Para empezar. Xarátanga es la diosa luna del panteón P’urhépecha de Michoacán, México. Patrona de la fertilidad, la agricultura, el maíz y la juventud femenina, ocupa la segunda posición jerárquica del panteón detrás de Curicaueri (dios solar-fuego y patrono del linaje uacúsecha). La Relación de Michoacán (~1541, anónima atribuida a fray Jerónimo de Alcalá) la registra como hija o consorte de Cuerauáperi (diosa madre creadora) y hermana o esposa de Curicaueri según las versiones. Su culto tenía centros principales en Ihuatzio y Tzintzuntzan, con las yácatas características del posclásico tardío purépecha. José Corona Núñez, en Mitología tarasca (FCE, 1957), y Helen Perlstein Pollard, en Taríacuri’s Legacy (Oklahoma, 1993), son las referencias historiográficas actuales. Su figura pervive sincretizada con la Virgen de la Candelaria.
| Origen cultural | Pueblo P’urhépecha (autoglotónimo P’urhé) de Michoacán, México; sistema religioso del estado irechecua del posclásico tardío (~1200-1521 d.C.) centrado en Tzintzuntzan e Ihuatzio, en la ribera del lago de Pátzcuaro; tradición registrada oralmente por los petamuti (sacerdotes-narradores) y transmitida a los franciscanos hacia 1540; ~200.000 hablantes actuales de la lengua P’urhé, aislada sin parentescos conocidos |
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| Tipo | Diosa luna, patrona de la fertilidad, la agricultura, el maíz y la juventud femenina; segunda deidad principal del panteón después de Curicaueri, con quien forma pareja lunar-solar; iconografía con luna creciente sobre la frente, tocado de flores y mazorcas de maíz en las manos |
| Función mítica | Regidora del ciclo lunar y del calendario agrícola del maíz (siembra, crecimiento, cosecha); patrona de la juventud femenina y de los ritos iniciáticos de las jóvenes casaderas; según la Relación de Michoacán, hija o consorte de Cuerauáperi y hermana o esposa de Curicaueri; deidad principal del santuario de Ihuatzio y titular de templo secundario en las yácatas de Tzintzuntzan |
| Atestación | Relación de las cerimonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán (~1541, anónima atribuida a fray Jerónimo de Alcalá; manuscrito iluminado en El Escorial; edición facsímil de El Colegio de Michoacán, 2000, con estudios de Moisés Franco Mendoza); Maturino Gilberti, Vocabulario en lengua de Mechuacán (Antonio de Espinosa, México, 1559); José Corona Núñez, Mitología tarasca (FCE, 1957); Helen Perlstein Pollard, Taríacuri’s Legacy (Oklahoma, 1993); Hans Roskamp, La historiografía indígena de Michoacán (Leiden, 1998) |
| Vigencia hoy | Referencias en las fiestas agrícolas y en las danzas tradicionales de la meseta P’urhépecha (danza de los Viejitos o T’arhé Uarhákua, danza de los Kúrpites); sincretizada con la Virgen de la Candelaria (fiesta del 2 de febrero, ligada a la bendición de las semillas antes de la siembra) y con María Auxiliadora; incorporada al repertorio identitario contemporáneo a través del sistema educativo bilingüe y del Consejo Supremo P’urhépecha |
Xarátanga es la diosa luna del panteón P’urhépecha, patrona de la fertilidad, la agricultura, el maíz y la juventud femenina en el sistema religioso del estado irechecua de Tzintzuntzan. Su nombre en lengua P’urhé remite a atributos lunares y a la juventud femenina, y su culto se practicaba principalmente en Ihuatzio y en la capital Tzintzuntzan durante el posclásico tardío (~1200-1521 d.C.). La Relación de Michoacán (~1541) la sitúa en la segunda jerarquía del panteón, detrás de Curicaueri y de su madre Cuerauáperi, y describe su iconografía con luna creciente sobre la frente, tocado de flores frescas y mazorcas de maíz.
El escenario geográfico del culto es la cuenca del lago de Pátzcuaro, en el altiplano michoacano, a unos 2.100 metros de altitud. En la ribera oriental del lago se alzaban Tzintzuntzan (capital del imperio) e Ihuatzio, dos ciudades que albergaban las yácatas: pirámides de la arquitectura purépecha con planta mixta que combina un cuerpo rectangular con uno circular, forma sin paralelos exactos en el resto de Mesoamérica. Las cinco yácatas de Tzintzuntzan, sobre una plataforma artificial de más de 400 metros de largo que domina el lago, y las tres de Ihuatzio, son hoy sitios administrados por el INAH. El pueblo purépecha nunca fue conquistado por los mexicas y rechazó su intento en la batalla de Taximaroa (1478).
El registro documental proviene principalmente de la Relación de Michoacán, manuscrito iluminado atribuido a fray Jerónimo de Alcalá, conservado en El Escorial y editado en facsímil por El Colegio de Michoacán en 2000 bajo la dirección de Moisés Franco Mendoza. El texto, redactado a partir de las relaciones orales del petamuti de la corte del último cazonci Tangáxoan II, contiene ilustraciones de la diosa y descripciones de sus ceremonias. José Corona Núñez, en Mitología tarasca (FCE, 1957), sistematizó el corpus mítico purépecha y ubicó a Xarátanga dentro del comparatismo mesoamericanista. Helen Perlstein Pollard, en Taríacuri’s Legacy (Oklahoma, 1993), reconstruyó la centralidad de la diosa en el ordenamiento religioso del estado. Hans Roskamp (1998) analizó el uso colonial del corpus.
La diosa luna purépecha y sus atributos agrícolas
Índice
Xarátanga ocupaba la segunda jerarquía del panteón purépecha, detrás de Curicaueri y de su madre Cuerauáperi. La Relación de Michoacán describe su iconografía con precisión: la diosa aparece con luna creciente sobre la frente, tocado de flores frescas y una mazorca de maíz en la mano. La luna creciente es su atributo distintivo y remite a la fase del ciclo lunar asociada al crecimiento; las flores y el maíz sitúan el ámbito de su acción en el ciclo agrícola. La equivalencia funcional con otras diosas lunares del mundo indígena americano es reconocible: comparte rasgos generales con figuras como Mama Quilla en los Andes, aunque cada tradición ordena de manera propia el vínculo entre luna, agricultura y feminidad.
El calendario agrícola del maíz seguía las fases lunares que la diosa encarnaba. La siembra se realizaba con luna creciente para propiciar el crecimiento; la cosecha se recogía con luna llena, momento de plenitud del ciclo; las tareas de deshije, escarda y limpia de la milpa se distribuían según el calendario ceremonial que los petamuti recitaban públicamente durante las fiestas anuales. José Corona Núñez (1957) reconstruyó a partir de fuentes coloniales el vínculo entre el ciclo lunar y las fiestas agrícolas, mostrando cómo la diosa ordenaba la temporalidad del trabajo campesino desde la siembra en abril hasta la cosecha en el otoño. La correspondencia entre luna y ciclo agrícola es un rasgo compartido con otros sistemas religiosos mesoamericanos, presente en la tradición mixteca y en la zapoteca.
Xarátanga era también patrona de la juventud femenina y de los ritos de iniciación de las jóvenes casaderas. En las fiestas anuales de Ihuatzio, las jóvenes participaban en danzas con tocados de flores y con vestidos ceremoniales que remedaban el atavío de la diosa. La Relación de Michoacán menciona que la diosa recibía como ofrenda mazorcas de maíz, flores de varios colores y sangre extraída de la lengua y de las orejas de las oferentes. El vínculo entre luna, ciclo menstrual femenino y ciclo agrícola era leído por los petamuti como manifestación del mismo principio generativo. La fiesta principal, llamada Sicuíndiro, marcaba el cierre de la temporada de lluvias y la apertura del tiempo de cosecha, momento en el que las jóvenes de la corte del cazonci presidían los ritos.
Culto en Ihuatzio y Tzintzuntzan según la Relación de Michoacán
Ihuatzio fue el santuario principal de Xarátanga en la fase intermedia del posclásico tardío (siglo XIV), antes de que Tzintzuntzan concentrara el poder central del estado purépecha. La ciudad se levantaba a la orilla suroriental del lago de Pátzcuaro, a pocos kilómetros al norte de Tzintzuntzan, y contaba con tres yácatas alineadas sobre una plataforma que dominaba la ribera. Helen Perlstein Pollard (1993) reconstruyó, a partir de la arqueología y de la Relación de Michoacán, la centralidad ceremonial de Ihuatzio en las fases previas a la consolidación del estado unificado bajo Taríacuri. El sitio arqueológico, hoy administrado por el INAH, conserva las bases de las yácatas, restos de muros ceremoniales y una calzada procesional que unía el santuario con la ribera lacustre.
La Relación de Michoacán describe el episodio en el que Taríacuri, fundador del estado purépecha unificado en el siglo XV, decidió trasladar la imagen de Xarátanga desde Tariáran (santuario primitivo cercano a Zacapu) hacia el lago de Pátzcuaro. El traslado fue disputado entre las tres capitales confederadas de la Liga: Pátzcuaro (residencia de Taríacuri), Ihuatzio (residencia de su hijo Hiripan) y Tzintzuntzan (residencia de su sobrino Tangáxoan I). Finalmente, la diosa fue instalada en Ihuatzio, ciudad que se convirtió en el santuario oficial dentro del sistema tripartito de la Liga de Pátzcuaro. El episodio, registrado con detalle en el manuscrito de El Escorial, permite datar la centralidad del culto en el proyecto político de la fundación del estado.
En Tzintzuntzan, capital consolidada del imperio purépecha desde el siglo XV, Xarátanga ocupaba un santuario secundario pero de gran importancia. Las cinco yácatas, alineadas sobre una plataforma artificial de más de 400 metros que se eleva sobre la ribera del lago, estaban consagradas principalmente a Curicaueri; sin embargo, adosados a las yácatas se levantaban templos menores dedicados a otras deidades, entre ellas Xarátanga. La ceremonia anual del Sicuíndiro, fiesta principal dedicada a la diosa, se celebraba en Ihuatzio con la participación del cazonci y de la corte: incluía la ofrenda de flores frescas, la recitación pública del calendario agrícola por los petamuti, danzas de mujeres jóvenes ataviadas como la diosa, sacrificios de esclavos y encendido de fuegos rituales. La fiesta cerraba el ciclo de lluvias e inauguraba la temporada de cosechas.
Xarátanga en la vigencia agrícola y ceremonial P’urhépecha
Tras la caída del reino purépecha en 1530 bajo el avance de Nuño de Guzmán y la evangelización franciscana coordinada por Vasco de Quiroga (obispo de Michoacán entre 1538 y 1565), el culto público a Xarátanga fue reprimido y sustituido por advocaciones marianas. Los conventos e iglesias fundados por Quiroga canalizaron la devoción popular hacia la Virgen María. Sin embargo, la memoria de la diosa luna sobrevivió transformada en el sustrato ceremonial de las fiestas patronales y de las danzas rituales de la meseta P’urhépecha, especialmente aquellas ligadas al ciclo agrícola y a las jóvenes casaderas. El calendario ceremonial católico, superpuesto al calendario agrícola prehispánico, permitió la continuidad simbólica de muchas prácticas anteriores.
La Virgen de la Candelaria, cuya fiesta se celebra el 2 de febrero, ha absorbido en varias comunidades P’urhépecha atributos que remiten a Xarátanga. La fecha coincide con la preparación de las tierras antes de la siembra, y la procesión incluye la bendición de semillas de maíz que se guardarán hasta la siembra en abril. En Tzurumútaro, Erongarícuaro y varias comunidades de la ribera del lago de Pátzcuaro, la fiesta patronal conserva rasgos rituales que remiten al antiguo culto lunar-agrícola. María Auxiliadora, patrona de otras comunidades de la meseta, recibe también atributos que la aproximan a la diosa luna en su función protectora de las jóvenes casaderas. Angélica Jimeno Jiménez ha documentado gestos rituales, ofrendas de flores y cantos en lengua P’urhé que remiten al fondo prehispánico.
Las danzas tradicionales de la meseta P’urhépecha conservan referencias directas al panteón antiguo. La danza de los Viejitos (T’arhé Uarhákua), representación jocosa en la que jóvenes se disfrazan de ancianos, incluye movimientos que aluden al ciclo agrícola y a las fases lunares. La danza de los Kúrpites, ejecutada por jóvenes casaderos con tocados floridos y trajes de colores vivos, es especialmente clara en su vínculo con el ciclo iniciático de la juventud, esfera tradicional de Xarátanga. La revitalización cultural P’urhépecha impulsada desde las últimas décadas del siglo XX ha reincorporado el nombre de la diosa al repertorio identitario contemporáneo mediante el sistema educativo bilingüe, el diccionario de Beltrán Corona y las publicaciones del Consejo Supremo P’urhépecha.
Más allá del mito
Xarátanga conserva un lugar reconocible en el panteón purépecha y en la memoria contemporánea de la meseta michoacana. Su figura ha atravesado la Relación de Michoacán (~1541), el Vocabulario de Gilberti (1559), la sistematización de José Corona Núñez (1957) y los estudios etnohistóricos de Helen Perlstein Pollard (1993) y Hans Roskamp (1998), y ha llegado al presente a través de la etnografía contemporánea de Angélica Jimeno Jiménez y de los proyectos de revitalización cultural impulsados desde las últimas décadas del siglo XX. La revitalización P’urhépecha la reincorpora al repertorio identitario del pueblo y la reconecta con el ciclo agrícola del maíz, con la juventud femenina y con la geografía sagrada del lago de Pátzcuaro.
Restituir a Xarátanga al registro histórico riguroso significa recordar que su culto ordenaba el calendario agrícola y la vida ceremonial del estado purépecha, imperio que rivalizó con el Estado Mexica y rechazó su intento de conquista en la batalla de Taximaroa (1478). La diosa luna, junto con Curicaueri, Cuerauáperi y los demás miembros del panteón, forma parte de un legado que la investigación mesoamericanista de los últimos ochenta años ha ido restaurando desde las fuentes coloniales y desde la memoria oral P’urhépecha contemporánea. En el santuario arqueológico de Ihuatzio, en las yácatas de Tzintzuntzan y en las danzas de la meseta, su presencia sigue siendo legible.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Xarátanga en el panteón purépecha?
Es la diosa luna del pueblo P’urhépecha de Michoacán, México, patrona de la fertilidad, la agricultura, el maíz y la juventud femenina. Ocupa la segunda jerarquía del panteón detrás de Curicaueri (dios solar-fuego) y de su madre Cuerauáperi (diosa creadora primordial). La Relación de Michoacán, redactada hacia 1541 por un fraile franciscano atribuido a Jerónimo de Alcalá, describe su iconografía con luna creciente sobre la frente, tocado de flores frescas y mazorcas de maíz en las manos, y detalla su culto en Ihuatzio y Tzintzuntzan durante el posclásico tardío. Corona Núñez y Pollard son las referencias historiográficas modernas.
¿Dónde se le rendía culto?
Su santuario principal era Ihuatzio, ciudad situada en la ribera suroriental del lago de Pátzcuaro, a pocos kilómetros al norte de Tzintzuntzan. Ihuatzio contaba con tres yácatas (pirámides de planta mixta rectangular-circular) alineadas sobre una plataforma que dominaba la ribera. En Tzintzuntzan, capital del imperio purépecha desde el siglo XV, Xarátanga ocupaba un santuario secundario adosado a las yácatas principales consagradas a Curicaueri. Ambos sitios son hoy zonas arqueológicas administradas por el INAH y siguen siendo referencias identitarias para el pueblo P’urhépecha contemporáneo, junto con el santuario primitivo de Tariáran cerca de Zacapu.
¿Cuál era su función en el ciclo agrícola?
Regía el calendario agrícola del maíz a través de las fases lunares. La siembra se realizaba con luna creciente para propiciar el crecimiento vegetal, y la cosecha con luna llena, momento de plenitud del ciclo. Los petamuti (sacerdotes-narradores) recitaban públicamente el calendario ceremonial durante la fiesta anual del Sicuíndiro, celebrada en Ihuatzio, que cerraba la temporada de lluvias e inauguraba la de cosechas. Xarátanga era también patrona de la juventud femenina y de los ritos iniciáticos de las jóvenes casaderas, que participaban en las danzas rituales ataviadas como la diosa, con tocados de flores y mazorcas de maíz.
¿Qué fuentes históricas la mencionan?
La fuente central es la Relación de las cerimonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Michoacán, manuscrito iluminado de hacia 1541 atribuido a fray Jerónimo de Alcalá, conservado en El Escorial y editado en facsímil por El Colegio de Michoacán en 2000 bajo la dirección de Moisés Franco Mendoza. También la registra el Vocabulario en lengua de Mechuacán de fray Maturino Gilberti (Antonio de Espinosa, México, 1559). Los estudios modernos de referencia son Mitología tarasca de Corona Núñez (FCE, 1957), Taríacuri’s Legacy de Pollard (Oklahoma, 1993) y La historiografía indígena de Michoacán de Roskamp (Leiden, 1998).
¿Sobrevive hoy su culto en la meseta P’urhépecha?
Sí, sincretizada con advocaciones marianas y presente en las danzas tradicionales. La Virgen de la Candelaria, cuya fiesta del 2 de febrero coincide con la preparación de las tierras antes de la siembra, ha absorbido atributos del antiguo culto lunar-agrícola en varias comunidades de la ribera del lago de Pátzcuaro. Las danzas de los Viejitos y de los Kúrpites conservan referencias al ciclo agrícola y a la iniciación de las jóvenes. La revitalización cultural P’urhépecha de las últimas décadas, impulsada por el Consejo Supremo P’urhépecha y por el sistema educativo bilingüe michoacano, ha reincorporado el nombre de Xarátanga al repertorio identitario contemporáneo.




