Piuchén, el ser vampírico volador de la mitología chilena

En síntesis. El Piuchén (grafía frecuente en la literatura folclórica chilena contemporánea, con las variantes Piguchén, Pihuychén, Peuchén y Piwichén registradas en distintas fuentes coloniales y modernas) es un ser vampírico volador del sur de Chile, presentado tradicionalmente como una culebra alada con alas membranosas de murciélago, ojos rojos y colmillos delgados que ataca al ganado (ovinos, caprinos, terneros, aves de corral) y le chupa la sangre hasta secarlo, dejando el cadáver sin herida visible salvo pequeños puntos rojos en el cuello o en el ano. La figura aparece documentada desde el siglo XVIII en crónicas coloniales chilenas y jesuitas, y de manera sistemática en la literatura folclórica chilena moderna por Oreste Plath (seudónimo del poeta y folclorista César Octavio Müller Leiva, 1907-1996) en Folklore chileno (Editorial Universitaria, Santiago, ediciones sucesivas entre 1962 y 1994) y en Geografía del mito y la leyenda chilenos (Editorial Nascimento, Santiago, 1973; segunda edición ampliada Fondo de Cultura Económica, México, 1983), por Renato Cárdenas Álvarez en Diccionario de la Lengua y Cultura de Chiloé (Editorial Nascimento, Santiago, 1978) y en Chiloé: manual del pensamiento mágico y la creencia popular (Editorial El Kultrún, Valdivia, 1998), por Bertha Koessler-Ilg en Cuentan los araucanos: mitos, leyendas y tradiciones (Editorial Nuevo Extremo, Buenos Aires, 1954-1962) para las versiones mapuche del lado argentino de la cordillera, y por Francisco Cavada Contreras en Chiloé y los chilotes (Imprenta Universitaria, Santiago, 1914). En la variante mapuche-huilliche continental el Piuchén nace de la transformación de una serpiente ratonera común (culebra Philodryas chamissonis o similar) que, al alcanzar edad avanzada —el séptimo, décimo o quincuagésimo año según narradores locales—, desarrolla alas membranosas y adquiere la capacidad vampírica; en la variante chilota registrada por Cárdenas Álvarez (1998) el Piuchén es enviado o controlado por un kalku (brujo mapuche-huilliche) o por un miembro de la Recta Provincia (organización de brujos de Chiloé documentada en el proceso judicial de Quicaví de 1880-1881, con cueva iniciática en la localidad homónima de la comuna de Quemchi) como arma para atacar al ganado de familias enemigas.

Origen culturalSer mítico presente en el corpus mapuche-huilliche continental de la Araucanía y de la actual Región de Los Ríos y de Los Lagos (sur de Chile), así como en el corpus chilote del archipiélago de Chiloé, con extensiones hacia el corpus mapuche-pehuenche de la cordillera de los Andes y del lado argentino de Neuquén, Río Negro y Chubut; pueblo mapuche (autónimo mapuche, «gente de la tierra» en Mapudungun), rama meridional huilliche («gente del sur») con presencia continua en el sur chileno desde antes de la llegada española y con reconocimiento por la Ley Indígena 19.253 de 1993 aprobada durante la presidencia de Patricio Aylwin Azócar; pueblo chilote del archipiélago de Chiloé, formación cultural mestiza histórica resultado de la mezcla de chonos (extintos como grupo diferenciado hacia mediados del siglo XVIII), huilliches y colonos españoles del período de la Capitanía General de Chile establecidos en Castro (fundada por Martín Ruiz de Gamboa en 1567) y en Chacao; el archipiélago de Chiloé permaneció bajo administración colonial española hasta 1826 con el Tratado de Tantauco firmado con el brigadier Antonio de Quintanilla y Santiago, aislamiento político y geográfico que permitió el desarrollo de uno de los corpus mitológicos más ricos de América Latina, con el Piuchén ocupando un lugar central junto con el Millalobo, la Pincoya, el Trauco, el Caleuche, el Invunche, el Camahueto y otras figuras; la creencia también está presente en el folclore rural del centro-sur chileno (regiones del Maule, Ñuble, Biobío, Araucanía) documentado por Oreste Plath en Folklore chileno (ediciones 1962-1994) y por otras fuentes de la Sociedad de Folklore Chileno fundada en 1909 por Ramón Laval Alvial y Julio Vicuña Cifuentes
TipoSer vampírico volador del panteón mitológico chileno del sur; culebra alada con alas membranosas de murciélago, ojos rojos brillantes y colmillos delgados, según la iconografía más frecuente en la literatura folclórica chilena moderna registrada por Plath (1962-1994); en algunas versiones rurales del centro-sur chileno aparece más como un ave grande con cuerpo alargado de serpiente que como una serpiente con alas, con reptación por el suelo alternada con vuelos cortos y silbidos agudos; el tamaño varía según narradores entre uno y tres metros de largo, con envergadura de alas equivalente al cuerpo; el color es variable: piel oscura verde-negra en la variante mapuche-huilliche continental, piel gris con manchas rojizas en la variante chilota, piel parda con brillo metálico en la variante rural del Maule y del Ñuble; el Piuchén pertenece a la familia mitológica más amplia de los seres vampíricos voladores presentes en las tradiciones americanas —Camazotz maya del Popol Vuh k’iche’ (murciélago de la muerte del inframundo), Chupacabras panamericano moderno (fenómeno de la década de 1990 con foco inicial en Puerto Rico), Colo Colo del corpus mapuche (rata-serpiente que también bebe fluidos vitales aunque de las personas y no del ganado), Voladora del corpus chilote (cabeza-pájaro de brujo que vuela por las noches)—; iconográficamente carece de representación prehispánica sistemática por la ausencia de cerámica ceremonial monumental mapuche, pero aparece en la iconografía costumbrista chilena del siglo XX (grabados de Roberto Matta joven, ilustraciones de libros escolares chilenos de los años 1950 y 1960), en la novela regionalista y en el imaginario audiovisual contemporáneo
Función míticaAtaque nocturno al ganado doméstico (ovinos, caprinos, terneros, aves de corral, cerdos jóvenes) con succión completa de la sangre del animal; la técnica del ataque es característica: el Piuchén se posa sobre el animal dormido o inmovilizado por su mirada hipnótica —según algunas versiones el ser tiene la capacidad de paralizar a su presa solo con la mirada de ojos rojos—, le clava los colmillos delgados en el cuello o en el ano, y le succiona toda la sangre hasta dejarlo seco; el cadáver del animal atacado aparece a la mañana siguiente sin herida visible salvo dos pequeños puntos rojos en el punto de succión, con el cuerpo pálido y ligero por la pérdida completa de fluido, con los ojos abiertos y con expresión de terror congelado; los pobladores rurales del sur chileno han atribuido tradicionalmente al Piuchén muertes inexplicadas de ganado que la veterinaria moderna atribuye a depredadores reales (puma Puma concolor, zorro chilla Lycalopex griseus, perros ferales de las periferias rurales) o a enfermedades hemorrágicas del ganado (fiebre carbonosa, clostridiosis); en la variante mapuche-huilliche continental el Piuchén nace por transformación espontánea de una serpiente ratonera común que alcanza edad avanzada; en la variante chilota registrada por Cárdenas Álvarez (1998) es controlado por un kalku (brujo mapuche-huilliche) o por miembros de la Recta Provincia como arma dirigida contra familias enemigas, con función social específica de sistema de venganza sobrenatural intracomunitaria
AtestaciónOreste Plath (seudónimo del poeta y folclorista César Octavio Müller Leiva, 1907-1996), Folklore chileno (Editorial Universitaria, Santiago, ediciones sucesivas entre 1962 y 1994) y Geografía del mito y la leyenda chilenos (Editorial Nascimento, Santiago, 1973; segunda edición ampliada Fondo de Cultura Económica, México, 1983), fuentes centrales de la literatura folclórica chilena moderna con descripción sistemática del Piuchén en sus variantes mapuche-huilliche continental, chilota y rural del centro-sur chileno; Renato Cárdenas Álvarez, poeta y etnógrafo chilote de Castro, Diccionario de la Lengua y Cultura de Chiloé (Editorial Nascimento, Santiago, 1978) y Chiloé: manual del pensamiento mágico y la creencia popular (Editorial El Kultrún, Valdivia, 1998), fuentes principales para la variante chilota del Piuchén controlado por kalku o por brujos de la Recta Provincia; Bertha Koessler-Ilg (etnóloga alemana casada con Rodolfo Koessler y residente en San Martín de los Andes, Argentina), Cuentan los araucanos: mitos, leyendas y tradiciones (Editorial Nuevo Extremo, Buenos Aires, ediciones 1954, 1962 y posteriores), fuente central para las versiones mapuche-pehuenche del lado argentino de la cordillera; Francisco Javier Cavada Contreras, Chiloé y los chilotes: estudios de folclore y lingüística de la provincia de Chiloé (Imprenta Universitaria, Santiago, 1914), fuente clásica decimonónica-eduardina con la primera descripción sistemática del Piuchén en la literatura académica chilena; Rodolfo Lenz Danziger, Los elementos indios del castellano de Chile (Anales de la Universidad de Chile, tomos publicados entre 1904 y 1910), etimologías del Mapudungun; Louis C. Faron, Hawks of the Sun: Mapuche Morality and Its Ritual Attributes (University of Pittsburgh Press, 1964), para el contexto etnográfico mapuche y para la relación entre el Piuchén y el wekufe (entidad negativa del corpus mapuche); crónicas coloniales chilenas del siglo XVIII con menciones tempranas, especialmente el Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reyno de Chile del abate Juan Ignacio Molina (Bolonia, 1776 y 1782-1787); Sergio Fritz Roa (editor), Los brujos de Chiloé (Editorial LOM, Santiago, 1998), sobre el proceso judicial de la Recta Provincia
Vigencia hoyEl Piuchén sigue siendo figura viva en el folclore rural del sur de Chile, con reportes ocasionales en la prensa regional chilena de matanzas de ganado atribuidas al ser en zonas de la Araucanía, del Biobío, de Los Ríos y de Los Lagos —aunque las investigaciones veterinarias posteriores han atribuido casi siempre estas matanzas a depredadores reales (puma, zorro, perros ferales) o a enfermedades hemorrágicas del ganado—; en la literatura chilena contemporánea aparece en la obra del narrador Francisco Coloane (1910-2002), en la novela regionalista chilena del siglo XX (Manuel Rojas, Baldomero Lillo en las versiones del imaginario minero-rural) y en la narrativa fantástica y de terror latinoamericana reciente; el ser sirve como referencia identitaria diferencial del sur chileno frente al centro y norte del país, junto con otras figuras del corpus mapuche-huilliche y chilote; aparece en el imaginario audiovisual chileno contemporáneo (cine de terror local, series de televisión, documentales sobre folclore, cómic chileno de autor como Sinfín de Francisco Ortega y Nelson Daniel), en el turismo cultural del sur chileno (rutas del mito, museos etnográficos regionales, ferias costumbristas de comunas rurales de la Araucanía y del Biobío), y en la memoria oral viva de las comunidades mapuche-huilliches y chilotes contemporáneas donde los ancianos siguen contando historias de Piuchén a los niños; la comparación con el Chupacabras panamericano moderno (fenómeno documentado desde 1995 en Puerto Rico y difundido rápidamente por toda América Latina y por el sur de Estados Unidos a través de medios de comunicación de masas) es frecuente pero requiere precisión: el Piuchén es figura mucho más antigua, documentada en crónicas coloniales chilenas desde el siglo XVIII y con genealogía mitológica independiente

Las menciones más tempranas del Piuchén en fuentes escritas se encuentran en las crónicas coloniales chilenas del siglo XVIII, particularmente en el Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reyno de Chile del abate jesuita Juan Ignacio Molina (Guaraculén, actual Villa Alegre, 1740 – Bolonia, 1829), publicado inicialmente en italiano en Bolonia en 1776 y en 1782-1787, y traducido al castellano por Domingo Joseph de Arquellada y Mendoza (Madrid, 1788-1795). Molina describe una serpiente alada del sur del Reyno de Chile con capacidad de succión de sangre del ganado, y la vincula tanto con creencias mapuche-huilliches anteriores a la llegada española como con derivas populares del imaginario europeo del vampiro y del basilisco. La misma figura aparece en las relaciones jesuitas del siglo XVIII del padre Diego de Rosales (Historia general del Reino de Chile, Flandes indiano, ~1674) y en documentos administrativos de la Capitanía General de Chile, aunque siempre de manera lateral y sin sistematicidad etnográfica moderna.

La primera descripción sistemática en la literatura académica chilena aparece con Francisco Javier Cavada Contreras (Ancud, 1864 – Santiago, 1950), sacerdote y filólogo chilote, en Chiloé y los chilotes: estudios de folclore y lingüística de la provincia de Chiloé publicado por la Imprenta Universitaria de Santiago en 1914. Cavada, escribiendo desde una tradición filológica de fin de siglo XIX y con material recogido personalmente en el archipiélago durante las últimas décadas del ochocientos, presenta el Piuchén chilote como culebra alada controlada por los brujos de Chiloé de la Recta Provincia, con la organización de brujería documentada en el proceso judicial de Quicaví de 1880-1881 en Ancud como marco de referencia sociológico. Paralelamente el etnólogo alemán Rodolfo Lenz Danziger (Halle, 1863 – Santiago, 1938), en Los elementos indios del castellano de Chile (Anales de la Universidad de Chile, tomos publicados entre 1904 y 1910), documentaba las etimologías del Mapudungun aplicadas al léxico del castellano rural chileno con entrada específica para Piuchén.

La fuente central contemporánea sobre el Piuchén es Oreste Plath (seudónimo de César Octavio Müller Leiva, Valparaíso 1907 – Santiago 1996), poeta y folclorista chileno, autor de Folklore chileno (Editorial Universitaria, Santiago, ediciones sucesivas entre 1962 y 1994) y de Geografía del mito y la leyenda chilenos (Editorial Nascimento, Santiago, 1973; segunda edición ampliada Fondo de Cultura Económica, México, 1983). Plath, formado en la tradición de la Sociedad de Folklore Chileno fundada en 1909 por Ramón Laval Alvial y Julio Vicuña Cifuentes, sistematiza el Piuchén en sus tres variantes principales —mapuche-huilliche continental de la Araucanía, chilota del archipiélago, y rural del centro-sur chileno del Maule y Ñuble— con descripción de la iconografía, del mecanismo del ataque al ganado y de las medidas defensivas tradicionales. Para el corpus chilote específicamente, Renato Cárdenas Álvarez (Castro, 1946) en su Diccionario de la Lengua y Cultura de Chiloé (Editorial Nascimento, Santiago, 1978) y en Chiloé: manual del pensamiento mágico y la creencia popular (Editorial El Kultrún, Valdivia, 1998) documenta con detalle la variante controlada por kalku y por la Recta Provincia. Las versiones mapuche-pehuenche del lado argentino de la cordillera aparecen en Bertha Koessler-Ilg, Cuentan los araucanos (Editorial Nuevo Extremo, Buenos Aires, 1954-1962).

La culebra alada vampírica del sur chileno

La iconografía del Piuchén registrada por Plath (1962-1994) y por Cárdenas Álvarez (1998) tiene rasgos estables en todas las variantes regionales aunque con matices locales importantes. En la variante mapuche-huilliche continental de la Araucanía, del Biobío y de Los Ríos, el Piuchén es una culebra alada de aproximadamente un metro y medio a dos metros de largo, con piel oscura verde-negra brillante, con alas membranosas de murciélago que le nacen a la altura de las patas delanteras rudimentarias o directamente del tronco según narradores locales, con cabeza triangular alargada, ojos rojos brillantes que emiten un fulgor visible en la oscuridad, y colmillos delgados retráctiles similares a los de las víboras venenosas europeas. En la variante chilota registrada por Cárdenas Álvarez (1998), el ser es algo más pequeño, con la piel gris con manchas rojizas y con reptación por el suelo alternada con vuelos cortos. En la variante rural del Maule y del Ñuble documentada por Plath, el Piuchén aparece como un ave grande con cuerpo alargado de serpiente, con silbido agudo característico y con la piel parda de brillo metálico.

La técnica del ataque nocturno al ganado es descrita de manera coincidente en todas las variantes. El Piuchén vuela silenciosamente al caer la noche desde su refugio diurno —una cueva rocosa, un tronco hueco de árbol añoso, una zanja de bosque húmedo— hasta el corral o el establo donde duerme el ganado. Se posa sobre el animal dormido, generalmente ovinos jóvenes o terneros lechales, y lo paraliza con la mirada hipnótica de ojos rojos —según las versiones más elaboradas recogidas por Plath—. Le clava los colmillos delgados en el cuello, ocasionalmente en el ano según algunas variantes rurales, y le succiona toda la sangre hasta dejarlo seco. La operación completa dura pocos minutos. Antes del amanecer el Piuchén regresa a su refugio, dejando el cadáver del animal atacado sobre la paja del corral. Los propietarios encuentran a la mañana siguiente el cuerpo pálido y extrañamente ligero por la pérdida completa de sangre, sin herida visible salvo los dos pequeños puntos rojos en el punto de succión, con los ojos abiertos y con expresión que los narradores describen como de terror congelado.

Las medidas defensivas tradicionales contra el Piuchén son múltiples y aparecen documentadas por Cavada (1914), por Plath (1962-1994) y por Cárdenas Álvarez (1998). El primer nivel es identificar la presencia del ser: cuando en una comunidad rural aparecen dos o tres cabezas de ganado muertas sin herida visible en pocas noches consecutivas, los pobladores sospechan del Piuchén y comienzan a rastrear su refugio. El rastreo se hace siguiendo huellas de reptación, marcas de arañazos en la corteza de árboles añosos, restos de plumas o de escamas caídas cerca de cuevas rocosas. Cuando se localiza el refugio, se procede a la eliminación: en la variante mapuche-huilliche continental, la machi (chamana mapuche) es la especialista ritual encargada de la eliminación, con canto ritual, humo de foye y de canelo, y muerte del ser mediante decapitación con hacha de piedra. En la variante rural sincretizada del Maule y del Ñuble, es el cura católico párroco quien realiza la expulsión con agua bendita, oración de exorcismo y quema del ser con leña de espino y de peumo.

El origen del Piuchén por transformación espontánea de una serpiente común es motivo mítico recurrente en la variante mapuche-huilliche continental documentada por Koessler-Ilg (1954-1962) y por Plath (1962-1994). Cuando una serpiente ratonera común —identificada por los pobladores rurales con la culebra Philodryas chamissonis, especie chilena de la familia Dipsadidae presente desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia chilena y argentina— alcanza edad avanzada sin ser molestada, empieza a desarrollar alas membranosas en el séptimo, décimo o quincuagésimo año de vida según narradores locales. Cuando las alas están completas, la culebra ha adquirido también los colmillos vampíricos, los ojos rojos brillantes y la capacidad hipnótica. Se ha transformado en Piuchén y abandona su territorio anterior para buscar corrales de ganado. El motivo del animal-persona que se transforma con la edad avanzada es común en el corpus mapuche-huilliche y aparece también en otras figuras como el Colo Colo (rata-serpiente) y en algunas versiones del Basilisco chilote (gallina-serpiente).

Del sustrato mapuche a la variante chilota controlada por kalku

La variante chilota del Piuchén registrada por Cárdenas Álvarez (1998) presenta una diferencia funcional importante respecto de la variante mapuche-huilliche continental: en Chiloé, el Piuchén no nace espontáneamente por transformación de una serpiente común, sino que es criado, enviado o controlado por un kalku (brujo mapuche-huilliche) o por un miembro de la Recta Provincia, la organización de brujos de Chiloé documentada en el proceso judicial celebrado en Ancud entre 1880 y 1881 y estudiada por Sergio Fritz Roa en Los brujos de Chiloé (Editorial LOM, Santiago, 1998). El kalku —figura del brujo dañino, opuesta funcionalmente a la machi chamana— cría al Piuchén en secreto desde huevo o desde cría joven, lo alimenta con sangre de sus propios animales o de animales robados, lo instruye para reconocer a las víctimas designadas por el brujo, y lo envía por las noches contra los rebaños de las familias enemigas del propio kalku o de sus clientes que han pagado por el daño.

La organización de la Recta Provincia documentada en el proceso judicial de Quicaví es una de las manifestaciones más elaboradas del sistema de brujería del corpus chilote. La cueva iniciática se ubicaba tradicionalmente en la localidad de Quicaví (comuna de Quemchi, isla grande de Chiloé), custodiada por el Invunche (guardián deformado desde niño mediante ritual específico documentado por Cavada 1914 y por Cárdenas Álvarez 1998), con jerarquía interna que incluía al Rey de los Brujos, al Consejo, a los Brujos Mayores y a los brujos comunes, y con reuniones nocturnas periódicas para la iniciación de nuevos miembros, la distribución de encargos de daño, la coordinación de acciones contra enemigos y el reparto de ganancias. El proceso judicial iniciado en Ancud por el juez Alejandro Ortiz Cárdenas en 1880 y continuado hasta 1881 procesó a más de un centenar de personas acusadas de brujería, con condenas menores para la mayoría y con reconocimiento oficial del sistema como red criminal organizada. Los estudios contemporáneos de Sergio Fritz Roa (1998) y de otros historiadores han presentado el proceso como episodio único del choque entre la justicia estatal chilena moderna y una organización sincretizada mapuche-española de brujería rural.

El Piuchén chilota controlado por kalku se inscribe en la red mayor de bestias del corpus chilote como uno de los recursos del arsenal del brujo. En la clasificación registrada por Cárdenas Álvarez (1998), los brujos de Chiloé disponían de varios seres auxiliares: la Voladora (mujer que se convertía en pájaro nocturno para servir de mensajera del brujo), el Chivato (cabra o carnero deformado por ritual), el Basilisco chilote (gallina-serpiente que envejecía a las personas al respirar sobre ellas), el Caballo Marino chilota, y el propio Piuchén como arma dirigida contra el ganado de las familias enemigas. Cada ser tenía su función específica y respondía a órdenes precisas del brujo. La víctima humana designada por el kalku raramente era atacada directamente por el Piuchén —el Chonchón o la Voladora eran las herramientas preferidas para el ataque a personas—, pero el ataque al ganado tenía consecuencias económicas graves para la familia campesina rural chilota, que dependía del rebaño para su subsistencia. El daño económico repetido, combinado con la incapacidad de identificar al brujo responsable, generaba conflictos comunitarios de larga duración.

El conflicto entre machi chilota —chamana legítima del sistema ritual huilliche— y kalku con sus seres auxiliares como el Piuchén es motivo recurrente en el corpus chilote registrado por Cárdenas Álvarez (1978, 1998). La machi es la protectora de la comunidad frente a los ataques del brujo. Cuando se detectan matanzas de ganado atribuidas al Piuchén, la machi es convocada por la familia afectada para diagnóstico ritual (lectura de vísceras de aves, interpretación de sueños, canto ritual con canelo y con foye), identificación del kalku responsable, y eliminación del ser auxiliar mediante rastreo del refugio y muerte del Piuchén con canto ritual y hacha de piedra. La machi nunca ataca directamente al kalku humano, cuyo castigo queda a cargo de la comunidad o de la justicia estatal, pero destruye sus recursos sobrenaturales para debilitarlo. El conflicto entre machi y kalku forma parte del sistema ritual huilliche legítimo y refleja la estructura social del archipiélago donde ambas figuras coexistían como polos opuestos del universo mágico chilota, con el wekufe (entidad negativa del corpus mapuche documentada por Faron 1964) como categoría más abstracta que englobaba al Piuchén, al Chonchón y a otros seres dañinos.

Piuchén, Chupacabras y otros vampíricos americanos

La familia mitológica de los seres vampíricos voladores y de succión de fluidos vitales es amplia en el corpus americano y merece contextualización comparativa. El paralelo más frecuentemente citado por la literatura y los medios de comunicación contemporáneos es el Chupacabras panamericano moderno, fenómeno documentado inicialmente en agosto de 1995 en Puerto Rico —con los primeros reportes atribuidos a la localidad de Canóvanas y difundidos por medios de comunicación de masas como El Vocero y The Miami Herald—, y difundido rápidamente por toda América Latina, por el sur de Estados Unidos y por partes del Caribe durante la segunda mitad de la década de 1990 y la primera de 2000. El Chupacabras tiene puntos de coincidencia funcional con el Piuchén —ataque al ganado, succión de sangre, dos pequeños puntos rojos como única marca visible en el cadáver, aparición nocturna—, pero la comparación debe hacerse con precisión histórica: el Piuchén es figura mucho más antigua, documentada en crónicas coloniales chilenas del siglo XVIII y con genealogía mitológica independiente mapuche-huilliche y chilota, mientras que el Chupacabras es fenómeno mediático contemporáneo con genealogía cultural distinta.

El paralelo mesoamericano más significativo es Camazotz, el murciélago de la muerte del inframundo Xibalbá del Popol Vuh k’iche’ (manuscrito coleccionado por fray Francisco Ximénez hacia 1701 en Chichicastenango, Guatemala). Camazotz pertenece a la Casa de los Murciélagos, una de las cinco casas de tormento de Xibalbá que los gemelos Hunahpú y Xbalanqué deben atravesar en su descenso al inframundo. Es un ser gigantesco con alas membranosas, dientes afilados y cabeza cortante, y decapita a Hunahpú en un episodio central del ciclo del Popol Vuh que los gemelos deben posteriormente revertir para recuperar la vida de su hermano. Camazotz tiene registros iconográficos precolombinos en cerámica y en escultura maya clásica, con presencia en el arte de sitios como Tikal, Copán y Uxmal, y con paralelos en otras figuras zapotecas del Oaxaca prehispánico. La comparación entre Piuchén chileno y Camazotz maya es de estructura funcional (ser volador con capacidad destructiva sobre seres vivos, presencia de dientes o colmillos como arma característica) pero no de descendencia genealógica directa.

Otros paralelos americanos incluyen a los Cihuateteo del corpus mexica (mujeres muertas en el parto convertidas en entidades peligrosas de la noche, con capacidad de robar niños y de causar enfermedades, documentadas por fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino ~1577), a la Loba Blanca del corpus mapuche continental, al Colo Colo del corpus mapuche (rata-serpiente que sale de huevos de gallo y bebe fluidos vitales de las personas dormidas), y a diversas figuras del corpus tupí-guaraní amazónico. Fuera del ámbito americano, el paralelo más citado es el manananggal filipino (ser vampírico volante de la mitología popular tagala, con capacidad de separar el tronco superior del cuerpo del inferior para volar con alas membranosas de murciélago hacia sus víctimas), y los diversos vampiros del folclore eslavo (Rumanía, Bulgaria, Serbia) sistematizados por la literatura gótica europea del siglo XIX y por la novela de Bram Stoker (Dracula, Constable & Co., Londres, 1897). La familia mitológica de los seres vampíricos voladores es transcultural y responde probablemente a la observación real del comportamiento del murciélago vampiro común (Desmodus rotundus), presente en Sudamérica desde el norte de México hasta el norte de Chile y de Argentina.

La red del panteón chileno alrededor del Piuchén incluye varias figuras de la misma familia. En el archipiélago chilote habitan el Millalobo (rey del mar), la Pincoya (dueña de las especies marinas), el Trauco, el Caleuche (buque fantasma) y el Camahueto (unicornio marino de las vegas). En el aire vuelan las Voladoras mensajeras de los brujos y el Chonchón (cabeza-pájaro de brujo). En el subsuelo habita el Invunche, guardián de la cueva de Quicaví donde se reunían los brujos de Chiloé de la Recta Provincia. En las minas del norte chileno vuela el Alicanto (ave de plumaje metálico que se alimenta de oro y de plata). En la Araucanía continental habita el wekufe como categoría abstracta de entidad negativa del corpus mapuche documentada por Faron 1964. El hub general del pueblo puede consultarse en Pueblo Mapuche de Chile.

Una mirada final

El registro sistemático del Piuchén desde las crónicas jesuitas del siglo XVIII (Molina, Rosales) hasta la etnografía folclórica del siglo XX (Cavada 1914, Lenz 1904-1910, Plath 1962-1994, Cárdenas Álvarez 1978, 1998, Koessler-Ilg 1954-1962) ha permitido reconstruir una figura mitológica con genealogía cultural clara y con variantes regionales bien documentadas. La variante mapuche-huilliche continental de la Araucanía presenta al Piuchén como culebra alada que nace por transformación espontánea de una serpiente ratonera común al alcanzar edad avanzada. La variante chilota registrada por Cárdenas Álvarez lo presenta como ser controlado por kalku o por miembros de la Recta Provincia, incorporado al sistema de brujería documentado en el proceso judicial de Quicaví de 1880-1881. La variante rural del centro-sur chileno lo presenta como ave grande con cuerpo alargado de serpiente. Las tres variantes comparten la función principal —ataque nocturno al ganado con succión completa de la sangre— pero difieren en la iconografía y en el mecanismo de aparición.

La agenda etnográfica pendiente sobre el Piuchén y sobre el sistema mitológico chileno del sur incluye la profundización del registro oral con las comunidades mapuche-huilliches contemporáneas de la Araucanía, del Biobío, de Los Ríos y de Los Lagos, el trabajo comparativo con las comunidades chilotas del archipiélago y con las mapuche-pehuenches del lado argentino de la cordillera, el estudio crítico de los reportes contemporáneos de matanzas de ganado atribuidas al ser en la prensa regional chilena y su relación con depredadores reales o con enfermedades hemorrágicas del ganado, la comparación sistemática con el fenómeno del Chupacabras panamericano moderno para distinguir genealogía cultural de coincidencia funcional, y la valorización patrimonial del corpus mitológico chileno del sur como recurso identitario y cultural. Otros ciclos del sprint —Camahueto, wekufe, Colo Colo— completan el mapa de las figuras rectoras del corpus mapuche continental y chilote del panteón chileno del sur.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Piuchén en la tradición chilena?

El Piuchén (con variantes Piguchén, Pihuychén, Peuchén, Piwichén) es un ser vampírico volador del sur de Chile, presentado tradicionalmente como una culebra alada con alas membranosas de murciélago, ojos rojos brillantes y colmillos delgados que ataca al ganado (ovinos, caprinos, terneros, aves de corral) y le succiona toda la sangre hasta secarlo. El cadáver aparece sin herida visible salvo dos pequeños puntos rojos en el cuello o en el ano. La figura está documentada desde el siglo XVIII en crónicas coloniales chilenas (Molina, Rosales) y de manera sistemática por Oreste Plath en Folklore chileno (1962-1994), por Renato Cárdenas Álvarez en el manual del pensamiento mágico chilote (1998), por Bertha Koessler-Ilg en Cuentan los araucanos (1954-1962) y por Francisco Cavada en Chiloé y los chilotes (1914).

¿Cómo nace el Piuchén según las diferentes variantes regionales?

Hay dos variantes principales según la región. En la variante mapuche-huilliche continental de la Araucanía y del Biobío documentada por Koessler-Ilg (1954-1962) y por Plath (1962-1994), el Piuchén nace por transformación espontánea de una serpiente ratonera común (identificada popularmente con la culebra Philodryas chamissonis) que al alcanzar edad avanzada —séptimo, décimo o quincuagésimo año según narradores locales— desarrolla alas membranosas y adquiere la capacidad vampírica. En la variante chilota registrada por Cárdenas Álvarez (1998), el Piuchén no nace espontáneamente sino que es criado, alimentado y controlado por un kalku (brujo mapuche-huilliche) o por miembros de la Recta Provincia como arma dirigida contra el ganado de familias enemigas.

¿Cómo se combate al Piuchén en el folclore rural chileno?

Las medidas defensivas tradicionales documentadas por Cavada (1914), por Plath (1962-1994) y por Cárdenas Álvarez (1998) tienen dos fases. Primero, la identificación: cuando en una comunidad rural aparecen varias cabezas de ganado muertas sin herida visible en noches consecutivas, los pobladores sospechan del Piuchén y rastrean su refugio siguiendo huellas de reptación, marcas en árboles añosos y restos de escamas. Segundo, la eliminación: en la variante mapuche-huilliche, la machi (chamana) elimina al ser con canto ritual, humo de foye y de canelo, y decapitación con hacha de piedra. En la variante rural sincretizada del Maule y del Ñuble, el cura católico párroco realiza la expulsión con agua bendita, oración de exorcismo y quema del ser con leña de espino y de peumo.

¿Qué relación tiene el Piuchén con el Chupacabras panamericano moderno?

Hay coincidencias funcionales pero la comparación debe hacerse con precisión histórica. El Chupacabras es fenómeno mediático contemporáneo documentado inicialmente en agosto de 1995 en Puerto Rico (localidad de Canóvanas) y difundido rápidamente por toda América Latina y por el sur de Estados Unidos durante la segunda mitad de la década de 1990 y la primera de 2000 a través de medios de comunicación de masas. El Piuchén, en cambio, es figura mucho más antigua, con menciones documentadas en crónicas coloniales chilenas del siglo XVIII (Juan Ignacio Molina, Compendio de la historia del Reyno de Chile, 1776 y 1782-1787; Diego de Rosales, Historia general del Reino de Chile, ~1674) y con genealogía mitológica independiente mapuche-huilliche y chilota. Coincidencias funcionales, orígenes distintos.

¿Sigue vigente hoy la creencia en el Piuchén?

Sí, el Piuchén sigue siendo figura viva en el folclore rural del sur de Chile. Hay reportes ocasionales en la prensa regional chilena de matanzas de ganado atribuidas al ser en zonas de la Araucanía, del Biobío, de Los Ríos y de Los Lagos, aunque las investigaciones veterinarias posteriores han atribuido casi siempre estas matanzas a depredadores reales (puma, zorro chilla, perros ferales) o a enfermedades hemorrágicas del ganado. En la literatura chilena aparece en la obra del narrador Francisco Coloane (1910-2002) y en la narrativa fantástica y de terror latinoamericana reciente. Aparece también en el imaginario audiovisual chileno contemporáneo (cine de terror local, cómic chileno de autor como Sinfín de Francisco Ortega y Nelson Daniel), en el turismo cultural del sur chileno y en la memoria oral viva de las comunidades mapuche-huilliches y chilotes contemporáneas.

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