En síntesis. Chuboné es la dueña femenina del bosque en el corpus mitológico del pueblo ayoreo (autónimo colectivo, también ayoréode), cazadores-recolectores de la familia lingüística zamuco que habitan el Chaco Boreal en el norte de Paraguay y el oriente de Bolivia. Su nombre aparece registrado con variantes según la banda ayoreo consultada por los etnógrafos: Chuboné es la forma dominante en la obra de Edgardo Jorge Cordeu, Chunguperejná aparece en las bandas ayoreo del norte paraguayo y Chumei-Chumei en variantes menores registradas por Miguel Ángel Bartolomé en Los ayoreos: cazadores del Gran Chaco (Fondo Nacional Indigenista / Editorial ILV, 2004). Ocupa un papel dual en el panteón ayoreo: esposa del padre sol Cadadi y madre de las especies del monte, cuya presencia regula los días en que la caza es permitida y los que resultan puyák (prohibidos, tabú ritual). Los tabúes específicos, en plural puyédie, variaban entre las siete u ocho bandas exógamas en que se organizaban los ayoreo antes del contacto masivo con las misiones New Tribes en 1947. Cordeu documentó el corpus en «Aishtuwente: la mitología ayoreo» (Suplemento Antropológico, Universidad Católica, Asunción, 1990) y en la serie La sabiduría del ayoreo (obras varias, 1971-2003); Bartolomé sistematizó la etnografía en su monografía de 2004. Su vigencia contemporánea queda atestiguada en el discurso ambiental de las organizaciones ayoreo (OPIT e Iniciativa Amotocodie en Paraguay, CANOB en Bolivia) que invocan a Chuboné frente a la deforestación acelerada del Chaco Boreal por la ganadería intensiva menonita y brasileña desde los años 1990, deforestación que amenaza directamente a los últimos grupos ayoreo en aislamiento voluntario del continente americano fuera de la Amazonía.
| Origen cultural | Pueblo ayoreo (autónimo colectivo, también ayoréode); llamado antes por sus vecinos moro (exónimo despectivo hoy en desuso); lengua ayoreode-ijie de la familia lingüística zamuco, agrupación pequeña que reúne al ayoreo y al chamacoco o ishir del Alto Paraguay; aproximadamente 5.500 personas distribuidas entre ~2.700 en Paraguay (departamentos de Alto Paraguay, Boquerón y Presidente Hayes) y ~2.800 en Bolivia (departamento de Santa Cruz, provincias Chiquitos y Ñuflo de Chávez); economía tradicional de cazadores-recolectores del Chaco Boreal con caza de pecarí, tortuga terrestre, quirquincho, oso hormiguero y ñandú, recolección de miel silvestre y de vainas de algarrobo, y horticultura mínima de maíz, calabaza y sandía en las bandas más orientales; contacto pacífico masivo desde 1947 con misiones evangélicas New Tribes en Paraguay y con la misión salesiana de Santa Teresita en Bolivia; últimos grupos totobiegosode y otros permanecen en aislamiento voluntario en el norte del Chaco paraguayo |
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| Tipo | Deidad femenina protectora del monte y de sus animales en el panteón ayoreo; una de las esposas del padre sol Cadadi y madre de varias especies primordiales; figura del tipo dueño del monte (equivalente estructural al Curupira tupí-guaraní o al Mapinguari amazónico) pero con género femenino explícito y sin rasgos monstruosos; nanibaháde (antepasada) que se retiró al monte tras el tiempo primordial y permanece allí regulando la relación entre los cazadores ayoreo y las especies bajo su cuidado; su nombre aparece registrado con las variantes Chuboné, Chunguperejná y Chumei-Chumei según la banda ayoreo consultada por los etnógrafos |
| Función mítica | Establece los puyák (prohibiciones rituales, singular; plural puyédie) que regulan qué especies pueden cazarse, en qué días, con qué palabras se puede nombrar cada animal y qué partes están reservadas para determinadas edades o sexos; protege los árboles sagrados del Chaco Boreal (quebracho colorado, palo santo o Bulnesia sarmientoi, algarrobo negro) cuya tala tradicional requería ceremonias específicas y ofrendas; explica la abundancia o escasez de caza en función del respeto de los cazadores al código de puyédie; se manifiesta en el bosque como voz apenas audible, viento repentino, silueta borrosa entre los árboles o ausencia total de animales en el rastreo |
| Atestación | Edgardo Jorge Cordeu, «Aishtuwente: la mitología ayoreo» (Suplemento Antropológico, Universidad Católica, Asunción, 1990) y la serie La sabiduría del ayoreo (obras varias, 1971-2003); Miguel Ángel Bartolomé, Los ayoreos: cazadores del Gran Chaco (Fondo Nacional Indigenista / Editorial ILV, 2004) y El encuentro de la gente y los insensatos: la sedentarización de los cazadores ayoreo en el Paraguay (varios artículos, 1990s-2000s); Marcelo Bórmida, «Mito y cultura entre los ayoreo del Chaco Boreal» (RUNA, Centro Argentino de Etnología Americana, Universidad de Buenos Aires, 1974); Volker von Bremen (etnología alemana sobre ayoreo, obras varias); Susana Renshaw, trabajos sobre la lengua ayoreode-ijie y sobre el calendario ritual; John Palmer y Rosalía Simoni, informes contemporáneos sobre los ayoreo en aislamiento voluntario desde la Iniciativa Amotocodie (2000s-2010s) |
| Vigencia hoy | Presencia constante en el discurso de las organizaciones ayoreo contemporáneas: OPIT (Organización Payipie Ichadie Totobiegosode) e Iniciativa Amotocodie en Paraguay, UNAP (Unión Nativa Ayorea del Paraguay), y CANOB (Central Ayorea Nativa del Oriente Boliviano) y CANOB-CIDOB en Bolivia, todas ellas invocan a Chuboné en asambleas, comunicados de prensa e informes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; enseñanza en programas escolares bilingües ayoreode-ijie-castellano de las escuelas de Zapocó, Rincón del Tigre y Puesto Paz (Santa Cruz, Bolivia) y de Campo Loro, Ebetogué y Chaidi (Paraguay); reactualización política en el debate sobre los territorios ancestrales del Chaco Boreal amenazados por la deforestación acelerada desde 1990 por la ganadería intensiva menonita y brasileña; figura invocada por los daijnái (chamanes ayoreo) que aún ejercen en las comunidades más tradicionales de Rincón del Tigre y del Alto Paraguay |
Chuboné preside la vida del monte en el corpus mítico del pueblo ayoreo, cazadores-recolectores del Chaco Boreal (el norte del Gran Chaco sudamericano, compartido entre Paraguay, Bolivia y Argentina) cuya lengua ayoreode-ijie pertenece a la familia lingüística zamuco, agrupación pequeña que reúne solamente al ayoreo y al chamacoco o ishir del Alto Paraguay. Su nombre aparece con variantes dialectales según la banda ayoreo consultada: Chuboné es la forma dominante en la obra de Edgardo Jorge Cordeu, etnógrafo argentino que trabajó con las comunidades ayoreo del Paraguay desde comienzos de los años 1970; Chunguperejná aparece en las bandas ayoreo del norte paraguayo; y Chumei-Chumei en variantes menores documentadas por Miguel Ángel Bartolomé en Los ayoreos: cazadores del Gran Chaco (Fondo Nacional Indigenista / Editorial ILV, 2004). Se trata siempre de la misma dueña femenina del bosque, con función paralela pero de género distinto a la de los dueños masculinos del monte que otros pueblos sudamericanos reconocen bajo nombres como el Curupira tupí o el Mapinguari amazónico.
La posición mítica de Chuboné quedó fijada por Cordeu en el marco del panteón ayoreo tal como fue registrado en las bandas paraguayas entre 1971 y comienzos de los años 2000. Es esposa del padre sol Cadadi, deidad suprema del cielo diurno, y madre de varias especies primordiales que descendieron a poblar el monte cuando el tiempo primordial (el tiempo de los nanibaháde o antepasados) se cerró. Los nanibaháde, antepasados humanos que se transformaron en animales, plantas y accidentes geográficos, permanecen bajo el cuidado de Chuboné, quien establece qué días son puyák (prohibidos, tabú ritual) para la caza de cada especie y qué palabras rituales debe pronunciar el cazador antes de matar. El corpus de puyédie (plural de puyák) constituye la regulación central de la relación ayoreo con las especies del monte y variaba entre las siete u ocho bandas exógamas en que se organizaban los ayoreo antes del contacto masivo de 1947 (los ayoreo propiamente dichos, los totobiegosode, los garaigosode, los ñanagosode y otros).
El registro etnográfico sistemático del corpus mitológico ayoreo tardó en aparecer respecto al de otros pueblos chaqueños vecinos. Los ayoreo mantuvieron autonomía territorial casi completa hasta 1947, cuando las misiones evangélicas New Tribes iniciaron en Paraguay los contactos pacíficos masivos, seguidas en Bolivia por los salesianos italianos que fundaron la misión de Santa Teresita en Santa Cruz. Marcelo Bórmida, del Centro Argentino de Etnología Americana, publicó en 1974 el ensayo «Mito y cultura entre los ayoreo del Chaco Boreal» en la revista RUNA de la Universidad de Buenos Aires, primer intento académico de sistematización. Su discípulo Edgardo Jorge Cordeu profundizó el trabajo con visitas repetidas a las comunidades paraguayas entre 1971 y comienzos de los 2000, y culminó en «Aishtuwente: la mitología ayoreo» (Suplemento Antropológico, Universidad Católica, Asunción, 1990) y en la serie La sabiduría del ayoreo. Miguel Ángel Bartolomé cerró el ciclo etnográfico argentino con Los ayoreos: cazadores del Gran Chaco (2004). Volker von Bremen, desde la etnología alemana, y Susana Renshaw, desde la lingüística zamuco, aportaron trabajos complementarios; John Palmer y Rosalía Simoni, en la Iniciativa Amotocodie del Paraguay, documentan la dimensión política contemporánea de los grupos ayoreo en aislamiento voluntario.
La dueña femenina del bosque ayoreo
Índice
El panteón ayoreo registrado por Cordeu (1990) y Bartolomé (2004) se organiza en torno a la pareja primordial del padre sol Cadadi y de sus varias esposas, entre las cuales Chuboné ocupa el lugar de dueña del monte. La estructura no es única en el Chaco: los vecinos toba qom, wichí y mocoví reconocen figuras equivalentes de dueños del monte, pero con perfiles frecuentemente masculinos o de género ambiguo. La particularidad ayoreo es la asignación femenina explícita y el vínculo conyugal con el sol, que hace de Chuboné a la vez madre de los animales del monte, esposa del sol diurno y regidora del código de puyédie que ordena la vida cotidiana del cazador.
Bartolomé (Los ayoreos, 2004) describe cómo el cazador ayoreo tradicional se comportaba en el monte bajo la mirada implícita de Chuboné. La entrada al monte requería silencio: no se hablaba en voz alta, no se reía, no se cantaba ni se ejecutaban gestos bruscos. El cazador experimentado leía la ausencia de animales, un viento súbito o la aparición de una silueta borrosa entre los árboles como señales de que Chuboné estaba presente y que la caza no era propicia ese día. Los daijnái (chamanes ayoreo) intervenían en los casos difíciles: mediante cantos rituales y el uso de tabaco podían negociar con Chuboné el permiso para cazar una especie en un día que en principio le estaba consagrado, o averiguar qué puyák había sido quebrantado cuando la caza escaseaba de forma anómala.
El linaje divino de Chuboné aparece en los relatos uhopié (relatos primordiales) que Cordeu recopiló en las comunidades paraguayas. En una variante central, Cadadi el sol y Chuboné habitaban juntos en el tiempo primordial, cuando los nanibaháde aún no se habían transformado en animales y plantas. Un desacuerdo o transgresión (las versiones difieren) llevó a Chuboné a retirarse al monte y quedarse allí para siempre como madre de las especies que gestó a partir de los antepasados transformados. Cadadi conservó el cielo diurno y la distribución del cosmos entre esposo y esposa dejó a Chuboné el dominio del monte, con la responsabilidad de proveer alimento a los ayoreo mientras estos respetaran el código de puyédie. El paralelo con el Curupira tupí-guaraní y con el Mapinguari amazónico permite situar a Chuboné en el mapa continental de las deidades protectoras del bosque, con la especificidad femenina, conyugal y regulatoria que la distingue de sus contrapartes masculinas.
Regulación de la caza y árboles sagrados según Cordeu (1990) y Bartolomé (2004)
Cordeu, en «Aishtuwente: la mitología ayoreo» (Suplemento Antropológico, Asunción, 1990), documentó con detalle el código de puyédie asociado a la presencia de Chuboné. Cada especie del monte tiene días propios en que su caza es puyák: el pecarí, el quirquincho, el oso hormiguero y el ñandú tienen días asignados que varían entre las bandas ayoreo. La transgresión del puyák se castiga con la desaparición de la caza durante días o semanas, con enfermedades del transgresor o de su familia, y en casos graves con la muerte súbita del cazador en el propio monte. Los daijnái intervienen para diagnosticar el puyák quebrantado y prescribir la reparación ritual apropiada, que suele incluir ofrendas de tabaco, canto ceremonial y periodos de abstinencia de caza en la zona afectada.
Bartolomé (Los ayoreos: cazadores del Gran Chaco, Fondo Nacional Indigenista / Editorial ILV, 2004) amplió el registro con la variación entre bandas exógamas. Los siete u ocho grupos en que se organizaban los ayoreo antes de 1947 —los totobiegosode, los garaigosode, los ñanagosode, los guidaigosode, los direquednejnaigosode, y otros— tenían códigos de puyédie parcialmente diferentes. Una especie puyák para una banda podía no serlo para otra. Los matrimonios entre miembros de bandas distintas obligaban a negociaciones sobre qué códigos regían la vida cotidiana de la pareja. Esta variación desmiente cualquier imagen uniforme del corpus ayoreo y refleja la organización política descentralizada de los cazadores del Chaco Boreal antes del contacto misional, donde cada banda operaba con relativa autonomía ritual y territorial.
La protección de árboles sagrados constituye la segunda gran competencia de Chuboné. Cordeu y Bartolomé coinciden en identificar tres especies centrales: el quebracho colorado (Schinopsis balansae), símbolo del Chaco por la dureza de su madera; el palo santo (Bulnesia sarmientoi), árbol resinoso de madera aromática empleado en tallas rituales y en la elaboración de fuegos ceremoniales; y el algarrobo negro (Prosopis nigra), del que los ayoreo recolectaban vainas para consumo humano y del que fermentaban una bebida ritual. La tala tradicional de estos árboles requería ceremonias específicas: ofrendas de tabaco, palabras rituales dirigidas a Chuboné y espera de días propicios señalados por el daijnái. La violación del ritual llamaba castigo en forma de accidentes, enfermedades o retirada de la caza en la zona.
La regulación se extendía además a los cursos de agua del Chaco Boreal. Los grandes ríos de la región —el Pilcomayo, el Paraguay, el Parapetí— se consideraban lugares peligrosos donde habitaban seres asociados a Chuboné y a otros dueños del agua. Los ayoreo tradicionales evitaban los cocodrilos del Pilcomayo (yacaré overo, Caiman latirostris) y los grandes peces de aguas profundas por considerarlos manifestaciones de fuerzas que requerían mediación chamánica antes de cualquier aproximación. La ética de la caza ayoreo tradicional no reposaba en una prohibición absoluta sino en la capacidad de leer las señales del monte y de negociar con la dueña de las especies el acceso a cada presa.
Chuboné en la crisis contemporánea del Chaco Boreal
La deforestación del Chaco Boreal desde los años 1990 ha transformado el contexto en el que subsiste la figura de Chuboné. La expansión de la ganadería intensiva encabezada por las colonias menonitas del Chaco Central paraguayo (Filadelfia, Loma Plata, Neuland) y por empresarios brasileños con capital de la industria sojera, sumada a la ampliación de la frontera agrícola boliviana desde Santa Cruz hacia el norte, ha convertido al Chaco Boreal en una de las regiones con mayor tasa de deforestación del planeta durante las dos últimas décadas. Los mapas satelitales de Global Forest Watch registran pérdidas de más de 3.500 hectáreas diarias entre 2010 y 2019. El monte de Chuboné se reduce a fragmentos aislados por picadas, alambradas y potreros de pastura implantada, con impacto directo sobre los últimos grupos ayoreo en aislamiento voluntario.
Los últimos grupos ayoreo en aislamiento voluntario del continente americano fuera de la Amazonía viven en este monte amenazado. John Palmer y Rosalía Simoni, desde la Iniciativa Amotocodie del Paraguay, y organizaciones bolivianas como CANOB (Central Ayorea Nativa del Oriente Boliviano) documentan la presencia de bandas totobiegosode y de otros grupos que evitan el contacto con la sociedad envolvente. Estos grupos, herederos directos del régimen tradicional de puyédie y del vínculo con Chuboné, sufren el avance de las topadoras que abren picadas para la ganadería a metros de sus campamentos. Cuando algunos miembros de estos grupos aparecen por hambre o enfermedad en las comunidades sedentarizadas, describen la desaparición del monte en los términos rituales del corpus tradicional: Chuboné se retira, ya no queda lugar donde vivir bajo su cuidado.
Las organizaciones ayoreo contemporáneas han recuperado a Chuboné como referencia central del discurso ambiental. La OPIT (Organización Payipie Ichadie Totobiegosode) e Iniciativa Amotocodie en Paraguay, la UNAP (Unión Nativa Ayorea del Paraguay), y la CANOB en Bolivia invocan a Chuboné y al código de puyédie en asambleas, comunicados de prensa, informes a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y presentaciones ante el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU. La demanda territorial concreta —la titulación colectiva de los territorios ancestrales del Chaco Boreal— se ampara en la figura de Chuboné como fundamento del vínculo ayoreo con el monte. El discurso ambiental que estas organizaciones sostienen no es un préstamo del ecologismo occidental: nace del corpus mítico tradicional y de la ética de puyédie registrada por Cordeu y Bartolomé.
La transmisión intergeneracional de la figura atraviesa dificultades reales. La mayoría de los ayoreo sedentarizados desde 1947 son hoy evangélicos, y buena parte de las misiones New Tribes y salesianas descartaron el corpus tradicional como «creencias paganas». Solo en las comunidades más tradicionales (Rincón del Tigre, Zapocó y Puesto Paz en Bolivia; Campo Loro, Ebetogué y Chaidi en Paraguay) los daijnái aún ejercen y los mayores transmiten los uhopié a los jóvenes. Los programas escolares bilingües ayoreode-ijie-castellano, impulsados por las organizaciones ayoreo desde comienzos de los 2000, incorporan progresivamente a Chuboné y al código de puyédie como contenido cultural. Las publicaciones etnográficas de Cordeu y Bartolomé regresan así, tres o cuatro décadas después, a las comunidades donde fueron recopiladas.
Una mirada final
Chuboné continúa activa en el discurso ayoreo del siglo XXI a pesar de la evangelización, la sedentarización forzada y la deforestación acelerada del Chaco Boreal. Las organizaciones OPIT, UNAP, CANOB e Iniciativa Amotocodie mantienen viva la referencia a la dueña del monte en asambleas, comunicados y demandas territoriales. Los daijnái que aún ejercen en Rincón del Tigre, Zapocó, Campo Loro y Ebetogué siguen invocando su nombre en curaciones y en las contadas ceremonias tradicionales que resisten al cambio religioso. Los programas escolares bilingües del pueblo ayoreo han incorporado el corpus registrado por Cordeu y Bartolomé como material curricular. La figura opera hoy en tres registros paralelos: el ritual (limitado a las comunidades más tradicionales), el político (central en el discurso ambiental frente a la deforestación) y el escolar (creciente en la educación intercultural bilingüe).
La comparación con las otras figuras del corpus chaqueño y sudamericano —Asojná la chuña que anuncia el año nuevo ayoreo, los tricksters del pueblo wichí, los soles americanos como Inti o Kai, los dueños del bosque como el Curupira tupí o el Mapinguari amazónico— sitúa a Chuboné en el mapa continental de las deidades protectoras del monte con su especificidad femenina, conyugal y regulatoria. Recuperar el registro etnográfico preciso legado por Cordeu (1990) y Bartolomé (2004), y ponerlo en diálogo con la lucha actual de las organizaciones ayoreo por sus territorios ancestrales, restituye a Chuboné el lugar que ocupa en la tradición viva del último gran pueblo cazador-recolector del continente americano fuera de la Amazonía.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Chuboné en la mitología ayoreo?
Chuboné es la dueña femenina del bosque en el corpus mítico del pueblo ayoreo (autónimo colectivo, también ayoréode), cazadores-recolectores de la familia lingüística zamuco que habitan el Chaco Boreal en el norte de Paraguay y el oriente de Bolivia. Su nombre aparece registrado con variantes según la banda: Chuboné en Edgardo Jorge Cordeu («Aishtuwente: la mitología ayoreo», Suplemento Antropológico, Asunción, 1990), Chunguperejná en las bandas del norte paraguayo y Chumei-Chumei en variantes menores registradas por Miguel Ángel Bartolomé en Los ayoreos: cazadores del Gran Chaco (Fondo Nacional Indigenista / Editorial ILV, 2004). Es esposa del padre sol Cadadi y madre de las especies del monte.
¿Qué son los puyédie y cómo se relacionan con Chuboné?
Los puyédie (plural de puyák) son las prohibiciones rituales o tabúes que regulan la vida cotidiana del cazador ayoreo bajo la mirada implícita de Chuboné. Cada especie del monte tiene días propios en que su caza es puyák: el pecarí, el quirquincho, el oso hormiguero y el ñandú tenían días asignados que variaban entre las siete u ocho bandas exógamas en que se organizaban los ayoreo antes del contacto masivo de 1947. La transgresión del código provoca la desaparición de la caza, enfermedades y en casos graves la muerte súbita. Los daijnái (chamanes) diagnostican y reparan las transgresiones. Cordeu documentó el sistema en 1990.
¿Qué papel juegan los árboles sagrados en la mitología ayoreo?
Chuboné protege tres árboles centrales del Chaco Boreal: el quebracho colorado (Schinopsis balansae), símbolo del Chaco por la dureza de su madera; el palo santo (Bulnesia sarmientoi), árbol resinoso de madera aromática empleado en tallas rituales y en fuegos ceremoniales; y el algarrobo negro (Prosopis nigra), del que los ayoreo recolectaban vainas para consumo humano y fermentaban bebida ritual. Su tala tradicional requería ceremonias específicas: ofrendas de tabaco, palabras rituales dirigidas a Chuboné y espera de días propicios señalados por el daijnái. La violación del ritual llamaba castigo en forma de accidentes, enfermedades o retirada de la caza en la zona. Bartolomé (2004) registró el complejo completo.
¿Cómo se relaciona Chuboné con la deforestación del Chaco Boreal?
La deforestación del Chaco Boreal desde los años 1990, provocada por la ganadería intensiva de las colonias menonitas paraguayas (Filadelfia, Loma Plata, Neuland) y por empresarios brasileños con capital sojero, ha convertido la región en una de las de mayor pérdida forestal del planeta: más de 3.500 hectáreas diarias entre 2010 y 2019 según Global Forest Watch. Las organizaciones ayoreo contemporáneas (OPIT, UNAP, CANOB, Iniciativa Amotocodie) invocan a Chuboné y al código de puyédie en su discurso ambiental, sus demandas de titulación territorial y sus presentaciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU. El discurso nace del corpus tradicional, no del ecologismo occidental.
¿Sigue vigente Chuboné en las comunidades ayoreo del siglo XXI?
Sí, con distribución desigual. La mayoría de ayoreo sedentarizados desde 1947 son hoy evangélicos y las misiones descartaron el corpus tradicional como «creencias paganas». En las comunidades más tradicionales (Rincón del Tigre, Zapocó y Puesto Paz en Bolivia; Campo Loro, Ebetogué y Chaidi en Paraguay) los daijnái aún ejercen y los mayores transmiten los relatos uhopié a los jóvenes. Los últimos grupos totobiegosode en aislamiento voluntario del Chaco Boreal paraguayo viven según el régimen tradicional de puyédie. Los programas escolares bilingües ayoreode-ijie-castellano incorporan progresivamente a Chuboné como contenido curricular oficial en Bolivia y Paraguay.





