Sira, el creador supremo del panteón u’wa de la Sierra Nevada del Cocuy

En síntesis. Sira es el creador supremo y la deidad más lejana del panteón de los U’wa (autónimo que significa aproximadamente ‘gente inteligente que sabe hablar’ y que sustituye al exónimo colonial tunebo usado por los cronistas españoles desde el siglo XVI), pueblo indígena de la familia lingüística chibcha con aproximadamente 7.581 personas según el Censo Nacional de Población y Vivienda de Colombia de 2018 (DANE), asentado en el macizo montañoso de la Sierra Nevada del Cocuy o Güicán —con picos que alcanzan los 5.410 m en el Ritacuba Blanco— y en las estribaciones que bajan hacia el piedemonte llanero de los departamentos de Boyacá, Casanare, Arauca, Santander y Norte de Santander. La descripción etnográfica central del panteón u’wa es la de la antropóloga británica Ann Osborn en Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa (Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1985), obra basada en el trabajo de campo realizado durante los años 1970 y 1980 con la comunidad de bókota. Sira funciona en el sistema u’wa como un deus otiosus típico del continente americano: creó los cuatro puntos cardinales, las cuatro montañas nevadas del Cocuy —entre ellas Ricuwa y Kajka Ika—, los ríos que descienden del macizo hacia el Orinoco y el Magdalena, y después se retiró. No interviene en los asuntos cotidianos, pero los werjayá (chamanes-cantores del pueblo u’wa) lo invocan en los rituales del solsticio y del equinoccio con ofrendas rituales de agua, hojas de coca y tabaco. Desde los años 1990 el nombre de Sira aparece con frecuencia en los comunicados del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa (Asociación de Autoridades Tradicionales U’wa) en el marco de la resistencia contra Occidental Petroleum (OXY) y contra Ecopetrol, litigio que culminó con la sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional colombiana y con la sentencia T-880 de 2006 en materia de consulta previa.

Origen culturalPueblo indígena U’wa (autónimo que significa aproximadamente ‘gente inteligente que sabe hablar’), llamado tunebo por los cronistas coloniales españoles desde el siglo XVI y hasta la oficialización del autónimo por el propio pueblo en las últimas décadas del siglo XX; hablantes de Uw’aka, lengua de la familia chibcha (con parentesco lingüístico documentado con el muisca ya extinto, con el kogui, con el arhuaco, con el ika y con las demás lenguas chibcha de la Sierra Nevada de Santa Marta) con aproximadamente 3.000 hablantes activos según los datos del Ministerio de Cultura de Colombia; aproximadamente 7.581 personas según el Censo Nacional de Población y Vivienda del DANE de 2018, distribuidas en cinco subgrupos endogámicos clásicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota y dobocubí— más denominaciones locales adicionales como sabanachi; territorio ancestral en la Sierra Nevada del Cocuy o Güicán (macizo montañoso nevado con picos hasta 5.410 m en el Ritacuba Blanco, en los departamentos colombianos de Boyacá, Casanare, Arauca, Santander y Norte de Santander); resguardo Unido U’wa creado por resolución del INCORA en agosto de 1999 con aproximadamente 220.275 hectáreas, resultado del proceso de negociación que siguió a la sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional; contexto contemporáneo definido por la resistencia sostenida contra Occidental Petroleum (OXY) desde 1992, contra Ecopetrol después de la retirada de OXY en 2002, y contra proyectos posteriores de exploración petrolera, fracking y minería en el territorio
TipoCreador supremo del panteón U’wa, deidad primordial y lejana con el rol clásico de deus otiosus americano (dios creador que se retira del mundo tras el acto cosmogónico y no interviene ya en los asuntos ordinarios); posición jerárquica superior del sistema religioso u’wa registrado etnográficamente por Ann Osborn entre los años 1970 y 1980; comparable en función y en jerarquía con figuras del mismo tronco lingüístico chibcha como Serankua kogi (Sierra Nevada de Santa Marta), Chiminigagua muisca (altiplano cundiboyacense) y Bochica muisca como figura secundaria del ordenamiento; iconografía prácticamente ausente en el registro u’wa (Sira carece de representación material fija en el sentido en que sí la tienen las deidades mesoamericanas como Chicomecōātl mexica o los dioses zapotecas), lo que refuerza su carácter de deidad silenciosa e invisible; su presencia se manifiesta en el orden mismo del mundo —los cuatro puntos cardinales, las cuatro montañas del Cocuy, las cuatro estaciones cósmicas del año ritual— y en el canto ceremonial reo de los werjayá que lo invoca sin nombrarlo directamente en la mayoría de los pasajes rituales
Función míticaRige el orden cosmogónico primordial del panteón U’wa: creó los cuatro puntos cardinales, las cuatro montañas nevadas de la Sierra Nevada del Cocuy (Ricuwa, Kajka Ika y otras dos), los ríos que descienden del macizo hacia las cuencas del Orinoco por el oriente y del Magdalena por el occidente, y las cuatro estaciones cósmicas del año ritual documentadas por Ann Osborn (1985) —dos estaciones secas y dos estaciones lluviosas que se corresponden con los solsticios y los equinoccios y que rigen el calendario agrícola de altura (papa, maíz de altura, quinua) y el ciclo de las asambleas comunitarias—; tras la creación se retiró y delegó en Rubaruba (héroe cultural u’wa, hijo espiritual o instrumento de Sira) la instauración concreta del canto ceremonial reo, del ayuno ritual ruiría y del sistema de matrimonios entre los cinco subgrupos endogámicos; recibe ofrendas rituales de agua, de hojas de coca, de tabaco y de mopo (calabaza ritual) en los solsticios de junio y de diciembre y en los equinoccios de marzo y de septiembre, oficiadas por los werjayá en el marco del canto reo yaguana (rezo curativo) y de las asambleas del cabildo mayor u’wa; su función contemporánea añadida desde los años 1990 es la de figura tutelar del discurso identitario u’wa frente a la exploración petrolera en el territorio, tal como aparece en los comunicados públicos del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa
AtestaciónAnn Osborn, Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa (Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1985), obra etnográfica de referencia central basada en el trabajo de campo que la antropóloga británica realizó entre los años 1970 y 1980 con la comunidad de bókota; Ann Osborn, La religión de los tunebo (Banco de la República, Bogotá, 1970), versión temprana del material posteriormente ampliado; Ann Osborn, Comer y ser comido: metáforas alimenticias entre los U’wa (Universidad de los Andes, Bogotá, 1990); Ann Osborn, The Four Seasons of the U’wa: a Chibcha ritual ecology (Sean Kingston Publishing, Wantage, 2009), publicación póstuma en inglés del corpus completo de la autora fallecida en 1985; Berichá, Tengo los pies en la cabeza (Editorial Los Cuatro Elementos, Bogotá, 1992), testimonio autobiográfico de una mujer u’wa contemporánea que incorpora referencias abundantes al panteón tradicional y a la figura de Sira; Alfredo Anaya y varios autores sobre el pueblo u’wa; Peter Rørbech Jensen y otros trabajos sobre ecología ritual chibcha; Programa Presidencial para los Derechos Humanos de Colombia, Diagnóstico de la situación del pueblo indígena U’wa (Bogotá, 2010); Corte Constitucional colombiana, sentencia SU-039 de 1997 (protección de derechos del pueblo u’wa frente a la exploración de Occidental Petroleum) y sentencia T-880 de 2006 (consulta previa); documentación pública del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa (Asociación de Autoridades Tradicionales U’wa) desde los años 1990 hasta el presente, disponible en los archivos de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
Vigencia hoySira permanece como figura central del sistema religioso U’wa contemporáneo, invocada por los werjayá en los rituales del solsticio y del equinoccio en las comunidades de los cinco subgrupos endogámicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota, dobocubí— del Resguardo Unido U’wa (Boyacá, Casanare, Arauca) y de las comunidades vecinas de Santander y Norte de Santander; su nombre aparece con frecuencia en los comunicados públicos del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa (Asociación de Autoridades Tradicionales U’wa) desde los años 1990 en el marco de la resistencia sostenida contra la exploración petrolera y minera en el territorio ancestral: primero contra Occidental Petroleum (OXY) por el bloque Samoré (1992-2002), después contra Ecopetrol por el bloque Sirirí y por el pozo Gibraltar (2002-2010), y contra proyectos posteriores de fracking (fracturación hidráulica) y de exploración de hidrocarburos en el piedemonte llanero; la amenaza pública de suicidio colectivo formulada por el cabildo mayor u’wa en 1995 y reiterada en 1997 —comparable en su carga simbólica al suicidio colectivo histórico atribuido a un grupo de u’wa del peñón de la Peña de Guican en 1657 durante la Conquista— invocaba explícitamente el orden sagrado creado por Sira y la imposibilidad de mantenerlo con la perforación petrolera; la sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional colombiana, la sentencia T-880 de 2006, la audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1997 y las resoluciones posteriores han reconocido derechos del pueblo u’wa cuya justificación cultural remite al panteón tradicional y a la figura de Sira; el pueblo u’wa sigue considerando la Sierra Nevada del Cocuy como el corazón del mundo u’wa y como territorio sagrado no negociable

La historia del registro etnográfico del panteón U’wa es corta y está dominada por una sola figura de referencia: la antropóloga británica Ann Osborn. Antes de los trabajos de Osborn en los años 1970 y 1980 existían menciones dispersas al pueblo tunebo en la literatura misional colonial —franciscanos, jesuitas y dominicos que operaron en la Sierra Nevada del Cocuy y en el piedemonte llanero desde el siglo XVII— y en las crónicas de exploradores geográficos del siglo XIX y comienzos del XX, pero ninguna descripción sistemática del sistema religioso hasta la publicación de La religión de los tunebo (Banco de la República, Bogotá, 1970) por la propia Osborn. La obra mayor de la autora, Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa, apareció póstumamente en 1985 —Osborn murió ese mismo año— editada por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República bajo la coordinación de Roberto Lleras. El corpus completo en inglés, The Four Seasons of the U’wa: a Chibcha ritual ecology, apareció en 2009 en la editorial británica Sean Kingston Publishing (Wantage) veinticuatro años después de la muerte de la autora, con edición póstuma de Peter Rørbech Jensen y de otros colegas.

La segunda fuente de referencia sobre el panteón U’wa es un testimonio autobiográfico: Tengo los pies en la cabeza (Editorial Los Cuatro Elementos, Bogotá, 1992) de la escritora u’wa Berichá, mujer indígena del pueblo tegría educada en la misión católica del Cocuy y activa en la política indígena colombiana desde los años 1980. El libro incorpora referencias abundantes al panteón tradicional, al lugar de Sira como creador supremo, al canto ceremonial reo y al papel de los werjayá en la vida ritual comunitaria. Otras fuentes contemporáneas incluyen los estudios de Alfredo Anaya sobre el sistema social u’wa, los trabajos de Peter Rørbech Jensen sobre la ecología ritual chibcha, y la documentación pública del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa desde 1992. El Diagnóstico de la situación del pueblo indígena U’wa del Programa Presidencial para los Derechos Humanos de Colombia (Bogotá, 2010) recogió el marco jurídico-cultural en el contexto del auto 004 de 2009 de la Corte Constitucional sobre pueblos en riesgo de exterminio físico y cultural.

El tercer bloque documental sobre Sira es el jurídico. La sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional colombiana —dictada en el marco del recurso de tutela promovido por el defensor del pueblo Jaime Córdoba Triviño contra la resolución 110 del 3 de febrero de 1995 del Ministerio del Medio Ambiente que había autorizado la exploración de Occidental Petroleum (OXY) en el bloque Samoré— reconoció el derecho fundamental del pueblo u’wa a la consulta previa y suspendió temporalmente la licencia ambiental. La sentencia T-880 de 2006 amplió la doctrina en el caso del bloque Sirirí y del pozo Gibraltar (Ecopetrol). Ambas sentencias, y las resoluciones posteriores de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, invocan explícitamente la relación del pueblo u’wa con su territorio sagrado y con su sistema religioso tradicional —del que Sira es el vértice— como fundamento jurídico de la protección. El corpus judicial es, en consecuencia, una fuente secundaria pero relevante para el estudio contemporáneo del panteón.

El creador supremo silencioso del panteón u’wa

El panteón U’wa registrado por Ann Osborn (1985) tiene forma jerárquica y funcional. En la cúspide, Sira, creador primordial y silencioso, deidad que produjo el orden del mundo y que después se retiró. En el segundo nivel, Rubaruba (o Ruba en forma corta), héroe cultural instrumento de Sira, encargado de instaurar concretamente las cuatro estaciones cósmicas, el canto ceremonial reo, el ayuno ritual ruiría, la agricultura de altura y el sistema de matrimonios entre los cinco subgrupos endogámicos u’wa. En el tercer nivel, un conjunto de figuras menores asociadas a los animales, a las plantas, a los ríos y a los cerros específicos de la Sierra Nevada del Cocuy. Sira no aparece iconográficamente representado —no hay imagen ritual, no hay máscara ceremonial, no hay tallado en piedra— y su nombre se pronuncia con parquedad en los rituales, lo que refuerza su carácter de deidad lejana. Los werjayá lo invocan mayoritariamente a través de la mención del orden que él creó: los cuatro puntos cardinales, las cuatro montañas del Cocuy, las cuatro estaciones cósmicas.

La figura del deus otiosus americano es un rasgo compartido por buena parte de los panteones indígenas del continente. En la Sierra Nevada de Santa Marta, la familia lingüística chibcha vecina de los u’wa presenta figuras funcionalmente comparables: Serankua kogi, hijo y realizador del pensamiento de Aluna (madre primordial del pensamiento kogi-arhuaco), ordena el mundo y después delega. En el altiplano cundiboyacense, el panteón muisca —también chibcha, más numeroso políticamente que los u’wa antes de la Conquista— presenta a Chiminigagua como creador primordial invisible del que emanó la luz y a Bochica como héroe civilizador. En el mismo territorio muisca, Bachué es la madre primordial y Chibchacum es el sostenedor del mundo. La familia chibcha reparte un mismo esquema —creador retirado, héroe cultural civilizador, madre primordial, sostenedor— entre sus tres macizos montañosos sagrados: la Sierra Nevada del Cocuy (u’wa), la Sierra Nevada de Santa Marta (kogi, arhuaco, kankuamo, wiwa) y el altiplano cundiboyacense (muisca).

La cinco divisiones internas del pueblo u’wa —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota y dobocubí— corresponden en el sistema tradicional a segmentos endogámicos con territorios específicos dentro de la Sierra Nevada del Cocuy, con dialectos ligeramente diferenciados de la lengua Uw’aka y con variantes rituales identificables. Ann Osborn trabajó principalmente con la comunidad de bókota asentada en la vertiente oriental del macizo (departamento de Casanare), lo que ha llevado a algunos comentaristas a preguntarse hasta qué punto el sistema descrito en Las cuatro estaciones refleja variantes locales bókota más que un panteón u’wa homogéneo. La respuesta actual del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa es que el sistema descrito por Osborn corresponde al núcleo religioso compartido por los cinco subgrupos, con variantes ceremoniales menores en cada uno de ellos. Los subgrupos tegría y kubaruwa están asentados en la vertiente occidental del Cocuy (departamento de Boyacá), aguablanca en Arauca, bókota en Casanare y dobocubí en Norte de Santander.

Junto a los cinco subgrupos endogámicos clásicos existen denominaciones adicionales de menor peso demográfico: sabanachi en Norte de Santander, y grupos designados en la literatura antigua como chitareros o laches, hoy identificados como poblaciones chibchas emparentadas con los u’wa aunque con menor continuidad organizativa. La lengua Uw’aka pertenece a la rama chibcha central según la clasificación de Adolfo Constenla Umaña (Comparative Chibchan phonology, tesis doctoral, University of Pennsylvania, 1981) y el estudio comparativo posterior de Willem Adelaar y Pieter Muysken (The Languages of the Andes, Cambridge University Press, 2004), con parentesco cercano al muisca extinto y a las lenguas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Aproximadamente 3.000 u’wa hablan hoy Uw’aka como primera lengua según los datos del Ministerio de Cultura de Colombia, cifra alta en términos relativos frente al tamaño total del pueblo, lo que indica vitalidad lingüística. El hub temático del pueblo, con la ficha completa y las principales referencias, está en Pueblo U’wa: hub.

Las cuatro estaciones cósmicas según Ann Osborn (1985)

La obra central de referencia para el estudio del panteón U’wa es, sin discusión académica, Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa de Ann Osborn, publicada póstumamente por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República (Bogotá, 1985). Osborn, antropóloga británica formada en la London School of Economics y en la Universidad de Cambridge, realizó trabajo de campo con la comunidad bókota del piedemonte casanareño entre 1971 y 1974, con estancias posteriores en 1979-1980. Su método combinaba observación participante prolongada, grabación sistemática del canto ceremonial reo de los werjayá, aprendizaje de la lengua Uw’aka, y análisis estructural del calendario ritual. La antropóloga murió en Bogotá en 1985 antes de ver publicada la obra mayor; la edición fue coordinada por Roberto Lleras Pérez y contó con prólogo de Gerardo Reichel-Dolmatoff.

El sistema de cuatro estaciones cósmicas que da título a la obra es el eje organizador del año ritual u’wa. Osborn documentó que el calendario tradicional divide el año en cuatro periodos rituales que se corresponden aproximadamente con los solsticios de junio y de diciembre y con los equinoccios de marzo y de septiembre. Cada estación tiene ritos propios oficiados por los werjayá, cantos reo específicos, ayunos rituales ruiría de duración variable, prohibiciones alimenticias y sexuales asociadas, y actividades agrícolas concretas. Las dos estaciones húmedas se corresponden con la siembra y con la maduración de los cultivos de altura —papa, maíz de altura, quinua, ulluco, en la franja alta del macizo; yuca, plátano, ñame y otros en la franja baja del piedemonte llanero—; las dos estaciones secas se corresponden con la cosecha y con las asambleas comunitarias mayores.

El sistema social u’wa registrado por Osborn refleja la misma estructura cuatripartita. Los cinco subgrupos endogámicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota, dobocubí— tenían territorios asignados en los cuatro puntos cardinales del macizo del Cocuy, con un centro geográfico y ceremonial que Osborn identificó con el nevado Kajka Ika. Las alianzas matrimoniales estaban reguladas por el sistema de cuatro estaciones: cada subgrupo tenía épocas rituales específicas para celebrar bodas con miembros de los otros subgrupos, siguiendo un patrón de reciprocidad que Osborn analizó en Comer y ser comido: metáforas alimenticias entre los U’wa (Universidad de los Andes, Bogotá, 1990). El sistema de matrimonios era una de las funciones ceremoniales instauradas por Rubaruba por delegación de Sira, según registró la antropóloga a partir del canto reo de los werjayá.

La publicación póstuma en inglés, The Four Seasons of the U’wa: a Chibcha ritual ecology (Sean Kingston Publishing, Wantage, 2009), añadió al corpus castellano el análisis comparativo de Osborn con otras tradiciones chibchas. La antropóloga había planeado extender su trabajo hacia una comparación con el sistema kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta —donde Reichel-Dolmatoff había producido su corpus etnográfico clásico desde los años 1950— y con lo poco documentado del sistema muisca antes de la Conquista. La muerte prematura de Osborn a los 43 años dejó el proyecto incompleto; el manuscrito inglés fue preparado para publicación por Peter Rørbech Jensen y otros colegas con base en las notas de campo depositadas en el archivo del Banco de la República. La obra ha sido reseñada por Wendy James en el Journal of the Royal Anthropological Institute (2010), por Elizabeth Reichel-Dolmatoff en Boletín Museo del Oro (2010) y por otros en la literatura académica de referencia chibchista.

Sira y la resistencia contemporánea contra Occidental Petroleum

La figura de Sira ocupa desde comienzos de los años 1990 un lugar central en el discurso público del pueblo U’wa frente a la exploración petrolera en su territorio ancestral. El detonante fue la solicitud de licencia ambiental presentada en 1992 por la empresa Occidental Petroleum (OXY) para exploración sísmica en el llamado bloque Samoré, ubicado en la vertiente oriental de la Sierra Nevada del Cocuy, en tierras del Resguardo Unido U’wa entonces en proceso de creación. En 1993 y 1994 se realizaron reuniones entre representantes de OXY, del Ministerio del Medio Ambiente y de las autoridades u’wa; la falta de consulta previa efectiva en los términos del Convenio 169 de la OIT (ratificado por Colombia mediante la Ley 21 de 1991) llevó al defensor del pueblo Jaime Córdoba Triviño a interponer en 1995 una acción de tutela contra la resolución 110 del 3 de febrero de 1995 del Ministerio del Medio Ambiente que había autorizado la exploración.

En 1995 el cabildo mayor u’wa, presidido entonces por Berito Cobaría, anunció públicamente que si la exploración petrolera continuaba el pueblo u’wa optaría por el suicidio colectivo antes que ver profanado el orden sagrado creado por Sira. El anuncio invocaba explícitamente un precedente histórico: el suicidio colectivo atribuido a un grupo de u’wa del peñón de la Peña de Guican en 1657, durante las campañas de reducción y evangelización dirigidas por los franciscanos en la Sierra Nevada del Cocuy. La versión tradicional u’wa conservada por los werjayá y publicada por Berichá (1992) narra que los u’wa cercados en la peña se arrojaron al abismo llevando consigo sus enseres rituales antes que ser esclavizados por los españoles. La amenaza contemporánea de suicidio colectivo formulada en 1995 y reiterada en 1997 activó una campaña internacional de solidaridad con el pueblo u’wa, coordinada por el cabildo mayor u’wa, por la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y por organizaciones internacionales como Amazon Watch, Rainforest Action Network y Cultural Survival.

La sentencia SU-039 del 3 de febrero de 1997 de la Corte Constitucional colombiana, con ponencia del magistrado Antonio Barrera Carbonell, tuteló el derecho fundamental del pueblo u’wa a la consulta previa y suspendió los efectos de la resolución 110. La providencia estableció que el proceso de consulta debía ser genuino, informado y realizado con las autoridades tradicionales del pueblo, en cumplimiento del Convenio 169 de la OIT y del artículo 7 de la Constitución colombiana de 1991 que reconoce la diversidad étnica y cultural de la Nación. La sentencia se convirtió en hito jurídico latinoamericano sobre consulta previa y ha sido citada como referencia por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en casos posteriores como el del pueblo Saramaka de Surinam (2007) y el del pueblo Sarayaku de Ecuador (2012). En 2002 OXY retiró finalmente su solicitud tras años de litigio y de presión internacional, y traspasó los intereses en la zona a Ecopetrol.

La resistencia u’wa continuó después de 2002 contra el bloque Sirirí y contra el pozo Gibraltar de Ecopetrol, que motivó la sentencia T-880 del 26 de octubre de 2006 de la Corte Constitucional colombiana (magistrado ponente Álvaro Tafur Galvis) en materia de consulta previa. Contra proyectos posteriores de exploración de hidrocarburos, de fracking (fracturación hidráulica) y de minería en el piedemonte llanero, el cabildo mayor u’wa y la AsoU’wa han mantenido una postura pública sostenida invocando el mismo argumento cultural: la perforación de la Sierra Nevada del Cocuy es la perforación del cuerpo de Sira, y el pueblo u’wa no puede consentir que se rompa el orden sagrado creado por la deidad. El caso u’wa fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1997 y ha sido objeto de resoluciones y de medidas cautelares desde entonces. En 2015 la Corte Interamericana de Derechos Humanos admitió el caso Pueblo Indígena U’wa y sus miembros vs. Colombia, cuya sentencia de fondo se emitió en 2024 reconociendo la violación de derechos por parte del Estado colombiano.

Una mirada final

El estudio del panteón U’wa tiene la peculiaridad, poco frecuente en la etnografía andina, de reposar casi por entero en una sola autora —Ann Osborn (1985)— y de haber conocido su mayor difusión pública no por vía académica sino por vía judicial y política, a través de las sentencias de la Corte Constitucional colombiana y de la campaña internacional de solidaridad con el pueblo u’wa frente a la exploración petrolera de Occidental Petroleum desde 1992. Sira, deidad silenciosa y lejana en el sistema ritual tradicional, se ha vuelto en el discurso público contemporáneo un símbolo activo de la resistencia u’wa. Los werjayá siguen invocándolo en el canto reo con la misma parquedad ritual documentada por Osborn hace medio siglo, y el cabildo mayor u’wa y la AsoU’wa lo mencionan con más frecuencia en los comunicados institucionales dirigidos al Estado colombiano y a los organismos internacionales.

La agenda pendiente sobre el panteón u’wa incluye trabajo etnográfico más denso sobre las variantes de los cinco subgrupos endogámicos (Osborn trabajó principalmente con bókota), estudio comparativo sistemático con los sistemas kogi y arhuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta —parientes chibchas cercanos con corpus etnográfico más amplio gracias a los trabajos de Reichel-Dolmatoff desde los años 1950—, y registro documental del canto reo de los werjayá antes de que la generación actual de cantores desaparezca. Las universidades colombianas —Nacional de Colombia, Andes, Externado, Rosario, Javeriana— han producido tesis de pregrado y de maestría sobre distintos aspectos del pueblo u’wa desde los años 2000, y el archivo del Banco de la República conserva las notas de campo de Osborn como fuente primaria disponible. El paralelo americano más útil sigue siendo el de Serankua kogi en la Sierra Nevada de Santa Marta y el de Aluna como madre primordial del pensamiento kogi-arhuaco.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Sira en el panteón u’wa?

Sira es el creador supremo del panteón de los U’wa (tunebo en la literatura colonial), pueblo chibcha de la Sierra Nevada del Cocuy (Boyacá, Casanare, Arauca, Santander, Norte de Santander) con aproximadamente 7.581 personas según el Censo del DANE 2018. Funciona como deus otiosus americano: creó los cuatro puntos cardinales, las cuatro montañas nevadas del Cocuy (Ricuwa, Kajka Ika y otras dos) y los ríos que descienden hacia el Orinoco y el Magdalena, y se retiró. Su descripción etnográfica central es la de Ann Osborn en Las cuatro estaciones (Banco de la República, Bogotá, 1985).

¿Cuál es la obra de referencia sobre el panteón u’wa?

La obra de referencia central es Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa de Ann Osborn, publicada póstumamente por el Banco de la República (Bogotá, 1985). Osborn realizó trabajo de campo con la comunidad bókota entre 1971-1974 y 1979-1980. Una versión temprana apareció como La religión de los tunebo (Banco de la República, 1970) y el corpus completo en inglés como The Four Seasons of the U’wa (Sean Kingston Publishing, Wantage, 2009). El testimonio de Berichá, Tengo los pies en la cabeza (Los Cuatro Elementos, 1992), aporta una perspectiva u’wa contemporánea directa.

¿Qué son las cuatro estaciones cósmicas u’wa?

Las cuatro estaciones cósmicas son el eje del año ritual u’wa documentado por Ann Osborn (1985). El calendario tradicional divide el año en cuatro periodos correspondientes a los solsticios de junio y de diciembre y a los equinoccios de marzo y de septiembre. Cada estación tiene ritos oficiados por los werjayá (chamanes-cantores), cantos reo específicos, ayunos ruiría, prohibiciones alimenticias y sexuales, y actividades agrícolas concretas. Las estaciones húmedas corresponden a siembra y maduración; las secas a cosecha y asambleas. El sistema fue instaurado por Rubaruba (héroe cultural u’wa) por delegación de Sira.

¿Qué papel juega Sira en la resistencia u’wa contra Occidental Petroleum?

Sira ocupa desde 1992 un lugar central en el discurso público u’wa frente a la exploración petrolera. La solicitud de Occidental Petroleum (OXY) para el bloque Samoré motivó la amenaza pública de suicidio colectivo del cabildo mayor u’wa en 1995, invocando el precedente del suicidio colectivo atribuido a un grupo de u’wa del peñón de la Peña de Guican en 1657. La sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional tuteló el derecho a la consulta previa. OXY se retiró en 2002. La Corte Interamericana emitió sentencia en 2024.

¿Cómo se compara Sira con otras deidades chibchas?

Sira comparte con las deidades supremas de otros pueblos chibchas colombianos el esquema del creador retirado (deus otiosus). En la Sierra Nevada de Santa Marta, el pueblo kogi tiene a Serankua como hijo y realizador del pensamiento de Aluna, madre primordial. En el altiplano cundiboyacense, el pueblo muisca tenía a Chiminigagua como creador invisible, a Bochica como héroe civilizador, a Bachué como madre primordial y a Chibchacum como sostenedor del mundo. La familia chibcha reparte el mismo esquema entre sus tres macizos sagrados: Cocuy (u’wa), Sierra Nevada de Santa Marta (kogi, arhuaco, kankuamo, wiwa) y altiplano cundiboyacense (muisca).

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