Omawë, el héroe cultural yanomami del fuego y las mujeres

En síntesis. Omawë (o Omam en variantes venezolanas) es el héroe cultural del panteón yanomami, hermano gemelo de Yoawë, protagonista del ciclo mítico que explica el origen del fuego, la aparición de las primeras mujeres y la enseñanza de las artes de la vida entre los primeros yanomami. Su registro etnográfico procede fundamentalmente de tres corpus sucesivos: Le Cercle des feux: Faits et dits des Indiens Yanomami del etnólogo francés Jacques Lizot (Seuil, París, 1976; ed. inglesa Cambridge University Press, 1985), obra recopilada tras casi una década de trabajo continuo del autor entre los yanomami del Alto Orinoco; el Diccionario Yanomamï-español del mismo autor (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2004), donde figura el lema etimológico de Omawë; y A queda do céu: Palavras de um xamã yanomami de Davi Kopenawa y Bruce Albert (Companhia das Letras, São Paulo, 2010; ed. española La caída del cielo, Capitán Swing, Madrid, 2022), primer testimonio yanomami de largo aliento sobre la propia tradición, escrito en primera persona por un chamán del río Toototobi. El ciclo de Omawë pervive en las narraciones ejecutadas dentro del shabono (casa comunal circular) y en las palabras del canto ashuka, mientras el pueblo yanomami afronta desde 2022 una emergencia sanitaria de gravedad excepcional por la invasión de mineros ilegales del oro (garimpeiros) en su territorio brasileño.

Origen culturalPueblo yanomami (autónimo colectivo, con variantes dialectales yanomamö en Venezuela, yanomami en Brasil, además de sanumá y yanam); familia lingüística yanomami (aislada, sin parientes reconocidos); territorio de aproximadamente 96.000 km² en la Sierra Parima, frontera entre el estado Amazonas de Venezuela y los estados de Roraima y Amazonas de Brasil; población estimada en unas 40.000 personas; residencia en shabono, casa comunal circular de planta anular con techo de paja abierto al patio central; economía de horticultura itinerante de plátano y yuca dulce, caza selvática con arco largo y pesca de río; una de las últimas grandes poblaciones amazónicas contactadas de forma sostenida, con expansión del contacto solo desde la segunda mitad del siglo XX
TipoHéroe cultural gemelo del panteón yanomami; figura primordial del ciclo mítico que explica el origen del fuego, la aparición de las primeras mujeres y la introducción de las artes de la vida entre los primeros yanomami; hermano gemelo de Yoawë, con quien forma la pareja demiúrgica central del corpus mítico; contraparte funcional en el panteón de los hekura (espíritus) y de los xapiripë (espíritus auxiliares del xapiri o chamán)
Función míticaRobo y transmisión del fuego al primer yanomami desde su celoso guardián primordial (identificado en las versiones del Alto Orinoco recogidas por Lizot 1976 con el caimán); creación de las primeras mujeres del muslo de un fruto silvestre según algunas versiones o del muslo de un ciervo según otras; enseñanza de las técnicas del shabono, del huerto itinerante, de la caza con arco largo y de la pesca con barbasco; separación y organización de los animales que hasta entonces vivían mezclados con los humanos primordiales
AtestaciónJacques Lizot, Le Cercle des feux: Faits et dits des Indiens Yanomami (Seuil, París, 1976; ed. inglesa Tales of the Yanomami: Daily Life in the Venezuelan Forest, Cambridge University Press, 1985); Jacques Lizot, Diccionario Yanomamï-español (Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2004); Davi Kopenawa y Bruce Albert, A queda do céu: Palavras de um xamã yanomami (Companhia das Letras, São Paulo, 2010; ed. española La caída del cielo, Capitán Swing, Madrid, 2022); Napoleón A. Chagnon, Yanomamö: The Fierce People (Holt, Rinehart & Winston, Nueva York, 1968; 6ª ed. Cengage, 2012); Alcida Rita Ramos, Sanumá Memories: Yanomami Ethnography in Times of Crisis (University of Wisconsin Press, Madison, 1995); Kenneth Ian Taylor, Sanumá Fauna: Prohibitions and Classifications (Fundación La Salle, Caracas, 1974)
Vigencia hoyNarración del ciclo mítico en las noches del shabono por los ancianos y por los xapiri durante los ciclos rituales; invocación del episodio del fuego en los cantos ashuka ejecutados por los chamanes tras la ingesta ritual de yakoana (polvo alucinógeno obtenido de la corteza de Virola elongata); presencia de Omawë en el discurso de Davi Kopenawa como argumento identitario frente a la invasión de los garimpeiros; enseñanza del corpus mítico en las escuelas interculturales bilingües del Territorio Yanomami del Brasil (demarcado por decreto federal de 1992 tras la campaña internacional de la Comissão Pró-Yanomami de Claudia Andujar); presencia central del ciclo en el documental A Queda do Céu de Eryk Rocha y Gabriela Carneiro da Cunha (2024)

El pueblo yanomami ocupa aproximadamente 96.000 km² de selva de piedemonte en la Sierra Parima, cordillera fronteriza entre el estado Amazonas de Venezuela y los estados de Roraima y Amazonas de Brasil. Su contacto sistemático con la sociedad envolvente es reciente: solo desde mediados del siglo XX la expansión del caucho, del oro y de las misiones religiosas rompió el aislamiento relativo del área. Cuando el etnólogo francés Jacques Lizot llegó al Alto Orinoco en 1968 y estableció su base en el shabono de Karohi-teri, encontró un corpus mítico transmitido oralmente que giraba en torno a la pareja de gemelos primordiales Omawë y Yoawë. Lizot vivió con los yanomami de forma continuada durante casi tres décadas y publicó en 1976 Le Cercle des feux, primer registro sistemático extenso del ciclo mítico yanomami disponible en una lengua europea.

El nombre Omawë figura con la variante Omam en las comunidades yanomami de Venezuela más al norte y del alto Padamo. En el Diccionario Yanomamï-español publicado por Lizot en 2004 (Universidad Central de Venezuela, Caracas), el lema remite a la raíz que designa al hermano mayor de la pareja mítica primordial: el gemelo activo, el que decide, el que trae al presente los objetos y las técnicas que faltaban en el mundo primero. Yoawë, su hermano gemelo, aparece caracterizado con rasgos complementarios: más lento, más torpe, a menudo víctima de las bromas y de las trampas del gemelo activo, pero también artífice de compensaciones necesarias. La pareja recuerda al esquema de los gemelos amerindios documentado desde el Popol Vuh maya-k’iche’ hasta los ciclos ye’kwana del alto Orinoco.

El corpus disponible sobre Omawë se ha ampliado en las últimas cinco décadas por acumulación de tres registros complementarios: la etnografía francesa de Jacques Lizot iniciada en 1968, la controvertida etnografía estadounidense de Napoleón Chagnon publicada como Yanomamö: The Fierce People (Holt, Rinehart & Winston, Nueva York, 1968) y el testimonio yanomami en primera persona de Davi Kopenawa y Bruce Albert, A queda do céu (Companhia das Letras, São Paulo, 2010). A este núcleo se suman los trabajos de Alcida Rita Ramos entre los sanumá del alto Auaris (Sanumá Memories, University of Wisconsin Press, Madison, 1995) y de Kenneth Ian Taylor sobre la clasificación etnozoológica sanumá (Sanumá Fauna, Fundación La Salle, Caracas, 1974). La confrontación entre las variantes registradas permite reconstruir el ciclo mítico de Omawë con un grado de detalle que hace medio siglo era imposible.

El héroe cultural yanomami que trajo el fuego y las mujeres

El episodio central del ciclo de Omawë es el robo del fuego. En las versiones del Alto Orinoco recogidas por Lizot (1976), el fuego pertenecía originalmente al caimán primordial, ser celoso que lo guardaba en su boca abierta y no permitía a los humanos primeros acercarse a él. Los alimentos, según estas versiones, se comían crudos, y los primeros yanomami sufrían hambre y frío durante las noches del bosque. Omawë concibió un ardid: convocó a los animales a que hicieran reír al caimán y, en el momento en que este abría la boca desmesuradamente, un pequeño pájaro le arrancó una brasa y la llevó volando a lo alto de un árbol, desde donde se transmitió al resto del mundo. El caimán quedó desde entonces sin fuego en su interior y refugiado en los ríos, y los yanomami pudieron cocinar y calentarse.

El segundo episodio fundacional es el origen de las primeras mujeres. Las versiones divergen entre las comunidades documentadas por Lizot. En una serie de relatos, Omawë encuentra por primera vez una fruta silvestre en el bosque, la abre y de ella surgen las primeras mujeres yanomami; en otra serie, el gemelo crea a las primeras mujeres del muslo de un ciervo cazado. El punto común entre ambas versiones aparece después: antes del gesto de Omawë, los primeros yanomami eran solo hombres, y la reproducción del pueblo no era posible. Omawë instala así la condición sexuada de la especie humana, y con ella la posibilidad de la descendencia y de la continuidad del pueblo yanomami.

El tercer bloque narrativo del ciclo agrupa las enseñanzas técnicas atribuidas a Omawë: la construcción del shabono circular con techo de paja abierto al patio central, la apertura del huerto itinerante donde se cultivan el plátano y la yuca dulce, la fabricación del arco largo yanomami y la técnica del barbasco para pescar en las quebradas envenenando localmente el agua. Estas técnicas, según los relatos, fueron enseñadas una por una por Omawë a los primeros hombres, mientras Yoawë intentaba a menudo reproducirlas sin conseguirlo del todo. El pueblo yanomami quedó así instalado en la condición actual: sedentario en el shabono, itinerante entre huertos, dependiente de la caza y de la horticultura mixta.

La comparación con otros héroes culturales amerindios coloca a Omawë en una constelación de figuras análogas. El robo del fuego al caimán primordial recuerda a los mitos prometeicos de los ciclos karib de la Guayana registrados por Walter E. Roth en An Inquiry into the Animism and Folk-lore of the Guiana Indians (Bureau of American Ethnology, Washington, 1908-1909) y al ciclo Kanaima pemón; la creación de las primeras mujeres tiene paralelos en las mitologías Aroteh del Alto Xingu y en los ciclos Kuwai baniwa del Alto Río Negro; la enseñanza gemela de las artes reaparece en los pares míticos del Makunaima pemón y del Amalívaca tamanaco del bajo Orinoco.

De Napoleón Chagnon (1968) a Davi Kopenawa (2010): la construcción del corpus yanomami

El corpus disponible sobre el pueblo yanomami y sobre su ciclo mítico se construyó a lo largo del siglo XX a partir de posiciones etnográficas muy distintas, con consecuencias interpretativas duraderas. La primera monografía de amplia circulación fue Yanomamö: The Fierce People del antropólogo estadounidense Napoleón A. Chagnon (Holt, Rinehart & Winston, Nueva York, 1968), basada en trabajo de campo iniciado en 1964 en comunidades yanomami del Alto Orinoco venezolano. Chagnon presentó al pueblo yanomami como un caso etnográfico de sociedad de guerra endémica, con altos índices de violencia intercomunitaria, incursiones armadas contra otros shabono y raptos de mujeres. La obra se convirtió en manual universitario de referencia durante décadas y se reeditó seis veces hasta 2012.

La lectura de Chagnon fue impugnada desde comienzos de los años setenta. El etnólogo francés Jacques Lizot, que había llegado al Alto Orinoco en 1968 procedente del Laboratoire d’anthropologie sociale del Collège de France dirigido por Claude Lévi-Strauss, publicó en 1976 Le Cercle des feux con un enfoque radicalmente distinto: relatos recogidos textualmente, atención a la vida cotidiana del shabono, densidad de detalle sobre las relaciones de parentesco, sobre los ciclos rituales del rerebo (ceremonia funeraria) y sobre el corpus mítico organizado en torno a la pareja de gemelos Omawë y Yoawë. Lizot dedicó a su diccionario yanomami cerca de tres décadas de trabajo continuo, publicándolo finalmente en 2004 en la Universidad Central de Venezuela.

El giro decisivo del corpus yanomami se produce en 2010 con la publicación de A queda do céu: Palavras de um xamã yanomami (Companhia das Letras, São Paulo), escrito por el chamán yanomami del río Toototobi Davi Kopenawa en colaboración con el antropólogo francés Bruce Albert. La edición española apareció en 2022 en Capitán Swing con el título La caída del cielo. La obra es el primer testimonio yanomami de largo aliento sobre la propia tradición redactado en primera persona por un chamán en activo, y ha modificado de forma radical el modo en que se estudia el corpus yanomami: los relatos del ciclo de Omawë ya no aparecen mediados solo por la mirada etnográfica externa, sino contados por un especialista ritual desde el interior de la propia práctica xapiri.

Kopenawa describe con detalle en La caída del cielo el papel del polvo alucinógeno de yakoana, obtenido de la corteza de Virola elongata, en el acceso ritual del xapiri al mundo de los hekura y de los xapiripë, los espíritus auxiliares que descienden al pecho del chamán durante las sesiones curativas. En este marco ritual se actualizan las palabras del canto ashuka, mediante el cual el xapiri recita fragmentos del ciclo mítico de Omawë. La ejecución del ashuka convierte el episodio del robo del fuego, de la aparición de las primeras mujeres o de la enseñanza del shabono en un dispositivo curativo eficaz para el paciente presente: el chamán reactualiza el gesto fundador de Omawë y con él el orden del mundo yanomami. La memoria mítica queda inscrita en la práctica ritual concreta del xapiri.

La emergencia sanitaria yanomami 2022-2024 y el discurso de Kopenawa contra los garimpeiros

El Territorio Yanomami del Brasil fue demarcado por decreto federal en 1992 tras una campaña internacional impulsada durante la década anterior por la Comissão Pró-Yanomami (CCPY), organización dirigida por la fotógrafa suizo-brasileña Claudia Andujar en colaboración con Bruce Albert y con líderes yanomami como Davi Kopenawa. La demarcación cubrió aproximadamente 96.000 km² a ambos lados del río Uraricoera, del río Mucajaí y del río Toototobi. Durante los años ochenta, la incursión masiva de mineros del oro brasileños había provocado ya una crisis sanitaria devastadora: los mineros introdujeron paludismo, sarampión y otras enfermedades a las que los yanomami no tenían inmunidad, y se estima que hasta un 20 % de la población falleció entre 1987 y 1990.

La demarcación de 1992 no eliminó la presión minera. A partir de 2018 la invasión ilegal de garimpeiros se intensificó de nuevo, y hacia 2022 se estimaban en unos 20.000 los mineros ilegales operando dentro del Territorio Yanomami del Brasil, con contaminación por mercurio de los ríos, destrucción de zonas de caza y transmisión intensiva de enfermedades. En enero de 2023, tras las denuncias reiteradas de Davi Kopenawa y de la Hutukara Associação Yanomami, el gobierno federal brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva declaró el estado de emergencia sanitaria en el territorio y lanzó una operación federal para la expulsión de los garimpeiros y la asistencia médica a las comunidades. Las imágenes de niños yanomami en situación de desnutrición severa recorrieron la prensa internacional durante los primeros meses de 2023.

En el discurso público de Davi Kopenawa, la figura mítica de Omawë ha adquirido durante estos años un papel argumentativo específico. En intervenciones recogidas en A queda do céu y en entrevistas posteriores a la publicación del libro, Kopenawa recurre al ciclo del robo del fuego como memoria fundadora de un orden anterior a la llegada de los napë (los blancos, los forasteros). Los garimpeiros, en su lectura, son la reencarnación contemporánea de los seres primordiales que aún no habían sido civilizados por Omawë: seres que arrancan sin dar, que toman sin devolver, que rompen la reciprocidad instalada por el héroe cultural en el tiempo del origen.

La Hutukara Associação Yanomami, fundada en 2004 en Boa Vista (Roraima) bajo la presidencia de Davi Kopenawa, publica desde entonces informes anuales sobre el estado del Territorio Yanomami del Brasil, con datos precisos sobre invasiones, mercurio en los ríos y mortalidad infantil. El informe de 2022 documentó un incremento del 3.350 % de la deforestación por minería ilegal dentro del territorio yanomami entre 2016 y 2020, con foco en la cuenca del Mucajaí y en las inmediaciones del Palimiú, y sirvió de base técnica para la declaración de emergencia sanitaria de enero de 2023. La colaboración documental sostenida entre Bruce Albert y los líderes yanomami desde los años ochenta, en paralelo con el trabajo fotográfico de Claudia Andujar, ha dado a la Hutukara una capacidad de interlocución con el Estado brasileño sin equivalente en otras asociaciones indígenas amazónicas.

El documental A Queda do Céu dirigido por Eryk Rocha y Gabriela Carneiro da Cunha (2024), estrenado en el Festival de Cannes en la sección Cannes Première, sigue el itinerario ritual de Davi Kopenawa a través de comunidades yanomami del río Demini y del río Toototobi. La cámara registra sesiones del canto ashuka, cantos rituales dedicados a Omawë y a los hekura, y las conversaciones entre chamanes sobre la crisis presente. El ciclo mítico del héroe cultural aparece en el documental como recurso activo de resistencia: los yanomami del Toototobi actualizan la memoria del gesto fundador de Omawë para pensar el momento presente de invasión y sobrevivencia. La conversación con otros ciclos amazónicos análogos, como los del Jurupari del Alto Río Negro o del Curupira tupí-guaraní, sitúa a Omawë dentro de un patrón amazónico compartido de héroes primordiales invocados en las crisis contemporáneas.

Lo que permanece

Omawë sigue siendo la figura central del ciclo mítico yanomami tras casi seis décadas de registro etnográfico continuo. El robo del fuego al caimán primordial, la aparición de las primeras mujeres del muslo de un ciervo o de un fruto silvestre y la enseñanza de las artes del shabono son los tres episodios que sostienen la narración tradicional recogida por Jacques Lizot desde 1968 y transmitida oralmente en los cientos de shabono distribuidos por la Sierra Parima. El testimonio de Davi Kopenawa publicado en 2010 y traducido al español en 2022 ha convertido al ciclo de Omawë en un texto accesible en primera persona por un chamán en activo, un cambio de estatuto documental sin precedentes en la antropología amazónica reciente.

La invocación del ciclo en los cantos ashuka ejecutados por los xapiri tras la ingesta ritual de yakoana, la enseñanza del corpus en las escuelas interculturales bilingües del Territorio Yanomami del Brasil demarcado en 1992 y la centralidad del episodio del fuego en el discurso público de Davi Kopenawa frente a la invasión de los garimpeiros desde 2022 confirman una vigencia ritual y política sostenida. El corpus yanomami continúa siendo transmitido en los shabono del Alto Orinoco y del alto río Toototobi, y el ciclo de Omawë sigue funcionando como memoria fundadora del pueblo.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Omawë en el panteón yanomami?

Omawë (o Omam en variantes venezolanas) es el héroe cultural del panteón yanomami, hermano gemelo de Yoawë y protagonista del ciclo mítico que explica el origen del fuego, la aparición de las primeras mujeres y la enseñanza de las artes de la vida entre los primeros yanomami. Su registro etnográfico procede fundamentalmente de Jacques Lizot en Le Cercle des feux (Seuil, París, 1976) y del testimonio de Davi Kopenawa y Bruce Albert en La caída del cielo (Companhia das Letras, São Paulo, 2010; ed. española Capitán Swing, Madrid, 2022).

¿En qué consiste el episodio del robo del fuego atribuido a Omawë?

Según las versiones del Alto Orinoco recogidas por Jacques Lizot en Le Cercle des feux (Seuil, París, 1976), el fuego pertenecía originalmente al caimán primordial, que lo guardaba celosamente en su boca abierta. Omawë concibió un ardid: convocó a los animales a hacer reír al caimán y, en el momento en que este abría la boca desmesuradamente, un pequeño pájaro le arrancó una brasa y la llevó volando a lo alto de un árbol. Desde entonces los yanomami pudieron cocinar sus alimentos y calentarse por las noches del bosque.

¿Qué diferencia hay entre las etnografías yanomami de Chagnon (1968), Lizot (1976) y Kopenawa (2010)?

La monografía de Napoleón Chagnon Yanomamö: The Fierce People (Holt, Rinehart y Winston, Nueva York, 1968) presentó al pueblo yanomami como un caso etnográfico de sociedad de guerra endémica; el enfoque fue muy criticado desde los años setenta. Jacques Lizot publicó en 1976 Le Cercle des feux tras casi una década de trabajo continuo en el Alto Orinoco, con relatos textuales y atención al ciclo mítico. En 2010 Davi Kopenawa y Bruce Albert publicaron A queda do céu, primer testimonio yanomami en primera persona por un chamán en activo, ed. española La caída del cielo (Capitán Swing, Madrid, 2022).

¿Qué es la emergencia sanitaria yanomami declarada en enero de 2023?

La emergencia declarada por el gobierno federal brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva en enero de 2023 respondió a la invasión ilegal de aproximadamente 20.000 mineros del oro (garimpeiros) en el Territorio Yanomami del Brasil, demarcado por decreto federal en 1992. La contaminación por mercurio de los ríos, la destrucción de zonas de caza y la transmisión intensiva de enfermedades habían provocado desnutrición severa y muertes evitables. La operación federal expulsó a los mineros y estableció asistencia médica en las comunidades del río Uraricoera, del Mucajaí y del Toototobi tras años de denuncias sostenidas de Davi Kopenawa.

¿Sigue vigente el ciclo de Omawë en el siglo XXI?

Sí. El ciclo de Omawë se sigue narrando en los shabono del Alto Orinoco venezolano y del Territorio Yanomami del Brasil, y se invoca en los cantos ashuka ejecutados por los xapiri tras la ingesta ritual de yakoana obtenido de la corteza de Virola elongata. Desde la década de 1990 el corpus mítico se enseña en las escuelas interculturales bilingües del territorio brasileño demarcado en 1992. El documental A Queda do Céu de Eryk Rocha y Gabriela Carneiro da Cunha (2024) registra sesiones rituales dedicadas a Omawë y a los hekura en comunidades del río Demini y del Toototobi.

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