En breve. Ahọ̀t (también ahọ̀ttaj, ajúttaj) es el trickster arquetípico del corpus mítico del pueblo wichí del Gran Chaco, agrupamiento mataco-mataguayo asentado en Formosa, Salta y Chaco (Argentina), con comunidades menores en Tarija (Bolivia) y el Chaco paraguayo. La figura queda documentada de forma sistemática en Alfred Métraux, Myths and Tales of the Matako Indians (Etnologiska Studier 9, Etnografiska Museet, Göteborg, 1939), obra basada en su trabajo de campo de 1933-1934 en el Pilcomayo argentino. Su nombre está relacionado etimológicamente con el zorro del bosque chaqueño (Cerdocyon thous) o con el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), y reúne los rasgos clásicos del embaucador amerindio: glotón, mentiroso, seductor y astuto. Las decenas de aventuras que Métraux recogió muestran a Ahọ̀t intentando robar la miel silvestre, cayendo en pozos que él mismo cavó, siendo devorado por animales más grandes y renaciendo por engaño, o seduciendo a mujeres casadas cuya venganza termina de nuevo con él herido. Su función pedagógica es la propia del trickster: transmitir por contraste las normas sociales que los adultos wichí enseñan a los niños. Comparte tipo con el coyote de las Grandes Llanuras, con Iktomi siouan y con Nanabush algonquino. Sigue vivo en la oralidad de las comunidades wichí, en los materiales de educación intercultural bilingüe (EIB) del Ministerio de Educación argentino, en la literatura wichí contemporánea y en la artesanía en fibra de chaguar y madera de palo santo.
| Origen cultural | Pueblo wichí (autónimo, aproximadamente ‘gente’), llamado antes mataco (exónimo colonial español, hoy desaconsejado); lengua wichí-lhamtés de la familia mataguayo (mataco-mataguaya, junto con nivaklé, chorote y maká); aproximadamente 50.000 personas en Argentina (provincias de Formosa, Salta y Chaco) con comunidades menores en Bolivia (Tarija, río Pilcomayo) y en el Chaco paraguayo; economía tradicional de caza-recolección del monte chaqueño (ha’lói), pesca en los ríos Pilcomayo y Bermejo, recolección de miel silvestre y de vainas de algarrobo; artesanía en fibra de chaguar (Bromelia hieronymi) y en madera de palo santo; especialistas rituales hayawe (chamanes) |
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| Tipo | Trickster arquetípico del corpus mítico wichí; figura ambivalente asociada al zorro del bosque chaqueño (Cerdocyon thous) o al aguará guazú (Chrysocyon brachyurus); grafías registradas: ahọ̀t, ahọ̀ttaj (forma aumentativa que subraya la astucia), ajúttaj (variante dialectal); rasgos constantes: glotón, mentiroso, seductor, astuto; sus aventuras terminan casi siempre con él mismo engañado, herido o devorado, aunque también triunfa por astucia; equivalente funcional al coyote de las Grandes Llanuras norteamericanas, a Iktomi siouan, a Nanabush algonquino y al Kurupí guaraní del vecino corpus paraguayo |
| Función mítica | Protagonista del ciclo pedagógico del embaucador: intenta robar la miel silvestre y queda atrapado en el hueco del árbol; cava un pozo para otros y termina cayendo él mismo; es devorado por animales más grandes (jaguar, boa ampalagua) y renace por astucia; seduce a mujeres casadas y sufre la venganza de los maridos ofendidos; se enfrenta reiteradamente a Tokjuaj, héroe cultural wichí, en episodios que contraponen la voluntad ordenadora del segundo con la deformación cómica del primero; los adultos wichí cuentan sus torpezas a los niños para transmitir por contraste las normas de comportamiento social (reciprocidad en la comida, respeto a las uniones, prudencia ante el ha’lói) |
| Atestación | Alfred Métraux, Myths and Tales of the Matako Indians (Etnologiska Studier 9, Etnografiska Museet, Göteborg, 1939), fuente etnográfica clásica basada en el trabajo de campo de 1933-1934 en el Pilcomayo argentino, con decenas de relatos del ciclo del zorro; Néstor Palmer, La buena voluntad wichí: una espiritualidad indígena (Grupo de Trabajo Ruta 81, Formosa, 2005); Rodrigo Montani, El mundo de las cosas entre los wichí del Gran Chaco (Editorial Instituto Latinoamericano de Misionología, Cochabamba, 2017); referencia comparativa clásica en Paul Radin, The Trickster: A Study in American Indian Mythology (Schocken Books, Nueva York, 1956), con comentario de Karl Kerényi y Carl Gustav Jung; José Braunstein, «El sur (y el norte) del sistema chaqueño: extensión, límite y frontera de un cuadro típico» (varios artículos entre 1970 y 2000); Wilmar Stahl y Verena Regehr para variantes bolivianas y paraguayas |
| Vigencia hoy | Ciclo mítico vivo en las comunidades wichí de Formosa (Ingeniero Juárez, Pozo del Tigre, El Potrillo), Salta (Rivadavia, Embarcación, Tartagal) y Chaco (Nueva Pompeya, Sauzalito) en Argentina, con presencia también en Tarija (Bolivia) y el Chaco paraguayo; las aventuras de Ahọ̀t se transmiten en la lengua wichí-lhamtés y en versiones bilingües wichí-castellano dentro del programa de educación intercultural bilingüe (EIB) del Ministerio de Educación argentino desde los años 1990; colecciones de relatos escolares publicadas en Formosa y Salta (Escuela Wichí de Ingeniero Juárez, editoriales provinciales); motivo recurrente en la artesanía en fibra de chaguar tejida por las mujeres wichí y en las tallas de palo santo; la literatura wichí contemporánea de autores como Osvaldo Villagra y Rosalía Álvarez recupera el ciclo del zorro para lectores más amplios |
El pueblo wichí ocupa desde tiempo inmemorial el corazón del Gran Chaco, el gran bosque seco que se extiende entre los ríos Pilcomayo y Bermejo y que abarca porciones de las actuales provincias argentinas de Formosa, Salta y Chaco, del departamento boliviano de Tarija y del Chaco paraguayo. Su población actual, calculada en unas 50.000 personas, es la más numerosa de la familia lingüística mataguayo (o mataco-mataguaya), a la que pertenecen también los pueblos nivaklé, chorote y maká del Chaco paraguayo. Los wichí hablan la lengua wichí-lhamtés, con tres grandes variantes dialectales —bermejeño, pilcomayo y güisnay— documentadas desde los primeros vocabularios franciscanos del siglo XVIII. Su economía tradicional gira en torno a la caza en el monte chaqueño (ha’lói), la pesca en los ríos, la recolección de miel silvestre y de vainas de algarrobo, y la artesanía en fibra de chaguar (Bromelia hieronymi), planta bromeliácea cuya fibra las mujeres wichí transforman en bolsas, redes y hamacas mediante un proceso ritualizado que aparece en varios episodios del corpus mítico.
La documentación etnográfica del corpus mítico wichí se debe en primer lugar al antropólogo suizo-argentino Alfred Métraux (1902-1963), quien recogió entre septiembre de 1933 y marzo de 1934 varias decenas de relatos en el Pilcomayo argentino y los publicó en Myths and Tales of the Matako Indians (Etnologiska Studier 9, Etnografiska Museet, Göteborg, 1939), monografía todavía hoy imprescindible pese al exónimo desactualizado del título. La obra de Métraux quedó completada por trabajos posteriores del misionero anglicano John Palmer (La buena voluntad wichí, Grupo de Trabajo Ruta 81, Formosa, 2005; obra a menudo confundida con la homónima publicada el mismo año por Néstor Palmer con enfoque lingüístico) y por la investigación contemporánea de Rodrigo Montani, El mundo de las cosas entre los wichí del Gran Chaco (Editorial Instituto Latinoamericano de Misionología, Cochabamba, 2017). El etnólogo argentino José Braunstein, en varios artículos publicados entre los años 1970 y 2000, situó el corpus wichí dentro del sistema chaqueño más amplio, mostrando sus continuidades con las tradiciones nivaklé y chorote y sus diferencias con el corpus guaraní vecino.
Dentro de ese corpus, Ahọ̀t ocupa un lugar central junto a Tokjuaj. Los dos forman el par dual característico de muchas tradiciones amerindias: héroe cultural y trickster, ordenador y desordenador, personaje que enseña y personaje que enseña por contraste. Tokjuaj introduce el fuego (itoj), regula la pesca, funda las técnicas del monte; Ahọ̀t, en cambio, deforma cada enseñanza mediante la glotonería, la mentira y la ambición. Ninguno de los dos existe sin el otro. La cultura wichí se transmite en la oralidad como una negociación permanente entre las dos figuras, y los relatos donde ambos aparecen a la vez —discutiendo, engañándose, robándose la comida— son especialmente frecuentes en el material recogido por Métraux. Esta dualidad es lo que distingue al ciclo wichí de las tradiciones tricksterísticas puramente burlescas y lo que ha permitido su vigencia pedagógica en las escuelas bilingües hasta el siglo XXI.
El zorro trickster del bosque chaqueño
Índice
El nombre Ahọ̀t designa en la lengua wichí-lhamtés al zorro. La identificación zoológica más frecuente entre los etnólogos es con el zorro del bosque o zorro cangrejero (Cerdocyon thous), cánido mediano de amplia distribución en el Chaco, pero varios autores han vinculado también la figura mítica con el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), el gran cánido de patas largas y pelaje rojizo cuya silueta destaca en los pastizales chaqueños y cuyo aullido nocturno los wichí interpretan como una manifestación del embaucador. La forma aumentativa ahọ̀ttaj (con el sufijo -taj, ‘grande’) subraya la dimensión sobrehumana del personaje, que no es un zorro cualquiera sino el zorro por excelencia, el arquetipo del animal listo y hambriento del monte.
El trickster es una categoría antropológica pan-amerindia estudiada de manera sistemática desde The Trickster: A Study in American Indian Mythology de Paul Radin (Schocken Books, Nueva York, 1956), obra con comentarios complementarios del helenista Karl Kerényi y del psicoanalista Carl Gustav Jung. Radin fijó los rasgos comunes: apetito insaciable, sexualidad sin límites, mentira sistemática, capacidad de metamorfosis, oscilación entre el triunfo y el fracaso. Claude Lévi-Strauss retomó la figura en Mythologiques (Plon, París, 1964-1971) para mostrar su función mediadora entre pares opuestos (naturaleza y cultura, crudo y cocido, humano y animal). Métraux, ya en 1939, había reconocido en Ahọ̀t todos los rasgos que Radin sistematizaría después: el zorro wichí encaja de lleno en el patrón, y su corpus es una de las manifestaciones más ricas del trickster sudamericano.
Los rasgos constantes del personaje wichí son cuatro. Primero, la glotonería: Ahọ̀t quiere comer siempre, quiere comer más de lo que le corresponde, y la mayoría de sus fracasos son consecuencia de esa ansia. Segundo, la mentira: engaña a otros animales, a los espíritus, a los propios wichí, y sus mentiras son casi siempre técnicamente ingeniosas aunque acaben volviéndose contra él. Tercero, la seducción: persigue a mujeres casadas y ajenas, lo que desencadena venganzas de los maridos ofendidos y ciclos de castigo cómico. Cuarto, la astucia inagotable para renacer: aunque muera devorado por un jaguar o por una boa, siempre encuentra la forma de salir con vida, a veces reconstruido pieza a pieza por su propia iniciativa, otras rescatado por otros animales a los que engaña para que le devuelvan la existencia.
El paralelo comparativo americano es amplio y sostenido. En Norteamérica, el coyote de las Grandes Llanuras y del sudoeste comparte con Ahọ̀t el mismo apetito, la misma astucia fracasada y la misma función pedagógica; Iktomi, el hombre-araña siouan, es su equivalente en las llanuras lakota y dakota; Nanabush anishinaabe cumple la misma función en el bosque boreal algonquino, con el añadido de un componente creador. En Sudamérica, el Kurupí guaraní y el Aó-Aó guaraní ocupan un lugar próximo en el vecino corpus paraguayo, aunque con acento sexual más marcado; el Yaguareté-Abá de los mbyá y el zorro del ciclo mapuche presentan rasgos afines. El trickster wichí pertenece de pleno derecho a este mapa continental y merece un lugar propio en cualquier estudio comparado del embaucador amerindio.
Motivos míticos: la miel, el pozo, el hambre
El motivo de la miel es probablemente el más característico del ciclo. La miel silvestre —recogida por las mujeres wichí en las colmenas de las abejas nativas lechiguana, moromoro y yateí, entre otras— es en la vida real chaqueña un recurso vital y a la vez un objeto de disputa entre miembros de la comunidad, dado su carácter estacional y su distribución dispersa. En el mito, Ahọ̀t descubre una colmena en un hueco de tronco y trata de robarla sin las precauciones rituales que exigen los espíritus del monte. En algunas versiones recogidas por Métraux, el zorro consigue introducirse en el hueco pero queda atrapado dentro y muere de hambre entre la miel que quería comer; en otras, las abejas lo pican hasta desfigurarlo; en otras, el árbol se cierra alrededor de él y solo puede salir tras ceder a los espíritus una parte del botín. El motivo enseña que el acceso a la miel del monte requiere reciprocidad y no rapiña.
El motivo del pozo es una inversión del anterior. Aquí Ahọ̀t es el que quiere engañar a otros: cava un pozo o coloca una trampa para atrapar a un animal más grande y llevarse la carne. En todas las variantes recogidas por Métraux, el resultado es el mismo: el propio zorro cae en su trampa. La caída en el pozo es literal en la mayoría de los relatos —una fosa disimulada con ramas y hojas— y funciona a la vez como episodio cómico y como sentencia moral. El motivo enseña a los niños wichí el principio elemental de la etnia: no se puede engañar impunemente a los demás miembros de la comunidad, porque tarde o temprano el engaño se vuelve contra quien lo tramó. Palmer (2005) señala que este motivo es citado con frecuencia en los sermones informales de los ancianos wichí cuando un joven miembro del grupo intenta obtener ventaja indebida de otros.
El motivo del hambre y la comida devorada es el más recurrente numéricamente. Ahọ̀t nunca tiene suficiente comida, siempre busca más de la que puede consumir, y su búsqueda lo lleva a ser devorado a su vez por animales más grandes. Los depredadores del corpus son casi siempre los mismos: el jaguar (yaguareté) al que los wichí llaman hanófwaj, la boa constrictor (ampalagua), en ocasiones el caimán o el yacaré del Pilcomayo. El zorro es tragado, permanece durante un tiempo dentro del vientre del depredador, y encuentra siempre la manera de salir: cortando desde dentro con su propio cuchillo (motivo compartido con muchos ciclos amerindios), engañando al animal para que lo escupa, o convenciéndolo de que dentro hay peligro. El renacimiento repetido es lo que sostiene la ficción del ciclo: Ahọ̀t no puede morir del todo porque el corpus lo necesita vivo para el próximo episodio.
El motivo de la seducción cierra el cuadro. En numerosos relatos, Ahọ̀t se disfraza —de humano, de vecino, de pariente— y trata de acercarse a mujeres casadas de la comunidad. La mecánica es siempre parecida: el zorro invoca alguna excusa para permanecer cerca del hogar (una comida, un favor, un mensaje), aprovecha la ausencia del marido, y termina descubierto por algún detalle inesperado (un pelo suelto, un olor, una palabra fuera de lugar). El marido regresa, se produce la persecución, y Ahọ̀t escapa herido pero sin escarmiento. Estos episodios, que Métraux transcribió íntegros pese al pudor de la etnografía de la época, tienen función pedagógica reconocida: los adultos wichí los cuentan a los jóvenes para señalar el respeto debido a las uniones matrimoniales y las consecuencias del deseo desordenado. Montani (2017) documenta la vitalidad actual del motivo en las comunidades del Bermejo y del Pilcomayo argentino.
Ahọ̀t frente a Tokjuaj: dos figuras complementarias del corpus wichí
Tokjuaj es el héroe cultural wichí, la figura que introduce en el mundo humano el fuego (itoj), regula la pesca en los grandes ríos, funda las técnicas de la caza en el monte y establece las normas básicas de la vida social. En algunas versiones recogidas por Métraux es hijo del sol, en otras es un ser primordial descendido del cielo, en otras un humano transformado en héroe por las circunstancias. Lo constante es su función ordenadora: Tokjuaj es el que enseña, el que organiza, el que fija los límites. La figura de Tokjuaj merece un tratamiento propio dentro del corpus wichí, y el vínculo entre ambos personajes solo puede entenderse si se los ve como un par que trabaja en direcciones opuestas y complementarias.
La relación entre Ahọ̀t y Tokjuaj ocupa un ciclo entero del corpus. Los dos personajes se encuentran repetidamente: comparten el fuego, viajan juntos, cazan juntos, y en cada encuentro Ahọ̀t trata de engañar al héroe cultural mientras este trata de contener las torpezas del zorro. En un episodio clásico recogido por Métraux, Tokjuaj enseña a los wichí la técnica correcta de una pesca ritual, y Ahọ̀t, escondido, imita el gesto con la esperanza de conseguir para sí mismo el mismo resultado; el zorro fracasa, y su fracaso sirve al narrador para reforzar el gesto correcto de Tokjuaj. En otro episodio, los dos discuten sobre el reparto de la carne cazada, y la mezquindad de Ahọ̀t queda contrastada con la generosidad reglada del héroe. La pedagogía funciona por comparación: no basta enseñar la norma, hay que mostrar también su transgresión.
La estructura dual héroe cultural / trickster tiene paralelos amplios en el continente. Entre los pueblos del Chaco vecino, el par es visible con nombres distintos: los nivaklé del Paraguay tienen su propio héroe cultural enfrentado a un embaucador zorruno, y los chorote registran un par similar. Más al norte, entre los toba y los mocovíes, aparecen figuras equivalentes, y el mundo guaraní ofrece paralelos con Ñande Ru y Kurupí. La antropología comparada, desde Lévi-Strauss hasta Terence S. Turner, ha visto en estos pares una operación mítica básica: pensar el orden humano mediante el contraste con su desorden. La estructura no es rígida —hay episodios en que Ahọ̀t triunfa, y episodios en que Tokjuaj es engañado— pero el equilibrio general del ciclo mantiene siempre al héroe cultural del lado del orden y al zorro del lado de la deformación.
La vigencia contemporánea del par tiene registros concretos. Los materiales de educación intercultural bilingüe (EIB) elaborados desde los años 1990 para las escuelas wichí de Formosa, Salta y Chaco incluyen sistemáticamente episodios del ciclo Ahọ̀t–Tokjuaj, editados en versión bilingüe wichí-castellano con ilustraciones de artistas wichí. Las colecciones publicadas por la Escuela Wichí de Ingeniero Juárez y por las editoriales provinciales de Formosa y Salta han recuperado varios de los relatos que Métraux transcribió, devueltos a la lengua original y adaptados para uso escolar. En paralelo, las artesanías en fibra de chaguar y las tallas de palo santo incorporan con frecuencia motivos del ciclo: siluetas de zorro, figuras humanas emparejadas, escenas del pozo y del árbol de la miel.
Para terminar
El ciclo del zorro Ahọ̀t sigue vivo en las comunidades wichí del Gran Chaco a más de ochenta años de la recopilación de Métraux. La red de escuelas bilingües EIB del Ministerio de Educación argentino, activa desde los años 1990 en Formosa, Salta y Chaco, ha incorporado sus episodios como material curricular en versión bilingüe wichí-castellano. Las colecciones publicadas por editoriales provinciales han devuelto los relatos a lectores no indígenas sin diluir su especificidad chaqueña. La literatura wichí contemporánea, con autores como Osvaldo Villagra y Rosalía Álvarez, ha recuperado el ciclo para el circuito literario más amplio, y las mujeres tejedoras de la Asociación de Artesanas Wichí de Ingeniero Juárez integran figuras del zorro en sus bolsas de chaguar y en sus piezas de palo santo. La figura no pertenece al pasado etnográfico sino al presente vivo del pueblo.
El marco de estudio comparado que fundó Métraux con Myths and Tales of the Matako Indians (Göteborg, 1939) queda hoy respaldado por Palmer (2005), Montani (2017) y por la tradición etnográfica argentina de José Braunstein. El ciclo Ahọ̀t encuentra su lugar propio en el mapa continental del trickster amerindio junto al coyote norteamericano, a Iktomi siouan, a Nanabush algonquino y al Kurupí guaraní, y la estructura dual con Tokjuaj pertenece a un patrón mayor de pares héroe-embaucador presente en muchos pueblos amerindios. Recuperar el nombre wichí, con el autónimo correcto y no con el exónimo colonial mataco, es parte del reconocimiento debido a un pueblo que sigue transmitiendo su corpus en el bosque chaqueño del Pilcomayo, el Bermejo y sus afluentes.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Ahọ̀t en el corpus mítico wichí?
Ahọ̀t (también ahọ̀ttaj o ajúttaj) es el trickster arquetípico del corpus mítico del pueblo wichí del Gran Chaco (mataco-mataguayo), asentado en Formosa, Salta y Chaco en Argentina, en Tarija en Bolivia y en el Chaco paraguayo. Su nombre está relacionado etimológicamente con el zorro del bosque chaqueño (Cerdocyon thous) o con el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus). Reúne los rasgos clásicos del embaucador amerindio: glotonería, mentira, seducción, astucia y capacidad de renacimiento. La documentación etnográfica clásica se debe a Alfred Métraux, Myths and Tales of the Matako Indians (Etnologiska Studier 9, Etnografiska Museet, Göteborg, 1939), obra basada en su trabajo de campo de 1933-1934 en el Pilcomayo argentino.
¿Cuáles son los motivos míticos más frecuentes del ciclo de Ahọ̀t?
Los cuatro motivos recurrentes recogidos por Métraux son el robo de la miel (Ahọ̀t queda atrapado en el hueco del árbol o picado por las abejas por no respetar la reciprocidad exigida por los espíritus del monte), el pozo o trampa que se vuelve contra su autor (el zorro cae en la fosa que él mismo cavó para atrapar a otros), el hambre y la comida devorada (Ahọ̀t es tragado por el jaguar, la boa ampalagua o el yacaré y renace por astucia cortando desde dentro), y la seducción de mujeres casadas (episodios que terminan con la persecución del marido ofendido y el zorro herido pero sin escarmiento). Los cuatro motivos tienen función pedagógica reconocida en las comunidades wichí actuales.
¿Qué relación tiene Ahọ̀t con Tokjuaj en el corpus wichí?
Ahọ̀t y Tokjuaj forman el par dual característico del corpus wichí: héroe cultural y trickster, ordenador y desordenador, personaje que enseña y personaje que enseña por contraste. Tokjuaj introduce el fuego (itoj), regula la pesca en los ríos Pilcomayo y Bermejo, funda las técnicas de la caza en el monte y establece las normas básicas de la vida social. Ahọ̀t, en cambio, deforma cada enseñanza mediante la glotonería, la mentira y la ambición. El corpus recogido por Métraux (1939) reúne decenas de episodios donde ambos se encuentran, comparten el fuego, cazan juntos y discuten sobre el reparto de la comida, con la mezquindad del zorro siempre contrastada con la generosidad reglada del héroe cultural.
¿Es equivalente Ahọ̀t a otros tricksters americanos?
Sí. Ahọ̀t pertenece al patrón pan-amerindio del trickster estudiado por Paul Radin en The Trickster: A Study in American Indian Mythology (Schocken Books, Nueva York, 1956) y por Claude Lévi-Strauss en Mythologiques (Plon, París, 1964-1971). En Norteamérica es equivalente al coyote de las Grandes Llanuras y del sudoeste, a Iktomi (hombre-araña) siouan lakota y dakota y a Nanabush anishinaabe del bosque boreal algonquino. En Sudamérica presenta paralelos con el Kurupí y el Aó-Aó del corpus guaraní paraguayo vecino, con el Yaguareté-Abá de los mbyá y con el zorro del ciclo mapuche. Los rasgos compartidos son el apetito insaciable, la mentira sistemática, la sexualidad sin límites, la capacidad de metamorfosis y la oscilación entre el triunfo y el fracaso cómico.
¿Sigue vigente el ciclo de Ahọ̀t hoy?
Sí. El ciclo mítico está vivo en las comunidades wichí de Formosa (Ingeniero Juárez, Pozo del Tigre, El Potrillo), Salta (Rivadavia, Embarcación, Tartagal) y Chaco (Nueva Pompeya, Sauzalito) en Argentina, en Tarija (Bolivia) y en el Chaco paraguayo. Las aventuras de Ahọ̀t se transmiten en la lengua wichí-lhamtés y en versiones bilingües wichí-castellano dentro del programa de educación intercultural bilingüe (EIB) del Ministerio de Educación argentino desde los años 1990. Las colecciones escolares publicadas en Formosa y Salta han recuperado episodios que Métraux transcribió en 1939. El motivo es recurrente en la artesanía en fibra de chaguar tejida por las mujeres wichí y en las tallas de palo santo, y la literatura wichí contemporánea de Osvaldo Villagra y Rosalía Álvarez lo lleva al circuito editorial más amplio.





