Chicomecóatl, la diosa mexica del maíz maduro y las mazorcas

En breve. Chicomecōātl (‘7 Serpiente’, del calendario adivinatorio tonalpohualli) es la diosa mexica del maíz maduro y de la fertilidad agrícola en el panteón de los mēxihcah de Mēxihco-Tenōchtitlan (capital fundada en 1325 d.C. sobre un islote del lago de Texcoco y caída ante Hernán Cortés en agosto de 1521). Fray Bernardino de Sahagún la describe en el Códice Florentino (redacción culminada hacia 1577, ed. moderna Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, Conaculta, México, 2000) como la deidad de cintli (maíz maduro), tlaolli (grano seco) y pinolli (harina de maíz tostado), patrona del sustento y de la cosecha, hermana mayor del gradiente etario del maíz que completan Xilonen (elote joven), Centeotl (dios del maíz general, aspecto joven-masculino), Ilamatecuhtli (‘Señora Vieja’, mazorca vieja) y Chicomexōchitl (‘7 Flor’, aspecto masculino del ciclo). Su fiesta central era Huey Tozoztli (‘Gran Vigilia’, mes III del xiuhpohualli de 365 días, correspondiente aproximadamente a abril-mayo del calendario juliano), documentada por Sahagún en el libro II capítulos 22 y 27 del Códice Florentino y ampliada por fray Diego Durán en la Historia de las Indias de Nueva España (~1581, ed. Ángel María Garibay, Porrúa, México, 1967). El sincretismo colonial la asoció con la Virgen bajo distintas advocaciones marianas en Puebla, Veracruz, Oaxaca y Guerrero, donde los rituales agrícolas del maíz siguen invocando figuras identificables con el ciclo ChicomecōātlXilonen.

Origen culturalPueblo mēxihcah (mexica o azteca) de Mēxihco-Tenōchtitlan, capital imperial fundada en 1325 d.C. sobre un islote del lago de Texcoco en la cuenca de México; hablantes de náhuatl (lengua uto-azteca meridional) y herederos del sustrato religioso tolteca-teotihuacano al que sumaron el desarrollo propio de los siglos XIV y XV bajo los huey tlatoani Acamapichtli, Huitzilíhuitl, Chimalpopoca, Itzcóatl, Moctezuma I, Axayácatl, Tízoc, Ahuítzotl y Moctezuma II; sistema calendárico dual con tonalpohualli adivinatorio de 260 días (13×20) y xiuhpohualli solar de 365 días (18×20 + 5 nemontemi) engranados en el ciclo de 52 años del xiuhmolpilli; economía intensiva de chinampas (parcelas cultivadas sobre el lago), agricultura de maíz, frijol, calabaza, chile y amaranto, complementada con tributo de las provincias sujetas; caída de Tenōchtitlan ante Hernán Cortés y los aliados tlaxcaltecas el 13 de agosto de 1521, seguida de la evangelización franciscana desde 1524 y del registro etnográfico sahaguntino a partir de 1547; descendientes contemporáneos identificados como nahuas en Estado de México, Ciudad de México, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Veracruz, Guerrero, Hidalgo, San Luis Potosí y Oaxaca, con aproximadamente 1.725.000 hablantes de náhuatl según el Censo INEGI 2020, siendo la lengua indígena con más hablantes de México
TipoDiosa mexica del maíz maduro, del sustento y de la fertilidad agrícola; su nombre Chicomecōātl significa literalmente ‘7 Serpiente’ (chicome ‘siete’ + cōātl ‘serpiente’) y remite al signo calendárico tonalpohualli bajo el que se ubica su fiesta y su regencia; forma parte de un gradiente etario del maíz junto con Xilonen (elote joven), Centeotl (aspecto joven-masculino del dios del maíz), Ilamatecuhtli o Cihuacōātl-Ilama (‘Señora Vieja’, mazorca vieja o último grano) y Chicomexōchitl (‘7 Flor’, aspecto masculino del ciclo del maíz); iconografía sahaguntina fija: mujer joven con mazorcas dobles de maíz en ambas manos, tocado de papel almidonado con abanicos de plumas de quetzal y cintas de algodón, vestido rojo con cenefas de chalchihuitl (jade), sonaja ritual de calabaza (ayacaxtli) y cara pintada de rojo; comparable en el corpus mesoamericano con Cocijo zapoteca y Dzahui mixteca por la función agrícola aunque estos últimos son deidades masculinas del rayo y la lluvia
Función míticaRige el cintli (maíz maduro, mazorca completa) y el tlaolli (grano desgranado y seco listo para almacenamiento), patrona de la cosecha, del sustento alimentario y de la fertilidad de la tierra cultivada; hermana mayor de Xilonen (elote joven o xilotl) en el ciclo agrícola anual del maíz, que Sahagún y Durán describen como una secuencia de deidades femeninas cuya edad se corresponde con el estado de madurez de la planta desde el tōctli (planta joven de tres meses) hasta la mazorca vieja; recibía ofrendas mayores en Huey Tozoztloli (mes III, ~abril-mayo, siembra) y en Ochpaniztli (mes XI, ~septiembre-octubre, barrida ritual y cosecha); su culto incluía la selección de las mejores mazorcas del año anterior como semilla ritual (cintēōtl en sentido literal, ‘mazorca-dios’), la ofrenda de flores, incienso de copalli, sangre de codorniz decapitada y comida ritual comunitaria en los teocalli (templos); su fiesta menor era Tozoztontli (mes II, ~marzo-abril, ‘Pequeña Vigilia’), preparatoria del ciclo mayor de Huey Tozoztli; asociada iconográficamente con Cintēōtl-Itztlacoliuhqui, aspecto masculino del maíz relacionado con el hielo y la helada que amenaza la cosecha
AtestaciónFray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España (también conocido como Códice Florentino, redacción culminada hacia 1577), fuente colonial central: libro I capítulo 7 (descripción iconográfica), libro II capítulo 22 (fiesta menor Tozoztontli), libro II capítulo 27 (Huey Tozoztli), libro II capítulo 30 (Ochpaniztli) y libro IV sobre el calendario adivinatorio; edición moderna castellana de referencia Alfredo López Austin y Josefina García Quintana (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2000, tres volúmenes) y edición inglesa Charles E. Dibble y Arthur J.O. Anderson (School of American Research y University of Utah Press, Santa Fe, 1950-1982, doce volúmenes); fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme (~1581), edición Ángel María Garibay (Porrúa, México, 1967, dos volúmenes), que aporta descripciones etnográficas ampliadas de las fiestas del maíz observadas en las últimas décadas del siglo XVI en la cuenca de México; Códice Borbónico (Biblioteca del Palais Bourbon, París, ca. 1520-1540), edición facsímil ADEVA (Graz, 1974), con lámina del ciclo de Huey Tozoztli; Códice Magliabechiano (Biblioteca Nazionale Centrale, Florencia, ca. 1566), edición facsímil Zelia Nuttall (University of California, Berkeley, 1903); Códice Telleriano-Remensis (Bibliothèque Nationale, París); Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas (UNAM, México, 1980, dos volúmenes) y Los mitos del tlacuache (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990); Miguel León-Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (UNAM, México, 1956, con múltiples reediciones); Michel Graulich, Mitos y rituales del México antiguo (Istmo, Madrid, 1990); H.B. Nicholson, «Religion in Pre-Hispanic Central Mexico» en Handbook of Middle American Indians volumen 10 (University of Texas Press, Austin, 1971)
Vigencia hoyCiclo ritual del maíz activo en comunidades nahuas contemporáneas de la Sierra Norte de Puebla (Cuetzalan, Xochitlán de Vicente Suárez, Zacatlán), de la Huasteca veracruzana (Chicontepec, Ilamatlán, Zontecomatlán), de la sierra de Guerrero (Chilapa, Tlapa, Ahuacuotzingo) y de la sierra mazateca-chinanteca de Oaxaca, donde las bendiciones agrícolas de la siembra (mayo) y de la cosecha (septiembre-octubre) mantienen elementos identificables del ciclo ChicomecōātlXilonen: selección ritual de las mejores mazorcas como semilla del año siguiente, ofrenda de flores y velas, procesión con imagen mariana (Virgen de la Merced, Virgen de la Asunción, Virgen del Rosario, según la advocación patronal local), bendición del xilotl nuevo en agosto, comida ritual comunitaria de tamales y atole; el xantolo (fiesta de Todos los Santos, 1-2 de noviembre) en la Huasteca incluye ofrenda de tamales de mazorca fresca y pan de maíz vinculados iconográficamente al ciclo prehispánico; el trabajo etnográfico de Alfredo López Austin, Guilhem Olivier, Catharine Good Eshelman y Alessandro Lupo ha documentado esta continuidad ritual desde los años 1970; el maíz nativo mexicano —59 razas registradas por CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad)— sigue siendo la base alimentaria del país y objeto de defensa activa frente al maíz transgénico desde los movimientos campesinos e indígenas de los años 2000

Chicomecōātl es la deidad femenina del maíz maduro en el panteón mexica registrado por fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores nahuas del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco entre 1547 y 1577. Su nombre en náhuatl significa literalmente ‘7 Serpiente’ —chicome ‘siete’ y cōātl ‘serpiente’— y remite al signo del calendario adivinatorio tonalpohualli de 260 días bajo el que se ubicaban su fiesta y su regencia. En la lógica del sistema calendárico dual mexica, las deidades del panteón se identifican habitualmente por el signo del tonalpohualli en el que su día ritual cae, lo que explica que compartan estructura de nombre otras figuras del corpus como Chicomexōchitl (‘7 Flor’) o Chicoace Xochitl (‘6 Flor’). La Chicomecōātl del culto es la cintli misma personificada: la mazorca madura, seca, lista para el desgrane y el almacenamiento del tlaolli que alimentará al pueblo mēxihcah durante los meses en que la milpa no produce.

El corpus documental sobre Chicomecōātl se apoya en tres fuentes coloniales del siglo XVI y en la investigación etnohistórica del siglo XX. Sahagún dedica al ciclo del maíz distintas secciones de su obra monumental: el libro I capítulo 7 recoge la descripción iconográfica de la diosa, el libro II capítulo 22 detalla la fiesta menor Tozoztontli, el libro II capítulo 27 desarrolla la fiesta mayor Huey Tozoztli, y el libro IV sobre el tonalpohualli comenta el signo ‘7 Serpiente’ y su carga adivinatoria. Fray Diego Durán, dominico llegado a México niño hacia 1542 y castellanohablante-nahuahablante desde la infancia, redactó su Historia de las Indias de Nueva España hacia 1581 con observación directa de fiestas patronales que aún conservaban elementos prehispánicos identificables. El Códice Borbónico, pintado por escribanos indígenas hacia 1520-1540, muestra en sus láminas 23 y 24 el ciclo ritual de Huey Tozoztli con imágenes de Chicomecōātl y de Cintēōtl. El Códice Magliabechiano, de origen mexica-cristiano hacia 1566, y el Códice Telleriano-Remensis, aportan variantes iconográficas coincidentes.

La lectura moderna del ciclo se debe a la escuela mexicana de historia de las religiones nahuas fundada por Ángel María Garibay y Miguel León-Portilla en los años 1950-1960 y continuada por Alfredo López Austin desde los años 1970. López Austin en Cuerpo humano e ideología (UNAM, México, 1980) y en Los mitos del tlacuache (Alianza Editorial Mexicana, México, 1990) ha desarrollado la lectura del panteón mexica como sistema de deidades múltiples que operan sobre distintos aspectos de una misma realidad —el maíz, en este caso, distribuido entre Chicomecōātl, Xilonen, Centeotl, Ilamatecuhtli y Chicomexōchitl—. La escuela belga de Michel Graulich en Mitos y rituales del México antiguo (Istmo, Madrid, 1990) aportó una lectura estructural del ciclo festivo xiuhpohualli que puso a Chicomecōātl y Xilonen en su lugar dentro del año ritual. H.B. Nicholson en el volumen 10 del Handbook of Middle American Indians (University of Texas Press, Austin, 1971) organizó el panteón mexica en categorías temáticas (deidades creadoras, celestes, agrícolas, del pulque, guerreras, de la muerte) que siguen siendo referencia de trabajo.

La diosa mexica del maíz maduro

El panteón mexica documentado por Sahagún distribuye el ciclo del maíz entre cinco figuras cuyo rasgo distintivo es la edad de la planta a la que patrocinan. La secuencia va del tōctli (planta joven de tres meses, antes de dar mazorca) al xilotl (elote tierno de espiga blanca-amarilla) al elotl (elote maduro con grano lechoso) al cintli (mazorca completa de grano seco). Xilonen patrocina el elote joven; Chicomecōātl patrocina la mazorca madura y el grano desgranado; Ilamatecuhtli patrocina la mazorca vieja del último ciclo agrícola, la que queda en la milpa después de la cosecha principal. Centeotl, cuyo nombre significa ‘dios del maíz’ en general (centli ‘maíz’ + teotl ‘dios’), representa al maíz como sustancia divina en abstracto, aspecto joven-masculino que complementa el gradiente femenino. Chicomexōchitl (‘7 Flor’), asociado al signo del tonalpohualli, corresponde al aspecto masculino del ciclo de la flor y de la mazorca.

La iconografía sahaguntina de Chicomecōātl es estable a través de las tres versiones del Códice Florentino. La diosa aparece como mujer joven de pie o sentada, portando en ambas manos mazorcas dobles de maíz maduro (ōmecintli, ‘dos-mazorca’), símbolo de abundancia y fertilidad de la milpa. Sobre la cabeza lleva un tocado de papel almidonado ritual (amacalli) con abanicos de plumas de quetzal (quetzalpanitl) y cintas de algodón teñidas de rojo. Viste falda y huipil rojos con cenefas ornamentales de chalchihuitl (jade, verde-azulado, símbolo mesoamericano central de la fertilidad y del agua-vida). En una mano puede llevar una sonaja ritual de calabaza seca (ayacaxtli) usada en el canto de las cuīcapicqueh (compositoras rituales). Su cara aparece pintada de rojo con motivos amarillos, colores del maíz tierno y del maíz maduro respectivamente. La descripción del libro I capítulo 7 del Códice Florentino coincide en los elementos centrales con las láminas del Códice Borbónico y del Códice Magliabechiano.

La posición de Chicomecōātl en el panteón general mexica es central por dos razones. Primero, porque el maíz era la base alimentaria absoluta del pueblo mēxihcah: los tlaxcalli (tortillas), los tamalli (tamales), el atolli (atole), el pinolli (harina tostada) y decenas de preparaciones más se elaboraban a partir del tlaolli desgranado y molido en el metlatl (metate) de piedra volcánica. Sin cosecha de maíz no había ciudad, y Tenōchtitlan —con una población estimada entre 200.000 y 300.000 habitantes en 1519 según Charles Gibson y Ross Hassig— dependía del ciclo agrícola de la cuenca de México y del tributo maicero de las provincias sujetas. Segundo, porque el maíz en la lógica religiosa mexica no era un cultivo cualquiera sino una sustancia divina: el mito de origen conservado en la Leyenda de los Soles del Códice Chimalpopoca (~1558) narra que Quetzalcóatl bajó al Mictlán a buscar los huesos de las generaciones anteriores para crear a la humanidad presente, y que el maíz fue robado a Tonacatepetl (‘Cerro del Sustento’) gracias a la hormiga que le mostró el camino. El maíz es sustento del cuerpo y sustento del pueblo, y Chicomecōātl es la diosa de esa doble función.

La red del panteón alrededor de Chicomecōātl incluye figuras vinculadas por función agrícola. Tlaloc, dios de la lluvia, y Chalchiuhtlicue, diosa del agua terrestre, aportan el agua sin la que el maíz no crece. Centeotl es el aspecto masculino joven del maíz que complementa el femenino de ChicomecōātlXilonen. Mayahuel, diosa del maguey y del octli (pulque), forma con Chicomecōātl la pareja de las dos plantas cultivadas fundamentales del altiplano central. Tlazolteotl, diosa de la fertilidad femenina y de la limpieza ritual, y Coatlicue, madre de Huitzilopochtli, comparten con ella el campo semántico de la fertilidad femenina. La red mexica del maíz incluye también a Toci (‘Nuestra Abuela’), diosa madre asociada a Ochpaniztli, y a Xipe-Totec (‘Nuestro Señor el Desollado’), figura de la renovación agrícola primaveral. Para el hub general del panteón consúltese Pueblos mexicas: hub.

La fiesta de Huey Tozoztli según Sahagún y Durán

La fiesta central del culto a Chicomecōātl era Huey Tozoztli (‘Gran Vigilia’), tercer mes del calendario solar xiuhpohualli de 365 días. La correspondencia con el calendario juliano varía según los cálculos de correlación: Alfonso Caso en Los calendarios prehispánicos (UNAM, México, 1967) situaba Huey Tozoztli aproximadamente entre el 30 de abril y el 19 de mayo; Rafael Tena en El calendario mexica y la cronografía (INAH, México, 1987) y Michel Graulich (1990) han propuesto correlaciones ligeramente distintas. El ciclo festivo caía en cualquier caso al inicio del temporal de lluvias en la cuenca de México, momento crítico de la siembra del maíz. Sahagún describe la fiesta en el Códice Florentino libro II capítulo 27 con detalle: la fiesta menor Tozoztontli (‘Pequeña Vigilia’) del mes II preparaba el ciclo mayor, e incluía ofrendas de flores en los teocalli y ayuno preparatorio de los tlamacazqui (sacerdotes) del culto agrícola.

El ritual central de Huey Tozoztli, según Sahagún, tenía tres momentos principales. Primero, la selección de las mejores mazorcas del año anterior como semilla ritual: cada familia mexica llevaba a su casa las mazorcas dobles, triples o de granos particularmente hermosos que había conservado desde la cosecha y las colocaba en un altar doméstico frente a una imagen de Chicomecōātl. Estas mazorcas seleccionadas se usarían como semilla en la siembra inmediata y se consideraban personificación de la diosa en cada hogar. Segundo, la procesión pública desde los hogares al templo mayor de Chicomecōātl en el recinto ceremonial de Tenōchtitlan, con las mazorcas cargadas por doncellas jóvenes vestidas ritualmente, plumas rojas atadas a los brazos y las piernas. Tercero, la ofrenda en el teocalli de flores, ramas verdes, sangre de codorniz decapitada (sacrificio menor característico del culto agrícola) y comida ritual de tamales y atole.

Fray Diego Durán en la Historia de las Indias de Nueva España (~1581) amplía la descripción sahaguntina con observaciones etnográficas de fiestas patronales sincretizadas que aún conservaban elementos identificables del ciclo prehispánico en las últimas décadas del siglo XVI en pueblos de la cuenca de México, Tlaxcala y Puebla. Durán documenta la persistencia de la ofrenda de mazorcas seleccionadas, aunque ya bajo advocación cristiana de la Virgen, y la comida ritual comunitaria de tamales. La ofrenda de sangre de codorniz —el sacrificio del ave por decapitación con la mano, sin cuchillo de obsidiana, típico del culto doméstico agrícola— se documenta en el Códice Florentino, en el Códice Magliabechiano (lámina 32) y en descripciones etnográficas contemporáneas de la Huasteca veracruzana donde el ritual del costumbre nahua sigue incluyendo ofrenda de sangre de aves a Chicomexōchitl (aspecto masculino asociado) hasta el presente.

El ciclo agrícola mexica del maíz no terminaba en Huey Tozoztli. La cosecha del elote tierno correspondía a Huey Tecuilhuitl (mes VIII, ~julio-agosto), fiesta central de Xilonen. La cosecha principal del maíz maduro correspondía a Ochpaniztli (mes XI, ~septiembre-octubre), fiesta de Toci (‘Nuestra Abuela’) y de la barrida ritual, en la que Chicomecōātl recibía nuevas ofrendas por la cosecha lograda. El ciclo completo se cerraba con Tepeilhuitl (mes XIII, ~octubre-noviembre) y con las fiestas de fin de año. El calendario agrícola-ritual mexica era un año completo de festividades encadenadas al ciclo del maíz, con Chicomecōātl, Xilonen y Centeotl como figuras recurrentes. La descripción del libro II del Códice Florentino es la fuente más detallada que ha llegado hasta nosotros sobre este calendario festivo prehispánico, complementada por las láminas del Códice Borbónico y por las descripciones de Durán, del cronista mestizo Fernando Alvarado Tezozómoc (Crónica mexicana, ~1598) y del Códice Ramírez.

Vigencia contemporánea en las fiestas del maíz nahua

El ciclo ritual del maíz sobrevive en comunidades nahuas contemporáneas de al menos diez estados mexicanos, con especial vitalidad en la Sierra Norte de Puebla (Cuetzalan del Progreso, Xochitlán de Vicente Suárez, Zacatlán de las Manzanas, Zoquiapan), en la Huasteca veracruzana (Chicontepec, Ilamatlán, Zontecomatlán, Ixhuatlán de Madero), en la sierra guerrerense (Chilapa de Álvarez, Tlapa de Comonfort, Ahuacuotzingo, Copanatoyac) y en la Huasteca hidalguense (Huejutla de Reyes, Yahualica, Xochiatipan). El sincretismo colonial recubrió las figuras del panteón agrícola prehispánico con advocaciones marianas —Virgen de la Merced (24 de septiembre, coincidente aproximadamente con la cosecha principal), Virgen de la Asunción (15 de agosto, coincidente con el cierre del ciclo del elote tierno), Virgen del Rosario (7 de octubre)— pero preservó los ritos sustantivos: selección ritual de las mejores mazorcas como semilla, bendición del xilotl nuevo, ofrenda de flores y velas, comida ritual comunitaria de tamales y atole, danzas colectivas del ciclo agrícola.

El trabajo etnográfico de referencia sobre esta continuidad ritual se debe a Alfredo López Austin y a la generación posterior de investigadores. Alessandro Lupo en La tierra nos escucha: la cosmología de los nahuas a través de las súplicas rituales (INI-Conaculta, México, 1995) documentó el costumbre nahua de la Huasteca veracruzana con especial atención al ciclo del maíz. Catharine Good Eshelman en Haciendo la lucha: arte y comercio nahuas de Guerrero (Fondo de Cultura Económica, México, 1988) trabajó la sierra guerrerense. Guilhem Olivier en distintos trabajos sobre panteón y ritual mexica prehispánico y su continuidad ha aportado el marco comparativo con las fuentes coloniales del siglo XVI. Anath Ariel de Vidas en Le tonnerre n’habite plus ici (EHESS, París, 2002) trabajó la Huasteca teenek (huasteca) con paralelos de las fiestas del maíz. La ofrenda del xantolo (Todos los Santos, 1-2 de noviembre) en la Huasteca incluye tamales de mazorca fresca, pan de maíz, atole ritual y flores de cempōhualxōchitl (cempasúchil, Tagetes erecta), con paralelos iconográficos identificables en las descripciones sahaguntinas del Códice Florentino.

La dimensión política contemporánea del maíz mexicano ha revitalizado desde los años 2000 el peso simbólico del ciclo ChicomecōātlXilonen en el discurso público. La resistencia campesina e indígena frente a la introducción del maíz transgénico —cristalizada en la campaña «Sin Maíz No Hay País» iniciada en 2007 por una coalición de organizaciones campesinas, indígenas, ambientalistas y académicas— ha movilizado explícitamente la iconografía y el vocabulario del ciclo agrícola prehispánico. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) documenta 59 razas de maíz nativo mexicano cuyas semillas están en manos de campesinos e indígenas nahuas, zapotecas, mayas, mixtecos, purépechas, tzotziles, tzeltales y de otros pueblos. Las semillas se conservan según ciclos rituales que replican en formato contemporáneo la selección de la mejor mazorca del año anterior como semilla ritual documentada por Sahagún en el Códice Florentino. El nexo entre el Huey Tozoztli prehispánico y la selección de semilla contemporánea es directo, aunque haya pasado por cinco siglos de sincretismo y de resistencia campesina.

El paralelo mesoamericano con las otras deidades del maíz-lluvia amplía el marco de lectura. En el panteón zapoteca del valle de Oaxaca, Cocijo es el dios del rayo y de la lluvia estacional cuyo culto activaba el ciclo agrícola. En el panteón mixteco de la Mixteca alta, Dzahui cumple una función paralela. En el panteón mexica, la función lluvia-fertilidad se distribuye entre Tlaloc, Chalchiuhtlicue, Xilonen, Chicomecōātl y Centeotl, con red de figuras menores como Chalchiuhtotolin (el pavo de jade, asociado a Tezcatlipoca) y las Cihuateteo (mujeres divinizadas por morir en parto). El ciclo del maíz es común a Mesoamérica entera y explica la unidad cultural del área desde el Preclásico Tardío hasta el presente.

Más allá del mito

El culto a Chicomecōātl desapareció formalmente con la evangelización franciscana del siglo XVI y con la destrucción de los teocalli del recinto ceremonial de Tenōchtitlan. Los tlamacazqui del culto agrícola fueron perseguidos, los codices quemados por Juan de Zumárraga y por sus sucesores, los tzompantli derribados. Pero el ciclo del maíz sobrevivió porque no era negociable: sin siembra en el momento correcto, sin cosecha en el momento correcto, no había comida. La continuidad ritual documentada por López Austin, Lupo, Good Eshelman y Olivier en la etnografía contemporánea muestra que las prácticas centrales del ciclo agrícola —selección de semilla, bendición del xilotl, ofrenda de la primera mazorca, comida ritual comunitaria— pasaron del teocalli mexica al templo católico rural sin perder su función material, aunque cambiando su vestimenta simbólica.

La lectura académica del ciclo ChicomecōātlXilonen ha ido enriqueciéndose desde los trabajos fundacionales de Garibay y León-Portilla en los años 1950 hasta la investigación actual en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, en la Sorbona, en la Universidad Iberoamericana y en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. El corpus sahaguntino sigue siendo la fuente colonial de referencia; las ediciones críticas del Códice Florentino por Dibble-Anderson (1950-1982) y por López Austin-García Quintana (2000) han hecho accesible el material en inglés y castellano modernos. La agenda pendiente incluye trabajo etnográfico más denso sobre las variantes regionales del ritual contemporáneo del maíz, análisis comparativo con las tradiciones mayas del Popol Vuh sobre el origen humano a partir del maíz, y estudio de la persistencia de nombres nahuas del ciclo agrícola en el castellano rural mexicano.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Chicomecóatl en el panteón mexica?

Chicomecóatl es la diosa mexica del maíz maduro y de la fertilidad agrícola en el panteón de los mēxihcah de Mēxihco-Tenōchtitlan. Su nombre en náhuatl significa literalmente 7 Serpiente (chicome siete + cōātl serpiente) y remite al signo del calendario adivinatorio tonalpohualli bajo el que se ubican su fiesta y su regencia. Fray Bernardino de Sahagún la describe en el Códice Florentino (redacción culminada hacia 1577) como patrona del cintli (maíz maduro), del tlaolli (grano seco) y del pinolli (harina de maíz tostado), hermana mayor del gradiente etario del maíz que completan Xilonen (elote joven), Centeotl (dios del maíz general, aspecto joven-masculino), Ilamatecuhtli (mazorca vieja) y Chicomexōchitl (7 Flor, aspecto masculino del ciclo).

¿Cuál es la iconografía de Chicomecóatl según Sahagún?

La iconografía de Chicomecóatl es estable en el Códice Florentino libro I capítulo 7 y en las láminas del Códice Borbónico y del Códice Magliabechiano. La diosa aparece como mujer joven portando en ambas manos mazorcas dobles de maíz maduro (ōmecintli), símbolo de abundancia. Sobre la cabeza lleva un tocado de papel almidonado ritual (amacalli) con abanicos de plumas de quetzal y cintas de algodón teñidas de rojo. Viste falda y huipil rojos con cenefas de chalchihuitl (jade). En una mano puede llevar una sonaja ritual de calabaza seca (ayacaxtli). Su cara aparece pintada de rojo con motivos amarillos, colores del maíz tierno y del maíz maduro respectivamente.

¿Qué era la fiesta de Huey Tozoztli?

Huey Tozoztli (Gran Vigilia) era el tercer mes del calendario solar xiuhpohualli mexica de 365 días, correspondiente aproximadamente a abril-mayo del calendario juliano según Alfonso Caso en Los calendarios prehispánicos (UNAM, 1967). El ciclo caía al inicio del temporal de lluvias en la cuenca de México, momento de la siembra del maíz. Sahagún describe en el Códice Florentino libro II capítulo 27 el ritual central: selección de las mejores mazorcas del año anterior como semilla ritual llevada a los altares domésticos, procesión de doncellas jóvenes con las mazorcas hasta el templo mayor de Chicomecóatl en el recinto ceremonial de Tenōchtitlan, ofrenda de flores, sangre de codorniz decapitada y comida ritual de tamales y atole.

¿Qué relación tienen Chicomecóatl y Xilonen?

Chicomecóatl y Xilonen son hermanas mayor y menor del ciclo del maíz en el panteón mexica documentado por Sahagún y Durán. Xilonen (madre del xilote o elote tierno) patrocina la primera etapa productiva de la mazorca, cuando el grano está aún lechoso y verde; su fiesta central es Huey Tecuilhuitl (mes VIII, julio-agosto). Chicomecóatl patrocina la mazorca completa madura y el grano seco listo para almacenamiento (cintli, tlaolli); su fiesta central es Huey Tozoztli (mes III, abril-mayo). El gradiente etario se completa con Ilamatecuhtli (mazorca vieja del último ciclo, fiesta Tititl en mes XVII) y con Centeotl como aspecto joven-masculino general del dios del maíz. Todas estas figuras aparecen descritas en los libros I y II del Códice Florentino.

¿Sigue vigente el culto a Chicomecóatl en comunidades nahuas actuales?

El ciclo ritual del maíz sobrevive en comunidades nahuas contemporáneas de la Sierra Norte de Puebla, de la Huasteca veracruzana e hidalguense, de la sierra guerrerense y de la sierra mazateca-chinanteca de Oaxaca. El sincretismo colonial recubrió a Chicomecóatl con advocaciones marianas (Virgen de la Merced, Virgen de la Asunción, Virgen del Rosario) pero preservó los ritos sustantivos: selección ritual de las mejores mazorcas como semilla del año siguiente, bendición del xilotl nuevo en agosto, ofrenda de flores y velas, comida ritual comunitaria de tamales y atole. El trabajo etnográfico de Alfredo López Austin, Alessandro Lupo, Catharine Good Eshelman y Guilhem Olivier ha documentado esta continuidad desde los años 1970. El maíz nativo mexicano (59 razas registradas por CONABIO) sigue siendo la base alimentaria del país.

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