Sajama, el apu volcán supremo del altiplano aimara boliviano

En breve. El Sajama —también llamado Nevado Sajama o Volcán Sajama— es un estratovolcán inactivo de 6.542 metros de altitud situado en el departamento de Oruro (Bolivia), en la Cordillera Occidental de los Andes bolivianos, y es la montaña más alta del país. Es el achachila supremo del reino aimara occidental de los Carangas, culto pre-inca continuado desde aproximadamente el año 1000 de nuestra era hasta el presente en los ayllus del altiplano orureño. Su etimología aimara, documentada por Ludovico Bertonio en el Vocabulario de la lengua aymara (Chucuito, 1612), significa «el que se va» o «el ausente», y su silueta cónica domina el altiplano occidental fronterizo con Chile. El Parque Nacional Sajama, creado por Decreto Ley 133 del 2 de agosto de 1939 durante la presidencia de Germán Busch, es el parque nacional más antiguo de Bolivia y protege los bosques de keñua (Polylepis tarapacana) más altos del mundo, con ejemplares por encima de los 5.000 metros de altitud, junto a los chullpares aimaras pre-incas de Macaya, Guallatiri y Sajama Pueblo.

Origen culturalPueblos aimara (autónimo jaqi) del altiplano occidental boliviano, específicamente del reino de los Carangas (aproximadamente 1000-1470 d.C.); comunidades contemporáneas del departamento de Oruro, provincia Sajama, municipio de Curahuara de Carangas; culto extendido al departamento de La Paz, al altiplano puneño peruano y al norte chileno actual; asimilado por los incas al conquistar el Kollasuyu hacia 1470
TipoAchachila supremo del ámbito aimara occidental boliviano; estratovolcán inactivo de 6.542 metros y montaña más alta de Bolivia; equivalente al apu del sistema quechua peruano; centro del complejo Payachatas que incluye a los volcanes Parinacota (6.348 m) y Pomerape (6.282 m) en la frontera Chile-Bolivia
Función míticaPresidir el sistema de montañas sagradas del altiplano occidental; regular las lluvias, los ciclos agrícolas y los pastos de camélidos de las comunidades a sus pies; recibir ch’allas rituales cada 1º de agosto en la fiesta anual del pago a la pachamama; ordenar las relaciones entre humanos, ancestros y territorio en los ayllus de la provincia Sajama
AtestaciónLudovico Bertonio, Vocabulario de la lengua aymara (Chucuito, 1612), entrada específica; Ramos Gavilán, Historia del célebre santuario de Nuestra Señora de Copacabana (Lima, 1621); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653); Thérèse Bouysse-Cassagne, Lluvias y cenizas: dos Pachacuti en la historia (Hisbol, La Paz, 1988); Nathan Wachtel, Le retour des ancêtres (Gallimard, París, 1990); Xavier Albó, Los aymaras dentro de la sociedad boliviana (CIPCA, La Paz, 1985); Cristina Rojas Vera, Los aymaras de Sajama (Hisbol, La Paz, 2000); Marcel Bermann, Denis Michelet y Julio Villavicencio, estudios sobre chullpares Sajama (1990); Herbert S. Klein, Bolivia: The Evolution of a Multi-Ethnic Society (Oxford University Press, 1982); UNESCO 2001 (Carnaval de Oruro); Decreto Ley 133 del 2 de agosto de 1939 (creación del Parque Nacional Sajama); SERNAP, Plan de Manejo del Parque Nacional Sajama (2003)
Vigencia hoyCulto vivo en aproximadamente 1.500 personas aimaras carangas de los ayllus de la provincia Sajama; ch’alla colectiva cada 1º de agosto en la apertura del año agrícola; sincretismo con la Virgen del Socavón del Carnaval de Oruro (Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial UNESCO 2001); ~100.000 hectáreas protegidas como Parque Nacional Sajama con bosques de keñua endémicos; escalada anual de andinistas nacionales e internacionales bajo permiso comunitario

El altiplano occidental de Bolivia es un territorio de contrastes extremos. A entre 3.700 y 4.500 metros de altitud, entre la Cordillera Occidental y las llanuras salinas del sur boliviano, el paisaje se organiza en torno a unos pocos macizos volcánicos que sobresalen bruscamente sobre la meseta y funcionan como referencias absolutas para las comunidades aimara que lo habitan desde antes del imperio inca. La cumbre principal es el Sajama, un estratovolcán inactivo de 6.542 metros situado en el departamento de Oruro, provincia Sajama, en el municipio de Curahuara de Carangas. Su silueta cónica es visible desde más de doscientos kilómetros de distancia, y en días despejados se distingue con nitidez desde el altiplano peruano de Puno y desde la región chilena de Arica y Parinacota. Es la montaña más alta de Bolivia por encima del Nevado Illimani: el Sajama es el techo del país.

En el sistema aimara del altiplano boliviano, las montañas nevadas no son elementos del paisaje sino sujetos ceremoniales con nombre, jerarquía y biografía ritual. Se llaman achachila —forma respetuosa que significa literalmente «abuelo»— y son equivalentes a los apu del ámbito quechua peruano descrito en Apus o al gran achachila boliviano descrito en Achachila aimara. Cada achachila tiene un ámbito ritual reconocido por las comunidades a sus pies, recibe ofrendas periódicas en fechas fijas del calendario agrícola y regula los ciclos hidráulicos y climáticos de su territorio. El Sajama es el achachila supremo del altiplano occidental boliviano, jerarquía que le reconocen todas las marka aimaras de la región desde antes del imperio inca y que ha llegado documentada hasta el presente por cronistas coloniales, viajeros del siglo XIX y etnógrafos del siglo XX.

El Sajama reúne todas las características que definen a un achachila supremo en el sistema aimara: altitud extrema (6.542 metros lo sitúan como el punto más alto de Bolivia y uno de los estratovolcanes más altos del mundo), visibilidad desde grandes distancias (lo ven simultáneamente los altiplanos boliviano, peruano y chileno), presencia glaciar permanente en su cumbre pese al retroceso acelerado de las últimas décadas, ubicación en el nudo geográfico donde se cruzan las jurisdicciones rituales históricas de la nación Carangas y culto documentado desde el siglo XVII hasta hoy. El Parque Nacional Sajama, creado por Decreto Ley 133 del 2 de agosto de 1939, es el primer parque nacional de Bolivia y protege un ecosistema único en el planeta: los bosques de keñua (Polylepis tarapacana) que crecen en las laderas del volcán por encima de los 5.000 metros de altitud, considerados los bosques más altos del mundo.

El volcán supremo del altiplano aimara occidental boliviano

El culto al Sajama es anterior al imperio inca. Los estudios arqueológicos de la región de Carangas, realizados desde los años 1980 por investigadores bolivianos y franceses, han identificado sitios ceremoniales pre-incas en varios puntos del macizo del Sajama y de la altiplanicie occidental circundante, atribuidos a las culturas locales del Intermedio Tardío aimara (aproximadamente 1000-1470 d.C.). Los trabajos de Marcel Bermann, Denis Michelet y Julio Villavicencio publicados a partir de 1990 documentaron los conjuntos de torres funerarias (chullpas) de Macaya, Guallatiri y Sajama Pueblo, sistemas rituales aimaras tempranos con arquitectura funeraria específica y ajuar cerámico distintivo. Los chullpares aimaras son elementos del paisaje sagrado organizado en torno al Sajama, y su presencia arqueológica indica la profundidad histórica del culto al achachila mucho antes de la conquista incaica del Kollasuyu.

Cuando los incas consolidaron el Kollasuyu hacia 1470, incorporaron el culto al Sajama a su propio sistema ceremonial, integrándolo con la red imperial de huaca que se extendía desde el Cusco hasta las tierras aimaras del sur. La estrategia imperial habitual —bien descrita por R. Tom Zuidema para el caso cusqueño y por Thérèse Bouysse-Cassagne para el caso aimara— consistió en respetar los cultos locales dominantes e incluirlos jerárquicamente en la red ritual del imperio, con protocolos de ofrenda coordinados desde el Cusco. El Sajama fue uno de los grandes achachila del Kollasuyu, junto con el Illampu, el Nevado Illimani descrito en Apus y el Tunupa descrito en Tunupa. El culto aimara al volcán se mantuvo activo bajo la administración imperial inca sin sustitución de los sacerdotes locales.

La primera documentación escrita del culto pertenece al jesuita italiano Ludovico Bertonio, que en su Vocabulario de la lengua aymara publicado en Chucuito en 1612 —obra fundacional de la lingüística aimara y una de las gramáticas más importantes de la lingüística americana colonial— registra la palabra Sajama en una entrada específica. Bertonio, que había pasado dos décadas en las tierras aimaras del altiplano puneño y boliviano y que conocía en profundidad la lengua aimara, propone la etimología «el que se va» o «el ausente» —del verbo aimara saraña que significa «irse» o «alejarse»— y explica que el nombre alude a la sensación óptica de retroceso que produce la cumbre cuando el viajero se le acerca desde el altiplano: pese al avance, el Sajama parece alejarse por efecto de la perspectiva atmosférica de alta montaña. Otras etimologías propuestas posteriormente por lingüistas y etnógrafos incluyen «el fuerte» o «el poderoso», pero la lectura de Bertonio sigue siendo la referencia académica principal.

Después de la conquista española de 1533 y del colapso institucional del sistema imperial inca, el culto al Sajama sobrevivió como culto local de las comunidades aimaras carangas del altiplano occidental. Ramos Gavilán lo menciona indirectamente en su Historia del célebre santuario de Nuestra Señora de Copacabana (Lima, 1621) al describir los cultos aimaras del ámbito lacustre del Titicaca y las montañas circundantes. Bernabé Cobo, en su Historia del Nuevo Mundo completada hacia 1653, sistematiza los cultos aimaras coloniales del altiplano y confirma la vigencia del culto al Sajama tras más de un siglo de evangelización cristiana. La persistencia ritual del culto al gran achachila es un hecho etnohistórico continuado, y contrasta con la desaparición institucional de las grandes divinidades del panteón inca central como Wiracocha descrito en Wiracocha o Inti descrito en Inti dios, cuyo culto público sí fue eliminado por las autoridades coloniales.

El Parque Nacional Sajama (1939) y los bosques de keñua más altos del mundo

El Parque Nacional Sajama fue creado por Decreto Ley 133 del 2 de agosto de 1939, promulgado durante la presidencia de Germán Busch, y es el parque nacional más antiguo de Bolivia. La superficie protegida ocupa aproximadamente cien mil hectáreas en el departamento de Oruro, provincia Sajama, en la frontera con la región chilena de Arica y Parinacota. El decreto fundacional se promulgó en un contexto de reforma institucional del Estado boliviano que buscaba dotar al país de una red de áreas protegidas equivalente a la que Argentina y Chile ya habían establecido en sus respectivos territorios andinos. La justificación específica para el Sajama combinó tres elementos: la altitud excepcional del volcán como monumento natural, la presencia de los bosques endémicos de keñua como patrimonio botánico único, y el valor cultural del sitio para las comunidades aimaras carangas que lo habitan desde hace milenios.

Los bosques de keñua (Polylepis tarapacana) que crecen en las laderas del Sajama son un fenómeno ecológico único en el mundo. La especie Polylepis tarapacana, endémica del altiplano andino occidental, es el árbol capaz de vivir a mayor altitud en el planeta: los ejemplares del Sajama alcanzan los 5.200 metros de altitud, un récord absoluto para las formaciones forestales terrestres. Los rodales son bosques abiertos de troncos retorcidos por el viento constante y la temperatura extrema, con hojas pequeñas y cortezas exfoliantes de color rojizo que dan a la especie su nombre popular (keñua proviene del quechua qiwna, que alude al color amarillento de la madera cortada). Los estudios ecológicos del Herbario Nacional de Bolivia y de la Universidad Mayor de San Andrés han documentado la biodiversidad asociada a los bosques de keñua del Sajama: comunidades de aves endémicas, poblaciones de vizcachas y chinchillas de altura, vicuñas silvestres protegidas y un cortejo botánico particular de líquenes y musgos alpinos adaptados al frío extremo.

Los chullpares aimaras pre-incas del Parque Nacional Sajama son uno de los conjuntos arqueológicos más importantes del altiplano boliviano occidental. Las torres funerarias, construidas con piedra basáltica local y algunos ejemplares decorados con estuco polícromo, se distribuyen en tres áreas principales dentro del parque: el conjunto de Macaya al sur del volcán, el conjunto de Guallatiri al oeste hacia la frontera chilena, y el conjunto de Sajama Pueblo al norte. Los estudios de Bermann, Michelet y Villavicencio a partir de 1990 dataron los conjuntos entre los años 500 y 1450 d.C., con una fase de máxima ocupación entre 1000 y 1200 d.C. correspondiente a la consolidación de la nación Carangas como entidad política aimara autónoma. La función funeraria de las chullpas se combinaba con función ceremonial: eran sitios de comunicación entre los muertos ancestros y los vivos, y su ubicación al pie del Sajama subraya la centralidad del gran achachila en el paisaje sagrado aimara pre-inca.

La gestión contemporánea del Parque Nacional Sajama es responsabilidad del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP) del Estado boliviano, que en 2003 publicó el Plan de Manejo del Parque Nacional Sajama elaborado en consulta con las comunidades aimaras del territorio. El plan reconoce formalmente la doble condición del parque como espacio protegido de conservación ecológica y como territorio ancestral de las comunidades carangas, y establece protocolos de gestión compartida que respetan los ciclos ceremoniales tradicionales y el uso comunitario de pastos, aguas y bosques de keñua. Las comunidades del parque —aproximadamente 1.500 personas aimaras distribuidas en cuatro cantones tradicionales— mantienen actividades pastoralistas de camélidos (llamas, alpacas y vicuñas silvestres), agricultura de altura con cultivos de quinua y papa amarga, y participación creciente en el turismo cultural asociado al ascenso del volcán y a las peregrinaciones anuales al achachila. La construcción tradicional aimara con techos de paja brava y muros de piedra basáltica sigue predominando en el poblado de Sajama, cabecera cantonal del parque, y las aguas termales de Manasaya, situadas al pie del volcán y utilizadas ritualmente desde época pre-inca, forman parte del circuito ceremonial y turístico del territorio protegido.

El culto contemporáneo y el complejo Payachatas Sajama-Parinacota-Pomerape

Los volcanes Parinacota (6.348 metros) y Pomerape (6.282 metros) son dos gemelos volcánicos casi perfectamente simétricos situados en la frontera Chile-Bolivia, aproximadamente cincuenta kilómetros al noroeste del Sajama. En el sistema aimara del altiplano occidental, los tres volcanes forman el complejo Payachatas —del aimara paya («dos») y chata («gemelos» o «hermanos»), extendido a la tríada—, una unidad ritual continua que abarca las jurisdicciones aimaras de la nación Carangas boliviana y de las comunidades aimaras del norte chileno actualmente ubicadas en la región de Arica y Parinacota. Los tres volcanes son achachila con nombre y jerarquía propios, y su relación mítica es descrita por las tradiciones orales como una relación familiar: Parinacota y Pomerape son los hijos, los hermanos o los guardianes menores del Sajama, que preside el complejo desde su altitud superior.

Las etnografías aimaras del siglo XX documentaron el sistema ceremonial vivo del complejo Payachatas. Thérèse Bouysse-Cassagne, en su obra fundamental Lluvias y cenizas: dos Pachacuti en la historia (Hisbol, La Paz, 1988), sistematizó el conjunto de fuentes coloniales tempranas sobre los cultos aimaras del altiplano y estableció el marco de análisis histórico que sigue siendo referencia académica principal. Nathan Wachtel, en Le retour des ancêtres (Gallimard, París, 1990; edición española del Fondo de Cultura Económica 2001), realizó trabajo etnográfico prolongado en las comunidades aimaras carangas del ámbito del Sajama y del complejo Payachatas, y describió con detalle los rituales anuales de ofrenda al achachila que las comunidades continúan practicando cada 1º de agosto en la apertura del año agrícola andino. Xavier Albó, jesuita catalán radicado en Bolivia desde los años 1960 y fundador del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), ha publicado desde La Paz numerosos trabajos sobre el mundo aimara contemporáneo que documentan la vigencia del culto al Sajama en las comunidades del departamento de Oruro, entre ellos Los aymaras dentro de la sociedad boliviana (CIPCA, La Paz, 1985).

El ritual del 1º de agosto —fecha central del calendario aimara boliviano— consiste en una ch’alla colectiva coordinada por los yatiris de cada comunidad. La ch’alla es una libación ritual de alcohol de caña (aguardiente) sobre la tierra, acompañada de la quema de un despacho —paquete ceremonial preparado con hojas de coca, sebo de llama, semillas, tejidos rituales y elementos simbólicos específicos según la ocasión— y de la elevación de plegarias al achachila. La fiesta abre el mes ritualmente cargado de agosto, que en el sistema aimara es considerado el mes del pago a la pachamama y a los achachila, cuando la tierra «está abierta» para recibir ofrendas y las comunidades reactualizan su pacto ritual con las fuerzas del paisaje. El yatiri es el especialista ritual aimara equivalente al paqo quechua descrito en Ausangate, y su formación combina conocimiento de hierbas medicinales, técnicas adivinatorias con hojas de coca y comunicación con los achachila mayores del territorio.

El sincretismo colonial del culto al Sajama se manifiesta con particular intensidad en la ciudad de Oruro, capital del departamento de Oruro, situada aproximadamente doscientos kilómetros al este del volcán. El Carnaval de Oruro —inscrito por la UNESCO en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad— tiene como centro ceremonial la advocación de la Virgen del Socavón, cuyo santuario está integrado en un antiguo denuncio minero de la ciudad. El culto colonial a la Virgen del Socavón, atestiguado desde el siglo XVIII, se superpuso al culto pre-inca al achachila del Sajama y a otras deidades aimaras del altiplano occidental sin sustituirlo. Las danzas del carnaval —Diablada, Morenada, Caporales, Kullawada, Tobas, Suri Sicuri— combinan iconografía cristiana con elementos del panteón aimara, y la peregrinación anual al santuario del Socavón se coordina calendariamente con los ciclos rituales tradicionales del año agrícola aimara. La devoción a la pachamama descrita en Pachamama y al Ekeko, el pequeño dios de la abundancia aimara documentado en Ekeko, forma parte del mismo complejo religioso mestizo boliviano contemporáneo.

Para terminar

El culto al Sajama llega al siglo XXI transformado por varias presiones históricas sucesivas: la conquista inca que lo integró al Kollasuyu hacia 1470 sin desplazar el culto local, la evangelización colonial española que lo obligó a coexistir con la devoción cristiana en el complejo mestizo boliviano contemporáneo, la creación del Parque Nacional Sajama en 1939 que lo convirtió en objeto de gestión estatal ecológica y patrimonial, y el cambio climático contemporáneo que amenaza los glaciares de la cumbre y los bosques endémicos de keñua. Ninguna de esas presiones ha extinguido el culto: las comunidades aimaras carangas de la provincia Sajama siguen realizando la ch’alla colectiva cada 1º de agosto, los yatiris mantienen la formación ritual tradicional, el Carnaval de Oruro reactualiza cada febrero la memoria del gran achachila en su versión sincrética, y el ascenso del volcán por andinistas nacionales e internacionales se realiza bajo permiso de las comunidades tradicionales del territorio. El Sajama mantiene su lugar central junto al Illampu, al Nevado Illimani descrito en Apus, al Tunupa descrito en Tunupa y a otros grandes achachila del altiplano boliviano en el sistema ritual aimara documentado hasta el presente.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Sajama?

El Sajama es un estratovolcán inactivo de 6.542 metros de altitud situado en el departamento de Oruro (Bolivia), en la Cordillera Occidental de los Andes bolivianos, y es la montaña más alta del país. Es el achachila supremo del reino aimara occidental de los Carangas, culto pre-inca continuado hasta el presente en los ayllus del altiplano orureño. Su etimología aimara, documentada por Ludovico Bertonio en 1612, significa «el que se va» o «el ausente».

¿Qué es un achachila en el sistema aimara?

Un achachila es una montaña nevada sagrada del sistema aimara boliviano, equivalente al apu del ámbito quechua peruano. La palabra achachila significa literalmente «abuelo» en lengua aimara y designa a las montañas como sujetos ceremoniales con nombre, jerarquía y biografía ritual. Cada achachila tiene un ámbito ritual reconocido por las comunidades a sus pies, recibe ofrendas periódicas y regula los ciclos hidráulicos y climáticos de su territorio. El Sajama es el achachila supremo del altiplano occidental.

¿Qué es el Parque Nacional Sajama?

El Parque Nacional Sajama fue creado por Decreto Ley 133 del 2 de agosto de 1939 durante la presidencia de Germán Busch, y es el parque nacional más antiguo de Bolivia. Ocupa aproximadamente cien mil hectáreas en el departamento de Oruro, provincia Sajama, y protege los bosques de keñua (Polylepis tarapacana) más altos del mundo, con ejemplares que alcanzan los 5.200 metros de altitud, junto a los chullpares aimaras pre-incas de Macaya, Guallatiri y Sajama Pueblo, datados entre los años 500 y 1450 de nuestra era.

¿Qué es el complejo Payachatas?

El complejo Payachatas —del aimara paya («dos») y chata («gemelos» o «hermanos»)— está formado por los volcanes Parinacota (6.348 metros) y Pomerape (6.282 metros), dos gemelos volcánicos casi perfectamente simétricos situados en la frontera Chile-Bolivia, aproximadamente cincuenta kilómetros al noroeste del Sajama. En el sistema aimara son achachila con nombre propio, hijos o hermanos del Sajama que preside el complejo desde su altitud superior. Forman una unidad ritual continua entre la nación Carangas boliviana y las comunidades aimaras del norte chileno.

¿Qué relación tiene el Sajama con el Carnaval de Oruro?

El Carnaval de Oruro —inscrito por la UNESCO en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad— tiene como centro ceremonial la advocación de la Virgen del Socavón, cuyo culto colonial atestiguado desde el siglo XVIII se superpuso al culto pre-inca al achachila del Sajama y a otras deidades aimaras del altiplano occidental sin sustituirlo. Las danzas del carnaval —Diablada, Morenada, Caporales, Kullawada, Tobas, Suri Sicuri— combinan iconografía cristiana con elementos del panteón aimara heredados de las comunidades del departamento de Oruro.

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