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La Voladora es una bruja del folclore de Chiloé que viaja de noche y transporta mensajes. Francisco Javier Cavada la describió en 1914: antes de volar deja sus entrañas en una paila, puede anunciar desgracias y castiga los ofrecimientos incumplidos.
El mismo libro conserva explicaciones distintas de su vuelo. Su vocabulario habla de una mujer convertida en pájaro; otro pasaje atribuye el desplazamiento al diablo. Estas variantes pertenecen a una tradición chilota de formación histórica diversa.
| Origen cultural | Folclore chilote; tradiciones insulares de brujería |
| Tipo | Mujer con facultad de vuelo y transformación |
| Función mítica | Mensajera nocturna y anunciadora de desgracias |
| Atestación | Francisco Javier Cavada, Chiloé y los chilotes, 1914 |
| Vigencia hoy | Reediciones patrimoniales y estudios del folclore de Chiloé |
Una mensajera en las noches de Chiloé
La Voladora hace del viaje una actividad sobrenatural. En Chiloé y los chilotes, de Francisco Javier Cavada, no aparece como una soberana del archipiélago ni como una diosa del viento. Es una mujer vinculada al mundo de los brujos que puede recorrer distancias y llevar correspondencia durante la noche. Su nombre, formado en castellano, señala precisamente esa capacidad de volar.
El libro, publicado originalmente en 1914 y conservado en una reedición del Museo Regional de Ancud, reúne descripciones, recuerdos y creencias que el autor conoció en las islas. Es un registro histórico del folclore, no una demostración de que esas transformaciones ocurran. Su lectura también exige atender a la mirada del recopilador: el vocabulario religioso y los juicios sobre las llamadas supersticiones forman parte de cómo Cavada organizó el material.
La figura tiene un lugar propio dentro de las leyendas de Chile. Su cercanía al Chonchón no basta para identificarlos. Ambos comparten vuelos nocturnos y asociaciones con la brujería, pero el relato de la Voladora destaca los encargos, el viaje a otras islas y el cuerpo que debe prepararse antes de partir. Esos rasgos permiten seguirla sin reducirla a otra cabeza alada.
La paila, el viaje y las promesas
El detalle más conocido de la Voladora es también el más doméstico: deja sus entrañas en una paila antes del vuelo. El recipiente pertenece a la vida de la casa, mientras que lo que permite resulta imposible en la experiencia cotidiana. En unas pocas palabras, el episodio establece una separación entre el cuerpo habitual de la mujer y su capacidad nocturna. La cocina y el espacio del viaje quedan unidos por ese objeto que debe permanecer atrás.
Cavada añade un relato breve y concreto. Una Voladora viaja hasta Guaitecas para llevar ulpo a su marido, ocupado en el corte de maderas. El autor no ofrece una aventura larga, conversaciones ni una descripción del encuentro. La anécdota basta, sin embargo, para mostrar que la facultad extraordinaria también sirve a un encargo familiar. La mujer no está únicamente al servicio de una amenaza: puede transportar alimento a un hombre que trabaja lejos.
El destino da al cuento una geografía reconocible. No se trata de alcanzar una montaña celestial o un país de muertos, sino un lugar conectado con desplazamientos laborales. Dentro del relato, volar elimina las dificultades de llegar hasta allí. Esa es una lectura de su argumento, no una reconstrucción de la ruta exacta: Cavada no precisa el punto de partida, la duración del viaje ni el medio con que el marido había llegado a su trabajo.
Otro grupo de noticias describe la relación de la Voladora con quienes le hacen ofrecimientos. Según el registro de Cavada, una promesa realizada mientras ella está desempeñando sus funciones tiene consecuencias graves si no se cumple. El libro llega a atribuirle la muerte de la persona que falta a su palabra. La amenaza pertenece a la creencia recogida; no debe presentarse como un riesgo real de hablar con un ave nocturna.
El motivo de la promesa diferencia el encuentro de un simple susto. Hay una relación que comienza con palabras y exige una respuesta posterior. La persona que solicita o promete algo queda comprometida en el mundo del cuento. Cavada compara esta conducta con la atribuida al Chonchón, de modo que la semejanza está documentada en la propia fuente. La comparación señala un comportamiento compartido, sin convertir a las dos figuras en una sola.

La Voladora también conduce la correspondencia de los empleados de la cueva. El capítulo dedicado a los brujos relaciona ese espacio con una organización provista de cargos. En este escenario, la mensajera permite que las noticias circulen fuera del lugar de reunión. El relato imagina una actividad organizada y una comunicación que ocurre de noche, al margen de la mirada de quienes no pertenecen a ese mundo.
La cueva de Quicaví forma parte de ese conjunto de representaciones, junto con otros seres descritos por Cavada. Conviene mantener el nivel de lectura: el texto reúne lo que se cuenta sobre una sociedad de brujos y sus poderes. No autoriza a acusar a habitantes actuales de una localidad ni a atribuir a personas concretas las acciones sobrenaturales de sus personajes.
El vuelo tiene más de una explicación
El propio Cavada conserva una diferencia llamativa. En el capítulo de mitos afirma que la Voladora permanece en el suelo, imitando los movimientos del vuelo, mientras el diablo vuela por ella. En cambio, la entrada del vocabulario la define como una bruja que se convierte en pájaro durante la noche y recupera su forma anterior al llegar el día. Son dos explicaciones que el libro no resuelve en una teoría única.
Leer ambas evita añadir una precisión que la documentación no tiene. Según el pasaje elegido, la facultad puede representarse como una metamorfosis corporal o como una acción del diablo realizada en lugar de la mujer. El horario nocturno permanece; la mecánica cambia. No hay necesidad de inventar una segunda Voladora ni una secuencia en la que todos esos pasos ocurran uno después del otro.
En su estudio Aves y plantas en la brujería de Chiloé (1987), Manuel Romo Sánchez recoge identificaciones diferentes del ave en que se transforma. Menciona la cotuta en Compu, el cuervo de mar en Chaulinec y la garza cuca en Huildad, siguiendo a los autores que consulta. La variación local impide fijar una sola especie como retrato definitivo de la Voladora.
Romo también distingue entre un ave entendida como brujo transformado y otra cuya presencia simplemente anuncia algo. La diferencia es útil para leer estos relatos: una cosa es que la mujer adopte una forma animal y otra que un pájaro presagie una desgracia. Ambas interpretaciones pueden acercarse en las tradiciones, pero no describen exactamente la misma acción ni justifican una identificación zoológica única.
Por eso, la imagen de una Voladora con un plumaje, un tamaño y una anatomía absolutamente fijos simplifica el material histórico. Cavada no construye una ficha de especie; registra una capacidad y varios hechos atribuidos a quienes la poseen. En una ilustración editorial, un ave sobre el paisaje insular puede sugerir el vuelo, siempre que no se presente como una reconstrucción científica de un animal fabuloso.
Los anuncios de desgracia y el mundo chilote
Cavada refiere que, antes de un incendio de la iglesia de San Francisco de Castro, se había visto a las Voladoras posadas sobre la torre. El pasaje las presenta como anunciadoras de la calamidad. No identifica en ese punto una fecha precisa ni demuestra una relación entre aves e incendio. Su valor es el de un recuerdo contado como presagio: una presencia anterior adquiere significado a partir de lo que sucede después.
El sonido contribuye al carácter inquietante del personaje. La fuente describe un grito semejante a una risa aguda y estridente. A diferencia de un diálogo, esa señal permite reconocer una presencia sin acercarse a ella. El relato del incendio, el vuelo nocturno y la voz inusual producen una figura que puede ser oída o vista desde lejos, antes de que ocurra algo que los narradores relacionan con su paso.
Los elementos cristianos están a la vista en la explicación del diablo y en el presagio situado sobre una iglesia. Eso impide presentar sin matices a la Voladora como una divinidad prehispánica. El registro pertenece al folclore chilote formado durante una larga convivencia histórica de tradiciones. La historia de los mapuches de Chile aporta un contexto necesario, pero la pertenencia regional no demuestra que cada detalle del cuento tenga un origen indígena único.
Su función tampoco coincide con la de otros personajes del archipiélago. El Caleuche organiza sus relatos alrededor de un barco y sus navegaciones. La Voladora permite hablar de una persona que lleva mensajes, hace un viaje concreto y puede exigir el cumplimiento de una promesa. Compartir el paisaje de Chiloé no borra esas diferencias de acción y de escala.
Más allá del vuelo
La Voladora resulta más precisa cuando se conservan sus contradicciones y sus encargos pequeños. La mujer que deja una paila atrás y lleva alimento hasta Guaitecas pertenece al mismo registro que la mensajera temida sobre una torre. Esos detalles evitan convertirla en una bruja genérica. La documentación permite conocer cómo fue contada y cómo cambiaron las explicaciones de su vuelo; no obliga a completar con una biografía inventada los silencios que dejaron los recopiladores.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la Voladora de Chiloé?
La Voladora es una mujer vinculada a la brujería chilota a la que se atribuye la capacidad de desplazarse durante la noche. En el registro de Francisco Javier Cavada lleva correspondencia, puede anunciar desgracias y castiga los ofrecimientos incumplidos. El autor también cuenta un viaje a Guaitecas para llevar alimento a su marido. Es una figura del folclore histórico de las islas, no una especie animal comprobada.
¿Por qué deja sus entrañas en una paila?
Cavada presenta ese acto como una preparación anterior al vuelo de la Voladora. El pasaje no desarrolla una explicación extensa ni ofrece una receta: simplemente relaciona el abandono temporal de las entrañas con su facultad extraordinaria. Dentro del cuento, la paila conserva una parte del cuerpo mientras la mujer puede viajar. Es un motivo maravilloso del relato y no una descripción de una práctica corporal posible.
¿La Voladora y el Chonchón son lo mismo?
Son figuras relacionadas, pero conviene distinguirlas. Cavada compara su capacidad de castigar una promesa incumplida, mientras que la entrada dedicada a la Voladora destaca sus mensajes y sus viajes nocturnos. La imagen del Chonchón como cabeza voladora no debe trasladarse automáticamente a todas las versiones chilotas. Una semejanza de conducta permite comparar los relatos, pero no demuestra que sus atributos y episodios sean idénticos.
¿En qué pájaro se convierte la Voladora?
No existe una identificación única en las fuentes consultadas. El vocabulario de Cavada habla de una transformación en pájaro sin fijar una especie para todas las apariciones. Esa falta de una forma única debe conservarse al describirla. El nombre del personaje señala su facultad de volar y su relación con la brujería, mientras que las características del animal dependen de la versión que se esté leyendo.
¿La Voladora es una diosa indígena?
Las fuentes utilizadas la describen como una bruja del folclore chilote, no como una diosa. El texto de Cavada conserva elementos cristianos, incluida una explicación que atribuye el vuelo al diablo. Por ello no resulta riguroso presentar todos sus atributos como una creencia prehispánica. Su estudio exige atender a las tradiciones insulares y al contexto histórico en que fueron recogidas, sin adjudicar un origen único a cada detalle.
Fuentes consultadas
- Francisco Javier Cavada. Chiloé y los chilotes (1914), reedición disponible en el Museo Regional de Ancud. Consultados los apartados La Voladora, Los Brujos y la entrada del vocabulario. Obra original de dominio público; ficha de la Biblioteca Nacional Digital.
- Manuel Romo Sánchez. Aves y plantas en la brujería de Chiloé (1987). Consulta y síntesis breve de la variación de aves y de la diferencia entre transformación y presagio.





