En síntesis. El término Nowet (o Nawet, según la variante gráfica registrada por distintos etnógrafos) designa en el pueblo mocoví (autónimo mokoit, aproximadamente 22.000 personas en las provincias argentinas de Chaco, Santa Fe y sur de Formosa) a los espíritus dueños de las especies animales del monte chaqueño. No se trata de una figura única, sino de un conjunto plural de entidades: hay un Nowet del pecarí, otro del yaguareté, otro de los peces del río Bermejo, otro de los patos silvestres, y así sucesivamente. Cada Nowet ejerce el gobierno espiritual de «su» especie, regula la caza, sanciona los excesos y retira los animales cuando los pactos rituales se rompen. El registro etnográfico temprano procede de las fuentes jesuíticas del siglo XVIII compiladas por Guillermo Furlong (S.J.) en Los mocovíes y su reducción de San Javier (Editorial San Pablo, Buenos Aires, 1938); la sistematización comparativa la debemos a Alfred Métraux en el volumen I del Handbook of South American Indians (Smithsonian Institution, Washington, 1946); Edgardo Jorge Cordeu, en Elementos para una fenomenología del mito toba (Suplemento Antropológico, Asunción, 1978), extendió el análisis al conjunto guaycurú (mocoví, toba, pilagá, abipón); y Anatilde Idoyaga Molina desarrolló desde los años ochenta la dimensión etnobiológica y chamánica del complejo. La lengua mokoit-le’ec pertenece a la familia guaycurú, hermana del toba (qom) y del pilagá, y el intermediario ritual con los Nowet es el piiogonaq (chamán mocoví).
| Origen cultural | Pueblo mocoví (autónimo mokoit, «gente»); familia lingüística guaycurú, hermana del toba (qom) y del pilagá; aproximadamente 22.000 personas en las provincias argentinas de Chaco (departamentos Bermejo, San Fernando, Presidencia de la Plaza), Santa Fe (departamentos San Javier, Vera, Garay) y sur de Formosa; lengua mokoit-le’ec; economía tradicional cazadora-recolectora del monte chaqueño y ribereña de los ríos Paraná, Bermejo y Salado; sedentarización en el siglo XIX con las reducciones franciscanas (San Javier, Colonia Dolores) tras la ruptura del ciclo jesuítico dieciochesco |
|---|---|
| Tipo | Conjunto plural de espíritus dueños (amos) de las distintas especies animales del monte chaqueño y de los ríos del Paraná, el Bermejo y el Pilcomayo. No es una figura única sino una categoría espiritual compuesta: cada Nowet gobierna una especie determinada (pecarí, yaguareté, ñandú, pato silvestre, sábalo, dorado, patí, oso hormiguero, entre otras). Concepto compartido por el conjunto guaycurú (mocoví, toba, pilagá, abipón) con variantes locales de nomenclatura; equivalente estructural al concepto amazónico de «amos-dueños» que Philippe Descola y Carlos Fausto sistematizaron para las tierras bajas sudamericanas |
| Función mítica | Los Nowet regulan la caza y la pesca mediante pactos rituales que el cazador mocoví debe respetar: pedir permiso antes de matar, no capturar hembras preñadas ni crías, no cazar en exceso, no dejar restos abandonados en el monte sin enterrar ni quemar, no exhibir el cuerpo del animal muerto con vanidad. El incumplimiento provoca la retirada del Nowet, que lleva a «su» especie a esconderse en lugares inaccesibles y provoca hambre en la comunidad. El piiogonaq (chamán mocoví) actúa como intermediario en sesiones rituales nocturnas donde negocia la restitución de la caza, localiza los desplazamientos de los rebaños y cura las enfermedades enviadas por dueños ofendidos |
| Atestación | Guillermo Furlong (S.J.), Los mocovíes y su reducción de San Javier (Editorial San Pablo, Buenos Aires, 1938), fuente jesuítica clásica que recoge tradiciones del siglo XVIII sobre el «temor» mocoví a violar los pactos con los dueños del monte; Alfred Métraux, entrada sobre los mocovíes en Handbook of South American Indians, vol. I «The Marginal Tribes» (Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology Bulletin 143, Washington, 1946), primera sistematización comparativa del corpus guaycurú; Edgardo Jorge Cordeu, Elementos para una fenomenología del mito toba (Suplemento Antropológico, Universidad Católica de Asunción, 1978), extensión analítica al conjunto guaycurú; Anatilde Idoyaga Molina, artículos sobre chamanismo y etnobiología mocoví publicados desde los años ochenta en Scripta Ethnologica (CAEA, Buenos Aires) y en Journal of Latin American Lore (UCLA); Marta Maffia y Silvia Hirsch, trabajos contemporáneos sobre las comunidades chaqueñas actuales |
| Vigencia hoy | Las prohibiciones rituales sobre determinadas especies y momentos de caza siguen observándose en comunidades mocoví rurales del departamento San Javier (Santa Fe) y del Chaco. El conflicto contemporáneo con la caza deportiva de criollos y con la deforestación por el avance de la frontera agrícola sojera ha reactivado el discurso comunitario sobre los Nowet, presentado desde los años dos mil ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y ante organismos provinciales de Chaco, Santa Fe y Formosa como argumento cultural en las reivindicaciones territoriales mokoit. La figura del piiogonaq se ha reducido pero pervive en comunidades más aisladas; en las periurbanas de Recreo, Rosario y Resistencia, el discurso sobre los Nowet coexiste con la adhesión mayoritaria al pentecostalismo evangélico (Iglesia Evangélica Unida, MEDH) |
El primer registro documental sobre los espíritus Nowet del pueblo mocoví procede de las cartas anuas y de las relaciones jesuíticas del siglo XVIII compiladas por Guillermo Furlong (S.J.) en Los mocovíes y su reducción de San Javier (Editorial San Pablo, Buenos Aires, 1938). La reducción de San Javier, fundada en 1743 por los jesuitas Francisco Burges y Miguel Ximénez en la costa santafesina del río Paraná, agrupó a bandas mokoit dispersas y produjo el corpus documental más antiguo sobre las prácticas rituales del pueblo. Los misioneros describieron con incomprensión el temor que los cazadores mostraban ante determinadas presas y las prohibiciones estacionales que respetaban sin justificación aparente para el observador europeo: ese «temor» que las fuentes jesuíticas registraron sin comprender corresponde al respeto ritual debido a los dueños espirituales de las especies, los Nowet.
La sistematización científica del complejo espera hasta el siglo XX. Alfred Métraux, etnólogo suizo formado en la escuela de Marcel Mauss y depositario del legado sudamericanista de Erland Nordenskiöld, incluyó a los mocoví en la entrada sobre los pueblos guaycurú del volumen I del Handbook of South American Indians (Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology Bulletin 143, Washington, 1946), obra colectiva dirigida por Julian H. Steward que fijó el marco de referencia para la etnografía sudamericana durante décadas. Métraux estableció la unidad estructural del panteón guaycurú (mocoví, toba, pilagá, abipón) alrededor del concepto de dueños de las especies, y separó con precisión el registro mokoit del registro qom y del pilagá, evitando la reducción a un «mito guaycurú» único que homogenizara pueblos con lenguas y territorios diferenciados.
La generación etnográfica argentina posterior a Métraux prolongó el trabajo. Edgardo Jorge Cordeu, en Elementos para una fenomenología del mito toba (Suplemento Antropológico, Universidad Católica de Asunción, 1978), extendió el análisis a la lógica interna del corpus guaycurú y desarrolló el estatuto de los amos-dueños dentro del sistema chamánico. Anatilde Idoyaga Molina desarrolló desde los años ochenta la dimensión etnobiológica del complejo, con artículos en Scripta Ethnologica (CAEA, Buenos Aires) y en Journal of Latin American Lore (UCLA), donde el material mocoví aparece cruzado con el toba y el pilagá para reconstruir la lógica común de los pactos de caza. Marta Maffia y Silvia Hirsch, entre otros investigadores contemporáneos, han documentado la vigencia del discurso ritual en las comunidades mocoví actuales de Chaco, Santa Fe y sur de Formosa en el marco del avance territorial de la frontera agrícola sojera.
Los dueños plurales de las especies de caza mocoví
Índice
El concepto mokoit de Nowet no admite traducción por un término único del castellano. La categoría no designa una figura individual, sino una pluralidad de entidades espirituales, cada una investida del gobierno de una especie animal determinada. En el corpus documentado por Métraux (1946) y elaborado por Cordeu (1978), hay un Nowet del pecarí, otro del yaguareté, otro del ñandú, otro del oso hormiguero, otro de los peces del Bermejo, otro de los patos silvestres que llegan en migración austral. La lengua mokoit-le’ec permite construir el término con el nombre de la especie regida, aunque los cazadores contemporáneos hablan a menudo simplemente de «el Nowet» cuando el contexto hace obvia la especie de la que se trata. El paralelo estructural más cercano se encuentra en el sistema qom (toba) del jaqaá y en el pilagá del lawoi, dueños plurales de la misma familia guaycurú, con variantes de nomenclatura pero idéntica lógica interna.
El monte chaqueño y los ríos del piedemonte andino y de la llanura oriental proveen el elenco de las especies gobernadas. Furlong (1938) registró en la reducción jesuítica de San Javier el temor mocoví ante el yaguareté, cuyo Nowet respondía a cualquier ofensa con ataques nocturnos a las viviendas y con enfermedades enviadas contra el cazador imprudente. Métraux (1946) documentó las prohibiciones vinculadas al pecarí de collar (Pecari tajacu, Tayassu pecari), especie de caza colectiva que exigía la ofrenda ritual del primer animal muerto al dueño de la manada. Idoyaga Molina extendió después la lista al ñandú (Rhea americana), a las tortugas de agua dulce, a los peces del Paraná y del Bermejo (sábalo, dorado, surubí, patí), a los patos migratorios, al carpincho y al oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla). Cada especie mantiene su régimen específico de prohibiciones, aprendido por transmisión oral en el interior de cada banda familiar.
Las prohibiciones rituales de caza siguen un patrón común. El cazador debe pedir permiso al Nowet correspondiente antes de matar, mediante una fórmula verbal breve pronunciada ante el rastro del animal o ante el primer disparo. Está prohibido cazar hembras preñadas o crías recién nacidas, matar más animales de los que la banda pueda consumir en pocos días, dejar restos abandonados en el monte sin enterrar o quemar, reírse del animal muerto o exhibirlo con vanidad. Las temporadas de veda coinciden en general con los ciclos reproductivos de cada especie, conocimiento etnobiológico que el corpus ritual codifica en forma de prohibiciones religiosas. La sanción por incumplimiento sigue una escala progresiva: desaparición temporal de la especie, enfermedad enviada al cazador imprudente que el piiogonaq debe negociar, y en el caso extremo hambre colectiva por retirada definitiva del Nowet del territorio, cuya restitución exige ceremonia mayor de reconciliación. Cordeu (1978) destaca que esta lógica no admite la separación moderna entre norma técnica y norma religiosa: para el cazador mokoit, respetar el ciclo reproductivo del pecarí es un pacto con el Nowet del pecarí, y viceversa.
El piiogonaq como intermediario ritual con los Nowet
El piiogonaq es el chamán mocoví, figura central del sistema ritual que gestiona la relación con los Nowet y con el resto de los espíritus del panteón. La iniciación tradicional implicaba un largo período de aislamiento en el monte, ayuno prolongado, ingestión ritual de sustancias vegetales (tabaco silvestre, cebil) y la adquisición de un espíritu auxiliar personal, generalmente en forma de ave o de reptil, que acompañaría al chamán durante toda su vida ritual. Métraux (1946) describió la estructura común del chamanismo guaycurú: el piiogonaq mocoví, el pi’yogonaq toba y el equivalente pilagá comparten la técnica del sueño provocado, la mediación con los dueños de las especies, la sanación por succión de la enfermedad depositada en el cuerpo del paciente y la práctica adivinatoria mediante lectura de la humareda del tabaco.
La sesión ritual del piiogonaq dedicada a los Nowet se celebra habitualmente de noche, con el cazador o los cazadores concernidos presentes. El chamán fuma tabaco silvestre en pipa o en cigarro grueso, canta las fórmulas específicas asociadas a la especie cuyo Nowet debe ser contactado, y entra en un estado alterado de conciencia interpretado por la tradición mocoví como el desprendimiento del alma del chamán, que viaja al lugar de residencia del dueño ofendido. Cordeu (1978), a partir de material toba extrapolable al mocoví por la unidad estructural del sistema, describió el diálogo ritual entre el chamán y el dueño como una negociación explícita: se identifica la ofensa cometida, se ofrece reparación proporcional, se pacta la restitución de la caza. La sesión termina cuando el piiogonaq comunica al cazador el resultado de la negociación y las prohibiciones específicas que debe respetar en adelante.
Los motivos rituales más frecuentes de convocatoria del piiogonaq son tres. Primero, «abrir la caza» al inicio de una temporada o antes de una expedición larga: el chamán pide permiso general al conjunto de los Nowet del territorio y transmite las prohibiciones específicas del momento. Segundo, localizar rebaños dispersos cuando los cazadores no encuentran presas durante un período prolongado: el piiogonaq consulta a los Nowet sobre la posición de los animales y transmite las coordenadas del monte donde se han refugiado. Tercero, curar enfermedades diagnosticadas como sanción de un Nowet ofendido, mediante extracción por succión sobre el cuerpo del paciente tras negociar la restitución. El descenso demográfico del piiogonaq durante el siglo XX es un dato constatado por Idoyaga Molina: la sedentarización, la escolarización castellana, la evangelización pentecostal (Iglesia Evangélica Unida, MEDH) y el desprestigio del chamanismo por parte de misioneros y agentes estatales redujeron drásticamente el número de iniciados, aunque la figura pervive en las comunidades rurales más aisladas del departamento San Javier y del Chaco profundo.
El concepto Nowet en la teoría antropológica de los amos-dueños amazónicos
El concepto Nowet del panteón mocoví ocupa un lugar preciso en la teoría antropológica contemporánea sobre los «amos-dueños» de las tierras bajas sudamericanas. Philippe Descola, en Par-delà nature et culture (Gallimard, París, 2005), y Carlos Fausto, en Warfare and Shamanism in Amazonia (Cambridge University Press, Nueva York, 2012), han sistematizado el papel estructural de las figuras espirituales que «poseen» las especies animales y vegetales en los pueblos indígenas amazónicos, andinos de piedemonte y chaqueños. El Nowet mocoví, el jaqaá toba, el «dueño del monte» de numerosos pueblos amazónicos, el iyai tupí-guaraní, el arutam jíbaro y los múltiples «amos» documentados en la etnología brasileña, colombiana y peruana forman una constelación de figuras estructuralmente equivalentes con variantes locales muy diferenciadas.
Los paralelos más cercanos al Nowet mocoví se encuentran en pueblos vecinos del Gran Chaco y de la Amazonía occidental. El sistema ha’lói del pueblo wichí, cuyos «dueños del monte» comparten la lógica del pacto ritual con el cazador, es el más próximo geográfica y estructuralmente; el sistema qom (toba) del jaqaá, recogido por Cordeu, cumple funciones equivalentes en la misma familia guaycurú; el pueblo ayoreo del norte chaqueño y del este boliviano tiene también su registro paralelo. Más al norte, el Curupira tupí y sus equivalentes en decenas de pueblos amazónicos ocupan la misma posición estructural: dueños del bosque que regulan el acceso humano a los recursos y sancionan la caza desmedida.
La especificidad del sistema guaycurú, y dentro de él del Nowet mocoví, reside en el hincapié documentado por Métraux (1946) y por Cordeu (1978) en la lógica del pacto de reciprocidad explícito. Otras tradiciones amazónicas presentan a los amos-dueños como figuras más ambivalentes, más cercanas al depredador que al contratante, cuya negociación con el cazador humano se resuelve por astucia o por violencia. El Nowet guaycurú, en contraste, opera dentro de un régimen de norma explícita: hay reglas conocidas por la comunidad, hay procedimientos de reparación proporcionales al agravio, hay un intermediario reconocido (el piiogonaq) con protocolo aceptado por ambas partes. El perspectivismo amerindio elaborado por Eduardo Viveiros de Castro (Metafísicas caníbales, Katz, Buenos Aires, 2010) y la teoría animista de Descola han renovado el análisis del pacto de caza como forma de gestión de la reciprocidad interespecífica, marco en el que los trabajos contemporáneos de Idoyaga Molina y colaboradoras sobre el Nowet mocoví se inscriben plenamente.
Lo que permanece
El complejo ritual de los Nowet pervive en las comunidades mocoví rurales del departamento San Javier (Santa Fe) y del Chaco, sostenido por la generación mayor y transmitido de forma intermitente a los jóvenes. Las prohibiciones sobre determinadas especies y momentos de caza siguen observándose en varias bandas familiares, aunque con menor densidad ritual que en las descripciones de Métraux (1946). El conflicto contemporáneo con la caza deportiva de criollos y con la deforestación por el avance de la frontera agrícola sojera ha reactivado el discurso comunitario sobre los dueños del monte, presentado desde los años dos mil en la interlocución con el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y con los organismos provinciales de Chaco, Santa Fe y Formosa como argumento cultural en las reivindicaciones territoriales mokoit.
El paralelo estructural más cercano dentro del propio Gran Chaco es el sistema equivalente del pueblo qom (toba), documentado por Cordeu en el mismo marco guaycurú, junto con el corpus del pueblo wichí de familia mataco-mataguaya. La comparación con los amos-dueños amazónicos, sistematizada por Descola y Fausto, sitúa el Nowet mocoví dentro de una constelación más amplia que continúa siendo objeto de investigación etnográfica activa. Otras figuras chaqueñas publicadas en este ciclo, entre ellas Kotaa qom, Nanaic pilagá y Ahot wichí, permiten reconstruir el panorama comparativo del sistema guaycurú-mataguayo de amos-dueños desde el registro jesuítico dieciochesco hasta la etnografía contemporánea.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los Nowet en el pueblo mocoví?
Los Nowet (o Nawet, según la variante gráfica) son los espíritus dueños de las especies animales del monte chaqueño en el panteón del pueblo mocoví (autónimo mokoit, aproximadamente 22.000 personas en Chaco, Santa Fe y sur de Formosa; familia lingüística guaycurú). No es una figura única sino un conjunto plural: hay un Nowet del pecarí, otro del yaguareté, otro de los peces del Bermejo, otro de los patos silvestres, y así sucesivamente. El registro etnográfico clásico procede de Alfred Métraux en el volumen I del Handbook of South American Indians (Smithsonian Institution, Washington, 1946) y de las fuentes jesuíticas dieciochescas compiladas por Guillermo Furlong (S.J.) en Los mocovíes y su reducción de San Javier (Buenos Aires, 1938).
¿Cómo se regula la caza a través del pacto con los Nowet?
El cazador mocoví debe pedir permiso al Nowet correspondiente antes de matar cualquier animal, mediante una fórmula verbal breve pronunciada ante el rastro o el primer disparo. Está prohibido cazar hembras preñadas o crías recién nacidas, matar más animales de los que la banda pueda consumir en pocos días, dejar restos abandonados en el monte sin enterrar o quemar, y exhibir el cuerpo del animal muerto con vanidad. El incumplimiento provoca la retirada del Nowet, que lleva a «su» especie a esconderse y provoca hambre en la comunidad. El corpus fue sistematizado por Edgardo Jorge Cordeu en Elementos para una fenomenología del mito toba (Suplemento Antropológico, Universidad Católica de Asunción, 1978).
¿Qué papel cumple el piiogonaq en la relación con los Nowet?
El piiogonaq es el chamán mocoví, intermediario ritual con los Nowet. Su iniciación tradicional implica aislamiento en el monte, ayuno prolongado, ingestión de tabaco silvestre y adquisición de un espíritu auxiliar personal. En la sesión ritual nocturna, el chamán fuma tabaco en pipa, canta las fórmulas asociadas a cada especie y entra en un estado alterado interpretado por la tradición como el viaje de su alma al lugar de residencia del Nowet ofendido. Negocia la restitución de la caza, localiza rebaños dispersos y cura enfermedades enviadas por dueños agraviados mediante extracción por succión. Alfred Métraux (1946) sistematizó la estructura chamánica común del conjunto guaycurú (mocoví, toba, pilagá, abipón).
¿Cómo se relaciona el concepto Nowet con otros pueblos guaycurú y con los amos-dueños amazónicos?
El Nowet mocoví pertenece al panteón guaycurú (mocoví, toba, pilagá, abipón), con equivalentes locales como el jaqaá qom y el lawoi pilagá. En el marco más amplio de los amos-dueños de tierras bajas sudamericanas sistematizado por Philippe Descola (Par-delà nature et culture, Gallimard, París, 2005) y Carlos Fausto (Warfare and Shamanism in Amazonia, Cambridge University Press, Nueva York, 2012), el Nowet ocupa la misma posición estructural que el Curupira tupí, el arutam jíbaro y los dueños amazónicos documentados en la etnología brasileña, colombiana y peruana. La especificidad guaycurú reside en el hincapié en el pacto de reciprocidad explícito y en la figura del piiogonaq como intermediario contractual reconocido.
¿Sigue vigente hoy el sistema de los Nowet?
Sí, aunque con menor densidad ritual que en el siglo XIX. Las prohibiciones sobre determinadas especies y momentos de caza siguen observándose en comunidades mocoví rurales del departamento San Javier (Santa Fe) y del Chaco. El conflicto contemporáneo con la caza deportiva de criollos y con la deforestación por el avance de la frontera agrícola sojera ha reactivado el discurso comunitario sobre los Nowet, presentado desde los años dos mil ante el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y ante organismos provinciales como argumento cultural en las reivindicaciones territoriales del pueblo mokoit, documentadas por Anatilde Idoyaga Molina, Marta Maffia y Silvia Hirsch en trabajos publicados desde los años ochenta hasta la actualidad.



