirios y ofrendas que corresponden a cada Bacab: el Este recibe las ofrendas rojas para Muluc y para Chak Xib Chac. Cuatro muchachos jóvenes, situados en las cuatro esquinas, imitan durante toda la ceremonia el canto de las ranas —animal asociado con la lluvia en toda Mesoamérica—, mientras el h-men recita las oraciones tradicionales en maya yucateco que invocan uno por uno a los Bacabes y a los Chac por su nombre y su dirección.
Los estudios etnográficos posteriores de Alfonso Villa Rojas en Los elegidos de Dios: Etnografía de los mayas de Quintana Roo (INI, México, 1978), y las investigaciones más recientes de Silvia Terán y Christian Rasmussen en Xocén: El pueblo en el centro del mundo (DANIDA-UADY, Mérida, 1994), han confirmado que el cha’chaac sigue realizándose en más de trescientas comunidades del interior yucateco durante los años de sequía, y que la nomenclatura ritual conserva los cuatro nombres cardinales de los Bacabes con notable estabilidad histórica. Muluc, específicamente, se invoca siempre como Bacab del Este, con orientación oriental de las ofrendas rojas correspondientes y con mención explícita de su función agrícola: recibir las primeras lluvias que romperán la temporada seca y permitirán la siembra del maíz.
La ceremonia Loh milpil (bendición de la milpa) complementa el cha’chaac en el ciclo agrícola anual. Se ejecuta al comenzar cada nuevo terreno de milpa, después de la roza y de la quema, para pedir la protección de los Bacabes sobre el sembrado durante todo el ciclo del maíz. El h-men camina en procesión alrededor del terreno en sentido dextrógiro —comenzando por el Este de Muluc y siguiendo la secuencia solar hacia el Sur de Kan, el Oeste de Cauac y el Norte de Zac Cimi—, plantando cirios en cada esquina y recitando las invocaciones apropiadas. La coherencia entre el esquema ceremonial contemporáneo, la descripción de Landa hace más de cuatro siglos y medio, y la iconografía del Códice Dresden de hace ochocientos años demuestra la extraordinaria continuidad del sistema simbólico maya yucateco a través de la ruptura colonial y hasta el presente etnográfico documentable.
La Universidad Autónoma de Yucatán, a través de su Facultad de Ciencias Antropológicas y de su Centro de Investigaciones Regionales «Dr. Hideyo Noguchi», mantiene desde los años 1990 un programa continuado de documentación etnográfica sobre las ceremonias tradicionales del interior peninsular, incluyendo el registro sistemático del cha’chaac, del Loh milpil y del hetzmek. Los proyectos coordinados por investigadores como Miguel Güémez Pineda, Genny Negroe Sierra y Pedro Guerra han generado una base documental sin precedentes que confirma la vigencia funcional del sistema cuatripartito de los Bacabes —Muluc incluido— en más de cuatrocientas comunidades milperas de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. La colaboración entre investigadores universitarios y los propios h-men tradicionales ha permitido también recuperar oraciones rituales en maya yucateco que se encontraban en riesgo de desaparición generacional, y que hoy se enseñan como patrimonio cultural inmaterial reconocido oficialmente por el INAH desde 2011.
Más allá del mito
Muluc no es solo una figura mitológica del pasado prehispánico ni una nota erudita en la etnohistoria del Yucatán colonial: es una entidad ritual viva que sigue recibiendo ofrendas rojas cada mayo en las milpas del interior yucateco, y cuyo nombre pronuncian los h-men contemporáneos en las oraciones del cha’chaac con la misma cadencia que Diego de Landa oyó y transcribió en el siglo XVI. La supervivencia del Bacab del Este a través de la conquista, la evangelización forzada, la persecución inquisitorial de las prácticas tradicionales, la modernización agrícola del siglo XX y la industrialización turística contemporánea del estado de Yucatán es uno de los testimonios más elocuentes de la resistencia cultural maya yucateco. Para saber más sobre las figuras hermanas y el sistema completo, ver Los Bacabes, Chac, Itzamná, Yum Kax, Ah Kin, Chak Chel, Kawiil y los Aluxes.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Muluc en el panteón maya yucateco?
Muluc es el Bacab del Este, uno de los cuatro hermanos-cargadores que sostienen el cielo maya según describe Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán hacia 1566. Le corresponden el color rojo del amanecer, el glifo del agua y el año-portador Muluc del calendario haab de 365 días. Su función es sostener la esquina oriental del cielo y presidir el ciclo agrícola del maíz recibiendo las rogativas de lluvia. Junto con Kan (Sur), Cauac (Oeste) y Zac Cimi (Norte) completa el sistema cuadripartito de deidades cardinales del maya yucateco.
¿Qué significa el nombre Muluc?
Muluc designa simultáneamente tres realidades interrelacionadas en el sistema simbólico maya yucateco. Es uno de los veinte signos del tzolkin (calendario ritual de 260 días) con glifo de gota de agua o signo cha’am que las lingüistas traducen como «agua acumulada» o «recipiente lleno». Es uno de los cuatro años-portadores del calendario haab de 365 días. Y es la advocación del Bacab cardinal que sostiene el cielo desde el Este con el color rojo del amanecer y del inicio del ciclo agrícola.
¿Cómo aparece Muluc en el Códice Dresden?
La página 27 del Códice Dresden, específicamente asociada al año Muluc, muestra al Bacab oriental como figura antropomorfa masculina con caparazón de tortuga por casco y brazos alzados sosteniendo una banda celestial estilizada. La escena enumera las ofrendas rituales prescritas: pavo silvestre, iguana, incienso de copal, tortas de maíz de nueve capas y bebida de balché fermentada. Incluye también el glifo del dios Chac, confirmando la asociación estructural entre el Bacab Muluc y la advocación oriental Chak Xib Chac del panteón hídrico maya.
¿Qué es la ceremonia cha’chaac?
El cha’chaac es la rogativa de lluvias que se realiza cada temporada seca (mayo-primeras semanas de junio) antes del inicio de las lluvias que permiten la siembra del maíz. El h-men (sacerdote-curandero) construye una mesa de altar cuadrada orientada a los cuatro rumbos cardinales, dispone las ofrendas rituales por dirección (rojas para el Bacab Muluc del Este) y recita las oraciones tradicionales en maya yucateco. Cuatro muchachos jóvenes situados en las esquinas imitan el canto de las ranas. Redfield y Villa Rojas lo documentaron en Chan Kom (1934).
¿Sigue vigente el culto a los Bacabes en el Yucatán actual?
Sí. Alfonso Villa Rojas en Los elegidos de Dios (INI 1978) y Silvia Terán y Christian Rasmussen en Xocén: El pueblo en el centro del mundo (DANIDA-UADY 1994) confirman que el cha’chaac sigue realizándose en más de trescientas comunidades del interior yucateco durante los años de sequía. La nomenclatura ritual conserva los cuatro nombres cardinales de los Bacabes con notable estabilidad histórica: Muluc se invoca siempre como Bacab del Este con orientación oriental de las ofrendas rojas. La ceremonia Loh milpil complementa el cha’chaac en el ciclo agrícola anual.





