En breve. Ayar Auca es el cuarto y último de los hermanos Ayar del mito fundacional inca del Cusco, hermano de Ayar Manco (futuro Manco Cápac), Ayar Cachi (sellado por engaño en la cueva de Tampu Tocco) y Ayar Uchu (petrificado en la cumbre del cerro Huanacauri). Su nombre en runasimi (quechua) significa ‘guerrero enemigo’ o ‘salvaje’, según la lectura etimológica que ofrecen Pedro Cieza de León (El señorío de los Incas, ~1553) y Pedro Sarmiento de Gamboa (Historia índica, ~1572). Es el tercero en ser eliminado durante el viaje fundacional desde la cueva Tampu Tocco (o Pacaritambo, unos 33 kilómetros al sur del Cusco) hacia el valle donde nacería la capital imperial, y su eliminación cierra la serie de tres petrificaciones que dejan a Ayar Manco como único fundador dinástico del linaje real inca. En el episodio central del ciclo, Ayar Auca es enviado por su hermano superviviente a marcar el emplazamiento exacto donde debía levantarse el Coricancha, templo mayor del Sol y centro ceremonial del Tahuantinsuyu. Al plantar el bastón de oro tupayauri —insignia dinástica traída desde Pacaritambo— en el suelo del valle, el bastón se hundió hasta las empuñaduras y Ayar Auca quedó transformado en piedra sagrada, dando así fe material del sitio elegido para la fundación. La huaca resultante fue una de las 328 huacas del sistema ceque del Cusco documentado por Bernabé Cobo en su Historia del Nuevo Mundo (~1653) y sistematizado por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964). La piedra de Ayar Auca fue destruida en las campañas de extirpación de idolatrías del siglo XVI temprano —Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’ menciona la operación en su Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74)—, pero la memoria del episodio sigue viva en el discurso identitario cusqueño contemporáneo y en las escenificaciones del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada de Sacsayhuamán.
| Origen cultural | Pueblo inca del Cusco (siglos XIII-XVI); tradición mítica del ciclo de Pacaritambo registrada por los cronistas coloniales del siglo XVI (Betanzos, Cieza, Sarmiento, Molina) y por la voz indígena colonial de Felipe Guaman Poma de Ayala en el siglo XVII; culto continuado en la memoria oral de las comunidades campesinas de la provincia de Paruro (Cusco) y en la reconstrucción ritual del Inti Raymi del 24 de junio en Sacsayhuamán |
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| Tipo | Cuarto y último de los hermanos Ayar del mito fundacional inca; ancestro-huaca petrificado en el momento de plantar el bastón de oro tupayauri en el sitio del futuro Coricancha, en el centro del valle del Cusco; una de las 328 huacas del sistema ceque del Cusco documentado por Bernabé Cobo (1653) y sistematizado por R. Tom Zuidema (1964); cierre de la serie de tres eliminaciones que dejan a Ayar Manco como único fundador dinástico del linaje del Sapa Inca |
| Función mítica | Marcar materialmente el emplazamiento del Coricancha mediante el hundimiento del bastón de oro tupayauri; cerrar la secuencia mítica de eliminación progresiva de los tres hermanos rivales de Ayar Manco; encarnar el rasgo guerrero del cuarteto masculino (el étimo auca designa en runasimi al guerrero enemigo); funcionar como huaca de referencia del sitio ceremonial central del Tahuantinsuyu; en las variantes de Guaman Poma (~1615) recibir asociación iconográfica con la esfera militar del imperio |
| Atestación | Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia índica (~1572; ed. Ángel Rosenblat, Emecé, Buenos Aires, 1943; ed. Miguel Riquer, Historia 16, Madrid, 1988), FUENTE CENTRAL; Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551; ed. María del Carmen Martín Rubio, Atlas, Madrid, 1987); Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553; ed. Franklin Pease, Ayacucho, 1985); Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956); Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615; ed. Rolena Adorno y John Murra, Siglo XXI, México, 1980); síntesis moderna en R. Tom Zuidema, The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964) y La civilización inca en el Cuzco (FCE, México, 1989); Gary Urton, The History of a Myth: Pacariqtambo and the Origin of the Inkas (University of Texas Press, Austin, 1990); Franklin Pease, Los últimos incas del Cuzco (INC, Lima, 1972); Sabine MacCormack, Religion in the Andes (Princeton, 1991); María Rostworowski, Los incas (2001) |
| Vigencia hoy | Memoria oral del ciclo Ayar preservada en las comunidades campesinas de la provincia de Paruro (Cusco), documentada etnográficamente por Gary Urton (1990) en el pueblo de Pacaritambo; presencia del episodio del bastón de oro tupayauri en la escenificación anual del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada del santuario arqueológico de Sacsayhuamán, con auspicio del Ministerio de Cultura del Perú; invocación de la figura como referencia identitaria por el Consejo Regional de Cultura del Cusco y por la Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco en el ciclo del Jubileo cusqueño de junio-septiembre; presencia del ciclo Ayar completo en los materiales pedagógicos del Ministerio de Educación del Perú para la enseñanza intercultural bilingüe en las provincias altas del Cusco y de Apurímac |
Ayar Auca es la figura de cierre del ciclo mítico de los cuatro hermanos Ayar, el relato fundacional que los cronistas coloniales del siglo XVI recogieron de las tradiciones orales cusqueñas para explicar el origen del linaje dinástico del Sapa Inca. La eliminación progresiva de tres de los cuatro hermanos durante el viaje desde Pacaritambo hasta el valle del Cusco es el andamiaje narrativo sobre el que se sostiene la primacía del cuarto, Ayar Manco, futuro Manco Cápac, primer Sapa Inca y fundador oficial de la ciudad. En esa serie de tres eliminaciones, Ayar Auca ocupa el último lugar: después de Ayar Cachi —sellado por engaño en una cueva del monte Tampu Tocco— y de Ayar Uchu —transformado en piedra sobre la cumbre del cerro Huanacauri—, cae Ayar Auca en el centro mismo del valle del Cusco, en el sitio que la tradición señala como emplazamiento del Coricancha, templo mayor del Sol y centro ceremonial del Tahuantinsuyu.
El interés mítico de Ayar Auca no está tanto en su biografía narrativa —relativamente breve incluso en la versión más extensa de Sarmiento de Gamboa— como en el lugar y el objeto de su petrificación. El bastón de oro tupayauri, insignia dinástica traída desde Pacaritambo, era el símbolo material del linaje real inca en formación, y su hundimiento hasta las empuñaduras en el suelo del valle cusqueño quedó consagrado por el mito como fe material del sitio elegido para la fundación del Coricancha. La transformación simultánea de Ayar Auca en piedra sagrada junto al bastón hundido cerró el ciclo mítico y transfirió al lugar mismo la carga simbólica del ancestro-huaca. Durante los tres siglos del Tahuantinsuyu (aproximadamente 1200-1533), el sitio del Coricancha fue el punto de origen desde el que partían las 41 líneas ceque del sistema ceremonial cusqueño, y la memoria de Ayar Auca quedó indisociablemente ligada a esa geografía sagrada del valle.
Tres planos organizan la lectura contemporánea de la figura y este artículo los recorrerá por separado. El primero es narrativo: qué versiones específicas del ciclo Ayar transmitieron los cronistas del siglo XVI y qué papel exacto asignaron a Ayar Auca dentro de la serie. El segundo es estructural: cómo el ciclo completo de los ocho hermanos y hermanas Ayar aparece organizado en la versión canónica de Sarmiento (1572) y en las variantes anteriores de Betanzos (1551), y qué implica esa organización para la lectura política de la fundación del linaje. El tercero es ritual y contemporáneo: qué función cumplía la huaca de Ayar Auca dentro del sistema ceque documentado por Bernabé Cobo, y qué queda hoy de aquella práctica ceremonial en el calendario cultural del Cusco del siglo XXI.
El cuarto hermano Ayar del mito fundacional inca
Índice
El nombre Auca en runasimi designa al guerrero enemigo, al hombre en armas contra los propios, y por extensión al salvaje o al forastero hostil. Pedro Cieza de León, cronista soldado nacido en Llerena (Extremadura) hacia 1520 y desembarcado en el Perú en 1548, ofrece en El señorío de los Incas (~1553; ed. Franklin Pease, Ayacucho, 1985) la primera lectura etimológica accesible del término. Sarmiento de Gamboa (~1572) coincide en la lectura y añade el matiz de que Ayar Auca era, dentro del cuarteto, el hermano de temperamento más belicoso y de talento militar más marcado. La asociación del nombre Ayar Auca con la esfera de la guerra completa la serie léxica de los cuatro hermanos: Ayar Cachi (sal), Ayar Uchu (ají), Ayar Auca (guerrero) y Ayar Manco (con nombres relacionados con la esfera del poder político). Las tres primeras figuras remiten al léxico alimentario y militar del altiplano cusqueño; la cuarta remite al léxico político. La eliminación progresiva de las tres primeras deja la esfera política —encarnada en Manco Cápac— como única superviviente del ciclo mítico.
La versión más completa y ordenada del episodio de la petrificación de Ayar Auca se debe a Sarmiento de Gamboa, cosmógrafo y navegante andaluz nacido en Alcalá de Henares hacia 1532, que compuso su Historia índica por encargo directo del virrey Francisco de Toledo entre 1570 y 1572 con la finalidad expresa de reunir en un texto oficial la memoria histórica del Tahuantinsuyu. La obra fue redactada en el propio Cusco mediante consultas sistemáticas a los quipucamayocs —especialistas en la lectura de los quipus, los registros de nudos y cuerdas de colores con los que la administración inca guardaba información numérica y narrativa— y a los descendientes de las panacas reales, los linajes agrupados en torno a la memoria de cada Sapa Inca difunto. La Historia índica permaneció manuscrita durante casi cuatro siglos y no se publicó hasta la edición de Richard Pietschmann en Berlín (1906), con posterior traducción anotada en la de Ángel Rosenblat (Emecé, Buenos Aires, 1943) y ediciones modernas de referencia como la de Miguel Riquer (Historia 16, Madrid, 1988) y la de Julián I. Santillana (UNMSM, Lima, 1999).
Según el relato de Sarmiento, el episodio ocurre después de la petrificación de Ayar Uchu en la cumbre del Huanacauri y al final del viaje entre Pacaritambo y el valle del Cusco. Los dos hermanos supervivientes —Ayar Manco, ya renombrado Manco Cápac, y Ayar Auca— descienden del Huanacauri hacia el valle acompañados por las cuatro hermanas Mama. Al llegar al lugar donde debía levantarse el Coricancha, Manco Cápac ordena a Ayar Auca adelantarse y marcar el sitio exacto de la fundación. Ayar Auca planta en el suelo el bastón de oro tupayauri —insignia dinástica traída desde Pacaritambo— y el bastón se hunde hasta las empuñaduras, dando así fe material del emplazamiento elegido. En el mismo momento, Ayar Auca queda transformado en piedra sagrada junto al bastón hundido. La huaca resultante marca durante los tres siglos del imperio el sitio del Coricancha y se integra al sistema ceque como uno de los puntos de referencia del valle.
La versión de Juan de Betanzos en su Suma y narración de los Incas (~1551) precede en dos décadas a la de Sarmiento y presenta variantes menores. Betanzos era esposo de la ñusta Cuxirimay Ocllo, sobrina del último Sapa Inca reconocido por la línea legítima, Atahualpa, y su acceso a las tradiciones orales del palacio cusqueño era particularmente directo. En su relato, la petrificación de Ayar Auca ocurre igualmente al final del viaje y en el sitio del Coricancha, pero el episodio del bastón de oro aparece atribuido en parte a Mama Huaco, que en la versión de Betanzos es la esposa principal de Ayar Manco y primera Coya del linaje. Es Mama Huaco quien, desde la cumbre del Huanacauri, lanza el bastón hacia el valle, y es Ayar Auca quien lo encuentra clavado en el sitio de la fundación y se transforma en piedra al alcanzarlo. Esta variante temprana devuelve protagonismo femenino al episodio y ha sido recuperada por la historiografía andina contemporánea como pieza clave de la lectura de género del ciclo Ayar.
El ciclo Ayar completo según Sarmiento (1572) y las 8 figuras del origen
El ciclo entero de los hermanos Ayar arranca en la cueva Tampu Tocco (llamada también Pacaritambo, voz que significa ‘posada del amanecer’ en runasimi), lugar situado según la tradición cusqueña a unos 33 kilómetros al sur del Cusco, en la actual provincia de Paruro. De la cueva emergen cuatro parejas de hermanos-esposos por tres ventanas rituales: Capac Toco (la ventana principal, por la que salen los Ayar), Maras Toco (por la que salen los antepasados del pueblo Maras) y Sutic Toco (por la que salen los Tampu). Las cuatro parejas Ayar están formadas por Ayar Manco y Mama Ocllo, Ayar Cachi y Mama Ipacura (o Mama Cura), Ayar Uchu y Mama Huaco, y Ayar Auca con Mama Rahua (o Mama Rawa). La composición exacta de las parejas varía según la fuente: Sarmiento y Betanzos dan listas ligeramente distintas, y Felipe Guaman Poma de Ayala (~1615) presenta variantes menores en los nombres de las hermanas-esposas.
El viaje desde Pacaritambo hacia el valle del Cusco ocupa un período mítico indeterminado y está marcado por la eliminación progresiva de los hermanos. Primero cae Ayar Cachi, sellado por engaño en una cueva del monte Tampu Tocco mediante la maniobra del sirviente Tambochacay, que apila enormes piedras sobre la boca del pasaje. La razón declarada del episodio, según Sarmiento, es que la fuerza excesiva de Ayar Cachi —capaz de derribar cerros con la honda y de abrir quebradas de un solo tiro— resultaba peligrosa para el equilibrio del linaje en formación. La segunda eliminación es la de Ayar Uchu en el cerro Huanacauri, huaca-fundadora del linaje real que quedará durante tres siglos como escenario del ritual de iniciación militar warachikuy. La tercera y última es la de Ayar Auca, ya descrita, en el sitio del Coricancha del valle cusqueño.
La lectura política del ciclo Ayar es sistemática entre los estudios cuzqueños del último medio siglo. El etnohistoriador peruano Franklin Pease, en Los últimos incas del Cuzco (Instituto Nacional de Cultura, Lima, 1972) y en Del Tawantinsuyu a la historia del Perú (IEP, Lima, 1978), interpretó la sucesión de eliminaciones como formalización mítica de la jerarquía política real entre los linajes fundadores del Cusco. Cada hermano Ayar representaría, en clave alegórica, uno de los linajes o panacas que compartieron el poder en la fase de constitución del Tahuantinsuyu antes de la primacía consolidada del linaje de Manco Cápac. Que uno fuera sellado en una cueva por engaño, otro convertido en huaca en el Huanacauri y otro en la piedra fundacional del Coricancha respondía a la necesidad ideológica de justificar mediante narración sagrada la subordinación práctica de los linajes rivales al linaje real dominante. Sabine MacCormack, en Religion in the Andes: Vision and Imagination in Early Colonial Peru (Princeton University Press, 1991), leyó el ciclo como ejemplo de la manera en que el pensamiento andino inca combinaba genealogía dinástica, geografía sagrada y memoria política dentro de una misma matriz narrativa.
Gary Urton, antropólogo estadounidense de la Colgate University y de la Universidad de Harvard, dedicó a la cuestión un libro entero: The History of a Myth: Pacariqtambo and the Origin of the Inkas (University of Texas Press, Austin, 1990). Urton trabajó etnográficamente en el pueblo contemporáneo de Pacaritambo (provincia de Paruro, Cusco) durante los años 1980 y demostró que la localización del mito en ese lugar concreto fue en gran medida obra de una operación historiográfica del siglo XVI: el curaca local Rodrigo Sutic Callapiña, cabeza del linaje de Callapiña de la provincia de Paruro, aportó en 1569 al corregidor probanzas escritas en las que reclamaba para su pueblo la localización específica del origen mítico de los incas. La reclamación fue aceptada por los cronistas del período toledano y quedó fijada como versión canónica en la Historia índica de Sarmiento (1572). Urton mostró con detalle documental cómo un mito de origen general se ancló mediante gestión política en un lugar geográfico específico y cómo esa fijación siguió operando en la memoria oral del pueblo hasta el siglo XX.
La estructura de cuatro hermanos y cuatro hermanas del ciclo Ayar pertenece a un patrón panamericano más amplio del cuádruple mítico. Franklin Pease, en El dios creador andino (Mosca Azul, Lima, 1973), había señalado la coincidencia con estructuras análogas presentes en otros mitos de origen del área andina: los cuatro huari del Manuscrito de Huarochirí (~1608), las cuatro parejas del mito muisca del altiplano cundiboyacense, las cuatro direcciones del cosmograma inca del Tahuantinsuyu (Chinchaysuyu, Antisuyu, Contisuyu, Collasuyu). El cuádruple mítico es una estructura recurrente del pensamiento andino prehispánico y funciona como matriz clasificatoria para organizar tanto el espacio geográfico como la sucesión temporal. Los ocho hermanos y hermanas Ayar —cuatro varones más cuatro mujeres— duplican el cuádruple con paridad de género, produciendo el sistema octogonal que Sarmiento (1572), Betanzos (1551) y Cobo (1653) transmitieron como versión canónica del origen del linaje real inca. Ayar Auca cierra la serie masculina y su petrificación en el Coricancha sella el sistema entero.
Los huacas de Ayar Auca en el sistema ceque del Cusco según Zuidema (1964)
La consagración del sitio del Coricancha por la petrificación de Ayar Auca tuvo consecuencias prácticas de largo alcance en el sistema ceremonial del Cusco. La huaca quedó integrada al sistema ceque —la red de 328 puntos sagrados repartidos por el valle del Cusco y sus alrededores, ordenados en 41 líneas imaginarias que partían del Coricancha— documentado en detalle por Bernabé Cobo en su Historia del Nuevo Mundo (~1653; ed. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1956), libro XIII, y estudiado sistemáticamente por el antropólogo neerlandés R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco: The Social Organization of the Capital of the Inca (E. J. Brill, Leiden, 1964). Zuidema demostró que el sistema ceque no era un simple inventario de lugares sagrados sino un mapa ritual coordinado con el calendario ceremonial inca, con las divisiones sociales del Cusco (en hanan y hurin, mitades alta y baja) y con la organización política del imperio.
La huaca de Ayar Auca ocupaba una posición particularmente destacada dentro del sistema ceque por su proximidad al centro geográfico del cosmograma cusqueño. El Coricancha —templo mayor del Sol, sede del culto oficial a Inti, a Mama Quilla y a Wiracocha, sitio de conservación de los cuerpos embalsamados de los Sapa Inca difuntos y de las Coya principales— era el punto cero del sistema, el ombligo del que emanaban las 41 líneas hacia el horizonte visible desde la ciudad. La huaca fundacional de Ayar Auca se localizaba dentro del recinto del templo o en su perímetro inmediato, según se desprende de la descripción de Cobo. Su condición de piedra ancestral del linaje real la convertía en huaca de máxima jerarquía dentro del sistema, comparable en importancia a la huaca de Ayar Uchu en el Huanacauri y a la huaca de la cueva de Tampu Tocco en Pacaritambo.
Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’, en su Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74; ed. Henrique Urbano y Pierre Duviols, Historia 16, 1988), es la fuente que documenta con mayor precisión el destino de la piedra de Ayar Auca tras la conquista española. Molina, párroco doctrinero cuzqueño y quechuahablante nativo, redactó su relación en el marco de las campañas de extirpación de idolatrías impulsadas por el arzobispo Sebastián Lartaún y por el virrey Francisco de Toledo en la década de 1570. En la relación describe cómo las huacas centrales del Coricancha fueron desmontadas y destruidas físicamente en las primeras décadas de la evangelización, con desaparición material de las piedras ancestrales del linaje real. La piedra de Ayar Auca fue una de esas víctimas: su localización exacta en el interior del recinto del templo la puso al alcance directo de las campañas de destrucción, y su desaparición material fue efectiva ya antes de la redacción de la relación de Molina. Lo que sobrevivió fue la memoria oral del episodio, transmitida por los quipucamayocs y por los descendientes de las panacas reales y recogida por las crónicas posteriores.
La vigencia contemporánea de Ayar Auca se sostiene sobre dos bases materiales distintas. La primera es la memoria oral del ciclo Ayar preservada en las comunidades campesinas de la provincia de Paruro (Cusco), documentada etnográficamente por Gary Urton (1990) en el pueblo de Pacaritambo. En esas comunidades la figura de Ayar Auca aparece integrada a un relato oral más amplio que incluye a los otros tres hermanos y a las cuatro hermanas Mama, con variantes locales que Urton catalogó con detalle en su libro. La segunda base es institucional: la reconstrucción anual del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada del santuario arqueológico de Sacsayhuamán, escenificación turístico-identitaria del ritual solar del solsticio de invierno austral con auspicio institucional del Ministerio de Cultura del Perú, incluye desde su fundación moderna en 1944 (dirección artística de Faustino Espinoza Navarro) referencias al episodio del bastón de oro y a la petrificación de Ayar Auca como parte del guion ceremonial. El gobierno regional del Cusco, la Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco y la propia Municipalidad Provincial han institucionalizado la celebración como uno de los actos centrales del ciclo festivo anual, dentro del Jubileo cusqueño de junio-septiembre que reúne también el Warachikuy de septiembre y el ciclo de fiestas patronales rurales de agosto. En ese marco, la figura mítica de Ayar Auca reaparece cada junio como cierre del ciclo Ayar y como referencia simbólica del acto fundacional del Cusco.
Más allá del mito
Ayar Auca es un caso claro de figura mítica cuya importancia depende menos de su biografía narrativa que del lugar y el objeto de su petrificación. El sitio del Coricancha, marcado por el hundimiento del bastón de oro tupayauri hasta las empuñaduras, fue durante tres siglos el punto cero del cosmograma cusqueño y el centro del sistema ceque documentado por Bernabé Cobo (1653) y estudiado por R. Tom Zuidema (1964). La memoria del episodio sobrevivió a la destrucción material de la piedra fundacional en las campañas de extirpación de idolatrías del siglo XVI temprano y sigue viva hoy en la memoria oral de las comunidades de la provincia de Paruro y en la escenificación anual del Inti Raymi del 24 de junio en Sacsayhuamán. Franklin Pease, R. Tom Zuidema, Gary Urton, Sabine MacCormack y María Rostworowski coinciden en leer el ciclo Ayar como formalización mítica de la jerarquía política real entre los linajes fundadores del Cusco, y en esa lectura Ayar Auca ocupa el lugar preciso de la tercera y última eliminación necesaria para que la primacía del linaje de Manco Cápac quede establecida sin discusión.
La figura pertenece a un sistema mayor cuyas piezas —los otros tres hermanos Ayar, las cuatro hermanas-esposas Mama, la huaca Huanacauri, la cueva Tampu Tocco, la localidad de Pacaritambo, el Coricancha del Cusco— solo se dejan entender cuando se leen en conjunto. Leer a Ayar Auca por separado de Ayar Cachi, Ayar Uchu, Manco Cápac, Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura, Mama Rahua y del sistema ceque del Cusco es una operación historiográfica útil pero incompleta, y solo tiene sentido cuando se restituye después al conjunto del que forma parte. El panteón inca —con Wiracocha, Inti, Pachamama, Mama Quilla, los apus montañeros y el Ausangate quechua meridional— y las huacas locales de las provincias altas del Tahuantinsuyu (los wari willka de la sierra central, la ciudadela costera de Fempellec, los nevados Illampu y Huayna Potosí de la cordillera Real, la figura del gran conquistador Pachacuti Inca del siglo XV) forman el marco en el que Ayar Auca adquiere su sentido pleno: hermano-huaca cuya petrificación en el Coricancha cerró la serie de eliminaciones fundacionales y transfirió al sitio mismo del templo mayor del Sol la carga simbólica del ancestro dinástico.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Ayar Auca en el mito fundacional inca?
Ayar Auca es el cuarto y último de los hermanos Ayar del mito fundacional del Cusco, hermano de Ayar Manco (futuro Manco Cápac), Ayar Cachi y Ayar Uchu. Su nombre en runasimi (quechua) significa ‘guerrero enemigo’ o ‘salvaje’, según la lectura etimológica de Cieza (Señorío de los Incas, ~1553) y de Sarmiento de Gamboa (Historia índica, ~1572). Es el tercero en ser eliminado durante el viaje fundacional desde la cueva Tampu Tocco (o Pacaritambo, a 33 km al sur del Cusco) hacia el valle del Cusco: al plantar el bastón de oro tupayauri en el sitio del futuro Coricancha, el bastón se hunde hasta las empuñaduras y Ayar Auca queda transformado en piedra sagrada. Su eliminación cierra la serie de tres petrificaciones que dejan a Ayar Manco como único fundador dinástico del linaje real inca.
¿Qué es el tupayauri y qué papel tiene en el mito?
El tupayauri (llamado también taparaco en la versión de Betanzos ~1551) es el bastón de oro que los cuatro hermanos Ayar traen desde Pacaritambo como insignia dinástica del linaje real inca en formación. Su función mítica es dar fe material del sitio elegido para la fundación del Cusco: al plantarse en el suelo del valle, el bastón se hunde hasta las empuñaduras y marca así el emplazamiento exacto donde debía levantarse el Coricancha, templo mayor del Sol y centro ceremonial del Tahuantinsuyu. En la versión de Sarmiento (~1572) es Ayar Auca quien lo planta; en la variante temprana de Betanzos (~1551) es Mama Huaco quien lo lanza desde la cumbre del Huanacauri. Ambas versiones coinciden en el hundimiento como acto fundacional decisivo.
¿Dónde se localizaba la huaca de Ayar Auca?
La huaca de Ayar Auca se localizaba en el interior del recinto del Coricancha o en su perímetro inmediato, en el centro geográfico de la ciudad del Cusco. El Coricancha —templo mayor del Sol, sede del culto oficial a Inti, a Mama Quilla y a Wiracocha— era el punto cero del sistema ceque documentado por Bernabé Cobo (~1653) y sistematizado por R. Tom Zuidema en The Ceque System of Cuzco (E. J. Brill, Leiden, 1964). Su condición de piedra ancestral del linaje real convertía a la huaca de Ayar Auca en una de las de máxima jerarquía dentro del sistema, comparable en importancia a la huaca de Ayar Uchu en el Huanacauri y a la cueva de Tampu Tocco en Pacaritambo. La piedra fue destruida en las campañas de extirpación de idolatrías del siglo XVI temprano.
¿Qué fuentes coloniales documentan a Ayar Auca?
Las fuentes principales son Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia índica (~1572; ed. Ángel Rosenblat, Emecé, Buenos Aires, 1943), la versión más completa y ordenada del episodio; Juan de Betanzos, Suma y narración de los Incas (~1551; ed. María del Carmen Martín Rubio, Atlas, Madrid, 1987), con la variante en que Mama Huaco lanza el bastón desde el Huanacauri; Pedro Cieza de León, El señorío de los Incas (~1553), primera lectura etimológica accesible del nombre Auca; Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (~1653), libro XIII, con la descripción del sistema ceque; Cristóbal de Molina ‘el Cuzqueño’, Relación de las fábulas y ritos de los Incas (~1573-74); y Felipe Guaman Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (~1615), voz indígena colonial con dibujos. La síntesis moderna de referencia es R. Tom Zuidema, The Ceque System of Cuzco (Leiden, 1964), y Gary Urton, The History of a Myth: Pacariqtambo and the Origin of the Inkas (University of Texas Press, Austin, 1990).
¿Sigue vigente hoy la memoria de Ayar Auca?
Sí, en dos formas complementarias. Por un lado, la memoria oral del ciclo Ayar completo se conserva en las comunidades campesinas de la provincia de Paruro (Cusco), documentada etnográficamente por Gary Urton (1990) en el pueblo contemporáneo de Pacaritambo, con variantes locales del relato que incluyen la petrificación de Ayar Auca en el sitio del Coricancha. Por otro lado, la reconstrucción anual del Inti Raymi del 24 de junio en la explanada del santuario arqueológico de Sacsayhuamán, con auspicio institucional del Ministerio de Cultura del Perú, incluye desde su fundación moderna en 1944 (dirección artística de Faustino Espinoza Navarro) referencias al episodio del bastón de oro tupayauri y a la petrificación de Ayar Auca como parte del guion ceremonial del solsticio de invierno austral.





