Cozaana, el dios zapoteca creador de la vida y de los animales

Lo esencial. Cozaana es el dios creador zapoteca de la vida, la caza y los animales silvestres. Junto con Huichaana, su hermana-esposa creadora del agua y los peces, forma la pareja creadora primordial del panteón bene zaa. Su nombre aparece por primera vez registrado por Fray Juan de Córdova en el Vocabulario en lengua çapoteca (México, 1578), primera obra lingüística sistemática sobre el idioma Diidxazá. Alfonso Caso, en Urnas de Oaxaca (INAH, 1952), lo integró en el sistema comparativo mesoamericano estableciendo paralelos con Mixcóatl mexica, cazador estelar y padre de los pueblos. La continuidad ritual sincretizada persiste en fiestas patronales de la Sierra Norte y Sur oaxaqueñas y en el culto a los cuerpos de agua del Istmo de Tehuantepec.

Origen culturalPueblo zapoteca, autónimo bene zaa («gente de las nubes»); lengua Diidxazá; cultura clásica de Monte Albán (500 a.C. – 800 d.C.), continuada por los señoríos posclásicos de Zaachila, Yagul y Mitla; ~400.000 hablantes contemporáneos en unas 57 variantes lingüísticas de los Valles Centrales, la Sierra Norte, la Sierra Sur, el Istmo de Tehuantepec y la costa oaxaqueña
TipoDivinidad creadora del panteón zapoteca; dios padre de la vida animal, la caza y los cazadores; junto con Huichaana forma la pareja creadora primordial de la humanidad y los animales; complemento masculino del principio femenino acuático
Función míticaCreador de la vida animal terrestre y de los cazadores; protector de la fauna silvestre; padre primordial que junto con Huichaana engendra a la humanidad y otorga fertilidad; receptor de las ofrendas rituales previas a las cacerías colectivas y a las fiestas del ciclo agrícola vinculadas a los animales de monte
AtestaciónFray Juan de Córdova, Vocabulario en lengua çapoteca (México, Pedro Balli, 1578); Fray Francisco de Burgoa, Geográfica descripción de la parte septentrional del polo ártico de la América (México, 1674); Alfonso Caso, El mapa de Teozacoalco (1949); Alfonso Caso e Ignacio Bernal, Urnas de Oaxaca (INAH, 1952); Alfonso Caso, Reyes y reinos de la Mixteca (FCE, México, 1977-1979); Joyce Marcus y Kent Flannery, Zapotec Civilization (Thames & Hudson, Londres, 1996); Adam Sellen, Las tumbas zapotecas (2011)
Vigencia hoyCulto sincretizado con santos patronos católicos (san Andrés, san Bartolomé, san Miguel) en fiestas patronales de comunidades zapotecas de la Sierra Norte (Yalálag, Villa Alta, Choapan) y la Sierra Sur (Miahuatlán, Loxicha, Amatlán); pervivencia del culto a Huichaana bajo la advocación de la Virgen del Carmen en comunidades pescadoras del Istmo de Tehuantepec (Juchitán, Tehuantepec, Salina Cruz); rituales de caza documentados etnográficamente en el siglo XX por Julio de la Fuente, Alfonso Villa Rojas y Ricardo Pozas

El pueblo zapoteca de Oaxaca —autónimo bene zaa, «gente de las nubes»; lengua Diidxazá— desarrolló entre el año 500 a.C. y la conquista española de 1521 una tradición ritual compleja centrada en la ciudad de Monte Albán y continuada en los señoríos posclásicos de Zaachila, Yagul y Mitla. El panteón zapoteca reconocía divinidades vinculadas a los grandes ámbitos del mundo natural: la lluvia y el rayo con Cocijo, el terremoto con Pitao Xoo, el maíz con Pitao Cozobi. Dentro de este sistema, Cozaana ocupa el lugar del dios creador de la vida animal y padre de los cazadores.

El nombre de Cozaana aparece por primera vez registrado por escrito en el Vocabulario en lengua çapoteca de Fray Juan de Córdova (México, 1578), primera obra lingüística sistemática sobre el idioma Diidxazá. La obra de Córdova, dominico y provincial de Oaxaca, catalogó centenares de términos religiosos y rituales del zapoteco colonial. Casi un siglo después, Fray Francisco de Burgoa, otro dominico oaxaqueño, amplió el registro en su Geográfica descripción de la parte septentrional del polo ártico de la América (México, 1674) con detalles sobre la organización sacerdotal y los rituales dedicados al dios creador de la vida animal.

Alfonso Caso (1949, 1952) integró la figura de Cozaana en el sistema comparativo mesoamericano estableciendo paralelos con Mixcóatl, el cazador estelar mexica, y con otras divinidades emparentadas del panteón mesoamericano. Joyce Marcus y Kent Flannery (1996) documentaron la persistencia del culto a lo largo de la larga secuencia arqueológica de Monte Albán. La continuidad ritual del dios creador y de su esposa Huichaana sobrevive hoy sincretizada con santos patronos católicos en las fiestas mayordomicales de la Sierra Norte y la Sierra Sur oaxaqueñas, y en el culto a los cuerpos de agua del Istmo de Tehuantepec.

Cozaana y Huichaana: la pareja creadora zapoteca

El panteón zapoteca situaba a Cozaana y Huichaana como la pareja creadora primordial. Cozaana era el padre creador de la vida animal terrestre, protector de la fauna silvestre y de los cazadores; Huichaana era su hermana-esposa, creadora del agua, los peces y la vida marina. Juntos engendraban la humanidad y otorgaban la fertilidad. La estructura de la pareja divina primordial es común en los sistemas religiosos mesoamericanos: los mexicas tenían a Ometecuhtli y Omecíhuatl, los mayas a Xpiyacoc y Xmucane. Los zapotecos inscribían a Cozaana y Huichaana dentro de este patrón compartido, con las particularidades propias del pueblo bene zaa.

Córdova (1578) registró el nombre de Cozaana con esa grafía y ofreció derivaciones que precisan sus atributos. El término aparece asociado al vocabulario de la caza, la fauna silvestre y la vida animal. Los rituales dedicados al dios eran realizados por los sacerdotes huija-tao («grandes videntes»), la máxima jerarquía del sacerdocio zapoteca, antes de las cacerías colectivas. Se ofrendaban copal, plumas de aves silvestres y sangre extraída con espinas de maguey. La finalidad era asegurar el favor del dios para la obtención de venados, jabalíes, aves y otras presas de las que dependía la dieta ritual y cotidiana del pueblo.

Huichaana, la hermana-esposa, recibía culto paralelo en los cuerpos de agua: manantiales, ríos y la laguna de Chacahua en la costa oaxaqueña. Los pescadores zapotecos de la costa le ofrendaban antes de las jornadas de pesca. La figura de Huichaana se conserva mejor en las fuentes coloniales de la costa que en las de los Valles Centrales, dominados por Cocijo. Burgoa (1674) señaló que en la Sierra Sur el culto a la pareja creadora se mantenía pese a las labores de evangelización de las órdenes mendicantes, con rituales celebrados en cuevas apartadas donde los sacerdotes tradicionales seguían actuando en paralelo al clero católico.

La iconografía de Cozaana en las urnas funerarias zapotecas ha sido objeto de discusión académica. Alfonso Caso e Ignacio Bernal, en Urnas de Oaxaca (INAH, 1952), identificaron figuras antropomorfas con atributos de venado (astas, patas hendidas, pelaje estilizado) que interpretaron como representaciones del dios creador en su faceta de padre de los animales silvestres. Adam Sellen (2011), en Las tumbas zapotecas, revisó esta interpretación distinguiendo entre representaciones del dios y representaciones de sacerdotes con máscara ritual de venado. La identificación positiva de Cozaana en las urnas sigue siendo problema abierto.

El registro colonial de Córdova (1578) y Burgoa (1674)

La obra de Fray Juan de Córdova, Vocabulario en lengua çapoteca (México, 1578), es la fuente lingüística principal sobre la religión zapoteca prehispánica. Impresa en la Ciudad de México por Pedro Balli, la obra recogió el zapoteco del valle de Oaxaca en un momento en que la lengua aún se hablaba plenamente en el ámbito ritual. Córdova, dominico llegado a Oaxaca hacia 1540, dedicó décadas a la compilación del vocabulario. Los términos religiosos aparecen a menudo con traducciones al castellano que emplean categorías cristianas («dios», «ídolo», «sacerdote»), lo que exige lectura crítica pero constituye la única vía documental para reconstruir el panteón zapoteca del periodo prehispánico.

El nombre de Cozaana aparece en Córdova con esa grafía, sin las alternantes que acompañan a otras deidades del panteón. La obra registra el término huija-tao para los grandes sacerdotes-videntes y numerosos verbos y sustantivos asociados a los ritos: quixe (ofrenda de sangre), quela (ofrenda ritual), pigan (adivinación). Estas entradas permiten reconstruir parcialmente la mecánica ceremonial en que Cozaana era invocado. La ausencia de una mitografía narrativa comparable a la del Popol Vuh k’iche’ o la Leyenda de los soles mexica obliga a trabajar a partir de la evidencia lingüística y de la iconografía de las urnas funerarias.

Fray Francisco de Burgoa, dominico oaxaqueño nacido hacia 1600 y provincial de la Orden en Oaxaca, publicó dos obras fundamentales: Palestra historial (1670) y Geográfica descripción de la parte septentrional del polo ártico de la América (México, 1674). La segunda dedica capítulos extensos a la historia y las costumbres de los zapotecos y mixtecos. Burgoa registró la persistencia del culto a las divinidades prehispánicas pese a un siglo largo de evangelización, con santuarios en cerros y cuevas y sacerdotes tradicionales que actuaban en paralelo al clero católico. Su descripción del culto a Cozaana en las sierras oaxaqueñas es la referencia colonial más detallada disponible.

Burgoa describió la organización sacerdotal zapoteca posclásica en términos jerárquicos: en la cúspide, el huija-tao o gran vidente residente en el santuario principal del señorío (Zaachila o Mitla); debajo, sacerdotes especialistas por función (lluvia, caza, agricultura, guerra); en la base, adivinos locales que atendían consultas cotidianas. El culto a Cozaana correspondía a un rango especializado de sacerdotes cazadores que actuaban antes de las cacerías rituales y en las fiestas del calendario. Alfonso Caso, en El mapa de Teozacoalco (1949) y en Reyes y reinos de la Mixteca (FCE, 1977-79), aprovechó las descripciones de Burgoa para reconstruir la estructura política y religiosa de los señoríos oaxaqueños del posclásico.

Vigencia sincretizada del culto en la Oaxaca rural

La continuidad contemporánea del culto a Cozaana y Huichaana sobrevive de forma sincretizada en las fiestas patronales de las sierras zapotecas de Oaxaca. En la Sierra Norte, comunidades como Yalálag, Villa Alta, San Ildefonso Villa Alta y Choapan mantienen mayordomías dedicadas a santos patronos que absorbieron atributos del dios creador prehispánico: san Andrés, san Bartolomé y san Miguel absorben rasgos de Cozaana; la Virgen del Rosario y la Virgen de la Candelaria absorben rasgos de Huichaana. Julio de la Fuente, antropólogo mexicano formado en la escuela de Alfonso Caso, documentó en la década de 1940 estos ritos sincretizados en Yalálag: cambio de mayordomía, procesiones al cerro tutelar y ofrenda de aves y copal.

En la Sierra Sur, comunidades zapotecas como Miahuatlán, Loxicha, Amatlán y San Pedro Amuzgos mantienen tradiciones análogas. Los rituales de caza colectiva, aunque menguantes por la reducción de la fauna silvestre, se registraban aún a mediados del siglo XX con oraciones dirigidas al cerro tutelar y ofrendas de copal antes de salir en busca de venados y jabalíes. La antropología mexicana de la segunda mitad del siglo XX (Alfonso Villa Rojas, Ricardo Pozas, Julio de la Fuente) documentó extensamente estas pervivencias.

El culto a Huichaana en los cuerpos de agua conserva mejor su marca prehispánica en la costa oaxaqueña. En comunidades zapotecas de la región del Istmo de Tehuantepec (Juchitán, Tehuantepec, Salina Cruz) y de la costa (Puerto Escondido, Chacahua), las mujeres pescadoras y las lavanderas mantienen ofrendas rituales a los ojos de agua, manantiales y pozas de los ríos. La figura de la Virgen del Carmen absorbió gran parte de estos atributos. La lingüística contemporánea ha documentado la persistencia del término huichaana en algunas variantes del zapoteco costeño como designación genérica de «diosa del agua» o de «sirena».

Joyce Marcus y Kent Flannery, en Zapotec Civilization (Thames & Hudson, 1996), sostuvieron que la persistencia del culto a las divinidades zapotecas prehispánicas bajo advocación católica es una de las tradiciones religiosas de mayor duración documentada en Mesoamérica: más de tres mil años si se cuenta desde los primeros indicios rituales de San José Mogote (1500 a.C.). La pareja creadora CozaanaHuichaana forma parte de este continuo ritual, que sobrevive hoy en las mayordomías bene zaa de Oaxaca.

Una mirada final

Cozaana ocupa el lugar del dios creador de la vida animal en el panteón zapoteca. Junto con Huichaana, su hermana-esposa creadora del agua, forma la pareja primordial de los bene zaa, gente de las nubes. El registro se apoya en dos fuentes coloniales fundamentales, ambas de dominicos residentes en Oaxaca: el Vocabulario en lengua çapoteca de Fray Juan de Córdova (1578) y la Geográfica descripción de Fray Francisco de Burgoa (1674). La investigación arqueológica moderna, iniciada por Alfonso Caso (1949-1952) y continuada por Joyce Marcus y Kent Flannery (1996), ha situado esta figura dentro de una larga secuencia ritual documentada durante más de dos milenios en los Valles Centrales de Oaxaca. La equivalencia con Mixcóatl mexica lo inscribe en el sistema comparativo mesoamericano, junto a las tradiciones mixteca y purépecha.

El culto pervive hoy bajo formas sincretizadas con el catolicismo en las sierras zapotecas de Oaxaca. Las mayordomías de la Sierra Norte y la Sierra Sur, las fiestas patronales de la costa y del Istmo, y las prácticas rituales asociadas a los cuerpos de agua conservan trazas identificables del culto prehispánico a la pareja creadora bene zaa, mantenidas hoy por las comunidades zapotecas contemporáneas a través de procesiones a los cerros tutelares y ofrendas rituales en manantiales, ríos y cuevas.

Preguntas frecuentes

¿Quién era Cozaana en el panteón zapoteca?

El dios creador zapoteca de la vida animal, la caza y los cazadores. Junto con Huichaana, su hermana-esposa creadora del agua y los peces, formaba la pareja creadora primordial del panteón bene zaa. Su nombre aparece por primera vez registrado por escrito en el Vocabulario en lengua çapoteca de Fray Juan de Córdova (México, 1578), primera obra lingüística sistemática sobre el idioma Diidxazá. Alfonso Caso, en Urnas de Oaxaca (INAH, 1952), lo integró en el sistema comparativo mesoamericano estableciendo paralelos con Mixcóatl mexica, cazador estelar y padre de los pueblos, dentro del patrón compartido de deidades creadoras del mundo mesoamericano.

¿Qué papel jugaba Huichaana en el panteón?

Huichaana era la hermana-esposa de Cozaana, creadora del agua, los peces y la vida marina, y complemento femenino de la pareja creadora primordial del panteón zapoteca. Recibía culto en manantiales, ríos y lagunas, especialmente en la costa oaxaqueña y en la laguna de Chacahua. La estructura de la pareja divina primordial masculino-femenino es común en Mesoamérica: los mexicas tenían a Ometecuhtli y Omecíhuatl, los mayas a Xpiyacoc y Xmucane. El culto a Huichaana pervive hoy sincretizado con la Virgen del Carmen en comunidades pescadoras del Istmo de Tehuantepec como Juchitán, Tehuantepec y Salina Cruz.

¿Cuáles son las fuentes coloniales principales sobre Cozaana?

Dos obras de dominicos oaxaqueños. Primero, el Vocabulario en lengua çapoteca de Fray Juan de Córdova (México, Pedro Balli, 1578), primera obra lingüística sistemática sobre el idioma Diidxazá, que registró el nombre del dios y numerosos términos rituales asociados. Segundo, la Geográfica descripción de la parte septentrional del polo ártico de la América de Fray Francisco de Burgoa (México, 1674), que describió con detalle la organización sacerdotal zapoteca y la persistencia del culto en cerros y cuevas pese a más de un siglo de evangelización. Ambas obras siguen siendo la referencia primaria del panteón zapoteca prehispánico.

¿Cómo se representa iconográficamente en las urnas funerarias?

La identificación positiva de Cozaana en las urnas zapotecas sigue siendo problema abierto en el americanismo. Alfonso Caso e Ignacio Bernal, en Urnas de Oaxaca (INAH, 1952), identificaron figuras antropomorfas con atributos de venado (astas, patas hendidas, pelaje estilizado) que interpretaron como representaciones del dios creador en su faceta de padre de los animales silvestres. Adam Sellen (2011), en Las tumbas zapotecas, revisó esta interpretación distinguiendo entre representaciones del dios y representaciones de sacerdotes con máscara ritual de venado, ambas atestadas en el corpus arqueológico. Ambas hipótesis siguen debatiéndose en la investigación actual sobre iconografía zapoteca.

¿Sobrevive el culto en la Oaxaca contemporánea?

Sí, bajo formas sincretizadas con el catolicismo. En la Sierra Norte (Yalálag, Villa Alta, Choapan), la Sierra Sur (Miahuatlán, Loxicha, Amatlán) y la costa del Istmo de Tehuantepec (Juchitán, Tehuantepec), las mayordomías y fiestas patronales conservan trazas identificables del culto prehispánico. San Andrés, san Bartolomé y san Miguel absorbieron atributos de Cozaana; la Virgen del Carmen, la Virgen del Rosario y la Virgen de la Candelaria absorbieron atributos de Huichaana. Julio de la Fuente documentó estos ritos sincretizados en Yalálag en la década de 1940, y Joyce Marcus y Kent Flannery (1996) los situaron dentro de una tradición ritual de más de tres mil años en los Valles Centrales de Oaxaca.

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