Pitao Xoo, el dios zapoteca del terremoto y las fuerzas subterráneas

En síntesis. Pitao Xoo es el dios zapoteco del terremoto y de las fuerzas telúricas subterráneas. En zapoteco antiguo xoo significa «temblor» o «terremoto» y Pitao es el título divino genérico («gran señor») registrado por fray Juan de Córdova en su Vocabulario en lengua çapoteca (México, 1578). Documentado con menor densidad literaria colonial que Cocijo o Cozaana, aparece en las urnas funerarias de Monte Albán con atributos telúricos característicos: línea ondulante bajo el cuerpo, dientes prominentes y elementos de jaguar. Su culto se concentró en la zona sismológicamente activa de Oaxaca. Sistematizado por Alfonso Caso en Urnas de Oaxaca (INAH, 1952), analizado por Joyce Marcus en Zapotec Civilization (Thames & Hudson, 1996) y por Javier Urcid en Zapotec Hieroglyphic Writing (Dumbarton Oaks, 2001).

Origen culturalPueblo zapoteco (autónimo bene zaa, «gente de las nubes») de los valles centrales y sierras de Oaxaca (México); lengua Diidxazá de familia otomangue; tradición prehispánica desarrollada en Monte Albán (500 a.C. – 900 d.C.), Mitla y Zaachila (Posclásico); transmitida por los huija-tao, sacerdotes-adivinos del panteón encabezado por Cocijo
TipoDeidad telúrica y sismológica; señor del temblor y de los movimientos subterráneos de la tierra; integrado en el panteón junto a Cocijo (lluvia y rayo), Cozaana (procreación y caza) y Huichaana (agua y parto); no dios creador primordial sino potencia especializada del suelo
Función míticaRegir los terremotos y las sacudidas del suelo en la Oaxaca sísmicamente activa; anticipar los desórdenes telúricos y calmarlos mediante ofrendas y rituales periódicos en cuevas, cerros y santuarios subterráneos; guardar el equilibrio entre el mundo tangible y el interior de la tierra
AtestaciónFray Juan de Córdova, Vocabulario en lengua çapoteca (Casa de Pedro Charte, México, 1578); fray Francisco de Burgoa, Geográfica descripción (Juan Ruyz, México, 1674); Alfonso Caso e Ignacio Bernal, Urnas de Oaxaca (INAH, México, 1952); Joyce Marcus, Zapotec Civilization (Thames & Hudson, Londres, 1996); Javier Urcid, Zapotec Hieroglyphic Writing (Dumbarton Oaks, Washington, 2001); Adam Sellen, Las tumbas zapotecas (UNAM, México, 2011)
Vigencia hoyPresencia difusa en las comunidades zapotecas de la Sierra Sur y del Istmo de Tehuantepec, donde relatos orales sobre los temblores han asimilado la figura al culto de San Marcos y a santos protectores contra los sismos; referencia iconográfica constante en museos comunitarios y en programas educativos oaxaqueños; recuperación identitaria en el discurso bene zaa contemporáneo tras los sismos de septiembre de 2017 en Juchitán y el Istmo de Tehuantepec

La religión zapoteca prehispánica es una de las tradiciones mesoamericanas mejor conservadas materialmente y peor documentadas literariamente. Los bene zaa («gente de las nubes»), pueblo hablante de Diidxazá asentado en los valles centrales y sierras de Oaxaca desde el Preclásico, construyeron en Monte Albán (500 a.C. – 900 d.C.) uno de los grandes centros urbanos y ceremoniales de Mesoamérica. El panteón que allí se formó estuvo encabezado por Cocijo, dios de la lluvia y del rayo, acompañado por Cozaana (procreación y caza), Huichaana (agua y parto) y una serie de deidades menores entre las que figura Pitao Xoo, señor del terremoto.

La documentación textual colonial sobre Pitao Xoo es escasa. Fray Juan de Córdova, dominico llegado a Oaxaca en 1548, publicó en México en 1578 el Vocabulario en lengua çapoteca, primer diccionario español-zapoteco del que se conserva registro. En sus entradas Córdova incluyó el sustantivo xoo con la glosa «temblor» o «terremoto» y anotó el título Pitao como fórmula reverencial reservada a las deidades mayores. Casi un siglo después, fray Francisco de Burgoa publicó en 1674 la Geográfica descripción, historia de la provincia dominica de San Hipólito de Oaxaca, que menciona los rituales telúricos que los huija-tao celebraban en cuevas de la Sierra Sur para calmar los movimientos del suelo.

El estudio sistemático del culto tuvo que esperar a la etnografía y la arqueología modernas. Alfonso Caso e Ignacio Bernal publicaron en 1952 Urnas de Oaxaca, monografía del Instituto Nacional de Antropología e Historia que clasificó centenares de urnas funerarias zapotecas recuperadas de Monte Albán y de tumbas del Valle de Oaxaca, con propuestas iconográficas para la identificación de Pitao Xoo. Joyce Marcus, en Zapotec Civilization (Thames & Hudson, Londres, 1996), y Javier Urcid, en Zapotec Hieroglyphic Writing (Dumbarton Oaks, Washington, 2001), refinaron la lectura de los glifos calendáricos y de los atributos telúricos. Adam Sellen retomó el análisis del corpus en Las tumbas zapotecas (UNAM, 2011). Este artículo sintetiza el registro colonial y la arqueología moderna sobre esta deidad poco conocida del panteón zapoteco.

El dios zapoteco del temblor y las fuerzas telúricas

El nombre Pitao Xoo se compone de dos elementos zapotecos claramente atestiguados en el Vocabulario de fray Juan de Córdova (1578). Pitao aparece registrado como fórmula reverencial reservada a las deidades mayores, glosada por el dominico como «gran señor» o «el dios»; funciona como prefijo o título dentro de la nomenclatura teónima zapoteca, análogo al que precede a Cocijo, Cozaana o Pitao Cozobi (dios del maíz). Xoo es el sustantivo común para «temblor» o «terremoto», con derivados verbales para el acto de sacudirse la tierra. La traducción literal, entonces, es «gran señor del temblor» o «dios del terremoto».

Oaxaca se sitúa sobre la zona de subducción de la placa de Cocos bajo la placa Norteamericana, uno de los tramos sísmicamente más activos del planeta. Los grandes terremotos de la falla Salina Cruz – Puerto Escondido han marcado la historia geológica y humana del actual estado desde tiempos preclásicos. En un contexto donde los movimientos del suelo eran acontecimientos recurrentes y potencialmente devastadores, tener una deidad especializada para regirlos resultaba práctica religiosa lógica. Fray Francisco de Burgoa señala en la Geográfica descripción (1674) que los huija-tao zapotecos celebraban rituales periódicos en cuevas de la sierra para calmar los movimientos telúricos, y ofrecían copal, plumas y a veces sangre autosacrificial durante estas ceremonias.

Dentro del panteón zapoteco, Pitao Xoo ocupa un rango intermedio. No es dios creador primordial ni la deidad más invocada en el culto público, papel reservado a Cocijo como señor de la lluvia. Pero tampoco es figura menor de nomenclatura tardía. Alfonso Caso (1952) lo sitúa en el segundo estrato divino junto a otras potencias especializadas del suelo, la fertilidad agrícola y el ciclo agrario. Joyce Marcus (1996) subraya que la organización del panteón zapoteco funciona por dominios naturales: cada gran fenómeno (lluvia, temblor, fuego, maíz, viento) tiene su Pitao, y las relaciones entre ellos definen el orden ritual anual. Esta lógica clasificatoria distingue al sistema religioso zapoteco del panteón mexica, más centrado en figuras arquetípicas como Quetzalcóatl o Tláloc.

El sacerdocio encargado del culto era el de los huija-tao, término compuesto que Córdova (1578) glosa como «grandes videntes» o «sabios adivinos». Estos especialistas rituales, iniciados desde la niñez en linajes hereditarios y formados en templos del centro urbano, dirigían los ritos calendáricos, interpretaban los códices adivinatorios zapotecos, curaban enfermos y celebraban las ceremonias vinculadas al piye (calendario ritual de 260 días) y al yza (calendario solar de 365). Marcus (1996) señala que el sistema sacerdotal zapoteco tenía especialización interna: había huija-tao vinculados específicamente a cada dominio, incluidos los rituales de Pitao Xoo, celebrados sobre todo en cuevas del sistema kárstico oaxaqueño.

Iconografía en las urnas funerarias y estelas de Monte Albán

Las urnas funerarias zapotecas son la fuente iconográfica principal para reconstruir el panteón prehispánico. Se trata de vasijas de cerámica antropomorfa, generalmente de barro gris, con la figura de una deidad en el frente y una cavidad posterior. Se han recuperado por millares en tumbas de Monte Albán, Mitla, Zaachila, Yagul y otros yacimientos del Valle de Oaxaca, en contextos que abarcan del Monte Albán II (100 a.C. – 200 d.C.) al Monte Albán V (900-1521). Alfonso Caso e Ignacio Bernal (Urnas de Oaxaca, INAH, 1952) establecieron la clasificación tipológica todavía en uso: agrupan las urnas por deidad representada según los atributos iconográficos del rostro, el tocado y los símbolos accesorios.

La identificación iconográfica de Pitao Xoo se apoya en tres rasgos que Caso y Bernal (1952) aislaron dentro del corpus. Primero, la línea ondulante horizontal que suele aparecer bajo la figura, interpretada como representación del movimiento telúrico o de las ondas sísmicas. Segundo, la boca con dientes prominentes, a veces mostrando los caninos superiores extendidos como colmillos. Tercero, elementos de jaguar en el tocado o en el atuendo (manchas, orejas felinas, garras), rasgo compartido con otras deidades zapotecas de dominio subterráneo. Adam Sellen (Las tumbas zapotecas, UNAM, 2011) matiza el criterio de identificación al observar que varios ejemplares antes atribuidos a Pitao Xoo podrían pertenecer a otras potencias telúricas del segundo estrato.

Javier Urcid, en Zapotec Hieroglyphic Writing (Dumbarton Oaks, Washington, 2001), reconstruyó el sistema jeroglífico zapoteco a partir de las inscripciones de Monte Albán y sitios asociados. En su corpus aparecen glifos calendáricos vinculados al día Xoo del piye, día del temblor dentro del ciclo ritual de 260 días. Urcid identificó estelas en las que un individuo aparece asociado por su nombre calendárico a este día, práctica común en el registro epigráfico zapoteco: los individuos llevan como nombre el día del calendario ritual en que nacieron. La presencia del glifo Xoo en contextos ceremoniales confirma la importancia del culto al temblor dentro del calendario zapoteco.

La presencia de urnas de Pitao Xoo en tumbas zapotecas requiere interpretación. Caso y Bernal (1952) propusieron que las urnas acompañaban al difunto como intercesores ante la deidad correspondiente en el más allá, hipótesis matizada por trabajos posteriores. Joyce Marcus (1996) sugiere una lectura complementaria: las urnas registran los patronos calendáricos o de dominio del linaje al que pertenecía la tumba, de modo que el conjunto funerario documenta las alianzas religiosas del grupo doméstico. En esta lectura, una tumba con urna de Pitao Xoo señalaría un linaje vinculado por parentesco o profesión al culto del temblor, quizá relacionado con la especialización sacerdotal en rituales telúricos celebrados en las cuevas de la Sierra Sur.

Del ritual precolombino al sincretismo contemporáneo

La evangelización dominica en Oaxaca, iniciada en 1528 y prolongada durante el siglo XVI, tuvo como objetivo la sustitución del panteón zapoteco por el santoral católico. Fray Francisco de Burgoa (1674) narra episodios de destrucción de templos, quema de códices adivinatorios y persecución de huija-tao. Sin embargo, la ruptura no fue total. Los ciclos ceremoniales del calendario ritual quedaron parcialmente suspendidos, pero muchas prácticas rituales pasaron al ámbito doméstico y a las cuevas de la sierra, donde los sacerdotes indígenas continuaron celebrando los ritos de las deidades telúricas fuera del control eclesiástico. La documentación colonial da cuenta de procesos inquisitoriales contra estos residuos rituales durante todo el siglo XVII.

En la Sierra Sur zapoteca y en el Istmo de Tehuantepec, la figura de Pitao Xoo se ha superpuesto históricamente con la de santos católicos vinculados a los temblores. San Marcos Evangelista, cuyo festejo cae el 25 de abril, recibe en varias localidades zapotecas advocaciones asociadas al control de los sismos. En algunos pueblos se le atribuye la potestad de sacudir la tierra cuando los fieles descuidan las ofrendas o rompen los pactos rituales. Este sincretismo, documentado por etnógrafos oaxaqueños del siglo XX, no borra la memoria de la deidad prehispánica; más bien la reencauza bajo una máscara católica que permitía su continuidad después de la evangelización dominica.

Los sismos de septiembre de 2017 en Juchitán y el Istmo de Tehuantepec, con epicentros en la zona de subducción y magnitudes superiores a 8.0, causaron destrucción masiva en las comunidades bene zaa del Istmo. En las semanas posteriores, colectivos culturales y artísticos zapotecos publicaron reflexiones que recuperaban la figura de Pitao Xoo como referencia identitaria: memoria de un pueblo que ha convivido con los temblores durante milenios y ha desarrollado un lenguaje ritual para nombrarlos. Museos comunitarios de Oaxaca han incorporado paneles explicativos sobre la deidad, y programas educativos en escuelas bilingües zapoteco-español la incluyen en materiales sobre el patrimonio prehispánico transmitido a las nuevas generaciones.

La investigación académica sobre Pitao Xoo ha seguido activa. Adam Sellen (Las tumbas zapotecas, 2011) revisó el corpus de urnas y matizó las atribuciones tradicionales; Javier Urcid ha continuado publicando sobre epigrafía zapoteca desde su base en el corpus de 2001; investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia han integrado nuevas urnas recuperadas en excavaciones recientes de Monte Albán y de sitios del Valle. La discusión iconográfica queda abierta: qué ejemplares corresponden con seguridad a la deidad, cuáles pueden atribuirse a otras potencias telúricas del panteón y cómo se relacionan estas figuras con el conjunto documentado en el Vocabulario de Córdova (1578). El caso muestra los límites de la reconstrucción del panteón zapoteco a partir de un registro textual colonial escaso y de un corpus arqueológico rico pero fragmentario.

Lo que permanece

Pitao Xoo es la deidad zapoteca del temblor documentada por fray Juan de Córdova en el Vocabulario en lengua çapoteca (1578), mencionada por fray Francisco de Burgoa en la Geográfica descripción (1674) y sistematizada iconográficamente por Alfonso Caso e Ignacio Bernal en Urnas de Oaxaca (INAH, 1952). Su lugar en el panteón bene zaa quedó fijado en el segundo estrato divino junto a otras potencias especializadas del suelo. Sus urnas se identifican por la línea ondulante bajo el cuerpo, los dientes prominentes y los atributos de jaguar. Su culto se celebró en cuevas de la Sierra Sur oaxaqueña y en templos del Valle desde el Preclásico hasta la evangelización dominica.

El recorrido de la figura desde el Monte Albán prehispánico hasta las comunidades bene zaa del siglo XXI muestra las capas superpuestas que definen el patrimonio ritual zapoteco actual. La documentación colonial da los nombres, la arqueología aporta las imágenes, la etnografía moderna recompone las conexiones y los sismos del Istmo de 2017 han vuelto a poner en circulación la figura dentro del discurso identitario contemporáneo. La deidad del temblor sigue siendo referencia útil para nombrar la relación que un pueblo mantiene con el suelo sísmico donde ha vivido desde hace tres mil años. Ver también los hubs de los zapotecos y de las mixtecas vecinas para el marco cultural completo.

Preguntas frecuentes

¿Qué representa exactamente Pitao Xoo en el panteón zapoteco?

La deidad zapoteca del terremoto y las fuerzas telúricas subterráneas. Su nombre combina el título divino Pitao («gran señor») con el sustantivo xoo («temblor» o «terremoto»), ambos registrados por fray Juan de Córdova en el Vocabulario en lengua çapoteca (México, 1578). Dentro del panteón bene zaa ocupa un rango intermedio: no es dios creador primordial como Cocijo, señor de la lluvia y del rayo, sino potencia especializada del segundo estrato divino, encargada específicamente de regir los movimientos sísmicos del suelo en la Oaxaca sismológicamente activa.

¿En qué fuentes coloniales aparece documentado?

En dos fuentes coloniales dominicas principales. Fray Juan de Córdova, en el Vocabulario en lengua çapoteca (Casa de Pedro Charte, México, 1578), registra los componentes lingüísticos del teónimo: el título Pitao como fórmula reverencial reservada a las deidades mayores y el sustantivo xoo como «temblor» o «terremoto». Fray Francisco de Burgoa, en la Geográfica descripción (Juan Ruyz, México, 1674), describe los rituales telúricos que los huija-tao celebraban en cuevas de la Sierra Sur para calmar los movimientos del suelo. Documentación textual escasa comparada con la de Cocijo o Cozaana.

¿Cómo se identifica en las urnas funerarias de Monte Albán?

Por tres rasgos iconográficos aislados por Alfonso Caso e Ignacio Bernal en Urnas de Oaxaca (INAH, México, 1952). Primero, la línea ondulante horizontal bajo la figura, interpretada como representación del movimiento sísmico. Segundo, la boca con dientes prominentes, a veces con caninos superiores extendidos como colmillos. Tercero, elementos de jaguar en el tocado o en el atuendo, rasgo compartido con otras deidades del dominio subterráneo. Adam Sellen matizó estas atribuciones en Las tumbas zapotecas (UNAM, 2011), señalando que algunos ejemplares antes asignados a Pitao Xoo podrían corresponder a otras potencias telúricas del panteón.

¿Cuál era su función ritual en la Oaxaca prehispánica?

Regir los terremotos y calmar los desórdenes telúricos mediante rituales periódicos celebrados por los huija-tao, sacerdotes-adivinos zapotecos. Fray Francisco de Burgoa (1674) documenta ceremonias en cuevas de la sierra donde se ofrecía copal, plumas y sangre autosacrificial. Los rituales seguían el calendario ritual piye de 260 días, con especial intensidad en el día Xoo (temblor) del ciclo. Javier Urcid, en Zapotec Hieroglyphic Writing (Dumbarton Oaks, 2001), identifica estelas con el glifo Xoo en contextos ceremoniales que confirman la importancia del culto dentro del sistema litúrgico zapoteco prehispánico.

¿Sigue teniendo presencia en las comunidades zapotecas actuales?

Sí, mediante procesos de sincretismo y de recuperación identitaria. En la Sierra Sur zapoteca y en el Istmo de Tehuantepec la figura se superpuso históricamente con San Marcos Evangelista y con santos católicos vinculados al control de los sismos. Los terremotos de septiembre de 2017 en Juchitán y el Istmo, con magnitudes superiores a 8.0, reactivaron la referencia a Pitao Xoo en discursos culturales bene zaa. Museos comunitarios de Oaxaca y programas educativos bilingües zapoteco-español la han incorporado como parte del patrimonio prehispánico transmitido a las nuevas generaciones del pueblo.

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