Rubaruba, el héroe cultural u’wa de la Sierra Nevada del Cocuy

Para empezar. Rubaruba (o Ruba en su forma corta, según los pasajes rituales) es el héroe cultural del pueblo U’wa —autónimo que sustituye al exónimo colonial tunebo y que significa aproximadamente ‘gente inteligente que sabe hablar’—, comunidad indígena de la familia lingüística chibcha con aproximadamente 7.581 personas según el Censo del DANE 2018 asentada en la Sierra Nevada del Cocuy o Güicán (departamentos colombianos de Boyacá, Casanare, Arauca, Santander y Norte de Santander). Rubaruba funciona como instrumento y realizador de Sira, creador supremo del panteón u’wa registrado etnográficamente por la antropóloga británica Ann Osborn en Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa (Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1985). La secuencia mítica lo presenta recorriendo los cuatro puntos cardinales del macizo del Cocuy y visitando sus cuatro montañas nevadas —Ricuwa, Kajka Ika y otras dos— para instaurar el orden ceremonial concreto: las cuatro estaciones cósmicas del año ritual, el canto ceremonial reo que ejecutan los werjayá (chamanes-cantores del pueblo u’wa) durante días enteros en las asambleas, el ayuno ritual ruiría, la agricultura de altura (papa, maíz de altura, quinua, ulluco), el sistema de matrimonios entre los cinco subgrupos endogámicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota y dobocubí—, y las prohibiciones alimenticias y sexuales asociadas a cada estación. La figura está viva en el discurso ritual werjayá contemporáneo, aparece en el testimonio autobiográfico de Berichá (Tengo los pies en la cabeza, Editorial Los Cuatro Elementos, Bogotá, 1992), y es invocada en las asambleas del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa (Asociación de Autoridades Tradicionales U’wa) desde comienzos de los años 1990 como parte del discurso identitario del pueblo frente a la exploración petrolera de Occidental Petroleum (OXY) y de Ecopetrol en el territorio ancestral.

Origen culturalPueblo indígena U’wa (autónimo, ‘gente inteligente que sabe hablar’), conocido como tunebo en la literatura colonial y republicana española hasta la oficialización del autónimo por el propio pueblo en las últimas décadas del siglo XX; hablantes de la lengua Uw’aka (familia chibcha, subrama chibcha central según la clasificación de Adolfo Constenla Umaña, con parentesco documentado con el muisca extinto, el kogui, el arhuaco y el ika); aproximadamente 7.581 personas según el Censo del DANE 2018 distribuidas en cinco subgrupos endogámicos clásicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota, dobocubí— más denominaciones locales adicionales como sabanachi; territorio ancestral en la Sierra Nevada del Cocuy o Güicán (macizo montañoso nevado con picos hasta 5.410 m en el Ritacuba Blanco, en los departamentos colombianos de Boyacá al occidente, Casanare y Arauca al oriente, con presencia menor en Santander y Norte de Santander); Resguardo Unido U’wa creado por resolución del INCORA de agosto de 1999 con aproximadamente 220.275 hectáreas tras la sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional colombiana; economía tradicional de agricultura vertical de altura (papa, maíz de altura, quinua, ulluco en la franja alta; yuca, plátano, ñame en la franja baja del piedemonte llanero) complementada con caza menor, pesca de río y recolección; contexto contemporáneo marcado por la resistencia sostenida desde 1992 contra Occidental Petroleum (OXY), después contra Ecopetrol, y contra proyectos posteriores de fracking y de minería, litigio que ha llegado hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos (sentencia de fondo emitida en 2024)
TipoHéroe cultural del panteón U’wa, instrumento y realizador de Sira (creador supremo del panteón, con posición jerárquica superior de deus otiosus); ocupa el segundo nivel del panteón u’wa entre Sira arriba y las figuras menores asociadas a los animales, a las plantas, a los ríos y a los cerros específicos abajo; funcionalmente comparable con otros héroes culturales chibchas colombianos como Bochica muisca (héroe civilizador del altiplano cundiboyacense que enseñó la agricultura, el tejido y las leyes) y con Sintana kogi (Sierra Nevada de Santa Marta, héroe cultural del linaje de Serankua y de Aluna); paralelo panamericano con figuras como Manco Cápac inca (fundador del Cusco), Kauyumari wixárika (venado azul instaurador del ciclo del peyote), 9 Viento mixteco (héroe cultural del Códice Vindobonensis), Nanabush ojibwa (héroe transformador del área de los Grandes Lagos); iconografía prácticamente ausente en el registro material u’wa —Rubaruba, como Sira, carece de representación escultórica, pictórica o de máscara ritual— y su presencia se manifiesta en el canto ceremonial reo que ejecutan los werjayá narrando sus recorridos por las cuatro montañas del Cocuy y por los cuatro puntos cardinales
Función míticaInstaurador concreto del orden ceremonial del pueblo U’wa por delegación de Sira; el ciclo narrativo registrado por Ann Osborn (1985) lo presenta realizando un viaje primordial por las cuatro montañas nevadas de la Sierra Nevada del Cocuy —Ricuwa, Kajka Ika y otras dos— y por los cuatro puntos cardinales, estableciendo en cada estación cardinal las prescripciones rituales, agrícolas y sociales que rigen la vida del pueblo desde entonces; sus enseñanzas incluyen: las cuatro estaciones cósmicas del año ritual (dos húmedas y dos secas, correspondientes a los solsticios y a los equinoccios) que estructuran el calendario agrícola de altura y las asambleas comunitarias; el canto ceremonial reo con sus variantes internas reo yaguana (rezo curativo), reo del solsticio y reo del equinoccio; el ayuno ritual ruiría de duración variable que precede a las ceremonias mayores; la agricultura vertical de altura (papa, maíz de altura, quinua, ulluco en la franja alta; yuca, plátano, ñame en el piedemonte llanero); el sistema de matrimonios endogámicos entre los cinco subgrupos tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota y dobocubí con reglas de reciprocidad estacional; las prohibiciones alimenticias y sexuales asociadas a cada estación; el uso ritual del tabaco, de la coca (Erythroxylum coca), del mopo (calabaza ritual) y de otras plantas; el linaje de transmisión iniciática de los werjayá (chamanes-cantores) que perpetúan el canto reo generación tras generación
AtestaciónAnn Osborn, Las cuatro estaciones: mitología y estructura social entre los U’wa (Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1985), obra etnográfica de referencia central sobre el panteón U’wa basada en el trabajo de campo con la comunidad bókota entre 1971-1974 y 1979-1980; Ann Osborn, La religión de los tunebo (Banco de la República, Bogotá, 1970), versión temprana con las primeras descripciones del ciclo de Rubaruba; Ann Osborn, Comer y ser comido: metáforas alimenticias entre los U’wa (Universidad de los Andes, Bogotá, 1990), con análisis del sistema de matrimonios instaurado por Rubaruba; Ann Osborn, The Four Seasons of the U’wa: a Chibcha ritual ecology (Sean Kingston Publishing, Wantage, 2009), publicación póstuma en inglés del corpus completo, editada por Peter Rørbech Jensen y colegas; Berichá, Tengo los pies en la cabeza (Editorial Los Cuatro Elementos, Bogotá, 1992), testimonio autobiográfico de una mujer u’wa del subgrupo tegría con referencias al ciclo de Rubaruba desde la perspectiva de una hablante nativa; estudios etnomusicológicos de Egberto Bermúdez y otros sobre el canto reo u’wa desde los años 1990; Programa Presidencial para los Derechos Humanos de Colombia, Diagnóstico de la situación del pueblo indígena U’wa (Bogotá, 2010); documentación pública del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa desde 1992 disponible en los archivos de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC); Corte Constitucional colombiana, sentencia SU-039 de 1997 y sentencia T-880 de 2006, con referencias culturales al sistema ritual instaurado por Rubaruba como fundamento de la protección jurídica
Vigencia hoyRubaruba permanece como figura activa del discurso ritual y político contemporáneo del pueblo U’wa: los werjayá lo invocan en el canto reo durante las ceremonias del solsticio y del equinoccio en las comunidades de los cinco subgrupos endogámicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota, dobocubí— del Resguardo Unido U’wa (Boyacá, Casanare, Arauca) y de las comunidades vecinas; el ciclo de las cuatro estaciones cósmicas instaurado por Rubaruba sigue rigiendo el calendario agrícola de altura (siembra de papa, maíz de altura, quinua y ulluco en las estaciones húmedas; cosecha en las estaciones secas) y el ciclo de asambleas del cabildo mayor u’wa; el canto reo se transmite generacionalmente por vía iniciática de werjayá mayor a aprendiz, con una duración de aprendizaje estimada en décadas; la lengua Uw’aka (chibcha central) tiene aproximadamente 3.000 hablantes activos según datos del Ministerio de Cultura de Colombia y sigue siendo la lengua vehicular del canto ritual; Rubaruba aparece en los comunicados del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa como referente del orden ritual violado por la exploración petrolera, en paralelo con Sira; la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 2024 sobre el caso Pueblo Indígena U’wa y sus miembros vs. Colombia reconoció la violación de derechos culturales cuya definición remite al sistema ritual del panteón u’wa; comunidades de aprendices de werjayá activas en varias comunidades del resguardo trabajan hoy en la transmisión intergeneracional del canto reo

El pueblo U’wa ocupa un lugar geográfico y cultural específico dentro del universo indígena colombiano. A diferencia de los pueblos amazónicos del piedemonte oriental o de los pueblos afrocolombianos e indígenas del Pacífico, los u’wa son un pueblo de montaña alta: sus territorios ancestrales se extienden por los flancos del macizo del Cocuy entre los 400 m del piedemonte llanero (Casanare, Arauca) y los 5.410 m del Ritacuba Blanco, con la mayor densidad de asentamientos entre los 1.500 y los 3.000 m. Esta verticalidad ecológica —común a los pueblos andinos y al conjunto de la familia lingüística chibcha— define un patrón de agricultura escalonada por pisos térmicos, movilidad estacional entre las franjas altas y bajas, y calendario ritual sensible al ciclo solar de los solsticios y de los equinoccios. Rubaruba, como héroe cultural instaurador de las cuatro estaciones y del sistema agrícola vertical, es la figura mítica que explica y legitima este patrón de vida.

La familia lingüística chibcha —a la que pertenecen los u’wa junto con los kogi, arhuaco, kankuamo y wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta, junto con el pueblo bribri de Costa Rica, junto con los cabécares del mismo país, y junto con el muisca ya extinto del altiplano cundiboyacense— reparte entre sus miembros contemporáneos un esquema mítico común de héroe cultural civilizador. Bochica muisca (registrado por el cronista Juan de Castellanos en las Elegías de varones ilustres de Indias hacia 1589 y por Pedro Simón en las Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias occidentales de 1626), Sintana kogi (registrado por Reichel-Dolmatoff en los años 1950 y por Ereira más recientemente), y Rubaruba u’wa (registrado por Osborn en 1985) son variantes locales del mismo tipo mítico: héroe cultural civilizador de un pueblo chibcha de montaña sagrada. Los tres macizos —Sierra Nevada de Santa Marta al norte, altiplano cundiboyacense en el centro, Sierra Nevada del Cocuy al este— tienen su héroe cultural respectivo, con funciones y episodios paralelos.

El contexto contemporáneo del pueblo u’wa está marcado desde 1992 por la resistencia sostenida contra la exploración petrolera en el territorio ancestral. La solicitud de licencia ambiental presentada por Occidental Petroleum (OXY) para el bloque Samoré, el subsiguiente litigio jurídico que culminó con la sentencia SU-039 de 1997 de la Corte Constitucional colombiana, la retirada de OXY en 2002, el litigio posterior contra el bloque Sirirí y el pozo Gibraltar de Ecopetrol (sentencia T-880 de 2006), la campaña internacional de solidaridad coordinada por el cabildo mayor u’wa y por organizaciones como Amazon Watch y Rainforest Action Network, y la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 2024 sobre el caso Pueblo Indígena U’wa y sus miembros vs. Colombia, han convertido al pueblo u’wa en un referente latinoamericano de defensa territorial indígena. En este marco, las figuras del panteón —Sira como creador supremo, Rubaruba como héroe cultural instaurador del orden ritual— han pasado del registro etnográfico especializado al discurso público institucional.

El héroe cultural u’wa y las cuatro estaciones

El ciclo narrativo de Rubaruba registrado por Ann Osborn (1985) es la sección central del panteón U’wa desde el punto de vista funcional. Mientras que Sira es el creador primordial silencioso que produjo el orden del mundo y se retiró, Rubaruba es el agente que hizo el orden operativo: recorrió los cuatro puntos cardinales del macizo del Cocuy, visitó sus cuatro montañas nevadas —Ricuwa al norte, Kajka Ika como pico central, y otras dos en las direcciones oriente y sur según variantes del canto reo—, y en cada punto cardinal instauró las prescripciones concretas que rigen la vida ceremonial y agrícola del pueblo u’wa. El viaje primordial de Rubaruba tiene forma circular: parte del centro, recorre los cuatro puntos cardinales en orden ritual, y regresa al centro tras haber completado la instauración del orden. La geografía sagrada del Cocuy queda así organizada en torno a un centro y a cuatro direcciones cardinales, patrón geométrico que replica la estructura del calendario ritual y del sistema de matrimonios entre los cinco subgrupos endogámicos.

Las cuatro estaciones cósmicas instauradas por Rubaruba corresponden aproximadamente a los solsticios de junio y de diciembre y a los equinoccios de marzo y de septiembre. Osborn (1985) documentó que la observación astronómica de los solsticios y de los equinoccios era precisa entre los werjayá tradicionales de la comunidad bókota: los cantores mayores conocían la posición del sol en el horizonte en las fechas clave y ajustaban el calendario ceremonial con precisión estacional. Las dos estaciones húmedas se dedicaban a la siembra de los cultivos de altura —papa, maíz de altura, quinua, ulluco en la franja de los 2.500 a los 3.500 m; yuca, plátano, ñame y maíz de piedemonte en la franja baja de los 400 a los 1.500 m—; las dos estaciones secas se dedicaban a la cosecha, al secado del grano, al almacenamiento y a las asambleas comunitarias mayores. El ciclo agrícola vertical adaptado a la sierra tropical alta explica la extraordinaria diversidad de cultivos y la resiliencia alimentaria del pueblo u’wa a lo largo de los siglos.

La instauración del sistema de matrimonios entre los cinco subgrupos endogámicos —tegría, kubaruwa, aguablanca, bókota, dobocubí— es el tercer bloque de enseñanzas atribuidas a Rubaruba. Ann Osborn en Comer y ser comido: metáforas alimenticias entre los U’wa (Universidad de los Andes, Bogotá, 1990) analizó en detalle la estructura de las alianzas matrimoniales u’wa. Cada subgrupo tiene reglas específicas sobre con qué otros subgrupos puede casar en cada estación ritual, con un patrón de reciprocidad diferida que asegura la circulación de personas y de bienes ceremoniales entre los cinco segmentos endogámicos a lo largo del ciclo anual. El sistema previene la endogamia interna estricta y mantiene la unidad política del pueblo por encima de las fronteras internas. Rubaruba figura en el canto reo como el instaurador de estas reglas: fue él quien dijo a cada subgrupo con qué otros subgrupos podía formar alianzas matrimoniales y en qué momentos del ciclo ritual anual.

El paralelo panamericano de Rubaruba con otros héroes culturales civilizadores instauradores del orden ritual es amplio. En la familia chibcha, además de Bochica muisca, la figura kogi de Sintana cumple funciones equivalentes en la Sierra Nevada de Santa Marta. En el mundo inca, Manco Cápac funda el Cusco y establece el orden imperial. En el mundo wixárika de la sierra madre occidental mexicana, Kauyumari (venado azul) instaura el ciclo del peyote y el pilgrimage a Wirikuta. En el mundo mixteco, el códice Vindobonensis narra las gestas del héroe 9 Viento como instaurador del orden mixteco. En el mundo aztécamerindio de los Grandes Lagos, Nanabush ojibwa realiza funciones análogas. Los héroes culturales instauradores del orden ritual son un tipo mítico americano generalizado; Rubaruba u’wa es la variante colombiana del oriente chibcha, hermano funcional de Bochica muisca en el altiplano y de Sintana kogi en la Sierra Nevada de Santa Marta.

El canto reo y el linaje de los werjayá

El canto ceremonial reo es el vehículo principal de transmisión del ciclo mítico de Rubaruba en la comunidad U’wa contemporánea. Se trata de una composición vocal muy elaborada, cantada por los werjayá (chamanes-cantores) durante días enteros —hasta siete u ocho días consecutivos en las ceremonias mayores del solsticio y del equinoccio—, en lengua Uw’aka arcaica con vocabulario ritual específico no siempre inteligible para los hablantes cotidianos. El canto tiene una estructura narrativa que sigue el orden del viaje primordial de Rubaruba por los cuatro puntos cardinales: cada segmento del canto corresponde a una estación cardinal, a una montaña nevada, a una enseñanza ritual concreta. La memorización del canto completo lleva décadas de aprendizaje bajo la guía de un werjayá mayor, y solo los cantores más experimentados dominan las variantes internas —reo del solsticio, reo del equinoccio, reo yaguana (rezo curativo)—.

Los werjayá son la figura ritual central del pueblo U’wa. La palabra werjayá designa en lengua Uw’aka al hombre iniciado en el canto ceremonial reo y en las prácticas rituales asociadas —ayuno ruiría, uso ritual del tabaco, de la coca (Erythroxylum coca), del mopo (calabaza ritual)—. La iniciación de un werjayá comienza en la adolescencia y se prolonga durante años bajo la guía de un cantor mayor que transmite el conocimiento por vía oral. El aspirante debe cumplir ayunos prolongados, aprender de memoria el corpus completo del canto reo, dominar las prescripciones rituales asociadas a cada estación cósmica, y adquirir el conocimiento etnobotánico y etnomédico complementario. Osborn (1985) documentó que en las últimas décadas del siglo XX el número de werjayá plenamente iniciados había disminuido en cada uno de los cinco subgrupos, situación que sigue siendo motivo de preocupación cultural del cabildo mayor u’wa.

El estudio etnomusicológico sistemático del canto reo u’wa es un campo aún abierto. El etnomusicólogo colombiano Egberto Bermúdez y otros investigadores han producido desde los años 1990 grabaciones y transcripciones parciales del corpus, con especial atención a la comunidad bókota donde había trabajado Osborn dos décadas antes. La complejidad melódica del reo, con escalas modales específicas, alternancia entre voz principal y coro, ritmos rituales asociados al ciclo respiratorio del cantor y a los movimientos ceremoniales de los oficiantes, hace del corpus u’wa uno de los más elaborados de la etnomusicología colombiana. La comparación con los cantos ceremoniales de los kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta —también documentados etnomusicológicamente desde los años 1960— muestra afinidades estructurales que refuerzan la hipótesis de un sustrato musical chibcha común. El archivo del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá y el archivo del Ministerio de Cultura conservan grabaciones parciales.

El testimonio autobiográfico de Berichá en Tengo los pies en la cabeza (Editorial Los Cuatro Elementos, Bogotá, 1992) —libro que abrió al gran público colombiano la voz de una mujer u’wa del subgrupo tegría educada en la misión católica del Cocuy— incorpora referencias al ciclo mítico de Rubaruba y al canto reo desde la perspectiva de una hablante nativa. Berichá describe la centralidad del canto en la vida ceremonial u’wa, la posición del werjayá como figura de autoridad ritual y política, y la relación entre el orden instaurado por Rubaruba y las prácticas cotidianas de agricultura, alimentación y organización familiar. El libro es hoy referencia obligada en la literatura sobre pueblos indígenas colombianos contemporáneos y ha sido usado en cursos universitarios de antropología y de estudios de género en América Latina. Berichá continúa activa en la política indígena colombiana y ha participado en las asambleas del cabildo mayor u’wa y en las comisiones de negociación con el Estado colombiano.

Rubaruba en el discurso contemporáneo del AsoU’wa

Desde comienzos de los años 1990 la AsoU’wa (Asociación de Autoridades Tradicionales U’wa) y el cabildo mayor u’wa han incorporado las figuras del panteón —Sira como creador supremo, Rubaruba como héroe cultural instaurador del orden ritual— en el discurso público del pueblo frente al Estado colombiano y a las empresas petroleras y mineras que han solicitado licencias de exploración en el territorio ancestral. Los comunicados públicos de las autoridades tradicionales u’wa desde 1992 hasta el presente, disponibles en los archivos de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y en los archivos judiciales de la Corte Constitucional colombiana y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, mencionan con regularidad el orden ceremonial instaurado por Rubaruba como fundamento cultural de la oposición del pueblo a la perforación petrolera. La perforación se presenta en el discurso u’wa como una violación del orden ritual, con consecuencias culturales, ecológicas y espirituales que hacen imposible el consentimiento comunitario.

El ciclo de las cuatro estaciones cósmicas instaurado por Rubaruba sigue rigiendo el calendario de asambleas del cabildo mayor u’wa. Las asambleas mayores se celebran preferentemente en las fechas cercanas a los solsticios y a los equinoccios, con acompañamiento del canto reo ejecutado por los werjayá presentes. Las decisiones políticas colectivas —posición pública frente a un proyecto de exploración petrolera, negociación con el Estado, presentación de recursos judiciales, coordinación con otras organizaciones indígenas colombianas— se toman preferentemente en esas fechas rituales, cuando el orden ceremonial instaurado por Rubaruba está más presente. La AsoU’wa ha coordinado desde los años 1990 con la ONIC, con la Organización Regional Indígena del Casanare (ORIC), con la Asociación de Cabildos Indígenas de Norte de Santander (ASCAINCA) y con otras organizaciones regionales del país.

La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del año 2024 sobre el caso Pueblo Indígena U’wa y sus miembros vs. Colombia reconoció la responsabilidad del Estado colombiano por violación de derechos culturales, territoriales y políticos del pueblo u’wa, en un fallo cuyos considerandos incluyen referencias al sistema ritual del panteón u’wa y al orden instaurado por Rubaruba como fundamento del derecho a la consulta previa libre e informada y a la protección del territorio ancestral. La sentencia es continuación jurisprudencial de las sentencias SU-039 de 1997 y T-880 de 2006 de la Corte Constitucional colombiana, y establece obligaciones de reparación integral cuyo cumplimiento está en marcha. El precedente jurídico interamericano refuerza el estatus de las figuras del panteón u’wa como referentes culturales protegidos por el derecho internacional de los derechos humanos.

La transmisión intergeneracional del ciclo de Rubaruba y del canto reo es hoy uno de los ejes del trabajo cultural interno del pueblo u’wa. Comunidades de aprendices de werjayá están activas en varias comunidades del Resguardo Unido U’wa y trabajan con los cantores mayores en la memorización del corpus. Programas educativos comunitarios en lengua Uw’aka combinan la enseñanza escolar formal con la transmisión ritual del canto ceremonial. El pueblo u’wa comparte con otros pueblos chibchas colombianos comparables —pueblo nasa del Cauca, pueblo embera-chamí del occidente colombiano, y los cuatro pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta— la conciencia de que la lengua y el canto son piezas centrales de la continuidad cultural y que su pérdida implicaría la desaparición del panteón. El hub general del pueblo, con las referencias completas, está en Pueblo U’wa: hub.

Más allá del mito

El caso de Rubaruba y del panteón U’wa es útil por dos razones que trascienden la etnografía descriptiva. Primero, muestra la vitalidad de un sistema ritual chibcha americano preservado hasta el presente en condiciones adversas —presión colonial desde el siglo XVII, presión evangelizadora franciscana continuada, presión de la exploración petrolera desde 1992— gracias al aislamiento relativo del pueblo en un macizo montañoso de difícil acceso, a la vitalidad de la lengua Uw’aka, y a la persistencia del linaje iniciático de los werjayá. Segundo, muestra cómo un sistema ritual tradicional puede transformarse en herramienta de defensa territorial contemporánea sin perder su función ceremonial interna: Rubaruba sigue siendo el héroe cultural que instauró las cuatro estaciones cósmicas en el canto reo, y es al mismo tiempo el referente cultural invocado por las autoridades tradicionales u’wa frente a las cortes colombianas y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La agenda pendiente sobre Rubaruba y sobre el panteón u’wa incluye trabajo etnográfico más denso sobre las variantes de los cinco subgrupos endogámicos (Osborn trabajó principalmente con bókota), estudio etnomusicológico sistemático del canto reo con transcripción, análisis y grabación de un corpus representativo antes de que la generación actual de werjayá mayores desaparezca, y comparación con los sistemas rituales de los pueblos hermanos chibchas —kogi, arhuaco, kankuamo, wiwa de la Sierra Nevada de Santa Marta; muisca extinto del altiplano cundiboyacense; bribri y cabécar de Costa Rica—. Las universidades colombianas y las organizaciones indígenas trabajan hoy en algunos de estos frentes, y el archivo Osborn del Banco de la República sigue siendo consultable como fuente primaria para la investigación futura. Comparaciones con los héroes culturales de otros pueblos indígenas americanos —Bochica muisca como paralelo directo chibcha, o Manco Cápac inca en el mundo andino— pueden ofrecer marcos analíticos productivos.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Rubaruba en el panteón u’wa?

Rubaruba (o Ruba en forma corta) es el héroe cultural del pueblo U’wa (tunebo en la literatura colonial), pueblo chibcha de la Sierra Nevada del Cocuy con aproximadamente 7.581 personas según el Censo del DANE 2018. Funciona como instrumento y realizador de Sira, creador supremo del panteón. Realizó un viaje primordial por los cuatro puntos cardinales y las cuatro montañas nevadas del Cocuy instaurando las cuatro estaciones cósmicas, el canto reo, el ayuno ruiría, la agricultura de altura y el sistema de matrimonios entre subgrupos. La descripción central es la de Ann Osborn en Las cuatro estaciones (1985).

¿Qué es el canto reo?

El canto reo es la composición vocal ceremonial central del pueblo U’wa, cantada por los werjayá (chamanes-cantores) durante días enteros —hasta siete u ocho días consecutivos en las ceremonias mayores del solsticio y del equinoccio— en lengua Uw’aka arcaica con vocabulario ritual específico. Sigue el viaje primordial de Rubaruba por los cuatro puntos cardinales y las cuatro montañas del Cocuy. Incluye variantes: reo del solsticio, reo del equinoccio, reo yaguana (rezo curativo). La memorización lleva décadas bajo la guía de un werjayá mayor. Ha sido estudiado por Egberto Bermúdez y otros desde los años 1990.

¿Quiénes son los werjayá?

Los werjayá son los chamanes-cantores del pueblo U’wa, figura ritual central del sistema tradicional. La palabra werjayá designa en lengua Uw’aka al hombre iniciado en el canto ceremonial reo y en las prácticas rituales asociadas —ayuno ruiría, uso del tabaco, de la coca y del mopo (calabaza ritual)—. La iniciación comienza en la adolescencia y se prolonga durante años bajo la guía de un cantor mayor. El aspirante debe cumplir ayunos, aprender de memoria el corpus completo del canto reo y adquirir conocimiento etnobotánico. Ann Osborn (1985) documentó la reducción del número de werjayá plenamente iniciados en cada subgrupo.

¿Cómo se relaciona Rubaruba con la resistencia u’wa contra las petroleras?

Rubaruba aparece desde los años 1990 en el discurso público del cabildo mayor u’wa y de la AsoU’wa como referente cultural del orden ritual violado por la exploración petrolera de Occidental Petroleum (OXY) en el bloque Samoré desde 1992 y de Ecopetrol después. Los comunicados mencionan el orden ceremonial instaurado por Rubaruba como fundamento cultural de la oposición a la perforación. La sentencia SU-039 de 1997, la T-880 de 2006 y la sentencia interamericana de 2024 tuvieron en cuenta el sistema ritual del panteón u’wa como marco cultural protegido.

¿Con qué otros héroes culturales chibchas se compara Rubaruba?

Rubaruba comparte tipo mítico con los héroes culturales civilizadores de la familia chibcha colombiana. En el altiplano cundiboyacense, Bochica muisca enseñó a los muiscas la agricultura, el tejido y las leyes según Juan de Castellanos (1589) y Pedro Simón (1626). En la Sierra Nevada de Santa Marta, Sintana kogi cumple funciones equivalentes en el linaje de Serankua y Aluna. Paralelos panamericanos incluyen a Manco Cápac inca (fundador del Cusco), Kauyumari wixárika (ciclo del peyote), 9 Viento mixteco (Códice Vindobonensis) y Nanabush ojibwa (héroe transformador de los Grandes Lagos).

Deja un comentario